The Moody Blues: se cumplen 50 años de “Seventh Soujourn”

Por Mariano Muniesa. LQSomos.

Octubre de 1972: The Moody Blues conquistan América

“Seventh Sojourn” fue el último álbum de lo que algunos fans llaman “Core Seven” del grupo, lo que podríamos traducir como la formación clásica y más genuina del grupo. Tiene un nombre extraño, considerando que es el octavo álbum de la banda y su continuación de 1978

El disco es una joya de imaginación, sensibilidad y fuerza creativa de una banda pionera del rock sinfónico

El 23 de octubre de 2022, se cumplieron 50 años de la puesta a la venta en el Reino Unido y Europa –en Estados Unidos se editó dos semanas más tarde- el octavo álbum de The Moody Blues, la banda precursora y pionera, o cuando menos una de las principales pioneras de todo un género dentro de la música popular contemporánea: el rock sinfónico, aun cuando no siempre cultivaron este género ni siempre se ajustaron a sus estándares.

Este álbum se titulaba “Seventh Soujourn” y supuso el mayor éxito comercial de The Moody Blues desde su histórico impacto con el legendario “Nights In White Satin” de su álbum “Days Of The Future Passed”. Ocupó durante nueve semanas el n.º 1 de las listas de Billboard, fue asimismo n.º 1 en Canadá durante siete semanas, n.º 2 en Australia y estuvo hasta la última semana de diciembre en el Top 5 de los álbumes más vendidos en Inglaterra.

Tras el impacto de “Nights In White Satin”, el periodo que transcurrió entre 1967 y 1972 fue enormemente prolífico para el grupo. Lanzaron siete álbumes en cinco años. Y si en retrospectiva, la calidad de su música no siempre alcanzó el alto nivel de contemporáneos como Pink Floyd o Yes, fueron más consistentes que cualquiera de ellos. Es posible que nunca hayan alcanzado la grandeza y la brillantez de “Wish You Were Here” o “Close to the Edge”, pero tampoco cayeron tan bajo como hicieron Pink Floyd en ‘The Final Cut’ o Yes en ‘Tormato” durante este período.

Una de las razones de esta estabilidad entiendo que fue el consolidar, durante este período de siete álbumes, una formación sin cambios: Justin Hayward guitarra y voz, John Lodge bajo, Ray Thomas voz, Mike Pinder voz y piano y Graeme Edge batería. Tampoco fue ajeno a este periodo de estabilidad y fecundidad musical, a mi parecer, el hecho de que comprendieran de que a medida que los años 60 habían pasado a los 70, los gustos musicales estaban cambiando. No es casual que el tema de mayor éxito de ese disco fuera precisamente en 1972, el año culmen del hard rock de Deep Purple, Led Zeppelin o Black Sabbath, el tema más rockero del álbum, “I’m Just A Singer (In A Rock’n’Roll Band)”.

“Seventh Sojourn” fue el último álbum de lo que algunos fans llaman “Core Seven” del grupo, lo que podríamos traducir como la formación clásica y más genuina del grupo. Tiene un nombre extraño, considerando que es el octavo álbum de la banda y su continuación de 1978, “Octave”, es el noveno. Esto se debe a que durante muchos años reclamaron “Days of Future Passed” de 1967 como su primer LP, optando por ignorar ‘The Magnficent Moodies’ de 1965, porque mostraba un estilo de música muy distinto con el que no se sentían ya en modo alguno identificados, amén de que aquel álbum lo grabó una formación diferente, en la que aún estaban Denny Laine y Clint Warwick en lugar de Hayward y Lodge. “Seventh Sojourn” también fue el último álbum completo del teclista Mike Pinder con la banda; aunque aparece en “Octave”, dejó el grupo a la mitad del proceso de grabación.

Siendo un álbum que fue recibido por la crítica musical del momento sin demasiado entusiasmo, aunque tampoco obtuviera críticas duras, sorprendió que lograse ese inesperado éxito comercial, pero cuando se escucha en el contexto de la época y con independencia de que otros estilos muy lejanos musicalmente vivieran sus mejores días, era un disco que contenía las claves para lograr un éxito así en el otoño de 1972. Sin abandonar por completo el aire suavemente psicodélico que siempre incorporaba a su sonido el mellotron y la atmósfera bucólica de la flauta, en “Seventh Soujour” había baladas llenas de inspiración como “New Horizons”, en el que la fuerza de la base de ritmo, en especial la batería de Graeme Edge aportaba más garra a la melodía sobre la que se construía la canción; o la preferida de muchos de los fans del grupo, “For My Lady”, una hermosa y romántica canción de amor envuelta en un aroma folk sugerente y logrado por una instrumentación evocadora y muy bien construida. No le iría a la zaga en ese sentido otra de las piezas más celebradas de “Seventh Sojourn”, “Land Of Make Believe” un medio tiempo baladístico y melancólico, aunque con más carga de guitarras y una base de ritmo más en primer plano.

Si en “Isn’t Life Strange” muestran su cara más sinfónica y progresiva –es una de las piezas que podrían haber estado perfectamente en un disco como ‘To Our Children’s Children’s Children” de 1969-, en “Lost In A Lost World” siguen explorando esa faceta aunque desde un punto de vista más oscuro y tanto en la ya mencionada “I’m Just A Singer (In A Rock’n’Roll Band)” y sobre todo en “You And I” se escoran hacia un tipo de hard rock suavizado por los teclados y el mellotron, pero que no deja de poseer fuerza y energía.

Con todos estos ingredientes, The Moody Blues supieron hacer un álbum que recogía una variedad de estilos y registros que le facilitaba llegar a públicos muy amplios dentro del rock; lo cual era garantía de éxito en una época en la que existía una apertura y una ausencia de apriorismos muy notable –y que se echa de menos en la actualidad- en el público del rock, la industria no tenía miedo de arriesgar en sus apuestas y los medios no trataban constantemente de poner etiquetas y crear compartimentos estancos con cualquier disco que llegase a sus redacciones o a sus emisoras de radio. Indudablemente, hoy un disco como “Seventh Soujourn”, una joya de imaginación, sensibilidad y fuerza creativa, jamás llegaría a entrar en listas ni aquí ni en América.

El éxito de este álbum llevó a The Moody Blues a hacer una larga gira mundial que obviamente les tuvo muchos meses recorriendo Estados Unidos y Canadá a lo largo de finales de 1972 y gran parte de 1973, Europa, Inglaterra, Australia y por primera vez Japón, donde terminaron aquel maratoniano tour en el verano de 1974.

¿Averiguan cuál fue el final de la historia? Pues lo acostumbrado y que tantas otras veces hemos visto en la historia del rock. Tantos meses de conciertos y giras acumularon mucho cansancio y una situación final de agotamiento no solo físico y mental, sino también creativo, después de siete discos en un periodo relativamente corto de tiempo. Inevitablemente, ello repercutió en sus relaciones personales, que por primera vez se deterioraron hasta el punto de que al volver a casa tras los conciertos japoneses anunciaron que el grupo se tomaría un largo tiempo de descanso, que en la práctica fue una separación, puesto que no volverían a reunirse hasta 1977 para un solo álbum más, “Octave” de después del cual el miembro fundador Mike Pinder siguió su propio camino.

Ello no significó, sin embargo, el final de The Moody Blues. Pero ese es un viaje para otro día…

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