Mike Oldfield

Es curioso que tras muchos años escribiendo en bitácoras, artículos que van desde la política, GNU/Linux o el escepticismo, jamás haya dedicado un post a Mike Oldfield.

Tras la pantalla de un ordenador, desde la ventana al mundo de internet se puede conocer quizás a una persona que llevas tiempo tratando con ella, pero siempre no es así o ese conocimiento es superficial. Lo digo porque aunque no haya escrito un artículo del Campoviejo siempre ha estado ahí, detrás mia cuando escribo. En realidad no sólo cuando escribo: si mi vida tuviera una banda sonora, ésta serían melodías encadenadas de Mike Oldfield.
Ommadawn es cuando recuerdo los momentos de mi juventud, esos paseos interminables por las sierras y siguiendo el curso de los arroyos, salpicados por vergeles y cerros vestidos de un brillante verde, cuando respiraba profundamente y mi alma caía enamorada entre aromas de romero y lavandas.
Al atardecer, cuando en el firmamento empezaban a despertar algunas estrellas, subía a una roca alta, me tendía sobre ella y una canción hacía de conexión entre la tierra y el cielo: In high Places.
En aquellos tiempos éramos tres amigos los que salíamos a conquistar un mundo de emociones por los alrededores de nuestro bello pueblo. Su situación, a las faldas de Sierra Morena, bañada por rios y arroyos invitaba a soñar y de hecho sigue haciéndolo pero sólo a quienes tienen o les quedan sueños. Pero Mike estaba ahí y no sólo para mi, sino para ellos también. Otro instrumental, del álbum QE2 fue del mismo modo un trozo de nuestro pasado. Una música inspirada en las cumbres de las altas montañas para deleite de altos vuelos.
Cada momento, cada paso que dábamos se iba grabando en la historia y detrás iba dejando una estela de melancolía. Sabíamos que la eternidad de los recuerdos se conquistan con la confianza, con la amistad y nunca hubo silencio sino melodías en nuestros corazones.
También oíamos aEnya, Dire Straits, laE.L.O. Alan Parsons, Vangelis.. y de veras que me emociono cuando recuerdo esos momentos de pura felicidad. Porque, sí, conocía la felicidad y cuando llegaba a un punto, se me saltaban las lágrimas porque apenas le pedía nada a la vida; amistad, mis seres queridos, mis paseos y mi música. Hoy se me saltan las lágrimas porque no tengo nada de eso y exijo tanto a la vida que ésta quizás por ello me muestra sólo su dureza.
Dejando sentimentalismos al margen, añorando unos tiempos que para el que escribe no volverán he de decir que a Mike Oldfield no lo conocí hasta 1982. Contaba con 15 años, y bien, no vayan a creer que la primera vez que escuché de él fuera Tubular Bells. En absoluto, ni TB ni ningún producto anterior al de ese año, sino un álbum que me impactó: Five Miles Out, y más concretamente el temaOrabidoo. Tenía por aquel entonces mi hermano mayor una antigua casette Radiola y esa mañana, al despertar me vino esa melodía triste, como una nana al principio de nacer y la música te hacía imaginar que van pasando los años, los problemas hasta conquistar el final de tus días. A partir de ahí una dulce voz canta:
“Oh island of the soul
Valleys hushed and white with snow
Ireland’s eye – you linger with me ’til the day I die
Oh how it hurts to go”

Tengo que decir que nunca antes había puesto atención a los sonidos de una guitarra eléctrica y desde aquel día caí en una obsesión por recoger los mensajes subliminales que ésta puede llegar a sugerir. Empecé a buscar más de Mike Oldfield y a adquirir álbums más antiguos. Claro, pero no fue como hoy; no existían los cd’s sino cintas y discos de vinilo. La mayor parte de las veces solían ser casettes piratas que encontraba en el mercadillo de mi localidad. Me llamó poderosamente la atención una cinta de M.O. con una fotografía donde aparecía él, difuminado, en plan hippie con cierto aire a Jesucristo.

