Los Dioses siguen en guerra

Por Guadi Calvo*. LQSomos.

Desde 2018, año en que las bandas hinduistas comenzaron a intrusar los sitios públicos utilizados por los musulmanes para sus oraciones, ha ido incrementándose este tipo de acciones con grupos cada vez más números y violentos

Son infinitos los intentos del Primer Ministro indio Narendra Modi, en el poder en 2014, de inocular en su pueblo un espíritu anti islámico. Cuestión ideal que está alcanzando y lleva a esa colectividad, de más de 200 millones de miembros, a un estado de inquietud permanente, la que en cualquier momento podría estallar, arrastrando al país a una guerra interreligiosa, que puede derivar en un nuevo conflicto armado, con Pakistán, quizás el último objetivo de Modi y su ideario de una nueva Hindutva, (una compleja mezcla de supremacismo racial, religioso e interés económico) por lo que se consagraría como el principalísimo responsable.

Lo último contra ese colectivo se han centrado en el incremento en las últimas semanas de acciones, que comenzaron en 2018, cuando militantes del gubernamental Partido Popular Indio o BJP (Bharatiya Janata Party) comenzaron a atacar diferentes lugares improvisados de Gurgaon, un suburbio de Nueva Delhi, donde los fieles musulmanes se congregan para realizar sus ritos. Particularmente las oraciones del día viernes, el día sagrado del candelario musulmán, el jumma namaz, en árabe Ṣalāt al-Jumuʿah.

El viernes tres de diciembre, el principal predio utilizado para esta ceremonia en Gurgaon, un baldío próximo a la comisaría del sector 37 de esa comunidad, fue ocupando en plena celebración del namaz, por bandas del BJP, al grito de Jai Shri Ram (Salve, Señor Ram), y otras consignas anti musulmanas, al tiempo que lanzaban bosta contra los seguidores de Mahoma. Lo que dio lugar a una trifulca general, mientras la policía apostada en el lugar observaba sin participar en la batalla.

La ocupación de predios al aire libre en Gurgaon, se produce por la falta de mezquitas de ese municipio, donde solo hay trece para una población de un millón y medio de fieles, mientras que la construcción de más templos está seriamente dificultada por normativas ad hoc del municipio que además redujo el número de espacios públicos permitidos para que se lleve a cabo el namaz: de 108 espacios públicosautorizados en 2018, a 37, por lo que las autoridades de la comunidad islámica acusan a la administración local de ceder frente a las exigencias de los fanáticos. Incluso se ha impedido la construcción de nuevas mezquitas en predios pertenecientes a ciudadanos musulmanes.

Desde 2018, año en que las bandas hinduistas comenzaron a intrusar los sitios públicos utilizados por los musulmanes para sus oraciones, ha ido incrementándose este tipo de acciones con grupos cada vez más números y violentos, donde se reflejan la tensión que las políticas gubernamentales del premier Modi, están arrasando a India y han establecido una grieta entre comunidades que durante décadas habían convivido de manera armoniosa.

El distrito de Gurgaon empezó a conformarse como tal a principios de los noventa, en lo que era en amplio sector baldío, a unos treinta kilómetros de Delhi y donde comenzaron a crecer importantes proyectos inmobiliarios, dirigidos a la nueva clase media india.

La población musulmana de Gurgaon, se incrementó con la llegada de miles de trabajadores de esa fe para realizar trabajos en los múltiples proyectos inmobiliarios que incluyen particularmente torres comerciales y emprendimientos de lujo, en edificios de gran altura.

Dada la dificultad de esos trabajadores de la construcción, para trasladarse a sus mezquitas originales, comenzaron a realizar sus oraciones en tierras baldías, previo permiso de las autoridades locales, que les adjudicaron un total de 108 lugares en el distrito. Tras la pausa impuesta por la pandemia, los grupos ultra nacionalistas vinculados a BJP renovaron sus acciones contra estas autorizaciones con más fuerza.

