Tanato-turismo y otros hierbajos

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Aunque estas notas hodiernas no sean continuación obligada de las dos anteriores, seguimos con el tema de los animales. Pero, esta vez, no acusaremos a los dioses por sus abusos sino a los humanos por una de sus muchas filias: la necrofilia. La Tanatofilia es el factor clave del llamado Tanatoturismo o turismo oscuro (dark tourism) Tanto abundan sus ejemplos que, para evaluar desde abajo cuáles son los primeros que surgen en el imaginario colectivo, citaremos los casos escogidos por un estudiante:

En el siglo XIX, se vendían viajes a los lugares donde se estaba librando la Guerra de Secesión en los EEUU, tanto el día de la batalla como el día posterior para olisquear los cadáveres. En África, el Centro de la Memoria del Genocidio de Murambi (Ruanda), es la meca de los morbosos más que de los parientes de las víctimas. En Medellín, prosperan los Narco Tours. En Japón, el bosque Aokigahara, sitio escogido por los suicidas, es visitado por turistas que buscan el último fenecido. Las Catacumbas de los Capuchinos, son una de las principales atracciones turísticas de Palermo. Auschwitz y Chernóbil no necesitan comentarios. En España, los camposantos preferidos son el cementerio de Montjuic y el de Cuelgamuros, mal llamado Valle de los Caídos (ver Sergio Molina Sala. 2019-2020. El magnetismo del turismo oscuro. Identificación de destinos dark en la provincia de Alicante. TFG, Alicante)

Aunque estas notas se centran en el tanatoturismo cuyo objeto son los animales, debemos adelantar que hay un topos donde convergen bestias y humanos. Sucede en la tauromaquia a la española, precisamente en la violencia que le es constitutiva. Además de obviamente ritual, este ardimiento es un sacrificio ¿erótico, político, suicida? En 1998, Robert von Hallberg defendió una tesis doctoral en la que pasó revista a la opinión de varios intelectuales occidentales: desde una postura pública fascistoide o abiertamente fascista, Henry de Montherlant y Pierre Drieu la Rochelle la creyeron anti-democrática argumentando que el amor es esencialmente violento. Al contrario, lejos del fascismo, Georges Bataille y Michel Leiris, la vieron como un sacrificio pagano o anti-cristiano. Ernest Hemingway rechazó concebir el amor dentro del furor coactivo. Wyndham Lewis, le acompañó en ello pero expresándolo desde la sátira. Todos ellos aluden al riesgo mortal que asume el torero –no podían dejar de verlo- pero prefieren envasarlo en las brillantinas del erotismo e incluso del animalismo –la mayoría de los aficionados son más toristas que toreristas. Asimismo, no faltan las obras artísticas que conmemoran alguna tragedia humana pero a condición de que estén individualizadas.

Más aún, la intelligentsia occidental se derrama en glosas heroicas sobre la ética del sacrificio –religioso incluso- del toro pero abunda muy poco en la otra cara de la moneda: el sacrificio humano. Y, cuando lo aborda, es para ilustrarlo indulgentemente con metáforas sobre los riesgos deportivos o con ejemplos de imposible homologación etnológica como son los sacrificios de los ‘aztecas’. Item más, nadie responde con fuerza y claridad a la pregunta “si la vida humana es del máximo valor, ¿por qué se empuja al torero a figurar en una arena tan pendenciera?”. Algunas respuestas caen en el antropocentrismo y el biologismo más ramplones. Ejemplos: a) las corridas nacen de la paleontológica necesidad humana de consumir carne; b) el torero y su equipo producen muchas endorfinas durante la lidia ergo experimentan placer. Un sofisma enraizado en otro: que los toros no sufren -¿porque el terror no produce endorfinas bovinas? (para una lectura populachera, ver en un tabloide Why people want ‘cruel’ and ‘barbaric’ bullfighting banned – and it’s nothing to do with a matador’s death (N. Oakley, 11.VII.2016; quédense solo con el título y olviden el infumable artículo)

Ilustraciones del tanatoturismo animal y humano

Turismo asesino de animales. El ponzoñoso lago Nyos, en Camerún. Pinchar sobre la imagen para ampliar
El museo, ¿es un zoo de los muertos o es un zoo muerto? Pinchar sobre la imagen para ampliar
Museo de antropología criminal Cesare Lombroso, Turín. Pinchar sobre la imagen para ampliar
En Europa, el culto a los huecos. No eran criminales pero como si lo fusiesen. Pinchar sobre la imagen para ampliar