Con el Radiola enfrente, la música de Ommadawn me dejó perplejo. No quería que terminaran las melodías y éstas me emocionaban tanto que no podía evitar que las lágrimas cayesen por mis mejillas. Era lo más bello que había oído en toda mi joven vida. Campanas, decenas de distintos tipos de guitarras, mandolinas, gaita irlandesa, coros, flautas, tambores africanos y una genialidad verdaderamente insuperable. Mezcla de culturas como la celta, indoeuropea, africana justo cuando por el mundo se extendía aquello tan hippie de “paz y amor entre las razas y los pueblos”. Además, Mike llegó a dejar su peculiar forma de tocar la guitarra en lo más alto. Oir Ommadawn significó mi compromiso de fidelidad de por vida con Michael Gordon Oldfield.
Sobre Tubular Bells diré que aunque la mayoría de críticos la aplaudan como la mejor composición de la carrera musical de Oldfield, desde mi punto de vista, el más humilde y personal que se pueda tener, no lo es. Y es que dejando claro que es una obra excepcional, con acordes que recuerdan a Sibelius, y siendo punto de partida para nuevos tipos de música, como electrónica, new age o rock sinfónico, siempre desde mi visión, tiene trabajos mejores que iré comentando. Tubular Bells es algo épico, ayudado también mucho por el uso de dos cortes en la famosa película “El Exorcista”, una composición abstracta con gran cantidad de instrumentos musicales interpretados todos por él mismo de la cual debe sentirse orgulloso toda su vida (y más allá si existiese). Quizás uno de los temas más versionados que existen, y si es así por algo será.
Pero como he dicho, no es el trabajo de Mike que más me gusta. Antes del TB tengo varias obras que están por encima por extraño que pueda parecer. Ommadawn mismo lo pongo en un escalafón más alto, incluso Amarok, del cual hablaré más extendido, y The Songs of Distant Earth. Me es extremadamente difícil decirme por una trabajo dado que son muchos los que destacaría y por la complejidad de cada estilo pues hablamos de un artista polifacético con grandes caídas y aún más grandes aciertos.
Por ejemplo, Amarok es una obra extraña. Conozco a bastante gente que me comentaron que la primera vez que oyeron el disco se espantaron porque según ellos, no tenía ni pies ni cabeza además de un sonido estruendoso. Sin embargo todos llegaron a la conclusión final de que es una obra maestra. Y no les faltaba razón. Amarok es para mi lo mejor de Mike, y no sé si será como dicen que les pasa a los grandes genios cuando se enfadan o peor lo pasan, mejor componen pero de lo que estoy seguro es de que es el punto culminante de su carrera: una cascada de melodías que parecen salir de las mentes sinfónicas más brillantes. Un derroche de ideas que no te dejaran indiferente, puede no gustarte en su conjunto pero no podrás negar que se plasman una serie de inspiraciones musicales sencillamente extraordinarias. Otro punto a favor, que rememora al Tubular Bells (esta es una secuela que prácticamente emanan de todas sus obras) es que Oldfield juega con multitud de instrumentos. He de señalar como punto apoteósico las campanas que vuelven casi al final del trabajo y la vuelta a los orígenes africanos de Ommadawn.
Y hay otra obra, mucho más moderna, estilizada, usando nuevas tecnologías electrónicas que merece estar al lado en mi lista personal, de Amarok: hablo de The Songs of Distant Earth.
Cuando Mike Oldfield, en unos de sus momentos cambiantes se volvió más comercial, con temas muy populares como Moonlight Shadow, To France, Foreign Affair, Shine, Shadow on the Wall nadie esperaba que diera un drástico giro. Bueno, eso de nadie no, porque los que conocemos su historia y temperamento, sinceramente esperábamos y esperamos siempre cosas mejores. Y The Songs of Distant Earth es una pasada. La genial idea de mezclar música relajante e hipnóptica (supuestamente Mike es muy influenciado por Sally) con acordes de guitarra, gaitas, orquesta y canto gregoriano acierta de tal modo que me atrevo a decir que es una obra perfecta. Muy espacial, por cierto, pues se ambienta en un libro futurista de Arthur C. Clarke. Mike Oldfield es terriblemente caprichoso. Recuerdo que antes de componer el álbum dijo que no iba a tocar la guitarra y que seria completamente música electrónica. Pues The Songs of Distant Earth tiene unos trozos de guitarra para deleite del buen gusto. Como dato curioso, el corte titulado “Tubular World” es realizado por su hija Molly. Resumiendo, este trabajo es un hito y algo completamente excepcional. Lo mejor de Mike junto aAmarok.
