MARXimizando

Tania Pasca Parrilla*. LQS. Febrero 2021
Ilustraciones de J. Kalvellido

MARXimizando: Día 0. Jueves 11 de febrero

Vamos a meternos en la piel de Rosa, una mujer de mediana edad de cualquier barrio obrero de España. Madruga, trabaja limpiando unas oficinas, o sirviendo cafés a la mañana y dando comidas al medio día, tal vez curre en una residencia de mayores, un hospital o en una nave del gigante Amazon. Llega a casa, atiende a los hijos y en una maniobra imposible es maestra improvisada a la vez que aprovisiona la nevera y planifica la dieta familiar del día siguiente. Extenuada enciende la televisión durante la cena, o continúa leyendo los memes y vídeos recibidos a través de redes sociales durante todo el día en su móvil mediocre que ya tiene la pantalla rota. Rosa se siente explotada, frustrada y sin futuro. Pero la información suministrada a través de los medios le dice que la bandera de España que enarbolan los hosteleros pidiendo ayudas es la salvación a su problema del empleo con pocos derechos y salario raquítico. No una legislación laboral justa para quienes como Rosa que son “la España que madruga”, donde el sector privado lo es para los beneficios y no para las pérdidas ni para contingencias como la de la crisis sanitaria que estamos viviendo.

Rosa piensa que al fin y al cabo es afortunada por haber conseguido ir encadenando contratos y así llegar a fin de mes sin demasiadas deudas. Ella piensa como el resto de sus compañeras de trabajo, que solo la inversión extranjera, las ayudas de la EU (aunque no sean gratis y nos sigan ahogando por muchos años) y la reactivación de la hostelería y el turismo son clave para salir a flote. Los medios es lo que dicen 24 horas del día.

Ni Rosa ni las generaciones posteriores estudiaron con ninguna editorial de los libros de texto la reconversión industrial de Felipe González, ni la privatización de Aznar de los sectores estratégicos del país. De esto y del blindaje de la Corona con la bandera de España que envuelve la corrupción, la mediocridad, la pobreza y la esclavitud mental de Rosa, María José, Eloísa, Lourdes…De eso nunca se habló ni estudió, ni antes ni ahora.

Aquí tenemos el auge de VOX. Tenemos también a la cúpula del PP en libertad por increíble que parezca. Y un C,S echando solicitudes de ingreso (o reingreso) en los anteriores. El PSOE de Felipe González se encuentra diluido en los otros tres y lo peor, es que se hacen pasar por una organización al servicio de la clase trabajadora.
No hay más salida para nosotras; tenemos el deber de sacudirnos de una vez la rojigualda del cuerpo.

En femenino, porque somos doblemente explotadas y se acerca el 8M, día maldito entre los malditos.

MARXimizando: pandemia, crisis ecológica y económica

Evocando a Marx en tiempos de pandemia, crisis ecológica y económica

Que todas nos hemos dado cuenta de que el mundo está cambiado e irreconocible no nos cabe duda ni nos sorprende. Sólo asistimos a la manifestación de una decadencia anunciada. Pero no tiene nada de poesía ni armonía bucólica este nuevo paisaje que de forma abrupta ha irrumpido en nuestro día a día. Este cambio es grosero y vulgar. Con descaro la nueva normalidad se impone, y no me refiero a esa “nueva normalidad” leguleya que se articuló a raíz del coronavirus, sino la normalidad de vivir entre seres microscópicos que atacan nuestra salud y nos obliga a deambular con mascarilla, esa normalidad de adaptarnos de un día para otro a devastadoras nevadas en la ciudad o a inundaciones en pleno casco urbano que anegan, cada vez con más frecuencia, estaciones de metro y tren allá por donde pasa el agua, o la de asistir a seísmos en cadena en el sureste de la península y quién sabe a qué fenómenos alarmantes más nos tendremos que acostumbrar. El cambio climático ya está aquí, y ha venido para quedarse.

Peor escenario, por lo visto, es aquel tan temido y anunciado: el económico (como si alguna vez hubiera habido un escenario económico bueno). Desempleo, encarecimiento de los productos de primera necesidad como alimentos o energía, dificultad en el acceso a servicios esenciales como sanidad y educación públicas.

¿Lo aceptamos con resignación? Claro que sí. La población está cautiva y desarmada.

