Nuevos cuentos de Marcela Silva

autoMarcela Silva Núñez*.LQSomos. Mayo 2015

Cambio

20 de marzo

¿Cuánto tiempo hace que no sentía algo así? De nuevo la emoción primitiva.
Fue verte y saber, cariño mío, que tenía que poseerte. No importa a qué precio. Será duro cuando se entere Julia, pero tendrá que entenderlo algún día. Después de tantos años… necesito un cambio.
25 de marzo
No puedo apartarte de mi pensamiento. Cambio mi camino a casa, sólo para observarte y soñar….
Ya veo las mandíbulas caídas de los amigos del club y las miradas escandalizadas de sus mujeres, cuando hagamos nuestra primera aparición en público.

30 de marzo

Ayer me animé a acercarme y experimenté mi cuerpo invadido por mensajes que no alcanzo a descifrar totalmente. No pude dormir pensando en nuestra cita, creo que Julia sospecha algo, las horas se estiran demasiado…

1 de abril

Casi lo había olvidado. Podría decir que hoy recobré la sensación de la primera vez.
Mis dedos acariciaron los contornos suaves de tu piel. En la primera curva el pulso se me aceleró como un adolescente.
Cierro los ojos y puedo evocar el olor de la novedad llenándome de felicidad y la canción perfecta envolviendo nuestra atmósfera.
Experimenté, por fin, tus movimientos sensuales, tus ronroneos felinos. La dicha de estar dentro de ti casi me hizo llorar…

7 de abril

Decidido. Hoy me compro el 0 km.

Trámite

Ding-Dong

Los números rojos del cartel luminoso atraían todas las miradas. Maquinalmente, cada una de las personas sentadas en esa sala consultaban el pequeño papel que tenían en la mano y volvían a sus ocupaciones: uno, leer el diario gratuito que otro dejó abandonado; el de más allá, reiniciar la lectura del best-seller de turno; la señora de gris, continuar con la lima de uñas, mientras un clon suyo, en miniatura, insistía:

–Mamá, ¿cuándo nos vamos?

Empecé a sentirme muy raro. Algo andaba mal y no sabía qué.

En el asiento de adelante, una joven se arreglaba el pelo mirándose en un espejito.

–¿Será virgen? –me pregunté, en el mismo instante que alcancé a ver el reflejo de sus ojos en el espejo.

Ella, como si hubiera escuchado mis pensamientos, clavó la mirada en el círculo de azogue, miró fugazmente sobre su hombro y, ruborizándose, guardó el espejo de inmediato.

Ding-Dong. Número 666. Cabezas arriba, cabezas abajo.

–Es el mío –pensé– Puesto 7

–Mamá, ¿cuándo nos vamos?

Al acercarme al escritorio correspondiente, la empleada me examinó de arriba abajo con una mirada despectiva.

–¿Se siente bien? Está muy pálido…

–Si, sí… bien… eh… quiero informarme sobre el Proceso de …

No me dejó terminar. Empezó a sacar papeles de diferentes colores. Los ponía delante de mí, subrayando algunos datos con su lapicera roja, haciendo círculos sobre fechas límites, todo a una velocidad olímpica, que sólo consiguió distraerme.

Reparé en su rostro avinagrado, facciones de máscara.

–Seguro que esta es virgen –pensé– pero con esa cara, más que una virtud es un acto de justicia.

Miré al costado y advertí que todos los empleados se movían al unísono, respondiendo a la misma absurda coreografía administrativa.

–Es que vengo de un país del Este y entonces… ­–alcancé a decir sobre su monótona verborragia.

–Lo siento, no puedo contestar preguntas –dijo la empleada.

–Sólo quiero saber si hay que homologar el título de Cond…..

Un cartel de GAME OVER parpadeaba en su frente.

–¿Y si saco otro número? ¿sigo participando?

–En estas direcciones le darán más información –dijo Game Over extendiéndome un listado de reparticiones oficiales. Se llevó una mano a la boca, pero no pudo reprimir un sonoro eructo.

–Perdone, es que almorcé gambas al ajillo.

Me sentí como una marioneta a la que hubieran cortado los hilos. Apoderándome del listado, salí corriendo como pude.

Ding-Dong.

–Mamá, ¿cuándo nos vamos?

–Tengo que terminar esto hoy mismo –me propuse, y dirigí mis pasos a la siguiente dirección de la lista.

Empujé la pesada puerta de rejas y entré.

–Está cerrado –dijo un guardia que se acercó corriendo al puesto que no debería haber abandonado.

–Si yo entré es porque está abierto. Elemental, querido Watson.

Parece que el guardia no estaba de buen humor, mucho menos para entender de Lógica y seguro que jamás escuchó hablar de Sherlock Holmes.

–¿Cómo consiguió este listado? ¿Quién dice que lo envió aquí?

Por un momento pensé que había robado la fórmula secreta del agua tibia.

–Tiene derecho a permanecer callado. Cualquier cosa que diga…

Yo me sentía cada vez más débil y casi no podía oír al guardia que seguía leyendo las instrucciones en una libretita. Una rubia de uniforme azul se acercó alarmada, hablándole a su transmisor:

–May Day, May Day, tenemos un 429 en la Seccional I… ¿QSL?… –y dirigiéndose a mí– Aquí no damos información, venga mañana en ayunas, con la primera orina de su perro…

–Necesito sangre pura –supliqué. En medio de aquel sopor me di cuenta que sería imposible encontrar una muchacha virgen –¡Moriré de sed…!

El guardia y su compañera se reían obscenamente:

–¡Es que esto del eclipse ha trastornado a todo el mundo!

Eclipse…. Eclipse…. ¿¿¿Eclipse??? La palabra rebotó en las paredes.

–¿Cómo que un eclipse?? –pregunté casi con terror– Yo creí que era de noche. ¿Cómo pude confundirme así?

Miré por la ventana y alcancé a ver la claridad que aumentaba.

Watson y la rubia se acercaron a socorrerme. Dejé de oírlos. Contemplaba, como un sordomudo, el movimiento de sus labios, y me desvanecí, en aquel amanecer, a las cinco de la tarde.

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* Marcela Silva NúñezEn el Otoño, a veces es Buenos Aires.
Desde que nací (en el Otoño, en el Buenos Aires de 1961) supe que volvería a España.
Nadie me prometió días de felicidad, pero cualquier tristeza o dolor se desvanecen si miro el horizonte del Mediterráneo y el Noi me cuenta sus pequeñas cosas.
A veces la luna va rodando por Gran Vía y la Cibeles baila un tango… Pongamos que hablo de… los buenos aires madrileños.
Fui Profesora hasta que me cansé de hacer beneficencia. Productora y Directora para Radio y Televisión, desde que decidí trabajar en lo que antes eran mis hobbies. Profiler en Barajas, desde que pasé a ser “legal” en España (no sé vivir sin comer). Redactora para que me inviten… (no sé vivir sin teatro)
Libros: siempre uno en el bolso, de papel y subrayado.
No quiero defraudarlos. Para no contradecir al arquetipo siempre digo que soy argentina, y lo ejerzo: yo antes tenía un defecto, era pedante; ahora lo corregí, soy perfecta.

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