Los méritos reales

Arturo del Villar*. LQS. Junio 2021

Si fuera cierto, como leyó su borbónica majestad, que el respeto y la tolerancia a las ideas ajenas “son expresión de la fortaleza de una sociedad integrada y madura”, la española actual está caduca, desintegrada y podrida

En su agotador trabajo cotidiano, nuestro señor el rey católico Felipe VI impuso el 18 de junio de 2021 las condecoraciones de la Orden del Mérito Civil, concedidas a 23 vasallos monárquicos para conmemorar el séptimo aniversario de su proclamación: una fecha tan histórica como la del descubrimiento de América o de la Gloriosa Revolución que expulsó a Isabel II. El memorable acontecimiento se celebró en el Palacio Real, con asistencia de la familia irreal al completo.

El escriba real había compuesto para tan solemne coyuntura un discurso heroico, en el que exaltaba los valores característicos del pueblo español, que lleva más de tres siglos bajo el cetro de la dinastía borbónica. Entre otras cosas no menos exultantes leyó nuestro señor el rey:

Nos unen los valores cívicos y humanos que hoy aquí reconocemos: el respeto a las personas y a las ideas de los demás, la tolerancia, la solidaridad, el sentido de la comunidad, que son expresión de la fortaleza de una sociedad integrada y madura.

Al no hallarse presente ningún preso o multado, y mucho menos exiliado por haber cometido lo que consideran los jueces delito de ofensas a la Corona, nadie protestó para argumentar con nombres propios que en este reino no se respetan las ideas de los demás, cuando inspiran una canción o un dibujo sobre la familia irreal borbónica. No existe la tolerancia con los republicanos que nos manifestamos pacíficamente en la calle, cantando o gritando nuestras ideas. Es inolvidable para nosotros la fecha del 19 de junio de 2014, no por ser la correspondiente a la proclamación de Felipe VI como rey y señor de todos los españoles, sin contar con nuestra opinión, sino por las agresiones de las fuerzas brutas policiales contra quienes tranquilamente exhibíamos una bandera tricolor al paso del cortejo real en diversos lugares del trayecto, así como cuando nos reunimos después en la plaza de Tirso de Molina para vitorear a la República.

Si fuera cierto, como leyó su borbónica majestad, que el respeto y la tolerancia a las ideas ajenas “son expresión de la fortaleza de una sociedad integrada y madura”, la española actual está caduca, desintegrada y podrida, a causa de la monarquía instaurada por el dictadorísimo fascista genocida.

En otro momento del discurso leyó nuestro señor otras consideraciones ajenas a lo que cuenta la historia, según la imagina el escriba y el rey no la corrige, porque tampoco es su fuerte el conocimiento de nuestro pasado. Por eso pudo leer sin ponerse colorado:

Nos une nuestra historia, que ha contribuido decisivamente a configurar el mundo de nuestros días, y que da sentido a nuestra vocación universal.

No explicó en qué consiste nuestra vocación universal. Quizá sea que el escriba asume el primero de los Principios del Movimiento Nacional, ése tan incógnito que define: “España es una unidad de destino en lo universal”, que debimos aprender de memoria, sin entender su significado, los que padecimos la dictadura fascista. No en balde la actual dinastía borbónica fue instaurada por el dictadorísimo al designar como sucesor suyo a título de rey a Juan Carlos de Borbón, una vez le juró lealtad a su persona y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional.

En cualquier caso, la historia de España no es un ejemplo de unión, sino de guerras continuas. Para no remontarnos muy atrás, baste recordar los enfrentamientos a comienzos del siglo XVIII entre las dos casas extranjeras que se disputaban el trono español, en los que participó el pueblo en dos bandos opuestos, seguidos en el XIX entre las dos ramas borbónicas de isabelinos y carlistas con incidencia sobre los vasallos, más las contiendas cantonales y las revueltas sociales, para concluir en el XX con la sublevación de los militares monárquicos contra la República. Los golpes de Estado militares son una constante que implicaba a los civiles. Nuestra historia es un cúmulo de oposiciones entre españoles de diversas ideologías, continuadas hasta hoy mismo, aunque por ahora sin armas. Los discursos leídos por el rey no convencen más que a sus cortesanos.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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