Un caso de tanatoturismo animal

En el sur de Canadá, cerca de la frontera con los EEUU, existe una atracción turística indígena que desborda la ordinaria temática comercial que suele presidir ese comercio –fiestas pow pow, concursos de tocados plumarios o ‘doma’ de saurios, equinos y bóvidos- Es el Head-Smashed-In Buffalo Jump (HSBJ) declarado World Heritage Site. Leamos con las debidas correcciones lo que sobre este sitio reseña en castellano la ubicua enciclopedia electrónica:

Antecedente pictórico: Buffalo Jump, por Alfred Jacob Miller (1859-1860) Pinchar sobre la imagen para ampliar
Un barranco señalizado… Pinchar sobre la imagen para ampliar
… Y musealizado. Pinchar sobre la imagen para ampliar
… Y pintado. Pinchar sobre la imagen para ampliar
Paleo-bisonte como tarasca para fuegos artificiales. Pinchar sobre la imagen para ampliar

“El Precipicio de los Bisontes ha sido usado durante más de 5.500 años [desde hace 9.000 años según estudios más recientes] por las poblaciones nativas de las praderas para la caza de los bisontes los cuales caían desde lo alto de los riscos hacia el valle de abajo. El acantilado mide cerca de 300 metros de longitud, y se alza a una altura de 10 a 18 metros sobre el valle [hay dos acantilados, no uno solo]. Para conseguir sus fines, los Pies Negros obligaban a los bisontes que pastaban en los Montes Porcupine, cerca de 3 km al oeste del sitio, y los conducían, por medio del fuego [apenas lo usaban] y del agitar de mantas, entre los alineamientos de centenares de montículos de piedra [no hay árboles en esa pradera], hacia el precipicio donde se despeñaban. Los depósitos de huesos y objetos de piedra han sido acumulados en el curso de los siglos al pie del acantilado formando una capa de unos 10 m de espesor”. Wikipedia en español no informa que los Pies Negros que esperaban abajo abrían a mazazos las testas de los bisontes que no podían defenderse ni escapar porque, los sobrevivientes al despeñe, se habían roto las patas al chocar contra el suelo. Los Blackfoot o Blackfeet, en realidad son tres pueblos confederados: los Siksika, los Kainai y los Peigan.

Confederación de los tres pueblos indígenas. Pinchar sobre la imagen para ampliar
Aatsista-Makhan (Running Rabbit; c.1833-1911), sabio Siksika fotografiado por Edward S. Curtis. Pinchar sobre la imagen para ampliar
Las “pies negros” en una reciente fiesta Pow Pow. Pinchar sobre la imagen para ampliar

[En la página web del HSBJ puede consultarse la monografía escrita por su antiguo arqueólogo: Jack W. Brink. 2008. Imagining Head-Smashed-In Aboriginal Buffalo Hunting on the Northern Plains. AU Press, Athabasca University. 360 pp. ISBN 978-1-897425-04-6 ]

¿Paleo-indios contra la Megafauna?

Como hemos visto, los animales muertos ocupan museos y galerías de arte pero nadie recuerda quién los exterminó y menos se preguntan si fue obra de varón o de hembra o de la Naturaleza… salvo que pueda achacárseles a los indígenas o, para mejor y menor compromiso, a los paleo-indios -remotos antecesores de los actuales pueblos indígenas. A este respecto, la controversia más estudiada gira alrededor de la extinción durante el tiempo que transcurrió entre el Palolítico y el Holoceno de una treintena (38 según fuentes recientes) de las especies de la Megafauna -mamíferos con peso superior a los 50 kilos. Este exterminio o exagerada matanza (overkill), ¿fue perpetrada por los paleo-indios, por un cambio brutal en el medio ambiente o, quizá, por ambas causas? Como el debate ocupa miles de investigaciones y docenas de conclusiones enfrentadas, nos limitaremos a citar a los dilectos representantes de las dos opiniones.

Vine Deloria, Jr. (1933-2005), un pensador Lakota-Sioux criado en la Pine Ridge Reservation, se opone al “mythical Pleistocene hit men” pues prefiere la hipótesis de las catástrofes naturales –los terremotos, inundaciones y erupciones volcánicas descritas en las mitologías indígenas, especialmente en las amerindias. Al mismo tiempo, se muestra escéptico frente al “Myth of Scientific Fact” o indiscutible certeza de la ciencia occidental y lo materializa rebatiendo a algunos de los mandarines de esa (supuesta) Ciencia.

Según Deloria, Carl Sauer –una antigua eminencia del entorno ambiental-, no sólo está seguro de que los cazadores paleo-indios exterminaron la Megafauna sino de que, además, lo consiguieron gracias al fuego con el que arrasaron las praderas; así erradicaron a los mamuts, mastodontes y bestias de similar porte. En cuanto a Jared Diamond, Deloria añade que este famoso divulgador publicó un comentadísimo artículo (The American Blitzkrieg: A Mammoth Undertaking, 1987), en el que acusa a los cazadores amerindios comparándolos con los aborígenes australianos que terminaron con el moa gigante –Deloria le recrimina que no cite a los colonos británicos que exterminaron a los Tasmanos.

