Nicolás Guillén, poeta miliciano en España

Arturo del Villar*. LQS. Julio 2019

En la Alameda de Paula, en el centro histórico de La Habana, se ha inaugurado el pasado 10 de julio una escultura en bronce de Nicolás Guillén, representado de cuerpo entero contemplando el mar, excelente obra de Enrique Angulo. De esa manera la Revolución Cubana conmemora los 117 años de su nacimiento, el 10 de julio de 1902, y los 30 de su muerte, el 16 de julio de 1989. Aunque siempre sea oportuno y gratificante leer su poesía, parece obligado sumarnos a ese homenaje al propagandista de la República Española con todo el vigor de su verso, cuando estaba amenazada por los militares monárquicos sublevados y sus patrocinadores, los estados nazifascistas: Alemania, Italia, Portugal y el Vaticano.

Guillén pasó siete meses en la España en guerra por mantener sus libertades. En su libro Páginas vueltas. Memorias, editado en La Habana en 1982 por la Unión de Escritores y Artistas Cubanos, recuerda ese tiempo en las páginas 117 a 120. Tuvo una pésima acogida al llegar a Valencia, sede entonces del Gobierno leal, el 4 de julio de 1937, según se lee en la 118:

El mismo día que llegamos a Valencia, al anochecer, sonaron las sirenas; la ciudad fue bombardeada. Bonita recepción… A Marinello y a mí nos habían instalado en una misma pieza de hotel, un hotel que estaba situado en la muy valenciana calle de la Paz. Nos apresuramos a vestirnos, pues alguien nos tocó a la puerta mientras gritaba: “¡Al refugio! ¡Al refugio!” Cuando salimos nos dimos cuenta de que la gente corría en una misma dirección, lo que nos hizo pensar que el refugio, como así fue, se encontraba en ella. Entramos de inmediato, y el espectáculo que se nos ofreció no era de los más tranquilizadores. Sobre todo, llamaban poderosamente la atención los niños menores, apretados convulsivamente por sus madres.

Participó en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas, celebrado en Francia y en la España leal; habló con los milicianos en los frentes de batalla, dictó conferencias, dio recitales, envió crónicas a la revista cubana progresista Mediodía, en las que relataba sus experiencias, y entrevistó a personajes destacados en la política y la cultura, que después recogió en un libro publicado a medias con Juan Marinello, Hombres de la España leal, impreso en La Habana para Facetas en 1938. Y además imprimió la segunda edición en su poemario España. Poema en cuatro angustias y una esperanza, su adhesión a quienes combatían por la libertad de España, terminada de imprimir en Valencia el 31 de agosto de 1937 para Ediciones Españolas, al cuidado de otro poeta revolucionario, Manuel Altolaguirre.
Cuando lo compuso estaba en México, y allí apareció la primera edición, por cuenta de México Nuevo, una empresa progresista. Es un folleto de 32 páginas grapadas, con formato de 31 por 24 centímetros. Tras el último verso se indica: “México, mayo 1937”, que será la fecha de la escritura y probablemente de la impresión, porque cuando embarcó en junio para Europa llevó ejemplares en la maleta. No conocía, por lo tanto, la situación de España más que por las informaciones periodísticas, pero su intuición de poeta le permitió adivinarla, y le inspiró esos versos angustiados en los que apunta la esperanza de una victoria del pueblo sobre los rebeldes.

Cuba con España

La noticia de la sublevación de los militares monárquicos en España indignó a la opinión pública cubana, porque la isla había estado sometida a tiranías propias y dominaciones extrañas, primero a la colonización española y después a la más salvaje de los Estados Unidos. Desde 1933 existía una dictadura militar encabezada por el coronel Fulgencio Batista, hasta que se hizo proclamar presidente de la República en 1940. Por eso al conocer la rebelión militar en España se inició un sentimiento de solidaridad con el pueblo agredido. Se calcula que unos 850 cubanos vinieron a España enrolados en las Brigadas Internacionales, con intención derrotar al fascismo internacional que amenazaba a todos los pueblos libres. Uno de ellos, el escritor Pablo de la Torriente Brau, se convirtió en un mito debido a su muerte heroica en Majadahonda (Madrid).

