Putumayo: de meca contracultural a una facción guerrillera

Putumayo: de meca contracultural a una facción guerrillera

Putumayo

Por Nònimo Lustre.

Hace pocos días, redactamos unas notas sobre unos niños indígenas witoto desaparecidos en la selva (cf. “Un accidente aéreo con niños perdidos en Amazonas”; aquí 21 mayo) Hoy, con indignación y desespero, volvemos a escribir sobre el mismo pueblo witoto pero esta vez porque cuatro de sus menores han sido asesinados en el Predio Putumayo por los dizque guerrilleros Disidentes de las FARC del Frente Carolina Ramírez (en adelante, DisFar)

El DisFar está al mando de Iván Mordisco (Néstor Gregorio Vera Fernández) Meticulosa y rápidamente, ha reconocido que ajustició (sic) a tres witoto, no a los cuatro que registró la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana, OPIAC. Con respecto a la minoría de edad de los asesinados, su primer comunicado aseguraba que tenían “la edad que exigen el derecho internacional humanitario para el reclutamiento de combatientes, que en nuestro caso es de manera voluntaria”. Es inverosímil que alguien, indígena o alienígena, se preste voluntario a la recluta. Continúa el DisFar con unas consideraciones seudo-indigenistas: “denunciamos que el enemigo busca aprovecharse de la vulnerabilidad de los pueblos originarios para hacer infiltración con el fin de desmoralizar y cooptar militantes al interior de los campamentos para violar nuestros estatutos, induciéndolos a cometer delitos… [asumiendo] compromisos claros para la reparación con las comunidades”. Como exige la consabida fórmula, concluye que el ‘imperialismo yanqui’ es el principal culpable, sin olvidar al paramilitarismo: “El supuesto gobierno del cambio, el cual no se ha visto más que en discursos y promesas, sigue en el continuismo de asumir decisiones norteamericanas con celeridad… en consonancia con dejar la Amazonía en manos de la Otan, para lo cual Estados Unidos regaló una flotilla de helicópteros Black Hawk… Advertimos de esta intentona del imperialismo en hacerse de la cuenca del Amazonas, destapando la política de Estado de crear el paramilitarismo como quinta columna del régimen burgués”.

Si borramos su peculiar seudo-indigenismo de boquilla y su leit motiv anti-imperialista, su reciente operación de recluta y su correlativa matanza, podrían ser firmadas por los sicarios genocidas de la cauchera Casa Arana glosada en el artículo citado en el primer párrafo de esta nota. Por ello, estamos obligados a comenzar hoy con una referencia al profusamente citado Roger Casement, héroe irlandés, cónsul británico y mártir:Foto de Roger Casement. Niño witoto con huellas de haber sido torturado; Putumayo ca. 1910

¿Diferencias entre hace 110 años y hace 70 años?

“Among the women, the habit of carrying their young on their backs makes them to adopt an inclined position, which they generally preserve all their life… These Indians are humble and hospitable, except a few of the more remote sub-tribes, who are still -happy beings! – free and independent, and not yet in contact with the “civilization”… A custom very general, not only among the Huitotos, but also among many of the ‘whites’, is the use of the coca…

The religion of the Huitotos is a confused mixture of several beliefs. Thus, after over ten years contact with the ” whites” … they still worship the sun (Itoma) and the moon (Fuei)… They also appear to believe in a future life to be spent in happy hunting grounds, but these ideas are vague and confused, and mingled with the most astounding superstitions” (W.E. Handenburg, 1910. “The Indians of the Putumayo, Upper Amazon”; pp. 134-138, en Man vol. 10)

Esta ficha sobre los witoto fue publicada en la revista británica Man cuando arreciaban las matanzas perpetradas por los matones de la Casa Arana contra los witoto y pueblos vecinos de la cuenca del río Putumayo. Hoy, no entendemos que los witoto, invadidos literalmente a plomo y fuego, pudieran ser adjetivados como humildes (humble), ni tampoco que llevar niños a la espalda imprima carácter perpetuo de jorobada. Sin embargo, perdonamos la ignorancia de Handenburg y agradecemos su sinceridad: no ha entendido nada de la religión witoto pero no lo disimula tras la jerga profesional. Las religiones, sean amazónicas u otras, no son confusas: simplemente, se rigen por sus propias conciencias míticas; hasta el antropólogo más novato debería saberlo antes de precipitarse utilizando términos peyorativos como vaguedad, confusión, superstición, etc.

Citamos in extenso a este pionero de la investigación en esa parte de la Amazonia porque ejemplifica el (escaso) nivel de conocimiento que Occidente tenía de esas particulares etnias amazónicas y, asimismo, para compararlo con lo que buscaban unos intelectuales gringos medio siglo después. Velay:

“There is a bug in the Putumayo, I forget what they call it, like a big grasshopper, such a powerful aphrodisiac, if it flies on you and you can’t get a woman right away you will die… [and] a vine you chew and all your teeth fall out… The motors [de las canoas] are out of commission about half the time. This is because people take them apart and leave out the pieces they consider non-essential. Also they economize on grease so the motors burn out” (William Burroughs y Allen Ginsberg. Cartas del Yagé o Las cartas de la ayahuasca, 1953-1963)

Todos los párrafos de la cita pertenecen a las cartas dirigidas a Ginsberg que firmaba William Burroughs (WB; 1914-1997) y nos demuestran que, pese a padecer un fortísimo prurito de originalidad, WB era hijo predilecto de las banalidades y lugares comunes propios de su tiempo. Ejemplos de los mitos para turistas devenidos en leyendas urbanas en los que cree y difunde: en el Putumayo ‘te encuentras con un saltamontes tan afrodisíaco que, si no te alivias con una mujer, mueres’; también hay ‘una liana que, si la muerdes, se te cae entera la dentadura’. Y el racismo que no falte: los indígenas ‘no utilizan lubricantes para sus motores fueraborda y, consecuentemente éstos se queman’. No comment.

En el Putumayo, WB satisfacía su ansia de exotismo elitesco y, de paso, buscaba drogas psicodélicas nuevas que sólo fueran conocidas por los millonetis. Aunque el LSD había sido sintetizado en 1938, sólo fue comercializado en 1947 e, inmediatamente después entró en un mercado negro que WB conocía bien. Pero Schultes (cf. infra) le habló en 1953 de la riqueza de las plantas enteógenas de aquel río y hasta le pastoreó in situ. Huelga añadir que WB, ahíto de emociones fuertes -desde efebos hasta sicarios-, se lanzó a consumirlas. Pese al rigor científico que encarnaba su ‘informador’ Schultes, nunca tuvo la menor intención de investigarlas.

En el siglo XIX, WB hubiera sido etiquetado como un sádico -en el sentido de alumno del Divino Marqués de Sade. En los 1960’s le consideraron un drogota y un escritor de vanguardia y, en el siglo XXI, sólo podemos decir que hizo muchos experimentos pero que todos le salieron mal. Sus aportaciones científicas a las culturas del Putumayo fueron nulas. Pero fue un escritor de éxito que influyó mucho en el entonces naciente embrión de la contracultura -y esta es la que nos interesa.En 1951, cuando WB tenía 37 años y su familia era dueña de la multinacional Burroughs, mató dizque jugando a ‘guillermo tell, en la hoy famosa Colonia Roma de México DF, a su esposa Joan Vollmer. De ahí que el titular se haya redactado para diluir su asesinato (a su esposa, también rica heredera, la mata la inmarcesible pistola, no el heredero.

WB gustaba posar con un arma,
a veces un pistolón, a veces un fusil

Richard Evans Schultes (RES; 1915-2001)

Naturalista, políglota, indigenista, “padre de la Etnobiología”, antropólogo de campo, acérrimo defensor de la libertad sexual y del libre uso de drogas que hoy diríamos blandas, etc. En pocas palabras, un comprometido científico puro. Fue una personalidad absolutamente distinta de WB. No obstante, la Contracultura fraguó gracias a estos aparentes matrimonios contra natura.Foto de RES en algún lugar amazónico que campea en la primera página de este libro: Wade Davis. 2016. The Lost Amazon. The pioneering Expeditions of Richard Evans Schultes. A Rare photographic Journey to an Uncharted Land. Fotos de R.E. Schultes; Earth Aware Eds., California

Dícese que RES se interesó por Amazonas cuando, estando enfermo, leyó a Richard Spruce. Este decimonónico botánico británico trabajó en Ecuador y, antes, en San Carlos de RN (Amazonia venezolana) desde donde envió a los Kew Gardens el holotipo de la hoy famosísima ayahuasca (Banisteria), santo grial de los contraculturales de ayer y de hoy. Precisamente envió la especie B. caapi, conservada ahora en esos Gardens -centro victoriano del imperialismo y la piratería biológica- con el nombre de caabi, palabra de los indígenas Baré, antaño hegemónicos en ese mismo Alto Río Negro donde vivimos algunos años -de ahí que nuestro eterno interés por Spruce vaya por derroteros botánicos antes que por los contraculturales.

