Un cuarto emir para el Daesh

Por Guadi Calvo. LQSomos.

Si bien desde el surgimiento del Daesh, oficialmente en Mosul (Irak), en 2014, pretendió la “reconquista” del territorio que se extiende desde el al-Ándalus, las antiguas posesiones árabes de España y Portugal, hasta el mítico Khorassan, conformado en la actualidad, por Afganistán, Pakistán e India, entre otras naciones centroasiáticas, nunca ha podido sostener más de un par de años sus conquistas territoriales

Hacia fines de noviembre, el CENTCOM (Mando Central de los Estados Unidos, por sus siglas en inglés), reveló que, a mediados de octubre último, en una acción no especificada en Dar´a en el sur de Siria, fue eliminado, el emir del Daesh, Abu Hasan al-Hashimi al-Qurashi.

Luego, la noticia fue confirmada por sus propios compañeros, quienes dijeron que murió: “en combate contra los enemigos de Dios”, sin dar más especificaciones. Más tarde se conoció que Abu Hassan, había sido localizado y neutralizado, por una patrulla del Ejército Libre Sirio, (ELS), la banda mercenaria, financiada por occidente y Qatar, que invadió Siria en 2011. Aunque otras fuentes, señalan que, quien fue el tercer emir del Daesh, habría muerto accidentalmente durante un ataque, sin que sus ejecutores lo hubieran registrado. Mientras que el Pentágono, ha negado cualquier participación de fuerzas norteamericanas en la operación.

Esta baja, se convierte en la tercera del líder máximo de la organización, que fundó en 2014, Abu Bakr al-Baghdadi, también conocido como el califa Ibrahim, tras escindirse de al-Qaeda. A la muerte de al-Baghdadi, (Ver: Al-Baghdadi, el muerto oportuno) en 2019, asumió su cargo, Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurashi, cuyo verdadero nombre era Amir Mohammed Abdul Rahman al-Mawli al-Salbi, sorprendido en una incursión de tropas norteamericanas en febrero del 2022, en la provincia de Idlib, al norte de Siria, (Ver: Biden. Cazador de recompensas). Para sucederlo, la shura (consejo) del Daesh, eligió a Abu Hasan, como su sucesor, y ahora, tras su muerte, ha tocado el turno de Abu al-Hussein al-Husseini al-Qurashi.

La reiteración de los términos al-Husseini, lo que podría ser considerado el apellido de Mahoma, y al-Qurashi, nombre de su tribu, que se combinan la denominación de estos últimos tres emires, responde a la intención de emparentarse con el Profeta.
Tras anunciar el nombre del cuarto emir, el portavoz de la organización, llamó a todos sus miembros a escala global, una veintena de khatibas, desde Nigeria a Filipinas, a realizar su juramento de lealtad o baya’t.

Tampoco se han conocido detalles de los antecedentes del nuevo emir, del que solo se ha conocido que es un veterano de las luchas de la organización. Es importante anotar la notable frecuencia con que se han dado las bajas de los emires del Daesh, si se las coteja con la sobrevivencia de otros líderes en organizaciones similares.

En el caso de al-Qaeda, su fundador, Osama bin Laden, sobrevivió desde la creación del grupo, durante la guerra anti soviética en Afganistán en 1988, hasta 2011, tras ser “localizado” y eliminado por comando del SEALs en Abbottabad Pakistán. Su segundo, el egipcio Ayman al-Zawahiri, también fundador de dicha, quien asumió el máximo lugar tras la muerte de Osama, perduró en la jefatura desde entonces, hasta julio de este año, cuando fue detectado y ejecutado por un dron norteamericano, en pleno centro de Kabul (Ver: Ayman al Zawahiri, otra muerte oportuna).

El Taliban, también ha sabido dar muy buena protección a sus Amir-ul momineen (príncipe de los creyentes), título que recibe el líder principal de la organización afgana. Desde 1994 hasta hoy, solo han tenido tres emires: el Mullah, Mohammad Omar, fundador del grupo en 1994, murió por causas naturales, en un hospital pakistaní en 2013; aunque su muerte se conoció recién en 2015, fue sucedido por Akhtar Mansour, muerto cuando el vehículo en el que viajaba, fue sorprendido por un misil norteamericano en la región de Dalbandi, en el Baluchistán pakistaní, en 2016. Tras la muerte de Mansour, fue designado el Mullah Haibatullah Akhundzada, quien, a pesar de haber sido resistido en primera instancia, supo dirigir a sus hombres a la victoria sobre los norteamericanos en agosto del año pasado. En la actualidad sigue ocupando el cargo como jefe político y espiritual del Emirato Islámico de Afganistán.
Las sucesivas y rápidas muertes de los emires del Daesh, se podrían atribuir a dos razones: o bien, la existencia de una profunda grieta dentro de la organización, por lo que dichas muertes tengan más que ver con pujas y traiciones que aciertos de los enemigos o que, cómo se lo ha sospechado desde el principio de este grupo, esté cooptado por algún servicio de inteligencias norteamericano, que, según sus necesidades, elimine a sus emires.

