Por qué estorba la memoria

Del asturiano Gerardo Iglesias sabemos lo más relevante de su historia personal, al llegar a ser Secretario General del PCE durante los años 1982 al 1988, cuando dimitió Santiago Carrillo del cargo. Contribuyó a la creación de IU, de la que fue Coordinador General y diputado por Madrid. En el XII Congreso del PCE, año 1988, renuncia a todos sus cargos, y, al contrario que la mayoría de políticos de este país, no busca vivir de ello y retorna a su antiguo trabajo de minero hasta que una enfermedad laboral le obligó a retirarse. Lo que no es tan conocido, o por lo menos no se aireó lo suficiente, es su relación familiar con la guerrilla antifranquista asturiana. Su padre ayudaba en lo que podía a los hombres del monte y fue descubierto, detenido y brutalmente torturado. Así Gerardo, a través de su padre, fue testigo directo de los contactos con miembros de la guerrilla, conociendo a varios de ellos en persona. Él mismo fue detenido en varias ocasiones durante el franquismo por sus luchas en la minería y su participación en la creación del sindicato CCOO. Tal vez, desde mi punto de vista, en la etapa que tuvo en sus manos la organización comunista en todo el estado, pudo haber trabajado en la línea de estudio, difusión y reconocimiento de la lucha del entramado guerrillero que su propio partido organizó contra el franquismo.

Tal vez por eso, o por no tener las manos atadas, investigó una serie de grupos o familias involucradas directamente con la lucha armada antifranquista, y ha editado un libro (muy recomendable) que, en el mes de su edición, fue líder en ventas de la categoría de “no ficción” en Asturias.

Son historias brutales de represión contra unos hombres y mujeres por el simple hecho de rebelarse contra un régimen militar impuesto por medio de las armas. Todas son impactantes y demuestran el grado de implicación del propio régimen en los desmanes de saqueos, asesinatos, violaciones y torturas que ejercieron sin ningún control los nuevos verdugos fascistas.

Verdaderamente el título refleja fielmente por qué estorba la memoria a los actuales herederos políticos del franquismo.

En el capítulo dedicado a “Los Castiellos”, Guillermina Rubiera, nieta y sobrina de Emilio Rubiera y sus hijas Asunción y Carmina, relata fielmente cómo asesinaron a su abuelo y tías en este pasaje del libro:

"Mi abuelo era un hombre bueno que socorría a todo el que lo necesitaba, sin preguntar cómo pensaba. Donde había un necesitado, allá iba mi abuelo con potas de comida. Abría su casa a todos. ¡Cuántas veces comía el cura en la casa! A mi abuelo no le faltaba de nada, tenía la mejor casería de Quintes. Las dos hijas que vivían con él, Carmina y Asunción, tenían un taller de costura. Eran lo que se dice una familia pudiente. Mi abuelo ayudaba a los guerrilleros por bondad y porque consideraba injusto que les hubieran empujado a vivir de aquella manera. Además, Alfredo Urdieres era un vecino del pueblo".

El horrible crimen de Quintes produjo una enorme conmoción en la comarca y más allá de ella. A pesar de que el común de las gentes ya estaba familiarizado con las noticias que corrían de boca en boca y que hablaban a diario de palizas, paseos, fusilamientos, mutilaciones, violaciones a mujeres, incautación de bienes o simplemente robos, desalojos de casas por la fuerza para quedárselas o quemarlas, y un largo etcétera, lo ocurrido en Quintes a la vista de la vecindad, por mucho que intentaron ocultarlo, era percibido como culmen de aque¬lla barbarie. Nadie podía explicarse cómo y por qué habían hecho aquello a tres seres honrados e indefensos. Guillermina Rubiera tiene muy clara la respuesta:

"Cuando quemaron la casa era de noche, no recuerdo la hora. Antes de quemarla cargaron camiones en los que se llevaban todo. Robaron todo lo que había dentro de la casa y fuera de ella. Ese fue el motivo de quemar a mi abuelo y a mis tías: robar lo que había y disimular el robo. El confidente conocía todas las cosas que había de valor y quisieron aprovecharse de ellas. Aquel traidor sabía o suponía que mi abuelo tenía dinero guardado en casa, y fueron a por ello. Para nosotros siempre estuvo muy claro que el motivo de quemarlos fue el robo".

Sobre la muerte de Emilio y sus hijas, una versión bastante extendida habla de que los asesinaron antes de incendiar la casa. Sin embargo, Guillermina lo desmiente: "Los tres fueron quemados vivos, atados dentro de la cocina", dice ella. Y añade: "Esto pudo saberse al re¬coger los cadáveres; quedaron señales que demostraban que habían sido atados. Si los hubieran matado antes, para qué iban atarlos". Para los vecinos que les oyeron gritar mientras ardía la casa, esto siempre estuvo claro.

Guillermina aclara otro extremo importante sobre lo ocurrido en casa del abuelo. En varias publicaciones se sostiene que allí vivía ocul¬to un capitán de marina republicano, y que éste también fue quemado al mismo tiempo que Emilio y las hijas.  "Eso no es cierto –afirma–. Allí no vivía ningún capitán de marina, y sólo aparecieron los tres cadáveres de mi familia. Con mi abuelo y mis dos tías sólo estaba el criado, pero éste dormía en la panera y no le pasó nada".

* http://guerrilla-maquis.blogspot.com/

Por qué estorba la memoria. Represión y guerrilla en Asturias 1937-1952. Autor: Gerardo Iglesias. Edita: Madera Noruega Editores (2011). ISBN: 978-84-939429-0-8.

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