Mito F. González

f-gonzalez-universidad-loquesomosJuan Gabalaui*. LQSomos. Octubre 2016

La época bipartidista es una loa a la corrección política que consiste, fundamentalmente, en extraer la sangre a las opiniones, en callarse lo esencial y discutir sobre lo superfluo y accesorio. Claro que el diálogo y el respeto al que piensa de forma diferente deben ser ingredientes que formen parte de las relaciones políticas. No hay nada más excitante que el discurso y el debate de ideas, sobre todo con aquellos que están en las antípodas. Pero reducir lo que ha sucedido con Felipe Gonzalez en la Universidad Autónoma a un ataque a la libertad de expresión es otra manera más de eludir la raíz del problema, que se evita constantemente en aras de proteger al que se considera un prohombre socialista y arquitecto de la transición y de la democracia española. Es, una vez más, una manera de hurtar la necesidad de afrontar nuestra historia y el protagonismo de ciertos políticos desde una mirada crítica. Los medios de comunicación, los grandes partidos y los poderes del estado actúan al alimón para evitar juzgar las decisiones y las acciones de quiénes forman parte del mito construido de la vigorosa democracia española y de la pacífica y ejemplar transición democrática. En este sentido, no parece que esos a los que se les llena la boca de libertad de expresión, la reivindiquen para denunciar cómo se hurta a la sociedad el debate necesario sobre la inestable construcción democrática de este estado y la responsabilidad de quiénes la han liderado. No parece que les importe que durante décadas se haya ocultado información trascendental para impedir colocar a esos falsos hombres ilustres en el lugar de la historia que se merecen. Produce vergüenza ajena e indignación escuchar a dirigentes pesoistas glosar la figura de Felipe González, ocultando su responsabilidad en el terrorismo de estado en la década de los 80, lo cual le inhabilitaría de por vida como referencia política y condenaría sus opiniones sobre la realidad política a la marginalidad y la intrascendencia. Que un responsable de terrorismo de estado sea a su vez arquitecto de la democracia española desmonta toda la palabrería, generada por los medios de comunicación y los partidos políticos, sobre el país de las maravillas que llaman España. El mito no permite que haya expresidentes terroristas o que tengan las manos manchadas de sangre por la muerte de miles de personas. Con estos mimbres no habría mito. Habría justicia. Y en este estado se ha optado por el mito antes que por la justicia. Si no fuera así, se caería el entramado que han montado.

De esta manera se entiende la criminalización de las protestas o de las declaraciones públicas que contradicen el mito. ¿Cómo no se puede dejar hablar a un expresidente de gobierno en la Universidad? Sí, claro, hay que debatir, dialogar, etcétera, etcétera. Pero la cuestión estriba en la falta de justicia, en la ocultación de información, en la delincuencia organizada y en el teatro que se monta para ocultar todo esto. ¿Cómo un responsable de terrorismo de estado puede hablar en la universidad? Aquí aparecerán las sonrisas de los defensores del mito y empezarán a desgranar cada uno de los supuestos logros políticos y sociales conseguidos bajo el mandato de González. Nos hablaran sobre el mito construido como una realidad objetivable, sin fisuras. Algunos, en un tono más bajo, hablarán de los GAL y sacarán la lista de argumentos justificadores. Otros, en plan cínico, nos aleccionarán sobre la responsabilidad de gobernar y nos alertarán sobre la ingenuidad política de aquellos que creen que los gobiernos no hacen esas cosas. Lo hace todo el mundo y González hizo lo que tenía que hacer. Otros más, se indignarán como si se hubiera insultado a su padre…político en este caso. ¡Hay que dejarle hablar! Lo cual no ha dejado de hacer, sin traba alguna, utilizando como escaparate los más potentes medios de comunicación, marcando tendencia y el camino a seguir a la tropa servil que, de forma cómplice, le sigue situando públicamente en los altares de la historia socialista. Estos siervos son los que le han hecho la vida fácil, sin grandes impedimentos, sin tener que afrontar las consecuencias de su gestión de gobierno ni las implicaciones legales que se sustraen. Estos son los que se enervan cuando un grupo protesta e impide activamente que un responsable de terrorismo de estado, sobre el que la justicia no ha actuado y que está siendo protegido por los poderes del estado, los grandes partidos políticos y los medios de comunicación, hable en una universidad pública. Sí, podía haberse optado por dejarle hablar, como siempre, y que los medios de comunicación no hubieran dicho ni mu sobre este debate. Hubiera sido la mejor opción para mantener el mito intacto.

Esto no es un debate sobre ideas sino la constatación de una impunidad. No es que Felipe González haya pasado unos años en prisión por su gestión y después se le persiga, acose y limite su libertad de expresión y de acción. No. Todo lo contrario. Se le ha agasajado, ha gozado de todos los privilegios que tiene un expresidente, se ha convertido en un multimillonario y ha podido exponer sus ideas y opiniones en los medios más prestigiosos. Si quisiera podría volver a presentarse a una elecciones presidenciales. No habría impedimento alguno. Su vida está llena de privilegios. A pesar de todo. La Universidad Autónoma, a pesar de todo, le invita y se espera que todos actuemos desde la corrección política, es decir, en base a lo que se espera para mantener el mito. No permitir que hable en la universidad es fascismo, según esa corrección política, por lo que supone de ataque a la libertad de expresión pero ¿qué es la impunidad que le acompaña desde que tuvo que abandonar la presidencia del gobierno? ¿Qué nombre le deberíamos dar a la defensa de una persona que ha participado en la muerte y la tortura de decenas de personas? ¿Qué deberíamos decir del apoyo que recibe de los poderes del estado y de los grandes medios de comunicación? ¿En qué se convierte una democracia con las manos manchadas de sangre?

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Un comentario en “Mito F. González

  • el 25 octubre, 2016 a las 14:05
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    La historia de Felipe González daría cuerda para escribir una novela negra, sin artificio alguno. Desde que este Isidoro de Sevilla toma el poder en Suresnes tiene claro cuál va a ser su camino. Para eso tiene todo el apoyo a su reinado de ese capital que le mima y al final se lo agradece; se rodeó de amistades poco recomendables para la izquierda; abandonó en las cunetas a los republicanos del PSOE que fueron asesinados por los golpistas; tuvo días de pesca en el barco que utilizó Franco para lo mismo (el azor); mintió -como máximo valedor de los Gal- como lo hacen ahora los pillados por corrupción; su interés porque su partido abandonara a lo que sustenta al socialismo sería su obsesión; esperó para lograr que fuera «Sí a la OTAN»… Este es el perfil de Felipe González.
    También hizo cosas -que son con las que los suyos trata de taparnos la boca para que no le critiquemos- que supuso quitar a este país la roña franquista. Pues sí, así fue, lo reconozco. ¿Pero que alternativa tenía el capital y sus representes hasta ese momento -los franquista- para que en este país no llegaran los cambios naturales que había pendientes desde el golpe fascista del 36? Como respuesta os remito a la frase célebre de la novela, El Gatopardo: «Hace falta que algo cambie para que todo siga igual». Y a eso se dedicó este hombre. De lo contrario hubiera durado en el poder tres días.

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