Rhiannon Giddens

Carlos Olalla*. LQS. Mayo 2019

La fuerza con la que canta y la comunión con lo que canta hacen de Rhiannon Giddens una compositora única y una intérprete excepcional

Folk, Country, Blues, Americana, Espiritual, Gospel, Celta… Rhiannon Giddens nos enseña que la música nada sabe de tiempos ni fronteras. Capaz de abordar cualquier género desde su sublime voz y su virtuosismo con el banjo o el violín, Rhiannon rompe todos los moldes. Cuando pensamos en música country o celta tenemos muchas imágenes, pero desde luego no la de una mujer y negra. Comprometida con su tiempo, en su música viven los gritos de los antiguos esclavos y los de los de hoy, la soledad del vagabundo bajo el puente y la del poeta capaz de hallar belleza incluso en el dolor, la voz de la mujer maltratada y la de quien aún lucha por sus sueños. Todo en ella rezuma verdad, poesía y autenticidad.

Escucharla es viajar con ella por polvorientas carreteras solitarias , navegar en las bodegas de un barco entre cadenas, sudor y sangre, tomarse una pinta en la cantina de cualquier puerto irlandés, intuir la tierra prometida, saber que nunca la alcanzarás, seguir caminando con la cabeza alta y la mirada al frente tendiendo la mano a cuantos ves caídos en el camino…

Su extraordinaria formación operística le permite afrontar todos los géneros musicales que laten en sus venas. Canta en inglés, francés, gaélico y cualquier lengua que le permita contar historias personales de quienes sufrieron el dolor, la guerra o la esclavitud. Ella canta para contar historias. No se contenta con cantar lo cruel que fue la esclavitud, necesita transmitirnos desde lo más hondo de su alma lo que este o aquel esclavo, esta o aquella mujer humillada sufrieron realmente. Solo así, tendiéndonos el puente de su voz entre nosotros y quienes más sufren, siente que tiene sentido su música, esa música nacida en el Sur que ha roto todas las cadenas para llegar a todas partes del mundo, porque el dolor, el sufrimiento, y la vida nada saben de mapas ni fronteras.

Ha cantado con los mejores, ha ganado Grammys, su lista de conciertos no cabe en ninguna agenda… pero ella sigue siendo simplemente una mujer que persigue sus sueños, que vive intensamente su aquí y su ahora, que busca cualquier encuentro para componer nuevas canciones o explorar nuevos ritmos. Esa actitud ante la vida la llevó a musicar junto a monstruos de la música como Elvis Costello o Marcus Mumford algunas de las canciones perdidas de Bob Dylan en sus legendarias Bassement Tapes. Sin duda un reto excepcional musicar las letras que Dylan dejó escritas en aquellas grabaciones de los años sesenta y que nunca antes se habían oído.

La fuerza con la que canta y la comunión con lo que canta hacen de Rhiannon Giddens una compositora única y una intérprete excepcional. Su innata inquietud que la vida no ha doblegado jamás y su extraordinaria sensibilidad hacia lo que ocurre a su alrededor la han llevado a rescatar la música tradicional que en estos tiempos de oscuridad y mentira suenan a incuestionable y necesaria verdad.

Ese banjo que suena a noche de fogata bajo un puente, a hambre, sudor y lágrima, a sueños despedazados en caminos que llevan a ninguna parte, viene de lejos, de muy lejos, para recordarnos que otros caminaron antes por los senderos donde habitamos y que lo hicieron sin perder jamás la dignidad del que lucha ni la esperanza del que es capaz de levantarse de nuevo, del que se sabe derrotado pero jamás vencido. Y su voz, ese grito de libertad que nos trae las historias de quienes nunca se rindieron, nos llega a lo más hondo, allí donde viven los sueños y todo lo que jamás debemos renunciar a ser. Se lo debemos. Nos lo debemos.

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