Ciertamente no soy muy dado a criticar ni hablar mucho de las típicas cancioncillas como Moonlight Shadow, Man in The Rain y similares. Son hechas para vender y ser muy extendidas, pero no tienen el calibre ni mucho menos, de las obras instrumentales.
Mike Oldfield se ha rodeado a menudo de vocalistas famosos porque nunca supo cantar ni tiene una voz muy convincente. Lo mismo estaba al lado de Robert Palmer que de Bonnie Tyler. Cierto es que Heaven’s Open Mike cantó pero no recomiendo el trabajo salvando un par de temas (y es por su guitarra).
Hablar de este genio es tener todo el tiempo del mundo porque prácticamente cada pieza merece un estudio pormenorizado. Oir su música es depender del estado de ánimo que te encuentres. Si quieres oir algo clásico, tenemos el brillante The Killing Fields, si tus deseos son celtas, recomiendo The Voyager un álbum en el cual vuelve a los orígenes familiares (su madre era irlandesa) y si estás triste pon a todo volumen Tubular Bells III. Hablando de campanas tubulares, ya que hoy me estoy sincerando tanto, la versión que más me gusta es la II. En esta tubular version es donde mejor me suena su brillante guitarra. El corto titulado “Maya Gold” es una obra maestra. Incluir a un conjunto de gaiteros escoceses fue la guinda de este delicioso pastel. En un directo que se realizó en Edimburgo Mike toca un banjo a alta velocidad y cambia con frecuencia de guitarras, algo habitual en sus conciertos. Alucinante.
Pero no todo es brillante y el tiempo no pasa impune para nadie. Mike Oldfield empieza a dar síntomas de envejecimiento y por ejemplo, en el concierto de Berlín del 31 de diciembre de 1999 con su Millenium Bell interviene mal, se le escapan las cuerdas de la guitarra con frecuencia y no entra en los momentos adecuados. Él mismo culpó al terrible frío de Berlín, pero ya venía dando malas señales y poco tiempo después, en la presentación en Londres de la tercera versión de Tubular Bells, vuelve a fallar a menudo. Lo que ocurre es que un genio de esta categoría tiene seguidores incondicionales, entre los cuales me incluyo. De cualquier manera, al final del concierto de Londres se recupera y puntea de maravilla, incluso se atreve a versionar Moonlight Shadow de tal manera que enciende la pasión del público.
Antes de que Campoviejo entrase en una etapa de decadencia física, nos deleitó con su álbum Guitars, una auténtica delicia muy recomendable para aquellos a quienes distinguimos una forma tan personal de dominar las cuerdas de una guitarra, y es que Mike firma de esa manera como muy pocos lo hacen. Desde entonces y nunca oficialmente tiende por ir por otras tierras musicales, e intenta una composición clásica llamada Music of the Spheres otra delicia que viene a decirnos que este hombre tan peculiar no tiene fronteras ni barreras que le limiten su capacidad creadora. Quizás haya pasado un poco desapercibida y no haya gustado a los seguidores que siempre esperan un espectáculo guitarrístico. Sin embargo la obra es genial, con unos fragmentos que, ciertamente rememoran TB, siempre orquestado y con coros. También percibo influencia española y toda la composición puede recordarnos a una banda sonora. Especialmente destaco Harmonia Mundi,Musica Universalis que la considero como un “mini Tubular Bells” y la preciosa canción con la voz de Hayley Westenra,On My Heart.
He leído decenas de discusiones sobre guitarristas y las necesarias comparaciones que suelen hacerse. Nunca he intervenido en ellas y no lo he hecho porque no tengo la intención de convencer a nadie de que el mejor es Mike Oldfield. Esto es algo muy personal e íntimo, no porque piense que los hay mejores, que los habrá, sino simplemente ninguno me hace sentir y tocarme la fibra sentimental como lo hacen las guitarras de Oldfield. Es que por mucho que he indagado no he encontrado. Gente que hace virguerías con ellas, pero no me dicen absolutamente nada. Mike hace con la guitarra un milagro y con eso me basta.
Es imposible, en mi caso, escribir un artículo que recogiera toda la trayectoria de Mike Oldfield porque creo que jamás terminaría. Son tantas canciones, tantos instrumentales y tanta historia que no podría desarrollarla.
No me da ninguna vergüenza decir que Michael Gordon Oldfield es la figura más importante de la MÚSICA desde hace muchos lustros. Para mi, claro.

Deja un comentario

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar