Sumando

Daniel Cevleda*. LQSomos. Febrero 2017

Al hilo de Vistalegre II y la nota “Política del ombliguismo”(1)

El ombliguismo, más allá de Podemos, fue y se mantiene como una rutina especialmente dentro de la capital.

Es tanto lo que hemos engordado nuestros estómagos que parece que la falta de satisfacción personal e individual nos retrotrae a épocas anteriores en las que, pensando que el triunfo final estaba al llegar, nos comeríamos a oligarcas, corruptos y traeríamos la verdadera democracia. Tras el divino pensamiento y la movilización, nos manteníamos felices y entusiasmadas, teniendo en nuestras manos lo único que nos íbamos a comer, esas maravillosas tapas durante el tiempo de cañeo después de dar decenas de besos y abrazos a colegas y compañeras.

Bien es cierto que Podemos nació quizá, pensando más en la victoria que en su democracia interna, que antepuso la táctica a la estrategia, pero no es menos cierto que fue un revulsivo institucional tras el 15M, que puso en evidencia, aún más, a un régimen al que costaba señalar y poner en cuestión de una manera colectiva y popular.

La figura de un líder sirvió para conseguir 5 escaños en el parlamento europeo en 2014 y, con los cánticos de «Remontada» (más que los del «Sí se Puede”) se consiguieron 6 millones de votos en las generales.

Tras un primer Vistalegre lleno de errores (podría decirse que era lo que tocaba), no se ha conseguido engrasar la máquina para su mejor funcionamiento, enmarcándola en un debate sobre alfombras rojas y asfalto.

Engordando nuestros estómagos y buscando nuestra felicidad militante no hemos recapacitado sobre la necesidad de autonomía de los movimientos sociales. Insistimos en esos errores del pasado de querer abanderar y no tan solo apoyar a los distintos colectivos, y además seguimos echando a temblar cuando hablamos de profundizar la democracia e institucionalizar, que no es más que imaginar otra realidad perpetuada en el tiempo.

Olvidamos que la toma de conciencia es ahora la mayor revolución y que, el debate no es tanto de alfombras rojas y asfalto (que deben de caminar juntos) si no, el como ser capaces de llegar a una mayoría social y de cómo crear espacios de desarticulación de los elementos que conforman el orden hegemónico actual, para llegar, a la normalización de las ideas de transformación social.

Hay que seguir dando batalla en las calles y conseguir que esa batalla se convierta en un cúmulo de fuerzas productivas para el futuro, pero no basta manifestarse contra el TTIP o el CETA si no somos capaces que gente, que consideramos de los nuestros, de las de abajo o los nadie, sean conocedores de los que nos jugamos con la firma de estos tratados.

Debemos ser capaces de general identidades colectivas con una voluntad colectiva sin olvidar que, a veces, en lo inadvertido está la mayor construcción de un movimiento popular amplio capad de construir una nueva mayoría social.

Decía Galeano que, «Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos» y es, en ese hacer, donde debemos poner todos los debates y fuerzas, y no desaprovechar los nuevos vientos que, a pesar de no ser tornados, son brisas de las que debemos ser partícipes en pueblos y ciudades, generando otra verdades que podrían ser las nuestras tras los distintos procesos sociales.

Nota:
1.- Política del ombliguismo

* En twitter: @tinnech

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