Lo primero es el hombre; quien mata es alimaña

Enriqueta de la Cruz*. LQS. Abril 2020

Defenderemos la paz, la enseñanza de calidad, el techo común de las reuniones culturales, sociales; la casa, los papeles necesarios de ir por la vida, un estado de cosas que no mate, el trabajo digno y creativo…

“Lo primero es el hombre y luego todo lo demás”. Lo demás: la economía, la política, la ley…, todo aquello que se inventó el hombre para la vida del hombre, no para ser su esclavo. Me ahorro el: “y la mujer”, no sea que me regañe la privada y subvencionada RAE real. Hay que recordar esto que se decía, que fue un elevarse. Que hoy se olvida. Y quienes matan, nos matan, no son hombres, “ni mujeres”, ni esos robots en que nos quieren convertir a todos; son otra cosa, son alimañas.

Las alimañas son los verdugos, los culpables y como siempre que hay víctimas (no se olvide), hay verdugos. Y tienen nombres y apellidos. Siempre. Las víctimas del coronavirus, de esta pandemia, no son “efecto de la acumulación de pacientes”, como rimbombantemente se dice en las innumerables ruedas de prensa que soporta nuestro país a diario para escuchar mentiras, chute de tranquilizantes administrados a quienes consideran menos que menores de edad, aletargados útiles de usar y tirar, menos que niños inseguros, maleables…, mascotitas que les dan votos y pelas, chalets, criados, sirvientes mil, coches oficiales, vacaciones pagadas, pero que solo les sirven para eso…, que cuando protestan, estorban una barbaridad.

No, las víctimas no son efecto de esa acumulación, sino de la otra: acumulación del capital que se cargó la economía productiva, las leyes para todos, que fue preparando muy a sabiendas la acumulación de pacientes en hospitales descapitalizados para que murieran los inservibles, los pasivos, los pobres, los negros, los trabajadores no cualificados para las nuevas tecnologías y su nuevo orden mundial, tan volcado en la luna, en sus lunas, de tanto lunático…

Los muertos no son sino efecto, consecuencia de las políticas neoliberales, y responsabilidad de predadores que gestionan las rentas del uno por ciento de la poblacion más rica del mundo a cambio de favores, dinero y posición. Es el capitalismo en su última fase salvaje, despiadada, es el neoliberalismo aplicado también por los denominados socialdemócratas y los pactictas y entreguistas, lo que mata, lo que está hiriendo en estos momentos a la humanidad de múltiples maneras, irreversiblemente. Humanidad que aprende, que tiene memoria.

Si a los ciudadanos se les exige todo, incluso más allá de sus fuerzas, de las reglas más elementales de la llamada de la supervivencia, por ejemplo, autoliquidarse en hospitales y poner en peligro a miles y cientos de miles de pacientes de ahora y de mañana porque no se les suministran los más elementales equipos de protección; si pacientemente aguantamos una cuarentena y otra y otra, que tiene también responsables, con nombres y apellidos y son los mismos responsables, entonces los gestores políticos, ya sean oposición o sean gobierno, tienen que estar a la altura, hacer su trabajo con excelencia, que es exigible. Precisamente para que las cosas no sigan igual de mal, ni seamos siempre los mismos los que paguemos la cuenta. Para que no estemos ni un día más encerrados, ni un día menos, antes de tiempo tener que servir de conejillos de experimento simplemente porque seamos trabajadores sin derechos, los más parias; ni soportemos abusos de militares y fuerzas que han de estar siempre y en todo momento al servicio del pueblo y no al revés, no coaccionando, reprimiendo; chuleando… Para que no estemos en la calle a plena exposición de los contagios simplemente porque seamos sin techo, enloqueciendo porque se obedece al rico de pseudónimo “mercado”, en vez de al sentido común y a los científicos, porque se nos dice que nos divorciemos en el 016 en vez de protegernos como víctimas de violencia de género, porque se nos mata de hambre por no entrar en los cánones sacrosantos de la burocracia y los requisitos cuando somos manteros sin papeles, jóvenes sin derechos, parados previos y en fin… Que se lo están pensando y politiqueando con la renta mínima de supervivencia… Y tantas cosas…

Cuando esto acabe, dicen, ya nada será igual. Y desde luego.

Si en este mismo país la oposición no está a la altura, si es una amenaza tantas veces golpista, todo el peso de la ley que nos quede. Revisaremos qué y quiénes quieren asesinar a los supervivientes rojos y hasta han señalado a los que desde su punto de vista criminal no merece la pena salvar… Y no dejaremos que a cuenta de ellos, de dejar suelta a la bestia, a la serpiente nazi franquista, a cuenta de ese “que si no viene el coco que anda suelto”, nos pongan más mordazas. Investigaremos si, como se dice en artículo abierto La monarquía contra el pueblo (cuyo enlace dejo abajo) del capitán de Navío, hombre de honor y de coherencia, Manuel Ruiz Robles, los tal VOX son hijos del think thank monárquico, como el 23 F lo fuera. Y si lo son, todo el peso de ley para la monarquía, como si ésta es corrupta, como si roba tal dice una ex amante del emérito y revisan en países europeos y más allá, parece… Investigaremos. Apartaremos a los políticos que salvaguardan y son los cancerberos de la corona salpicada de cieno y rojo sangre, impunes aún, inmunizados por ahora, pese a la justicia, pese a las víctimas de todos los días…

Pediremos no pesetas para los peseteros de la prensa que se venden al mejor postor, sino un periodismo serio que practican, aún (parece mentira pero es cierto), los medios más rigurosos de los países socios y no socios, internacionales, incluso los más conservarores en su línea editorial, pero críticos, necesarios… Que nos muestran muchas situaciones de la pandemia, de los suburbios, del malestar popular, de las protestas que crecen, de la revolución que se avecina…

Pediremos nombre y apellidos de responsables y malos gestores y los despediremos, como trabajaremos república, absolutamente imprescindible para no sucumbir en naderías y esperpentos folklóricos, en carestía de vida en todos los sentidos. Nadie nos va a callar, ni miedos ni consignas de épocas pasadas a golpes de pito y de totalitarismos afortunadamente superados.

