Riccardo Gualino, siempre un camarada

No nos habíamos dado cuenta. Nos dio alcance, se cruzó delante del coche y me pegó un tiro en la cara, sin más, a dos metros de distancia. Según me dijo luego en el hospital el médico que me operó: ‘Tiene usted los dientes duros y ha sido una suerte que tuviera la boca cerrada, porque se ve que los dientes frenaron mucho la bala

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