Tú no vales

Por Betzie Jaramillo. LQSomos.

Población sobrante

Informe Lugano (Susan George) es un libro de ficción que dio mucho miedo a principios de este siglo. Hoy da mucho más miedo. Se están cumpliendo los feroces consejos del Grupo de Trabajo a los Solicitantes para salvar la economía de mercado y su expresión máxima: el capitalismo neoliberal. Uno de los consejos es especialmente brutal, el 25% de la humanidad es prescindible, unos 2.000 millones, y su exterminio aliviaría las tensiones del sistema. No podemos sostener el sistema liberal de libre mercado y, simultáneamente, seguir tolerando la presencia de miles de millones de personas superfluas, es la conclusión y advertencia del Grupo de Trabajo. Son personas prescindibles, sobrantes, no necesarias y, por lo tanto, sacrificables. Son personas pobres. La mayoría están en el hemisferio sur, pero aquí somos muchos los que podríamos entrar en esa categoría de superfluas, como ese 8,3% con carencias materiales y sociales severas que revela la Encuesta de Condiciones de Vida del INE (ECV). Son muchos, casi cuatro millones que no valen para este sistema.

No valer era el miedo que tenía José Antonio González Paredes, el barrendero de 60 años que murió de calor el 16 de julio en Madrid. Su cuerpo tenía casi 42 grados, vestía uniforme de poliéster, era media tarde y en el Puente de Vallecas la temperatura a la sombra era de 39 grados cuando no pudo más. Estoy convencido de que él no paró de limpiar esa calle hasta que se desmayó. Pensaría que no le iban a renovar y estaba dándolo todo con tal de demostrar que valía, le contó a Manuel Viejo (El País) el hijo de José Antonio, Miguel Ángel. Tenía un contrato de un mes. El señor González Paredes podría ser uno de ese 27,8% al borde del precipicio, uno de los 13 millones que se encuentran en riesgo de pobreza según la ECV. Baja intensidad en el empleo llaman en la encuesta a esa realidad del trabajo intermitente, de los breves contratos basura para trabajos basura. Ya no existen fábricas que los necesiten, porque o están en otro lugar del mundo o han sido remplazados por robots. ¿Quiénes son en España los que se incluyen en ese 27,8% al borde de la exclusión? Hay de todo, familias monoparentales (casi siempre son mujeres), sin trabajo y con trabajo, inmigrantes, jóvenes y viejos, con y sin estudios, todos los que ganen un 60% de la media de ingresos (un umbral de 9.500 euros al año) y los más castigados, tres millones de niños. Una infancia mala, en la que a España está sólo por detrás de Albania y Rumanía en Europa según el informe de Save The Children. Triste pódium de pobreza infantil. Para el plan mundial no sirven, sobran, no son útiles y suman gasto y burocracia inoperante de lo público.

Que fumen, que coman grasa mala, pobres de nutrientes, ricos en tóxicos, que sean gordos, frágiles emocionalmente, atemorizados, que mueran antes que los ricos, va en el pack del riesgo de pobreza. Pero mientras viven, existen. Con sus sueños, sus penas, sus esperanzas, su gente querida, existen. Como el señor José Antonio González Paredes, que quiso demostrar que sí servía y le costó la vida. Habrá otro que lo reemplazará y durante su mes de contrato servirá para algo: barrer. Habrá que ir pensando que lo que no sirve es el sistema antes de que nos sumen a las listas del exterminio.

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