Lemmy Kilmister: Ni inocente ni hijo de Dios

Mariano Muniesa*. LQS. Enero 2021

“Mi primer recuerdo es el de estar gritando: a quién y por qué motivo, lo ignoro. Probablemente fuese una rabieta… o tal vez estuviera ensayado. Siempre he sido muy precoz…»

Lejos de caer en el tópico fácil o en el lugar común habitual, decir de Lemmy que fue, es y será siempre una leyenda es simplemente constatar una realidad. Su forma acelerada de vivir la vida y el rock´n´roll, su icónica imagen en cualquier escenario pegado a su Rickenbacker, su micrófono siempre situado más alto que su cabeza, su “Murder One” detrás, su máquina tragaperras en el backstage y su botella de Jack Daniels como eterna compañera, hicieron de Lemmy, también conocido por Ian Fraser Kilmister, ese personaje irrepetible en la historia del rock al que le bastaba acercarse al micrófono y gruñir: “¡Somos Motörhead y vamos a patear vuestros culos!” antes de tocar una sola nota para conseguir que miles de enfebrecidos fans empezaran a hacer headbanging como locos y a poner la temperatura de cualquier local donde Motörhead descargasen su extrema brutalidad a muchos grados sobre cero.

Como el mismo Lemmy contaba en su célebre autobiografía, nació el día de nochebuena de 1945 prematuro de cinco semanas, con un hermoso pelo rubio que para alborozo de su extravagante madre, perdió a los cinco días, sin uñas y rojo como un cangrejo. “Mi primer recuerdo es el de estar gritando: a quién y por qué motivo, lo ignoro. Probablemente fuese una rabieta… o tal vez estuviera ensayado. Siempre he sido muy precoz”. Todo un carácter desde su más tierna infancia.

En esas mismas memorias Lemmy siempre dijo que una de las cosas que más agradecía fue poder vivir los años sesenta del siglo XX. En su opinión, fue la época en la que se disfrutó más libertad de la historia y de hecho, él supo aprovechar bien ese clima en el que vivía y en el que se sumergió total y absolutamente. Fue roadie de Jimi Hendrix y a comienzos de los 70, tras su paso por bandas como los Rocking Vicars –la primera banda de rock inglesa que tocó en la Yugoslavia de Tito- Sam Gopal o Opal Butterfly entró como bajista en el verano de 1971 en Hawkwind, la legendaria banda de Space Rock de Ladbroke Grove.

Lemmy gozó de los años de mayor popularidad de Hawkwind, girando con ellos por todo el mundo y alcanzando gran repercusión merced a éxitos como “Silver Machine”, que llegó a ser número 3 en listas en Inglaterra. Sin embargo cuatro años más tarde, en mayo de 1975 Lemmy rompió con el grupo tras un desagradable incidente en la frontera norteamericano-canadiense tras un registro policial en el que los agentes encontraron una sustancia, sulfato de anfetamina, en los bolsillos de Lemmy y le detuvieron creyendo que era cocaína. Debido al error policial, el músico quedó en libertad días más tarde, pero ya no volvió a Hawkwind, quienes de hecho buscaron un reemplazo para Lemmy mientras estaba detenido para no tener que cancelar el resto del tour, aunque eso sí, como el músico elegido no podía llegar a tiempo, pagaron su fianza para que tocase con ellos aquel último concierto y no tener que suspender el show.

Después de Hawkwind, Lemmy formó de regreso a Inglaterra una nueva banda llamada en un primer momento Bastard con el guitarrista Larry Wallis, ex miembro de Pink Fairies y Lucas Fox en la batería. Cuando su manager le aseguró que una banda con el nombre de «Bastard» nunca conseguiría actuar en el Top of the Pops, el show musical de mayor audiencia de la televisión inglesa de aquellos años, Lemmy cambió el nombre de la banda a Motörhead, el título de la última canción que había escrito para Hawkwind. Esa primera formación duró muy poco tiempo, pues tanto Wallis como Fox fueron reemplazados por el guitarrista «Fast» Eddie Clarke y el baterista Phil «Philthy Animal» Taylor, conformando la que fue durante muchísimos años considerada la formación clásica de Motörhead y con la que grabó discos clave en la carrera de la banda tales como «Bomber», «Overkill» y sobre todo el mítico «Ace Of Spades», que este mismo año, al cumplirse el 40 aniversario de su salida al mercado, se ha reeditado en un lujoso pack con abundante material extra de memorabilia para coleccionistas. Este álbum, piedra angular de lo que fue la New Wave Of British Heavy Metal también se considera –no sin razón- clave en el nacimiento pocos años después del Thrash Metal, estilo el que grupos como Metallica, Megadeth o Anthrax se formarían y lanzarían sus primeras escaramuzas.

Fuerza, volumen atronador, velocidad desmadrada, energía incontenible… “Si Motörhead se mudaba a la casa de al lado, se secaba el césped de tu jardín”, comentó alguna vez Lemmy, y no exageraba. Esa misma potencia se mantuvo siempre a lo largo de la historia de la banda, y sobre todo cuando a partir de 1992 se consolidó la formación en la que junto a Lemmy estaba Phil Campbell en la guitarra y Mickey Dee en la batería permaneció hasta el final del grupo. Imprescindibles en cualquiera de los grandes carteles de los festivales de rock cada verano –yo personalmente les vi varias veces en el Festival de Wacken en Alemania, en el Bang Your Head de Balingen también en Alemania, en el Sweden Rock, en el Gods Of Metal de Italia, en el Graspop Metal Meeting de Bélgica, además de las innumerables veces que tocaron en nuestro país- cimentaron una leyenda y una historia tan intensa como entrañable para quienes fuimos sus fans hasta que tal día como mañana, 28 de diciembre de 2015, un cáncer fulminante se llevó a Lemmy para siempre.

Ahora, la historia de Lemmy Kilmister se contará en la pantalla grande. Según se ha informado en varios medios de prensa, Greg Olliver, quien dirigió el documental sobre su vida en 2010, está trabajando ya en todos los preparativos para supervisar una nueva película biográfica centrada en la vida del cantante. El guión ha sido escrito por Medeni Griffiths con la ayuda de Olliver, mientras que el manager de Motorhead, Todd Singerman y el antiguo periodista de la revista Kerrang! Steffan Chirazi, serán los productores ejecutivos. Se espera que la producción comience a principios de 2021, dependiendo de cómo se desarrolle la pandemia.

«Todo lo que has oído sobre Lemmy es probablemente cierto … no porque estuviera adoptando los clichés del rock n ‘roll, sino porque los estaba creando”, ha dicho Olliver. «Marlboro Reds y Jack Daniel’s para desayunar, speed para cenar, todo es cierto. Pero detrás de esa fachada de ojos acerados de rock n ‘roll también había un hombre íntegro, honesto y con corazón de león que mantuvo el rumbo y nunca dejó de tocar la música que le hacía feliz”. Creo que pocas definiciones de nuestro hombre resultan tan acertadas.

Solo alguien como Lemmy podía nacer un 24 de diciembre y morir un 28 de diciembre, día de los inocentes. Por supuesto, nunca fue un hijo de dios… y mucho menos un inocente. Pueden ustedes estar seguros.

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* Nota original del diario “La Región”

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