Mortal y de colores

Mientras no se replantee el concepto de comodidad no se conseguirá nada, salvo calentar la cabeza con palabras de gas y nulas intenciones. A la comodidad lo sacrificamos todo, incluso la supervivencia del planeta. Somos el único ser vivo que ha inventado su propio verdugo.

Los "sapiens" seguimos aferrados como lapas a políticas energéticas inviables por insostenibles. Aunque parezca increíble, pesan más los beneficios contables de unos cuantos accionistas de hidrocarburos que la salubridad de la Tierra.

París se asfixiaba hace poco por culpa del enemigo público número 1 del aire, el tótem del transporte. En Pekín los tubos de escape cortan la respiración de manera permanente. El coche ha conquistado la ciudad y luego la ha convertido en su rehén. Nadie con capacidad de decisión se plantea modificar seriamente su uso. Sería altamente impopular. El coche es poder, evasión, estatus. Ilusión. Ruina.

Comodidad a cualquier precio. Así es la cosa.

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