Ángel Augier, amigo y biógrafo de Guillén, seguramente el mejor conocedor del hombre y del poeta, en su libro Nicolás Guillén. Estudio biográfico-crítico, publicado en La Habana en 1984 por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, escribe a partir de la página 227:

La primera voz de alarma y de protesta surgida en Cuba frente a la agresión fascista a la democracia hispana, se debió precisamente a los animadores de la revista Mediodía. En el número 3 de la revista, correspondiente al mes de agosto, apareció un manifiesto suscrito por los miembros del comité editor y por otros escritores y artistas cubanos.
“La batalla que se está librando –decía la declaración después de plantear el conflicto español en sus reales términos— es, por tanto, un episodio nacional de la gran pugna en que se hallan empeñados todos los oprimidos en la tierra en el camino de su manumisión, y ello le comunica un trágico interés universal. Los firmantes, artistas, intelectuales y escritores cubanos, queremos expresar, pues, en este angustioso minuto de la historia de España y de la humanidad, nuestra adhesión pública a los españoles del Frente Popular que están combatiendo por la libertad de su patria, hasta cuyos puestos de lucha les dirigimos nuestros más fervorosos sentimientos de simpatía y solidaridad.”

Así entendemos el compromiso de Guillén con el pueblo español, que le animó a dejar su patria para venir aquí a combatir con las armas que mejor sabía utilizar. La lucha librada en España era contra el nazifascismo internacional amenazador de las libertades públicas, por lo que vinieron tantos extranjeros a entolarse en la Brigadas Internacionales. Lo que observó en España, el valor de los comunistas españoles y desinteresada colaboración de los asesores soviéticos le animó a ingresar en el mes de octubre en el Partido Comunista Cubano, al que siempre permaneció fiel, aunque le costó cárcel, desprecio, multas y exilio. Es notable que lo hiciese en Valencia.

La herencia mestiza

La tragedia del pueblo español, traicionado y agredido, se expone en los 241 versos que integran España. Poema en cuatro angustias y una esperanza. Uno de los abuelos de Guillén se llamaba don Federico, blanco y esclavista; otro era llamado Taita Facundo, negro y esclavo. Esa doble herencia le hizo ser demócrata, amante de la libertad. Lo que sucedía en España lo sentía como propio, como descendiente de españoles, aumentado por su condición de ser también descendiente de esclavos raptados de su tierra y llevados a la fuerza a Cuba para trabajar en las plantaciones, sin ningún derecho. También España era su patria antigua.
Podemos ver en los versos de este cuaderno un grito personal contra la opresión. Recordemos que fue escrito antes de viajar a España, de modo que su grito por la libertad le salió de la herencia recibida de su abuelo negro. Por medio de España se solidarizaba con todos los parias de la Tierra y se unía a la famélica legión que reclamaba sus derechos humanos, negados por los propietarios de esclavos blancos o negros, por los terratenientes y los fascistas. Al aceptar el comunismo como ideología de todos los oprimidos, sin fronteras impuestas a la geografía que no las tiene, asumía como propio cuanto acontece en cualquier lugar en contra de los derechos humanos. La Tierra es la patria común de todos los seres sin distinción de sexos, colores de la piel, titulaciones académicas, edad, estado físico o mental.