Experimento en los EEUU para resucitar el paleo-bisonte

Por su parte, Paul S. Martin abjura del cambio climático ‘asesino’ señalando que, en otros continentes, ese mismo fenómeno causó extinciones menores. Entonces, Deloria se permite una ironía: cuando los grandes brutos se hubieran acabado, ¿podemos imaginar a un hambreado tigre de los dientes de sable renunciando a cazar fauna menor? En ese mismo topos, Vereshchagin contesta a la pregunta ¿cómo hicieron loa paleo-siberianos para abatir mamuts?: fácil, sus bandas de cazadores, enarbolando sus arpones, acechaban a los ejemplares solitarios y/o a las hembras con crías “as African Negroes now hunt elephants”, rasgando sus vientres y persiguiéndolos hasta que caían extenuados [Por nuestra parte, no dudamos que alguna vez ocurriera de esa manera pero, como se demostró en HSBJ, es más probable que utilizaran otras técnicas menos cinematográficas] (cf. Vine Deloria Jr., Red Earth, White Lies: Native Americans and the Myth of Scientific Fact; edición de 1997)

Recientemente –en el año 2020-, Meltzer revisa las dos hipótesis. Admitiendo que hubo un overkill de Megafauna que, aparentemente, coincidió con la llegada del Homo spiens al Nuevo Mundo, subraya que también desaparecieron otras especies cuando un cataclismo natural provocó el tránsito entre glaciaciones. Entonces, añade citando a las fuentes ‘adversarias’, ¿porqué esos mega-mostrencos no sucumbieron en los anteriores períodos interglaciales y sólo desaparecieron cuando llegó el paleo-indio? Meltzer sostiene que esta cuestión se basa en una presunción incorrecta: que la interglaciación del Pleistoceno final fue similar a las anteriores. Corrrelativamente, por ende, para opinar con mayor seguridad, tendríamos que disponer de mayor información no sólo sobre los cambios climáticos de la frontera Pleistoceno-Holoceno sino tambien sobre las historias de las cualidades adaptativas de los mamíferos de aquellos milenios. Solo entonces, podríamos distinguir entre las respectivas importancias ecológicas y humanas. Además, recalca que la hipotética extinción se produjo en pocos siglos a partir de la aparición de las famosas puntas Clovis. A la postre, apoyándose en siete argumentos, se inclina por negar que la culpa recaiga exclusivamente sobre los paleo-indios. Aunque su campo se limite a Norteamérica, su llamado al estudio prudente nos parece oportuno (ver David J. Meltzer. 2020. “Overkill, glacial history, and the extinction of North America’s Ice Age megafauna”; pp. 28555–28563, en PNAS 117: 46 (disponible en www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.2015032117)

Turismo racista, arte y memoria personal

El tanatoturismo se extralimita con los iconos indígenas. Llega al tremendismo racista de comercializar inauditas postales como las tres siguientes:

Atroz postal turística. Adis Abeba, Etiopía. Pinchar sobre la imagen para ampliar
Postal turística. Los otrora feroces Jíbaro escenificando un deceso. Archivo AP. Pinchar sobre la imagen para ampliar
Postal turística. Entierro en Mendi, Papua New Guinea. Archivo AP . Pinchar sobre la imagen para ampliar
El arte. Mass, 2018. 100 monumentales cráneos hechos a mano. Instalación de Ron Mueck para la Trienal Internacional de la National Gallery of Victoria. Pinchar sobre la imagen para ampliar

[Perdón por este apunte personal: el HSBJ me ha recordado una película maravillosa, Far from the Madding Crowd (1967-68) de John Schlesinger, basada en la novela homónima de Thomas Hardy de 1874. Está ambientada, ca. 1870, en el West Country de la Inglaterra victoriana. En España, fue proyectada con el título “Lejos del mundanal ruido” -una excelente traducción, rara avis ayer y hoy donde titulan todo copiando a cualquier traductor automático. Una secuencia versa, para desesperación de su guardián, sobre el despeñamiento ‘involuntario’ de un rebaño de ovejas –acantilados como los del cuadro de abajo, similares al de la película de Schlesinger, son peligrosos para el ganado… y para el bolsillo de su pastor]

An Endangered Flock on the Kentish Cliffs, por Thomas Sidney (1803-1902). Pinchar sobre la imagen para ampliar

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