Testimonio vivo de la historia: Bob Dylan

Mariano Muniesa*. LQS. Julio 2020

El recién editado nuevo álbum de Bob Dylan el pasado 19 de junio, el trigésimo noveno de su carrera y primero con canciones inéditas desde su «Tempest» de 2012, es un auténtico libro de historia contemporánea

Hace dos años tuve oportunidad de participar en una interesantísima charla-coloquio en la Filmoteca Nacional con motivo del estreno de un ciclo sobre Bob Dylan en el cine junto a notables Dylanólogos, que coincidían en afirmar que su actitud siempre iconoclasta y aconvencional es un rasgo único de su personalidad, y que gran parte de su genialidad solo puede explicarse si se asume y se entiende ese rasgo de su carácter: tanto cuando deja plantado en una cena de gala al mismísimo Presidente de los Estados Unidos Barack Obama como cuando finalmente, seis meses después de que la Academia sueca le concediera el premio Nobel de literatura, lo aceptase respondiendo con un monólogo a modo de parodia de una conferencia académica, divagando sobre alguno de sus trabajos literarios y musicales en un estilo, obviamente, muy dylanesco.

¿Debería sorprender por ello que después de haber sido reconocido como uno de los más grandes creadores de la historia, Bob Dylan edite un nuevo disco en el que además de hacer un trabajo musicalmente excepcional, de los más repletos de calidad e inspiración que haya hecho probablemente en décadas, se presente en sus letras como un privilegiado cronista de una historia de la que él ha formado parte, de una cultura de la cual él mismo es un referente?

Pienso que no nos debe sorprender. Quizá precisamente por la nueva dimensión que su figura ha adquirido tras la concesión del premio Nobel, Dylan sea ahora si cabe aún más consciente de su peso en la historia y por ello sienta que debe reivindicarse a través de canciones que muestran más claramente su posición sobre una época y unos hechos que ha vivido en primera persona.

«Rough And Rowdy Ways», el recién editado nuevo álbum de Bob Dylan el pasado 19 de junio, el trigésimo noveno de su carrera y primero con canciones inéditas desde su «Tempest» de 2012, es un auténtico libro de historia contemporánea, pero narrada de manera testimonial, con un enfoque temático muy ecléctico que mezcla tiempos, espacios y estéticas con una mirada crítica en muchos momentos, irónica en otros, e incluso también cínica y surrealista –no lo olviden, hablamos de Bob Dylan- en otros.

En este disco tenemos legiones romanas en guerra civil, la misma guerra civil estadounidense que todavía divide a América en cuestiones como el racismo y en cierta manera, como explica en «Crossing The Rubicon» es también la misma guerra fría que dividió el mundo y que tenía como epicentro Berlín, la ciudad a la que Bob prefiere no ir en los idus de marzo.

Allen Ginsberg y Edgar Allan Poe se encuentran entre estrofas y acordes, los mismos acordes en los que Ana Frank e Indiana Jones comparten tiempo y espacio en «I Contain Multitudes», en «My Own Version Of You» sienta al apóstol San Juan al piano con Leon Russell y en «Mother of Muses» enfrenta, en un sorprendente diálogo con la madre de las musas, a Elvis Presley con Martin Luther King. Amén de esa inconmensurable pieza, a medio camino entre la canción y el poema recitado titulado «Murder Most Foul», crónica profunda de la América de los 60 y los 70, con el asesinato de Kennedy, los Beatles llegando a Nueva York, la era de Aquarius en Monterey, el backstage de Woodstock’69, los Stones en Altamont, el «Tommy» de los Who, Marilyn Monroe, Wolfman Jack, Oscar Peterson, Thelonius Monk, Stan Getz o los Eagles.

Durante 60 años, Bob Dylan nos ha estado hablando. A veces sin aliento, a menudo de manera casi inescrutable, a veces profético, pero en cualquier caso, sus palabras siempre han formado una mitología en sí mismas. Y ahora, nos habla con la claridad de quien atesora tantos años vividos como experiencias acumuladas, usando sustantivos propios e imágenes reconocibles. Tanto cuando nos dice en “Key West (Philosopher Pirate)” que nunca estuvo en la tierra de Oz, ya que afirma que nació en el lado equivocado de las vías del tren, como cuando homenajea al gran maestro del blues Jimmy Reed, influencia básica y fundamental tanto en grupos como los Rolling Stones de los 60 o los Yardbirds como en Elvis Presley, Van Morrison y Grateful Dead en ese maravilloso blues titulado “Goodbye, Jimmy Reed”. «Las letras son reales, tangibles, no son metáforas», ha dicho recientemente Dylan al New York Times.

De hecho, el blues está muy presente en este disco, y desde el punto de vista más estrictamente musical, el blues es el estilo en el que encuentran mejor acomodo canciones como “False Prophet”, que de hecho es un blues muy stoniano, por supuesto en “Goodbye Jimmy Reed”, “Crossing The Rubicon” y de una manera más matizada, con una guitarras más cálidas que me han recordado casi inmediatamente a Tah Majal, “Key West (Philosopher Pirate)” y en “Black Rider”, en donde su rasgada voz nasal se envuelve en una atmósfera tenue, muy tenue, casi subliminal.

No olvidemos a quienes acompañan al maestro en esta nueva obra. Por un lado, sus dos músicos más veteranos, el gran guitarrista Charlie Sexton y el bajista Tony Garnier vuelven a poner su virtuosismo y su capacidad como instrumentistas al servicio de unas canciones que aunque basadas indudablemente en la voz de Bob Dylan, tanto en los temas más blues como en los más folk, saben acompañar perfectamente y recrear la atmósfera ambiental que cada canción demanda. Lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que el ingeniero de sonido de esta grabación y el responsable de su masterización ha sido Greg Calbi, especialista en la materia que ha trabajado entre otros, con John Lennon, Bruce Springsteen, David Bowie o The Strokes.

El álbum ha debutado en el número 2 de la lista de los 200 álbumes de Billboard vendiendo 53.000 unidades en la primera semana de su puesta a la venta, los mejores resultados comerciales de un disco en estudio de Bob Dylan desde hace una década.

En una época en la que todo parece ir deprisa, la mayor parte del tiempo demasiado deprisa, en donde la voracidad del mercado y la necesidad de producir destruye el estímulo de crear, en un mundo de fake news, teorías conspiranoicas, en una sociedad que se ha visto encerrada en sí misma en todo el planeta por un virus que ha tenido visos de plaga bíblica, seguimos necesitando referentes sólidos, mentes lúcidas, voces en las que nos reconozcamos. Creo que para quienes hemos hecho siempre de Bob Dylan uno de esos referentes, una de esas voces, este disco es casi de obligada adquisición.

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* Nota original del diario “La Región”

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