Dos ideologías en lucha

En España se enfrentaban dos fuerzas opuestas: de un lado la progresista, favorable a la democracia y la paz entre los pueblos, y de otra la reaccionaria nazifascista partidaria del estatismo totalitario. Una quería la libertad para todos, la otra esclavizar a sus oponentes. En el caso de Guillén no era posible dudar bajo qué bandera intervendría en España:

Yo,
hijo de América,
hijo de ti y de África,
esclavo ayer de mayorales blancos dueños de látigos coléricos;
hoy esclavo de rojos yanquis azucareros y voraces; […]
yo, hijo de América
corro hacia ti, muero por ti.
Yo que amo la libertad con sencillez,
como se ama a un niño, al sol, o al árbol plantado frente a nuestra casa: […]
yo os grito con voz de hombre libre que os acompañaré, camaradas;
que iré marcando el paso con vosotros, […].

El nieto de Taita Facundo se sentía tan esclavo como su abuelo en la realidad de 1937 en Cuba. Formalmente estaba abolida la esclavitud, ya no había mayorales con látigo en los ingenios azucareros, aunque los directivos de las compañías fruteras estadounidenses mantenían su poder absoluto sobre los cubanos, como ya lo había denunciado él mismo en 1934 en su libro West Indies Ltd., en el que utilizó los sones afrocubanos populares para denunciar el imperialismo gringo sobre unos países ricos en materias primas pero dominados por unos gobiernos títeres comandados desde Washington, según costumbre al parecer muy afianzada.

Contra los traidores

La métrica utilizada en el breve poemario es muy variada. Comienza con versos rimados en consonante, de ritmo endecasílabo, en los que alterna siete, nueve, once y catorce sílabas en la primera estrofa. La segunda y la tercera están expresadas en verso libre, aunque a menudo se aprecian cortes endecasílabos, y después se encuentra una canción en cuartetos eneasílabos, con dos quebrados, para concluir con una estrofa aconsonantada formada por versos de siete, catorce y dieciocho sílabas, en la que se intercalan versos de la canción como un eco, más un verso final de veinticuatro sílabas. Una exhibición rítmica muy bien llevada.
Comienza describiendo la realidad de aquella España invadida por los nazifascistas europeos, por lo que se ve obligada a oponerse a los agresores del pueblo, los traidores a su patria y al juramento de defenderla, así como a quienes les facilitaban equipos bélicos y fanáticos ultraconservadores:

¡Ardiendo, España, estás! Ardiendo
con largas uñas rojas encendidas;
a balas matricidas
pecho, bronce oponiendo,
y en ojo, boca, carne de traidores hundiendo
las rojas uñas largas encendidas.

Como nieto de españoles, quería intervenir él también en los combates, para contribuir a la liberación de la patria común y ofrendarle la promesa de una vida nueva, “alta, limpia, sencilla y ancha”. Sus antepasados esclavos le indicaban que es preciso combatir siempre para acabar con la tiranía de los amos, según lo declara esta canción:

Nada importa morir al cabo,
pues morir no es tan gran suceso;
malo es ser libre y estar preso,
malo, estar libre y ser esclavo.

El pueblo español ansiaba conservar las libertades alcanzadas gracias a la República, después de tantos siglos de sometimiento a la tiranía monárquica cercenadora de todos los proyectos de independencia personal. La esperanza de Guillén se basaba en una apuesta en el ansia popular por defender sus libertades aun a costa de la propia vida. Disponía de argumentos históricos para pensar así, aunque las armas extranjeras con los símbolos nazifascistas y las bendiciones de los cardenales y obispos permitían ponerlo en duda.

Hombres sin caudillos

En la “Angustia primera” Guillén se dirige a los seres humanos que contemplan tranquilamente la inhumanidad de la guerra librada en tierras española, evoca las figuras de los conquistadores americanos, los que siguiendo a Cortés y Pizarro se enfrentaron a los aztecas y a los incas. Fueron en su tiempo “remotos milicianos”, como los que, en aquel momento, en 1937, luchaban por mantener la independencia de España frente a un enemigo superior en equipamiento bélico y en soldados, aunque les faltase el coraje de los patriotas.