Tenemos que defender nuestra vida, puesta en peligro, nuestro entorno vital, medioambiental, deteriorado, nuestro trabajo, nuestros derechos que tantos otros muertos nos costaron, defender a los nuestros y a los seres humanos en malas condiciones que también son nuestros hermanos, mediante la solidaridad, la fraternidad y la cooperación: en las playas donde arriban los que escapan de guerra y miseria provocada por el vicio de la guerra estaremos, dentro de los campamentos mal llamados de refugiados, verdaderas cárceles, infiernos de violación de todos los derechos, estaremos. Defenderemos la paz, la enseñanza de calidad, el techo común de las reuniones culturales, sociales; la casa, los papeles necesarios de ir por la vida, un estado de cosas que no mate, el trabajo digno y creativo, la crianza responsable, la abolición de la esclavitud, de la prostitución y la pobreza; la igualdad, y, por supuesto, la sanidad universal y gratuita. Y la libertad. Defenderemos los abrazos, nuestra condición humana, compartir, cooperar, cohabitar. Nada de soledad, aislamiento, miseria moral de dejarnos morir sin despedidas… Ni nos acostumbraremos, ni lo consentiremos.

Todo eso del sentido de la cesión que crea políticos, parlamentos, estados, contratos sociales… Cierta obediencia a cambio de seguridad cierta, ciertos votos a cambio de buena gestión, ciertos pagos a cambio de servicios útiles… Está cuestionandose en todo el mundo en estos momentos. Si el estado, como aseguran ya analistas, mata, entonces para qué. Se reclama un nuevo contrato social, pero lleguemos a tiempo y que sea beneficioso para todos, que merezca la pena.

Pero si en el inicio de una vida nos quitan los juegos infantiles al aire y con los otros, y nos los cambian por una play alienante, si nos encierran sin más niños; si en el comienzo de la vida adulta nos impiden un futuro, nos dejan en el paro, en la cuneta, los casinos mafiosos y la droga a las puertas de las casas y de los institutos como única salida, una comida basura para enfermar y una cultureta de chatarra que alimenta a la llamada industria cultural… Una pornografía como sucedáneo de las buenas relaciones sexuales, unos besos virtuales en lugar de besos verdaderos y nos cambian amistad por puñales por la espalda (símbolo de competitividad extrema)…

Si lo que nos enseñan es a tener cada cual lo suyo y a ser en la convivencia más íntima tan rampantes y cerdos como en la empresa donde la productividad va unida a la traición; si en la recta final de una vida no tenemos ni respiradores, si nuestros gestores vienen decenios de años liquidandonos la vida, cerrando plantas de hospitales, unidades de cardiología y pulmón, sistemas sanitarios dedicados a las epidemias que se esperaban (es incierto eso de que “nadie se podía esperar esto”, ahí están los científicos que avisaron, la imprescindible información que circula entre el gran juego de poder, allá arriba, la certeza de la sobrepoblación y el deterioro mediambiental, la cadena rota de armonía entre el mundo animal y el hombre, la irresponsable cría de animales hacinados de cualquier forma, alimentados de cualquier forma, alimentándonos a todos de cualquier forma, o la quema de bosques irresponsablemente, criminalmente, y hasta chulescamente como en el caso del Brasil de Bolsonaro, sin castigo)…

Si los estados no nos sirven, nos matan, como relata un artículo, insisto, que también dejo abajo… Si los que nos cuidan y dirigen nos quieren rebaños obedientes y son lobos que nos muerden y nos rodean de espinos y de mordazas y de represión para que no los desvelemos… Si lo que nos espera es este mundo que pintan y quieren que visibilicemos como único, habrá que rebelarse.

Se están obviando muchas cosas pero esta vez el enemigo no ha sido este o el otro país, sino la propia gente, que perece asesinada todos los días multiplicando los atentados por cien y por mil. Un muerto, un atentado, otro… Eran noticia. Ahora nos dicen 500, nos dicen 1.000, nos dicen que 600 es bajar… Y pretenden que nos conformemos.

Nos dicen que comeremos pero no tenemos seguridad de ello; que les creamos, pero no tenemos credibilidad en ellos.

Nos dicen que no atendamos sino al sálvese quien pueda, bajo formas lindas y sublimes, pero es eso. Y encima nos quieren corresponsables, tremenda trampa neoliberal, capitalista de implicación en sus crímenes.

Pues bien… Ya veremos. Ya verán cómo efectivamente, en el mundo no será nada igual después de la pandemia.

Artículos interesantes:
– https://rebelion.org/la-monarquia-contra-el-pueblo/
https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/04/11/francia-covid-19-el-estado-esta-asesinando/
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52216492

* Periodista, escritora. Autora de varias novelas y ensayos. Su ultima novela, Despertando a Lenin ha sido publicada recientemente

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