Repensando nuestras sociedades «democráticas»

Mikel Itulain*. LQSomos. Julio 2017

Quienes poseen enormes fortunas, desmesuradas y desproporcionadas a sus necesidades reales, conseguidas con abundante repertorio de no buenas artes, y que suponen que una mayoría pague con crudeza los excesos de una minoría, temen con fundadas razones que los apartados, que repito son mayoría, afronten el problema y decidan resolverlo de modo que reduzca los variados contratiempos que se originan por las penurias económicas a las que fueron conducidos.

Por este motivo, para evitar la organización y defensa popular, los magnates de la industria y las finanzas, los reales dueños de nuestras sociedades, arremeten con crudeza ante cualquier forma de gobierno público, pensado en el bien general y no solo en el particular y singular. Por ello, por ejemplo, la política exterior e interior de una potencia como Estados Unidos ha sido una guerra interna y externa contra los derechos a disponer de los recursos de su país de cada uno de sus habitantes, de los compatriotas y de los que no lo son.

Es esta defensa de estos derechos económicos y sociales, expresada en un necesario y proporcionado nacionalismo, que es quien puede garantizar que se cumplan, la que ha suscitado la reacción airada de esa poderosa estructura empresarial, sea lo que hicieron en la República Democrática del Congo, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Haití, Grecia, Corea, Indonesia, Libia o Siria, por exponer algunos casos significativos de tantos. El fin era que tales países no destinasen sus bienes a su población y junto a él también con especial importancia minar a sus posibles rivales, las potencias emergentes, hoy desarrolladas como Rusia y China.

Uno de los estrategas trabajando para las clases ricas en este menester fue Zbigniew Brzezinski, que fue también promotor especial de esas organizaciones mercenarias de fanáticos al servicio de la política exterior estadounidense conocidas genéricamente como Al Qaeda y derivados de ella. Él decía con cierta euforia lo siguiente:

“El Estado-Nación como unidad fundamental de la vida organizada del hombre ha dejado de ser la principal fuerza creativa: los bancos internacionales y las corporaciones transnacionales son [actualmente] actores y planificadores en los términos que antiguamente se atribuían los conceptos políticos de Estado-Nación” (1).

Lo decía ya en 1971 en su obra Entre dos edades: El papel de EE.UU. en la era tecnotrónica, y desde entonces este poder de las fortunas privadas sobre el conjunto social no ha hecho sino aumentar. Ha sido este el fenómeno conocido como GLOBALIZACIÓN, que en verdad ha supuesto una globalización de la pobreza y una concentración de la riqueza, su verdadero propósito. Por ese motivo se atacó hasta destruir a Yugoslavia, como se hizo lo propio en Nicaragua, en Libia o ahora se hace en Siria. Eran y son ejemplos de independencia política y económica, e incluso modelos alternativos al dominante e intolerante mundo neoliberal. Por eso eran estos Estados tan peligrosos, por eso fueron perseguidos y destruidos, cuando pudieron.

Hoy nuestros sistemas políticos no son democráticos, no atienden a las decisiones de la mayoría, y no por ser ignorante e incompetente para afrontar tales responsabilidades, sino porque unos pocos adinerados se hicieron con el control casi completo de la economía, que redundó en el control sobre la política, la cultura, los medios de comunicación y sobre el propio pensamiento.

Quien tiene el dominio económico acaba teniendo el político y todos los demás. Recordemos una realidad que por cierta que sea no nos suele gustar admitirla, pues expone la ficción en la que hacemos pretender vivir y no vivimos, y nuestra propia irresponsabilidad y pasividad, y esto no agrada a prácticamente nadie.

“La institución Brookings es un think tank de la política de EE.UU. presidido y financiado por Fortune 500 [el grupo de corporaciones más ricas y poderosas] y representa a los políticos responsables de la inmensa mayoría de la política tanto doméstica como exterior de Estados Unidos. Mientras que algunos pueden creer, ingenuamente, que el presidente Obama o los representantes electos de los Estados Unidos se sientan detrás de sus escritorios a altas horas de la noche escribiendo el futuro de América, en realidad, simplemente utilizan sus escritorios para refrendar lo que los think-tanks como Brookings les pasan” (2).

Cuando las cosas ya no se sostienen y no pueden esconderse ni con la mayor teatralidad, llegan los cruciales momentos de la sinceridad. La sinceridad no suele hacer muchos amigos, aunque muestra a los verdaderos y ayuda a solucionar, si se quiere, los problemas desde su fondo original.

Referencias-Notas:
1.- Zbigniew Brzezinski, The CIA´s intervention in Afghanistan. Le Nouvel Observateur, Paris, 15-21 January 1998. Posted at Globalresearch.ca, 15 October 2001.
2.- Tony Cartalucci. US Brookings wants to «bleed» Syria to death. Land Destroyer. 28.05.2012.

* ¿Es posible la paz?
@MikelItulain

Deja un comentario

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar