Ritos

losotros415Patxi Ibarrondo*. LQSomos. Marzo 2015

Por alguna extraña razón, los seres humanos corrientes padecen periódicamente una amnesia o bien una voracidad pantagruélica de mitos que altera sus meninges. Esta insistente anomalía les permite tragar lo suficiente como para desplazarse desde su gruta hipotecada por la banca y depositar un papel doblado en una urna. Con ese acto aspiran a cambiar las cosas del abuso de la autoridad y demás anécdotas que son la sal y la pimienta de estos días. A ese fenómeno trivial, desprovisto de huesos, espinas y otras sustancias fundamentales para una somera sopa cáustica, se le llama democracia. En su desnudez de instrumento espartano, sin matices, la democracia sirve para lo mismo que una llave inglesa: apretar o quizá aflojar un poco para apretar luego más las tuercas que exprimen los limones de la existencia.

Acudimos a las urnas con la ilusión de un condenado a vivir al día toda la vida. El entusiasmo no entra en el convenio.

En los clasificados cajones de la memoria solitaria y quizá colectiva se devanan y apilan los acontecimientos. Apenas si alcanzamos a acumular y retener una mínima parte de la avalancha de oquedades que se nos vienen encima como un alud de nieve. Apenas hay significados, avasallados por el ruido comunicativo. Hace ya mucho «Vietnam» que arriba aprehendieron aquello de que el exceso de discurso destruye la curiosidad, amansa los movimientos y ralentiza las esperanzas. Ahíto de verbos retóricos el organismo entonces está listo para soltar flatulencias disolventes. Distracción fecal de dudosa calidad, dada la pobreza o flacidez del estímulo energético alimentado previamente.

Todo esta dirigido para entretener. Pasatiempos. Matar el tiempo. Pero si matamos el tiempo ¿qué nos queda? Probablemente, una urna crematoria. Quizá triste ceniza de utopía barrida en el trastero de la Historia; deconstrucción del humor, siempre, cómo no, en nombre del amor. El amor es esa congestión ceremonial que siempre se persigue, durante toda la vida fértil de los sentidos, como un conejo la zanahoria.

El inconfundible aroma del guano invade los canales de la respiración al compás sístole-diástole de la normalidad en orden. A estas alturas del discurso lo mejor que se puede conseguir con suerte es un placebo de realidad. La realidad no se sabe lo que es, se ha perdido la perspectiva. Nos adaptamos constantemente a un simulacro de probeta. Intentar averiguar lo que hay de esencia dentro de una urna siempre ha sido un juego peligroso o cuando menos inútil.

En el ámbito de la actualidad, para hacerlos más atractivos y comestibles, los días del calendario corriente se remiendan con nombres y sumarios, nepotismos y pústulas diversas. Gürtel, Gang, Nepot… y así. Mucha g gutural. Mucha jota. Mucha jeta. Mucha cleptomanía entre las bambalinas.

No sé si puedo perdonar que me roben o que me ultrajen de las mil y una maneras que inventa la propaganda dispersa como gas letal para las neuronas. Lo que no puedo perdonar es que hayan convertido la vida en la más solemne ceremonia del aburrimiento.

El aburrimiento es el padre de todos los convencionalismos, incluidos las guerras, el consumo acéfalo, la caza o el afán de lucro. El aburrimiento es agua muerta, tiempo perdido de antemano, ceguera. Ritos.

Y, mientras nos enfangamos en los enésimos ingenios de la banalidad, la secreta belleza del planeta nos dice adiós todos los días.

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* LQSomos en Red

Un comentario en “Ritos

  • el 16 marzo, 2015 a las 11:30
    Permalink

    El rito de las urnas es peligroso, no podemos dejar nuestro futuro a cuatro años de «no se que», el único rito valido es participar todos los días, aportar, exigir. Delegar es importante pero con control. Mandar obedeciendo!

    Respuesta

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