Habría que tomarse las molestias de reiniciar el planeta y empezar desde cero. Pero de eso ya se está encargándola propia naturaleza. Mientras tanto deberíamos explicar a la gente corriente que eso denominado “el desastre económico” es un fenómeno diseñado en despachos y selectas salas de reuniones. Habría que explicar que el ascenso imparable de los precios, la organización y administración de los servicios públicos penden exclusivamente de la voluntad del ser humano, ser inhumano habría que llamarle. Por otra parte, deberíamos explicar que hay mucho desempleado, por un lado, y mucha gente que no descansa de trabajar con jornadas interminables por otro y que en ambos casos la pobreza y precariedad son la misma. Que el tributo diario al sostenimiento del Dios del Crecimiento Económico podría dejar de tener efecto si la voluntad de cambio estuviera en nuestro terreno, es decir, si todas nos plantamos.

Ese Dios de la destrucción a quien desde el amanecer al ocaso le rendimos pleitesía no es otro que el capitalismo, y este no se rige por las necesidades humanas sino por las propias. Las leyes del capitalismo consisten en mercantilizar todo, todo lo vivo e inerte, atrapando en su telaraña del mercado los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo en una espiral siniestra y sin fin. Para ello ha conseguido doblegar la naturaleza de tal manera que ha cambiado su estructura, exprimiendo sus recursos y con ellos las poblaciones que habitan, es tal la devastación y violación del planeta que todos sus rincones están heridos.

Llegados a este punto debemos buscar soluciones, y la verdad, es momento de reivindicar y rescatar a Karl Marx. Los años de fascismo, de neoliberalismo y de capitalismo salvaje lograron que uno de los pensadores más brillantes del mundo, para mí el que más, permaneciera en la sombra y a la sombra de la sociología, de la filosofía y de la historia.

Marx está fuera de los currículos académicos y de los parlamentos, partidos políticos e instituciones públicas, quedando un reducto marxista en los viejos círculos de incondicionales, nostálgicos, estudiosos, radicales, marginales, represaliados, luchadores…En realidad no somos un reducto de viejos y perimidos círculos, de hecho, podríamos hacer ondas de marxismo curativas, por eso, porque el planeta está enfermo y aún más la humanidad.

En los miles de páginas que Marx escribió a lo largo de su vida, desveló y advirtió de los peligros que entrañaba el capitalismo y su evolución. Como dice Néstor Kohan, El Capital es un texto crítico de la economía, una bomba contra la burguesía donde se pone de manifiesto que el capitalismo no es necesario para la humanidad, de ahí su permanencia en la sombra.

Y en este punto nos encontramos: Con una sobreexplotación abominable de los recursos naturales donde diversos virus como el de la Gripe A o el Sars-Cov-2 (COVID-19), han saltado del animal a la especie humana con las consecuencias que estamos sufriendo en propias carnes. A esto hay que sumarle la precariedad económica, la parálisis y nula capacidad para rebelarse y organizarse de las poblaciones, porque están como dije, cautivas, desarmadas y agotadas.

La salida, la luz, la esperanza de cambio pasa por volver sin más dilación a Marx: Un cambio rotundo del sistema en el que vivimos deslegitimando el orden burgués establecido. Así que releamos, rescatemos y vivamos a Marx como hilo conductor para poder decir aquello de que un mundo mejor es posible.

MARXimizando: La rabia

La rabia es necesaria para rebelarse. Quien no la siente está contribuyendo a perpetuar los peores sistemas políticos que asolan el planeta y las sociedades. Son infinitos los motivos para sentir RABIA.

Rabia por la precariedad laboral heredada y generacional. Por tener que destinar casi todos los recursos económicos al pago de una vivienda. Por la desigualdad en el acceso a la educación de calidad y a los servicios de salud que nos corresponden por derecho. Rabia por tener que sufrir kilométricas horas de nuestras vidas en un transporte público desbordado o en carreteras colapsadas de ida o de vuelta del trabajo. Rabia por las violencias machistas sufridas a lo largo de la historia, por la homofobia, la xenofobia y el racismo que sufren millones de personas.

Rabia por la represión y la violencia policial, y por tener que asumir forzosamente una monarquía corrupta que nos cubre de indignación cada día. Rabia por la Ley mordaza impuesta, instalada y normalizada que atenta contra nuestras libertades.

Rabia por la injerencia imperial hacia los pueblos originarios de América, los pueblos de África o de oriente medio. Rabia por las decisiones tomadas en el seno de la OTAN, en el Pentágono, en el FMI, en el Parlamento Europeo o en el Ibex35 que esclavizan y humillan a la humanidad.