Desde México, antes de venir a conocer la verdad de España, arengaba Guillén a sus lectores con una descripción de la guerra adivinada en estas secuencias según las fotografías publicadas en los periódicos:

¡Miradla, a España, rota!
Y pájaros volando sobre ruinas,
y el fachismo y su bota,
y farolas sin luz en las esquinas.

Lanzó así un llamamiento a las personas de buena voluntad, semejante a los que hacían los delegados republicanos en la Sociedad de Naciones, igual de ineficaz. La República Francesa incomprensiblemente y el Reino Unido con más razón por serlo, acordaron proponer el criminal Acuerdo de No Intervención que dejó a la República Española maniatada ante los invasores. Ni discursos ni versos hicieron que los países supuestamente democráticos mirasen las ruinas causadas por los bombardeos nazifascistas en España. Y la bota imperialista continuó aplastando las esperanzas.

Una raíz clavada

Mediante una silva blanca que combina versos de siete, once y dieciocho sílabas se expresa la “Angustia segunda”. Presenta una metáfora de la historia significada en un árbol individual para cada ser humano, mientras el bosque colectivo es la historia común de la patria. Así como la raíz del árbol está hundida en la tierra nutricia, Guillén se considera parte de ella.
La expresión lírica envuelve los conceptos con matices diferenciadores de cualquier descripción botánica. Por ello, el poeta puede asegurar que la raíz de su árbol personal se halla clavada en la tierra “con clavos ya de hierro, / de pólvora, de piedra, / y floreciendo en lenguas ardorosas”, las que le llaman a la defensa de esa patria común que es la democracia. El enraizamiento es el que hace posible la participación en la historia, según queda descrito en la “Angustia primera”. La raíz del árbol guilleniano se une a la de los conquistadores, en una parcela histórica compartida.
La biografía de Guillén explica su compromiso político inexcusable, desde el asesinato de su padre por los soldados cuando él tenía quince años, hasta su persecución por parte de los policías que le empujó al exilio. Entre 1925 y 1933 padeció Cuba la dictadura de Gerardo Machado, que fue sanguinaria, y desde entonces el que dirigió la vida política fue el coronel Fulgencio Batista, no menos criminal. El deseo de Guillén consistía en evitarle a España una situación semejante. Fracasó, y padecimos la dictadura.

La voz del amigo

En la “Angustia tercera”, compuesta por cuatro serventesios, se repite la argumentación expuesta anteriormente, para tomar partido, junto al pueblo español, contra la agresión fascista de militares traidores e invasores extranjeros. Le obliga su sangre mestiza, que es la savia del árbol, la herencia de los conquistadores y de los esclavistas, mezcladas en él. Por ser cubano se siente español y quiere amparar a España, junto a los milicianos que defienden los frentes, y con los hombres y mujeres que protegen las ciudades con su vida contra los adversarios de la República:

Las dos sangres de ti que en mí se juntan,
vuelven a ti, pues que de ti vinieron,
y por tus llagas fúlgidas preguntan.
Secos veré a los hombres que te hirieron.

Contra cetro y corona y manto y sable,
pueblo, contra sotana, y yo contigo,
y con mi voz para que el pecho te hable.
Yo, tu amigo, mi amigo yo, tu amigo.

Según esa enumeración son tres los enemigos del pueblo: el rey, el militar y el sacerdote. Verdaderamente así sucedía durante la guerra, puesto que el exrey Alfonso XIII apoyaba públicamente la sublevación militar, no sólo con sus declaraciones, sino también con pagos del dinero bien colocado en bancos extranjeros, y además su único hijo varón sano, Juan, quiso enrolarse en el ejército de los militares rebeldes, y por su parte la Iglesia catolicorromana había dado a conocer el 1 de julio de ese mismo año la infame Carta colectiva del Episcopado español, en apoyo de la denominada “cruzada religiosa” por los clérigos, con satisfacción de los militares.
Nótese que Guillén ofrece su voz, que es el arma del poeta, en apoyo del pueblo español. Luchaba con su pluma bien afilada, y es cierto que su palabra lírica iba a traspasar las fronteras, fue escuchada al leer su escrito recién impreso, y seguirá en la memoria de los seres humanos mientras existan. Fue un brigadista de la palabra en aquella guerra, y su voz sigue combatiendo en defensa de la libertad de los pueblos.

