Miradas cautivas

Juan Gabalaui*. LQS. Mayo 2021

Las potencias occidentales han tenido que crear un relato que justifique la invasión y el exterminio cometidos a lo largo de su historia y para ello han pervertido la mirada y el pensamiento occidental. Esta corrupción intelectual lleva a defender a los agresores frente a las víctimas

Nuestra mirada no es libre sino que está marcada por lo que nos han contado. Miramos con los ojos de otros. Los ojos del estado y de las naciones. Crecer es tener nuestra propia mirada lo cual implica cuestionar el marco desde el que nos dicen que hay que interpretar la realidad. Todas las naciones crearon un mito. El mito de la reconquista es una de las falacias que esgrime la extrema derecha para defender su idea de España. El mito del descubrimiento el que nos remite a la idea de imperio. Ambos son impugnables porque se construyen a partir de unos hechos que necesitan ser traicionados para elaborar una historia fantástica que nos remita a la grandiosidad, la especialidad y la universalidad de un pueblo. Nos cuentan que unas aventureras navegaron hasta más allá del horizonte conocido para descubrir un territorio inexplorado en el que habitaban salvajes, que necesitaban ser redimidos por la grandeza, el poder y la religión de los reinos europeos. A partir de este marco básico analizamos lo sucedido y nos posicionamos. Estos relatos nos guían en la oscuridad y permiten que apoyemos actualmente hechos similares, situándonos intelectualmente al lado de los que dicen traer el progreso y la democracia. Conceptos que han venido a sustituir a la religión y a la civilización.

La definición de la otra, de la conquistada, de la descubierta, se ha construido desde cualidades negativas y carenciales. Solo si la reducimos a algo menos que una persona civilizada, al estilo europeo y occidental, o le conferimos características amenazantes podemos atacarle, reducirle o eliminarle. Necesita ser deshumanizada. La otra es agresiva y cruel, y sus costumbres propias de pueblos poco evolucionados. En este contexto se acepta la conquista por un bien mayor. El relato ya está construido para que cualquier medio sea aceptado para conseguir un fin. Los dirigentes de los gobiernos coloniales de Norte América pagaban a los colonos para que arrancaran el cuero cabelludo de la población india, fueran combatientes o no, mujeres, hombres, niños o niñas. El escalpelamiento fue un negocio muy lucrativo. Los colonos dieron un nombre a los cuerpos mutilados y sangrientos producto de sus cacerías: pieles rojas. Pero esto no forma parte de lo que nos han contado sobre la conquista del oeste. La crueldad y lo sanguinario formaban parte de las características de los indios norteamericanos. No de los colonos. El relato nos dice que los colonos solo eran personas que querían asentarse en una tierra, trabajarla y vivir en paz. En realidad el nacimiento de Estados Unidos está apoyado en la usurpación violenta de la tierra y en el exterminio de la población indígena, para lo cual los colonos, junto con otros medios, se convirtieron en piezas fundamentales. La necesidad de armar a los colonos y rangers para atacar a las poblaciones indigenas es el origen de la segunda enmienda de la constitución estadounidense que protege el derecho a portar armas. No fue por una necesidad de defenderse sino por la necesidad de atacar y eliminar a aquellos que impedían el libre acceso a la tierra y la ampliación de los dominios coloniales.

Esta inversión entre agresor y víctima es una de las mayores perversiones morales del mundo occidental y que, a día de hoy, sirve para justificar cualquier ataque de las potencias occidentales contra otros territorios. La reacción de las agredidas suele además definirse como terrorismo. Si ocupan tu tierra, destruyen tus hogares y matan a tu familia solo puedes quedarte parada, resignarte y asumir tu culpa. En el caso de que optes por la lucha armada, eres una terrorista. Las potencias occidentales practican un juego macabro con las cartas marcadas. Tienen la capacidad de construir el relato y manipular a la opinión pública, que sin darse cuenta, vive como víctima cuando se encuentra en el marco de acción propio del agresor. Israel es un estado con muchas similitudes con el origen de los Estados Unidos. Su nacimiento se asienta en la usurpación violenta de las tierras y en el exterminio de la población palestina. Los colonos también son una de las herramientas para conquistar el territorio, esta vez con el apoyo de un poderoso ejército, que no duda en ejercer la violencia ante cualquier resistencia percibida. La respuesta de grupos armados palestinos o las simples protestas son enmarcadas política y mediáticamente como acciones terroristas o alentadas por el terrorismo. Considerar que son reacciones a una agresiva política colonial que les expulsa de sus territorios, vulnera sus derechos fundamentales y les asesina no forma parte del análisis aceptado de los hechos. Este planteamiento podría considerarse como un apoyo a acciones terroristas y una agresión hacia el estado de Israel, al cual se le concede gratuitamente el derecho a defenderse. Derecho que es escatimado al pueblo palestino. En el relato inventado no son víctimas de una agresión sino violentas. Y ante las violentas el estado israelí tiene el derecho a defenderse.

Las potencias occidentales han tenido que crear un relato que justifique la invasión y el exterminio cometidos a lo largo de su historia y para ello han pervertido la mirada y el pensamiento occidental. Esta corrupción intelectual lleva a defender a los agresores frente a las víctimas. Salva a los conquistadores españoles, portugueses, franceses, holandeses y británicos. Condena a las poblaciones indígenas asesinadas, asimiladas culturalmente, expulsadas de su territorio y confinadas en reservas. Salva al estado de Israel. Condena a la población palestina agredida, discriminada, asesinada y expulsada de sus hogares y territorios. Nuestra mirada es cautiva del relato de quien para conquistar necesitó deshumanizar, expulsar, perseguir y asesinar a los que ya estaban allí. Donde dicen que hay civilización, democracia y progreso, hay barbarie.

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* El Kaleidoskopio

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