El conjunto de rabias es la suma de lo que nos une hoy. A las personas comprometidas, empáticas y rebeldes, que nos encontramos en la búsqueda de un mundo mejor -antes de que terminemos asesinados por el cielo del que versaba Lorca-. Porque las mismas personas que protestamos hoy contra el bloqueo a Cuba, mañana acudimos a parar un desahucio o lanzamos consignas por el fin del maltrato animal. Las mismas que a su vez sufrimos la precariedad, la brecha salarial y acabamos sufriendo la represión policial.

Por esa terrible y hermosa coincidencia comparecemos en cada reunión, porque nos mueve la rabia. Así caminamos, sustrayendo tiempo al tiempo que no tenemos para entregarlo a la puesta en común de tesis y así ganarle la batalla a lo terrible del vivir sometidas indefinidamente.

Las que sentimos rabia estamos organizadas, armadas intelectualmente y sobre todo hermanadas en la lucha. Lanzamos reivindicaciones encadenadas y diversas que tienen un mismo destino, que es el cambio radical del sistema actual. A pesar de la legitimidad y nobleza de lo que nos mueve, no tenemos las suficientes manos para doblegar al monstruo. No obstante, no nos rendimos. Seguimos tensionadas a la vez que democráticas con el pueblo, pero implacables con el opresor.

MARXimizando en femenino

¡Proletarios del mundo, uníos! Esta expresión que aparece en el Manifiesto Comunista (1848) de Marx y Engels (en el que también colabora activamente Jenny von Westphalen), en realidad pertenece a Flora Tristán (1803-1844), la autora feminista de La emancipación de la mujer cuyas obras también son estudiadas y reconocidas por Marx, y que tan brillante proclama incorpora en El Manifiesto Comunista.

La hegemonía del pensamiento político y social es masculina. También lo son la hegemonía de la cultura en todas sus vertientes, el cine y el deporte. A nosotras nos dejan algunos espacios a veces tan ínfimos que son prácticamente invisibles.

Vivimos en un sistema de valores monocolor, reduccionista y excluyente donde parece que el pensamiento humano, la moral, las políticas, las costumbres y tradiciones humanas que tienen validez y fiabilidad y hasta sello de garantía son aquellas escritas y habladas preferentemente en inglés. Es en el idioma y cultura anglosajones donde se establecen las escalas de valores de prestigio que rigen el mundo, de sus acontecimientos políticos y culturales. Este prestigio se multiplica si procede de un hombre blanco occidental, con recursos económicos, y por supuesto heterosexual. En cualquier caso, siempre un hombre. En este orden mundial homogéneo prevalece; inglés sobre castellano, castellano sobre catalán, blanco sobre negro, rico sobre pobre… hombre sobre mujer.

Las mujeres que hemos tenido la oportunidad de emerger a la vida política desde la militancia de base o desde la participación en colectivos, asociaciones o cualquier ámbito organizativo que implique cooperación entre miembros, lo hemos hecho tras haber concluido o simultaneado las tareas y responsabilidades que tradicionalmente “nos son propias”, como lo son el trabajo reproductivo y el trabajo de cuidados, pero también el trabajo productivo. Hablo de las mujeres de barrio o del entorno rural, las de abajo, naturalmente. Aquellas que no pasamos de la noche a la mañana, precisamente, a formar parte de un colectivo en lucha, si no que surge de la necesidad de reclamar derechos sociales, pero no para alcanzar las mismas cuotas de miseria de nuestros compañeros, sino la emancipación como clase trabajadora de ambos sexos.

En este sentido reclamo pues a Rosa Parks como icono de resistencia y dignidad. El revolucionario análisis de Kollontai, sobre el concepto de familia y de liberación sexual de la mujer, o especialmente reclamo a Vânia Bambirra quien desarrolló en su Teoría de la dependencia un análisis marxista sobre la necesidad de liberación de los pueblos originarios de América. Y a Josefina Samper, porque no es posible concebir la lucha sindical sin su imprescindible cooperación.

Sin embargo, es triste ver que a raíz de la implosión del 8M ha venido ocurriendo un fenómeno paradigmático con la pintora Frida Kalho, a quien se la conoce mundialmente a través de su imagen estampada en miles de productos comerciales asociados a un feminismo de mercado, y no por su condición de artista y comunista, como si el feminismo se tratase de una moda pasajera y no de un movimiento político y social.

Las mujeres y hombres situad@s a la izquierda de la socialdemocracia, si alguna victoria hemos conseguido, es la de adelantarnos a los tiempos para tratar de corregir las desigualdades que sufren l@s oprimid@s. Pero dentro de los aparatos políticos aún queda mucho por hacer en materia de igualdad. No vale solamente con identificar al hombre blanco heterosexual de habla inglesa, que hegemoniza la cultura occidental aplastando todo lo demás, sino que desde dentro hay que seguir necesariamente habilitando espacios feministas, para doblarle el brazo al orden de primacía establecido. Eso sería lo más revolucionario.

MARXimizando las aulas

El triunfo de las clases dominantes sobre la Enseñanza, es la derrota y parálisis del ser humano. Porque un sistema educativo cimentado sobre parámetros capitalistas solo puede atender a las necesidades de la burguesía. Por tanto, nuestrxs niñxs y adolescentes asisten cada día a una escuela que les interioriza la mentalidad de la “clase enemiga”, donde, por ejemplo, solo de manera muy minoritaria y sesgada se les hablará de feminismo y por supuesto nunca de historia reciente de España donde se exponga de manera clara cómo hemos llegado con esta pobreza económica y moral a nuestro presente.

En cambio, las clases explotadas hemos asumido que la clave del éxito es tener capacidad económica para pagarse un máster, diseñado y patrocinado por y para la patronal, donde el estudiantado reproduce los roles burgueses, defendiendo los intereses de una clase social que nos es ajena. De manera que estamos perpetuando un angustioso sistema educativo que prioriza el beneficio individual y transitorio, al margen de las necesidades humanas permanentes y a futuro. Es lo que se traduce en la práctica en la falta de respeto mundialmente aceptada y tolerada hacia la naturaleza, la mujer, la diversidad humana, o los derechos colectivos de los pueblos. Se ha establecido el desprecio por la vida desde la escuela, donde el aprendizaje se fundamenta en que el alumnado alcance conocimientos suficientes para encajar en algún piñón de la imparable cadena de producción, jamás para la formación de personas en sí mismas como parte del medio natural sino proletarizadas como un valor de cambio más.

Escuelas de educación primaria, secundaria y universitaria instaladas en la cosificación de las personas, donde prioriza el estudio de materias para alcanzar la máxima rentabilidad económica, poder y éxito personal en el pedestal de los objetivos al finalizar los estudios, y esta apuesta se manifiesta desde la más tierna infancia donde las competencias del alumnado se miden a través de exámenes, y la valía de la intelectualidad está sujeta a cifras que van del sobresaliente al suspenso, una forma de clasificar a humanos desde la niñez no dando tiempo al desarrollo madurativo y personal de cada sujeto. El modelo educativo burgués no permite el progreso de cada cual porque todo está enfocado a producir objetos de consumo. Por eso están tan denostadas las asignaturas de filosofía, historia o las disciplinas artísticas, porque implican un estatus superior en el desarrollo humano que no tiene encaje en un mundo enfermo con una humanidad en estado de supervivencia, en el que lo prioritario es perpetuar esa decadencia. ¿Hasta cuándo? Hasta nuestra propia extinción.

¿Por qué no existe una cátedra marxista? Una cátedra que dé oxígeno entre tanta miseria moral. ¿Por qué no se pueden pronunciar determinadas palabras en determinados foros institucionales, laborales o educativos? ¿Por qué es espinoso hablar abiertamente de feminismo como clave en el desarrollo humano? ¿Por qué la palabra comunismo resulta tan incómoda en todos los estamentos de la sociedad? Porque todo aquello que supongan herramientas liberadoras para el ser humano son peligrosas para nuestros opresores.

Hemos sido educadas y lo seguirán siendo las generaciones futuras en valores como la discreción, la sumisión o el individualismo. En el “hay que ser tolerantes, pero a mi hija la llevo a la escuela concertada”, “creo en la igualdad entre sexos, pero en silencio, mientras nos mantengamos discretas y sumisas ante las normas, nos mantendremos a salvo de una violación” o “considero injusto el trato discriminatorio de determinados colectivos, pero no es mi problema, bastante tengo con lo mío”. Mientras el sistema educativo permanezca en manos de los opresores seguiremos precarizadas, explotadas, ninguneadas y siempre invisibles. Digo y aclamo como imprescindibles a Marx, Engels y a Lenin porque sigo leyendo, a escondidas.