Un califato por conquistar

Si bien desde el surgimiento del Daesh, oficialmente en Mosul (Irak), en 2014, pretendió la “reconquista” del territorio que se extiende desde el al-Ándalus, las antiguas posesiones árabes de España y Portugal, hasta el mítico Khorassan, conformado en la actualidad, por Afganistán, Pakistán e India, entre otras naciones centroasiáticas, nunca ha podido sostener más de un par de años sus conquistas territoriales. Quizás su mejor momento para esa estrategia fue durante 2014 y 2015, cuando consiguió ocupar un área fronteriza entre Irak y Siria, equivalente a casi 85 mil kilómetros cuadrados, donde se incluía ciudades, como Raqa en Siria, con poblaciones de más de cien mil almas e incluso como Mosul (Irak) con una población que supera el millón de habitantes. Allí ensayó la versión más extrema de la sharia (ley coránica) ejecutando miles de civiles y militares con castigos aberrantes de características medievales. A partir de 2016, comenzaron a ser barridos, de esas regiones, tras esforzadas operaciones del Ejército Árabe Sirio (EAS), fuerzas rusas, comandos iraníes de la fuerza al-Quds, batallones del Hezbollah del Líbano y últimamente los iraquíes de las al-Hashd Al-Sha’abi (Fuerzas de Movilización Popular).

Más allá de ese fracaso, el Daesh, sigue operando en esas mismas áreas, y ha conseguido imponer filiales prácticamente en todos los países del islam. Quizás uno de los mejores ejemplos sea la Willat Daesh Khorassan, que desde 2015 opera en Afganistán y no solo han enfrentado a las tropas norteamericanas, sino que ha luchado y lo sigue haciendo contra el mismísimo Talibán, habiéndose convertido en el mayor dolor de cabeza a nivel seguridad de los Mullah de Kabul, ciudad donde se repiten con extrema frecuencia, atentados contra la población civil, particularmente de la comunidad hazara chiita, funcionarios del gobierno talibán e incluso, hace unos días, intentaron asesinar al embajador pakistaní en la capital afgana.

Aunque sin duda, es el continente africano, donde sus khatibas están consiguiendo sus mayores “éxitos”, extendiéndose desde el Magreb y el Sahel al África subsahariana, donde sus batallones se han establecido en una veintena de naciones ya no de prevalencia musulmana, sino donde el islam es minoría como es el caso de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) de República Democrática del Congo, Provincia de África Occidental del Estado Islámico (ISWAP) y Boko Haram en Nigeria, o en Mozambique el Ahlu Sunnah wa Jama’a (ASWJ) que de algún modo todos articulan con la Wilayat Wasat Ifriqiya (Provincia de África Central). Para muchos, es la región del lago del Chad, donde más acciones se registran, con cerca de quinientas en lo que va del año. Aunque en Burkina Faso, Mali y Níger, donde operan grandes khatibas del Daesh, pero también de al-Qaeda, al igual que en algunos países del golfo de Guinea como Benín y Togo, la situación está desbordada. Al igual que en la península del Sinaí (Egipto) donde la Willat Sinaí, signataria del Daesh y en Somalia, donde al-Shabaab filial de al-Qaeda, no han podido ser contenidos. Según el Pentágono, en este último año, en los veinte países africanos que opera tanto khatibas del Daesh, como de al-Qaeda, se han producido cerca de quince mil muertos.

Las fuerzas del Daesh, no han dejado de drenar muyahidines, hacia el interior del continente, llegando incluso a operar en Sudáfrica, donde a pesar de que sólo el dos por ciento de la población es musulmana, más de un centenar de voluntarios sudafricanos, viajaron en su momento para combatir en Siria e Irak. Habiéndose registrado, en estos últimos años, el retorno de varias decenas de ellos. Por lo que es muy posible que hayan comenzado a trabajar en procura de establecer un nuevo frente para su califa. Al menos en dos ciudades: Durban y Ciudad del Cabo, se detectaron células de Daesh, que recaudaban fondos para sus hermanos de Mozambique y la República Democrática del Congo.

El treinta de noviembre, fue desmantelado, a último momento, una operación cuyo objetivo era el desfile anual del orgullo gay en Sandton, un barrio el norte de Johannesburgo, a lo que le iba a continuar, un ataque en Derby de Soweto, lo que podría haber sido una matanza sin precedentes. En Sudáfrica, los ataques del terrorismo wahabita, han sido prácticamente nulos, sacando dos acciones, que no fueron claramente investigadas.

África, por sus condiciones políticas, sociales y religiosas, se ha convertido en el principal centro de actividades terroristas del mundo y en un califato por conquistar.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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