Particularmente los viernes, los grupos nacionalistas hindúes venidos desde fuera de la localidad junto a otros locales, se congregaron en los terrenos dispuestos para el namaz, intentando evitar la concreción de la oración.

A principios de noviembre, la organización ultraderechista Sanyukt Hindu Sangharsh Samiti, que había anunciado estar dispuesto a usar armas e ir presos para impedir los namaz. Mientras, un tribunal dictaminó que a partir del próximo diez de diciembre, no se podrán realizar más oraciones en predios públicos, lo que sin duda preanuncia protestas por parte de los musulmanes. Lo que también parece estar enmascarando un gran negocio inmobiliario con esas tierras baldías.

En procura de evitar confrontaciones entre hindúes y musulmanes, los líderes de la comunidad sij, con cerca de 22 millones de miembros, ofrecieron sus cinco gurdwaras (templos) en Gurgaon, para que los musulmanes puedan realizar sus oraciones, lo que generó protestas de los conservadores hindúes, que marcharon hacia los templos sijs con pancartas donde expresaban su disconformidad, más cuando los mogoles (musulmanes) asesinaron al noveno gurú o profeta sij, Tegh Bahadur en 1675.

Cómo ocultar una derrota

La reciente derrota que los campesinos indios acaban de darle al Primer Ministro Modi, tras una larga huelga que se extendió desde septiembre del 2020 hasta el pasado noviembre por los derechos de comercialización de sus productos, quizás haya sido la más representativa en sus ya larguísimos siete años a cargo del ejecutivo indio.

Dicha derrota, ha obligado al supremacista indio a una rápida respuesta a sus seguidores, afirmándose en uno de sus principios fundamentales el odio al Islām, y los musulmanes por lo que no es extraño que apena retirada las tres controversiales leyes agrícolas que lanzaron millones de kisans, medianos y pequeños productores agrícolas a las rutas y a establecer campamentos o morchas (protestas) en los accesos a las principales ciudades.

Por lo que se han incrementado las campañas anti islámicas como las de la localidad de Gurgaon, que sin duda se replicarán en otros sectores del país.
Además de las persecuciones al Islām y del confuso episodio ocurrido en el distrito de Oting, en el estado nordestino de Nagaland, frontera con Birmania, el pasado domingo cinco, cuando la policía abrió fuego contra un vehículo que transportaba trabajadores del carbón, confundiéndolos con insurgentes, separatistas y marxistas, que operan en el área. El hecho, generó una importante reacción por parte de los aldeanos, que incendiaron vehículos del ejército.

Durante las protestas las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes, conociéndose que las víctimas mortales, todas civiles, fueron en total trece, seis en el camión y el resto en la refriega posterior. A la vez que otros nueve civiles heridos de bala, en el segundo incidente, se encontraban hospitalizados.

Un oficial del ejército, declaró que el hecho se produjo a raíz de informaciones de los servicio de inteligencia, que confirmaban que en el camión viajaban miembros del movimiento de insurgentes que opera en el área y planeaban llevar a cabo una operación a 400 kilómetros al este de Gauhati, la capital del estado de Assam. En esa remota región india, son numerosos los grupos insurgentes que operan en territorio indio y que tras atacar algún objetivo, cruzan a Birmania donde, dada la geografía boscosa, se transforman en indetectables.

Tras los incidentes de Oting, las autoridades estatales han ordenado una investigación profunda del hecho, que si bien parece ser demasiado controvertido para responder a una maniobra de Modi, intentando mostrar músculo tras la derrota frente a los kisans del mes pasado, tampoco es para desestimar conociendo las amplitudes morales del Primer Ministro, que le han permitido acciones semejantes o incluso más graves, como los hechos del estado de Gujarat del año 2002, cuando él era Ministro Encargado (gobernador) y que se terminó saldado con más de dos mil muertos, la mayoría de ellos, casualmente, musulmanes.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

India – LoQueSomos

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