MARXimizando las bases

Los procesos electorales no son más que vientos fugaces que nos sacuden con más o menos fuerza cada cierto tiempo. Producen ilusión a veces, pero sobre todo desgaste y desmotivación entre nuestra gente y cada vez más desmovilización. Esto ocurre porque estamos jugando permanentemente con las reglas de participación de ellos, de la burguesía a la que queremos derrotar. Hay que tener claro que ningún partido de izquierdas va a hacer tambalearse esta fuerte estructura de poder. Podrán cambiarse unas siglas por otras, unas que nos gusten más y parezcan que nos acercan a esa desgastada palabra llamada democracia, pero si nada más cambia, aquello que nos hace vulnerables, maleables y prescindibles, veremos que es imposible alcanzar posibilidades reales de transformación. Los gobiernos estatales, autonómicos o municipales podrán cambiar periódicamente a través de las urnas; del conservadurismo al progresismo y al revés, pero el poder financiero y empresarial, la policía represiva, el poder de la iglesia y los mamporreros (los medios de comunicación de masas) que prestan sus servicios a sueldo de la clase dominante para que todo fluya continúan ahí, legislatura tras legislatura, inmutables protegiendo sus estatus.

Por tanto, el sufragio universal no es en modo alguno sinónimo de democracia, sino que nos sirve para encauzar una tendencia que palíe nuestras necesidades momentáneas y que en determinados momentos ayuden a suavizar las condiciones de vida a algunos sectores de la población, nunca a la totalidad. Lo que sí sucede con más frecuencia es que tras unas elecciones se recrudecen todas las formas de injusticia al amparo de la legalidad vigente, porque en modo alguno las oligarquías van a ceder un centímetro de sus privilegios. Mientras la izquierda intenta morder una ínfima parte del pastel, nosotras, las mandatarias, tenemos otra responsabilidad que abordar sin más tiempo que perder: PODER POPULAR.

Construir desde lo colectivo: movimientos sociales, asociaciones, plataformas, sindicatos y partidos políticos dispuestos a liberar a la clase trabajadora del capitalismo. Lugares donde peleemos desde dentro, para que el poder no nos sea algo ajeno, sino un arma para estar en disputa permanente con el Estado. Tejer redes entorno a un proyecto de transformación, jamás entorno a un líder. Si dejamos nuestro futuro únicamente al auxilio de una urna electoral porque la papeleta contiene el nombre de alguien que encarna nuestra esperanza de vida, como quien se juega los últimos 5 euros del sueldo en un cupón de la ONCE, estamos perdidas y seguiremos desarmadas en términos de democracia.

PODER POPULAR para la autogestión y la autoorganización vital para ser libres realmente. Donde la verdadera democracia crezca desde las bases hacia el poder y no al revés. Estamos lejos de experiencias como la de la Comuna de París o el movimiento zapatista en Chiapas, pero la ejemplar determinación de ambos impulsos humanos, debe servir de acicate para afrontar que la única manera posible de derrotar al sistema es desde ofensiva de la gente de a pie. Es hora de dejar la neutralidad, la parsimonia, el silencio, la discreción e incluso el pacifismo aprendido, porque el poder burgués es violento y mortífero, y no le estamos haciendo frente. Merecemos unas bases empoderadas de formación en materia de derechos humanos, de conciencia por el colectivo y dispuesta a subvertir el orden mundial.

Nos dirán, como siempre, que no es el momento, que la urgencia prevalece sobre lo importante, que más adelante, que hay que remar en la misma dirección tapándonos la nariz y respirando a la vez sin que nos salga la bilis del cuerpo. Yo digo que no, que el tiempo ya llegó para la REVOLUCIÓN, agarradas fuerte a la vida de manos del PODER POPULAR.

#MARXimizando
#KonfianzaInkebrantableEntreKamaradas

MARXimizando el Arte

Saber componer como Bach o pintar como Velázquez no está al alcance de cualquiera, y no solamente por falta de aptitud, sino porque la posibilidad de desarrollar nuestra faceta creadora está al alcance de muy pocas personas. También ocurre que las artes plásticas, visuales y musicales gozan de poco público instruido en esas materias que nos hacen tan singulares y únicos como seres vivos. No es casual que en el mundo capitalista todo esté encaminado a invertir nuestra energía personal en desarrollar casi la totalidad de nuestra existencia al trabajo asalariado, y a asociar a la vida productiva el poco tiempo de ocio que quede, como es comprar en el supermercado o llevar el coche a limpiar. De hecho, se suelen confundir y fusionar las palabras ocio, tiempo libre, cultura y entretenimiento. El Arte debe ser disfrutado, pero es mucho más que un entretenimiento, es la forma elevada de entender la cultura en el desarrollo humano.