Homenaje a García Lorca

Y su voz clamó contra el asesinato de Federico García Lorca por los sublevados en su Granada. Eran amigos desde la primavera de 1930, cuando el granadino llegó a Cuba después de su estancia en los Estados Unidos. Los sones afrocubanos incorporados por Guillén a su primer libro, Motivos del son, impreso ese mismo año, entusiasmaron a Lorca, que compuso entonces el poema “Son de negros en Cuba”, incorporado a Poeta en Nueva York. La situación de segregación padecida por los negros en los Estados Unidos y por los gitanos en la España borbónica inspiraron al poeta con la misma intención denunciadora.
Debido a esa afinidad, la “Angustia cuarta” es un llanto por Federico García Lorca, escrito inicialmente en romance eneasílabo quebrado, para continuar en octosílabo y concluir con unos tercetos encadenados. Por ser un homenaje al poeta mártir de la República, se citan los elementos tópicos en sus versos: gitanos, pozos, lagartos, aceitunas, claveles, lunas, limoneros, etcétera, aunque sin pretender hacer una imitación del original.
Es así porque los tópicos lorquianos son elaborados por Guillén eficazmente, de manera que los versos resultantes son guillenianos con ecos lorquianos. No obstante, el recurso de emplear esos tópicos tiene una finalidad denunciadora del crimen cometido por los rebeldes, por ejemplo, en la descripción de los gitanos presos conducidos al paredón:

“¡Federico!”, gritaron de repente,
con las manos inmóviles, atadas,
gitanos que pasaban lentamente.

¡Qué voz la de sus venas desangradas!
¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!
¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!

En esa suavidad de las pisadas se denota el caminar resignado hasta el paredón en donde les espera la muerte por fusilamiento, como sería el de García Lorca en aquella Granada conquistada por los militares monárquicos sublevados, de la que expulsaron al mismo tiempo a la libertad y a la justicia. No fue el peor de sus crímenes, pero sí el más gratuito.

En el Congreso de Escritores

Quedó dicho antes que Guillén vino a España desde París, como participante en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, organizado por la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Intervino dos veces, el 6 de julio en el Auditorio de la Residencia de Estudiantes en Madrid, y el 16 en el teatro de la Porte Saint—Martin en París. En las dos intervenciones resaltó su condición de mulato descendiente de esclavistas españoles blancos y de esclavos africanos negros. Los discursos y otros escritos sobre España están recopilados en el tomo I de su libro Prosa de prisa, editado en La Habana por Arte y Literatura en 1975. Durante el discurso del día 16 expuso en prosa su compromiso con la República Española antes contado en verso:

Yo quiero, pues, afirmar aquí, en esta noche, una triple causa de adhesión en mí al sufrimiento de la España republicana: como escritor, porque estoy convencido de que nadie puede serlo honradamente sin poner su esfuerzo al servicio de la defensa de la cultura; como cubano, porque mi pais se halla también en lucha contra el fascismo, […] y como hombre que pertenece a una raza discriminada y perseguida, porque el fascismo supone un dique a la universalización del espíritu humano, una frontera a la difusión de las más puras normas democráticas y un estúpido regreso a etapas que se hallan en vías de superación por el desarrollo de la sociedad.

De modo que los republicanos españoles estamos obligados a sumarnos a este homenaje a Nicolás Guillén organizado en su isla, y hacerlo de la mejor manera para un poeta, leyendo sus versos, en especial este singular poema inspirado por la heroica defensa de los milicianos y los brigadistas contra los militares monárquicos sublevados, superiores en armamento, pero no en valor. No saldaremos así la deuda contraída con él, pero nos enriquecerá el espíritu.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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