Reflexiones urgentes

El deber de hacer felices a los demás

Leí recientemente, ya no recuerdo si en facebook o en el blog de un viejo militante anti-franquista que el tal compañero, a cuarenta años vista, pedía perdón y se arrepentía por el daño que pudiera haber hecho en aquélla ya lejana militancia. Es la actitud ideal que la derecha española reclama a sus enemigos: quien fuera de izquierda y luchara antaño contra la dictadura, se arrepiente de sus pecados y pide perdón. Al menos aquellos viejos fascistas y a los valedores actuales de la dictadura, que no son pocos ni pobres, la declaración de este conmovedor compañero les ha hecho felices. No es para criticarlo ¿no estamos en el mundo para hacer felices a nuestros semejantes? Él lo ha conseguido. No es poco.

La espinosa verdad

"La verdad os hará libres", suele repetirse.

Con la verdad tendréis problemas y muy serios. Con tales y tantos problemas, no sé si se puede ser libre. Esa idílica unión entre verdad y libertad suele llevar al divorcio del ostracismo o, incluso, de la cárcel. De eso sabemos mucho en este país. ¿Cuál? Sí, sí, España… ¿Que parece mentira? pues no, es verdad, verdad, aunque no me haga libre.

La Real Academia Española, creacionista

– Bueno, Kevin, ¿y del diccionario de la Real Academia Española, qué me dices?

– Se podrían decir muchas cosas, del diccionario y de los pobres asalariados que lo hacen. Por ejemplo y para empezar, tenemos un diccionario creacionista. Véase la palabra universo o mundo y leamos: "conjunto de todas las cosas creadas". Creadas, ¿por quién?

– ¿Por quién va a ser, Kevin, por Dios, hombre, por Dios.

– Me lo temía. El diccionario de la RAE lo ha escrito la Conferencia Episcopal Española y Olé.

– ¿Y qué, eh, y qué?

Baltasar Gracián y las amazonas

Baltasar Gracián es uno de los escritores clásicos españoles que suelo releer con alguna asiduidad. Su obra "El Criticón" me ha hecho disfrutar de no pocas horas de excelente lectura. Hace tiempo, allá por los últimos setenta del siglo pasado o quizás ya en el 80, un viejo amigo, periodista de "El País" (periódico madrileño que sigue publicándose), me dijo que en el por entonces recién estrenado libro de estilo del matutino se había incluido ya la palabra "ministra", así en femenino. Me alegré sobremanera de que tan autoproclamado diario utilizase una denominación, ministra, que ya aparece en los primeros capítulos de, precisamente, "El Criticón". Hay quien descubre mediterráneos a cada momento. El bueno de Gracián, en el mismo libro, escribe, por seguir con el tema femenino:

"Las amazonas sin hombres fueron más que hombres y los hombres entre mujeres son menos que mujeres".

En fin, la polémica viene de lejos, ya que la primera parte de El Criticón se publicó en Zaragoza en 1651.

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