El funcionamiento imparable del capitalismo sobre el que se asientan las bases económicas y sociales, hace que seamos expulsadas desde que nacemos de la actividad creativa y del conocimiento artístico, a menos que con un sobre esfuerzo y de manera individual alguien decida ponerse a ello, porque el ritmo frenético de las jornadas laborales impuestas por las clases dominantes, no nos permiten acceder a la cultura artística, sino que por el contrario, además nos hace consumidoras forzosas de sus productos de dudosa calidad artística; concursos televisivos de “talentos” donde la industria de la cultura decide quién vale y quién no, donde la gente llora mucho y asume que son perdedores natos porque no se esfuerzan lo suficiente. Grandes corporaciones editoriales que ponen en los escaparates abundante literatura de autoayuda que nos culpabiliza por no tener los chacras alineados con la galaxia con el mensaje explícito de que “todo lo que nos pasa es culpa nuestra por las pocas ganas que le echamos a la vida con esa actitud tan poco positiva”. Series televisivas, reality show y películas, como poco espantosas, muestran unos contenidos que reflejan un tipo de sociedad inexistente en la vida cotidiana, donde los cuerpos de las personas deben permanecer permanentemente jóvenes, sexualmente activos, vibrantes y bellos, y cuyos/as protagonistas siguen siendo blancos/as y occidentales con el modelo estándar de vida burgués, al cual no alcanzamos ni alcanzaremos nunca nadie.

Pocos espejos pues en el que mirarnos tenemos en el panorama artístico actual, y pocos artistas comprometidos con la clase trabajadora, que no se rindan ante los clarines del mercado y opten por quedarse a luchar con nosotras. Antonio Gades, fue uno de esos ejemplos de calidad, belleza y pedagogía en su legado. Siguiendo esa estela en el mundo de la danza, hoy Penélope Pasca de manera obstinada y valiente lanza en cada compás y coreografía un alegato en favor de los oprimidos, en un mundo tan elitista y exclusivo como lo es el de la danza. Kalvellido (ilustrador de este texto) jamás ha renunciado a su compromiso de clase. Mordaz, irónico, descarado e irreverente desnuda en cada dibujo las miserias humanas. No es de extrañar pues, que a pesar de la solvencia y calidad de sus ilustraciones no tenga el reconocimiento que debería en nuestro país. El Cabrero, es otro ejemplo de dignidad y fidelidad artística genuina y comprometida con el colectivo de los trabajadores del campo. Y no digamos el actor Willy Toledo, que jamás se ha vendido ni doblegado ante la “amorfa y perversa” opinión pública, teniendo además que librar una dura batalla contra la industria del cine, la televisión y el teatro.

Si la clase trabajadora tuviera la oportunidad de aprender y estudiar Arte con la misma premura y obligatoriedad que aprende a abrir una cuenta bancaria, si se pusiera en valor la capacidad de cada persona para crear y expresarse como parte del desarrollo humano en la música, la pintura, la danza o la poesía, si el Arte tuviera un peso específico en los planes de estudio y las jornadas de trabajo fuesen la mitad de largas de lo que hoy son, sería síntoma de que este mundo es otro mucho mejor: equilibrado, limpio y armonioso. Ojalá.

[…]
No nos matan las balas, no mata la letra pequeña
acordada por aquellos que ganaron otras guerras:
en la calle desangrando el cuadro sindical;
encarcelando al pintor, al cantante, al poeta,
amordazando a mujeres cansadas de cuidar
a quienes no podrán brotar en esta patria muerta.
[…]
Somos quienes ya no toleran más agresiones,
la garganta que sus medios no puedan silenciar,
fuimos un pueblo a la espera de que alguien nos salvase
y ahora somos el ejercito que se salvará.
Shina en Lucha (Diez mandamientos para mantenerse en pie -VI-)


– Cronología con todos los relatos: MARXimizando
Aquí puedes descargarte las ilustraciones de J. Kalvellido

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