Por qué cede siempre la izquierda ante la derecha

Por qué cede siempre la izquierda ante la derecha

Arturo del Villar*. LQS. Mayo 2018

“No discuta conmigo, porque lleva las de perder: usted, con sus ideas, tiene que respetar las mías, mientras que yo, con las mías, le puedo aplastar tranquilamente”

Como de costumbre, las fuerzas de izquierdas han renunciado al ejercicio de sus derechos, para evitar una confrontación con grupos fascistas. La izquierda demuestra siempre su civismo, en tanto la derecha hace gala de su salvajismo. El pasado domingo 20 de mayo la playa de Canet de Mar apareció cubierta de cruces amarillas plantadas por los vecinos, en recuerdo de los políticos catalanes presos en las mazmorras españolas. Un acto pacífico de homenaje, a favor de la tolerancia. Precisamente por eso al día siguiente unos encapuchados con simbología fascista se dedicaron a arrancar y destruir las cruces, y cuando los vecinos les pidieron que cesaran en ese acto vandálico, cargaron contra ellos y causaron heridas a varios.

En cualquier otro lugar de Europa las autoridades policiales y judiciales tomarían medidas para detener a los que rompen la paz ciudadana con sus actuaciones claramente fascistas, pero en la Catalunya intervenida por el Gobierno español sucede lo contrario. Prueba de ello la ha dado el alcalde de Mataró, David Bote, del Partit dels Socialistes de Catalunya, este 25 de mayo. Varias asociaciones vecinales habían convocado una plantación de cruces amarillas en la playa este fin de semana, y la extrema derecha anunció que lo impediría.

Receta para evitar conflictos

En cualquier otro lugar de Europa el alcalde reclamaría la colaboración de las fuerzas a sus órdenes, para proteger la libertad de los ciudadanos y detener a los agresores, pero Mataró está sometida al artículo 155 de la Constitución con todas sus garantías cívicas suspendidas. Por eso el alcalde Bote ha prohibido a los vecinos plantar este fin de semana cruces amarillas en la playa. Lo ha justificado con un argumento esperpéntico: “La mejor forma de evitar el conflicto es que la plantación no se lleve a cabo”.
Desde que Pepe Isbert pronunció su hilarante discurso desde el balcón del Ayuntamiento de Villar del Río, no se había escuchado a ningún alcalde mascullar algo tan extravagante. Para evitar que los fascistas promuevan altercados por la plantación de cruces amarillas en la playa, se prohíbe a los vecinos plantar cruces amarillas en la playa, y así el ambiente estará tranquilo, al no sentirse provocados los extremistas de ultraderecha por la acción pacífica de los vecinos. Un argumento impecable. Tolérese al fascismo que se salga con la suya para que no pase a la acción violenta, y de esa manera reinará la tranquilidad. Pepe Isbert está genial en su interpretación del alcalde, pero Bote está ridículo y acobardado en su papel.
Una vez más la izquierda civilizada se rinde ante la amenaza de la derecha agresiva, para evitar un altercado. Sí, ya sé que la izquierda es culta y pacifista, en tanto la derecha es provocadora e intolerante, pero si se le permite un comportamiento salvaje impunemente acabará imponiendo su voluntad. Una de las dos españas está siempre dispuesta a helar el corazón de la otra, como advirtió y Machado, y si se le dan facilidades para que cumpla sus criminales propósitos lo hará con ventaja.

La razón y la pistola

Es una vieja costumbre española. El ultramontano Ramón Nocedal, fundador del Partido Católico Nacional y director del periódico integrista El Siglo Futuro, le advirtió en el Congreso a Gumersindo de Azcárate, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza y presidente del Instituto de Reformas Sociales: “No discuta conmigo, porque lleva las de perder: usted, con sus ideas, tiene que respetar las mías, mientras que yo, con las mías, le puedo aplastar tranquilamente.”
La derecha pendenciera aplasta tranquilamente a la izquierda legalista, porque no reconoce más dialéctica que la de los puños y las pistolas. No es posible dialogar con quienes sólo quieren imponer su voluntad a cualquier precio. Sé que Manuel Azaña dijo que los republicanos no debían comportarse como los monárquicos, porque sus idearios son diferentes, y deben demostrarlo en su actividad.
Un loable propósito, si la derecha tuviera un comportamiento leal en la contienda política, pero la historia demuestra que nunca es así. Cuando se va permitiendo al agresor que imponga cada día su criterio, acaba implantando su dictadura. Por eso se perdió la última guerra, y todavía pagamos las consecuencias. A Bote le conviene dar un repaso a la historia reciente de España. Y ver Bienvenido, mister Marshall, para que aprenda a comportarse como un alcalde serio. Y cambiar de partido político cuanto antes.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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