Diario de Richard Spruce. Kew Gardens, Londres. Foto AP

En todo caso, RES publicó 10 libros, 496 papers científicos, formó 30.000 colecciones con más de 250.000 especímenes botánicos, describió más de 2.000 plantas inéditas para la ciencia… No es de extrañar que, en su honor, tres géneros botánicos (Schultesiophytum, Schultesianthus y Resia) y 120 especies lleven su nombre -hasta una voluminosa cucaracha latinoamericana se llama Schultesia -no confundir con las plantas de ese género.

Pues bien, estas dos luminarias culturales y/o contraculturales aprendieron de los Witoto y de sus parientes próximos, en muchos casos mientras investigaron (cada cual a su manera) en el río Putumayo -Içá en Brasil; por lo demás un discreto afluente de sólo 1.800 kms.

Indígenas y guerrilleros

Antes de proseguir, es imprescindible subrayar que nunca deberíamos usar generalizaciones sobre estos dos grupos humanos puesto que existen muy variados pueblos indígenas e, igualmente, muchos tipos de guerrilleros -aquí usaremos indistintamente guerrillas e izquierdas, siempre con ejemplos latinoamericanos. En definitiva, a sabiendas de que su valor metodológico es dudoso, mejor hablaríamos de modelos de amerindios y de izquierdistas.

Para no dispersarnos en el variopinto pretérito, circunscribiéndonos al siglo XX, mucho lo lamentamos pero hemos de sustentar que la izquierda nunca se interesó por los indígenas. Para justificar tan terminante dictum, no recurriremos a locuciones filosóficas al uso y abuso moderno. Por ejemplo, “La izquierda es antropocéntrica mientras que los movimientos indígenas son cosmocéntricos”. Lo olvidamos porque no somos astronautas y, por otra parte, porque el pachamamismo galáctico es contradictorio pues choca con el etnocentrismo propio de todas las culturas y, a la postre, porque todo lo humano es necesariamente antropocéntrico.

Como es nuestra costumbre, en estas notas sólo recurriremos a dos -quizá son tres- conflictos amerindios/guerrilleros empíricamente probados -i.e., el caso witoto. Ello después de pedir perdón por los siguientes comedimientos generales: el mayor obstáculo para que se mencione en su justa medida ese conflicto estriba en que no se reconoce su existencia. Una vez admitido que ‘haberlo haylo’, el siguiente obstáculo es tan elemental como ignorado: se trata de dos culturas diferentes en cuyas respectivas historias predomina un conflicto milenario que se perpetúa en la actualidad. Para abordarlo, hay tantas antropologías, etnohistorias y sociologías políticas como autores que las hayan estudiado. Si nos obligan a citar sólo dos, resumiríamos que las discrepancias más notorias son: a) en la práctica, que las izquierdas se empeñan en colectivizar a unos pueblos amerindios que son comunitarios de nacimiento… pero que, desde ‘tiempo inmemorial’ escogieron otras formas colectivistas. b) en la teoría, que las culturas amerindia y occidental no entienden lo mismo cuando usamos los términos clave: Representación y su correlato la Delegación. Los indígenas rehúyen la representación política hasta el punto de entorpecer abiertamente cualquier delegación de funciones que se pretenda ejercer desde cualquier instancia no asamblearia. En la otra orilla, sería superfluo añadir que los gauchistas del género armado y de las especies occidentalis, no conciben un mundo sin representantes.

Amén de los witoto, vayamos a los prometidos dos o tres “conflictos amerindios/guerrilleros empíricamente probados”:

1) En Bolivia, el Che Guevara seleccionó para su foco guerrillero una comarca poblada por amerindios -en su mayoría, awá-guaraní. Pero, para el Che, eran ‘campesinos’ o ‘guajiros’, dicho a la cubana. En aquella Bolivia de los años 1960’s, donde apenas había industria, los amerindios eran mayoría demográfica. Por ello, es más grave no haberlos visto y peor todavía sustituirlos en sus Diarios por ‘campesinos’ lo cual era no decir nada puesto que todos los bolivianos eran ‘campesinos’.

2) En la Costa Atlántica de Nicaragua (y un poco en Honduras), han vivido desde hace siglos los miskito, anglófonos en buena medida. En los años 1980’s, se sintieron invadidos por unos invasores asaz bienintencionados pero que sólo hablaban castellano y que, además, desconocían sus pluriseculares relaciones con otros pueblos caribeños anglófonos. Por supuesto que la ilegal y criminal ayuda militar-económica de los EEUU a la Contra fue determinante pero, aún así, tardaron años en abordar el problema.

3) En 1994, se alzaron los Zapatistas del EZLN, indígenas chiapanecos pero ‘infiltrados’ -dicho sea sin ánimo peyorativo- por una élite de estudiantes proclives a la guerrilla que huían de las matanzas urbanas de la plaza de las Tres Culturas (1968, Tlateloco) y de la subsiguiente matanza del jueves de Corpus Christi perpetrada por Los Halcones en 1971. Después, con el paso de los años, quizá para mejorar su seguridad, el EZLN ha optado por la globalización de su mensaje, un punto inédito en los dos casos anteriores -de ahí que el modelo de los zapatistas sea medio oportuno en este parágrafo.

Una facción enguerrillada en el Putumayo

Probablemente no sobra añadir que los amerindios ‘colombianos’ tienen una tradición guerrillera que comenzó con las primeras invasiones de sus territorios. Para no remontarnos cinco siglos atrás, sólo citaremos al Comando Quintín Lame (1978-1991, en su origen apellidado ‘grupo campesino indígena’) pero precisando el detalle de que no fue una guerrilla expansiva sino meramente defensiva de la comarca del Cauca -aunque recuperar las tierras que les habían sido robadas entrañaba un cierto ‘expansionismo interno’, valga la contradicción. Más aún, su maestro, Manuel Quintín Lame (1880-1967), indígena nasa (caucanos antes llamados paeces) de familia terrazguera (mediera, sin tierra), tuvo oficial experiencia militar en el naciente Panamá donde apoyó a sus parientes rebeldes y, a su regreso, se empapó de jurisprudencias útiles para las reivindicaciones indígenas y criollas, hasta personificar el rarísimo caso haber sido vicepresidente de la Komintern (la Internacional comunista) El Jefe, tuvo conversaciones con grupos guerrilleros como el urbano M-19 y las FARC-EP. Es decir, abogó por la multiculturalidad aunque su lucha se centrara en la protección de los resguardos de los indígenas. No parece que su teórico heredero, el DisFar (para el Gobierno, facción de los Grupos Armados Organizados Residuales, GAOR), haya recogido la ideología política del pluralismo étnico.

El DisFar se desvinculó de la Paz que sí aceptaron las FARC-EP pero nunca abjuró de esa distintiva seña de identidad de los ex guerrilleros desmovilizados que consiste en entrematarse cabalmente -desde 2019, ¿está compitiendo o aliándose con la Segunda Marquetalia? Ahora reniega de las acusaciones de narcoterrorismo que le encasqueta el Gobierno. Verdad o propaganda, tenga o no tratos con el cártel Sinaloa-La Mafia, sólo nos interesa su política militar, esa misma que se ha materializado en el asesinato de menores witoto. Una política que tiende a expansionarse en los países vecinos que, horror, también son hábitats propios de los witoto y etnias conexas. Aunque mejor que expansión deberíamos hablar de refugiarse lo cual indica que, escasos de cuadros veteranos, engrosan sus filas reclutando dizque ‘voluntariamente’ a jóvenes rurales, en especial indígenas. Dicho en general: continúan los desplazamientos forzosos -vulgo, deportaciones o exilio interior-, una estrategia criminal que, unida a las colosales deforestaciones, es especialmente dañina para los pueblos indígenas.

[En Colombia están censados unos 2 millones de indígenas. Según un instituto especializado, (indepaz.org.co/), hasta el 25 de mayo, en lo que va del año 2023, en este país han sido asesinados 127 indígenas en 38 masacres. Más información en la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, onic.org.co/]

– Fotografía de portada: a la derecha, Iván Mordisco, jefe de DisFar, acompañado por su núcleo guerrillero: responsables confesos de la más reciente matanza de witoto en el Putumayo.
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