Un día como hoy… de 1946

Por Arturo del Villar*. LQSomos.

La España condenada hace 75 años

El 12 de diciembre de 1946 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó por gran mayoría una resolución contra el régimen fascista implantado en España por los militares monárquicos sublevados contra la República Española. Votaron a favor los representantes de 34 naciones, y solamente seis en contra, en tanto que trece se abstuvieron. Fue una victoria del Gobierno de la República en el exilio, presidido por José Giral, de Izquierda Republicana, quien se había instalado en Nueva York el 24 de octubre anterior, con intención de mantener conversaciones con algunos delegados, a los que asesoró acerca de la situación española desde el final de la guerra en 1939. Se unieron a él para realizar esa importante tarea Fernando de los Ríos y Álvaro de Albornoz.

El secretario general de la Organización, el laborista noruego Trygve Lie, aceptó la presencia del Gobierno republicano español en el exilio, para que pudiera asistir a las sesiones como observador. Además Giral entregó un documento a los principales delegados internacionales, para informarles de la realidad española desde 1939, porque en esos años transcurridos el régimen fascista no había adoptado ningún cambio, sin permitir al pueblo español opinar libremente acerca de su situación. Reclamaba la colaboración de la ONU para poner fin a ese estado totalitario, lo que no significaría una intervención en asuntos internos de un país, explicaba, porque el régimen instaurado por los golpistas tras su victoria en la guerra era ilegal.

La Asamblea General inició sus sesiones el 23 de octubre. En el informe expuesto al día siguiente por el secretario general se hacía constar la anomalía representada por el régimen imperante en España, como resultado de la intervención de los regímenes nazifascistas integrantes del Eje, en favor de los militares monárquicos rebeldes, contra los que habían combatido los países democráticos aliados. Aunque la Alemania nazi y la Italia fascista habían sido derrotadas el año anterior, junto con sus satélites, quedaba en España ese foco nazifascista esclavizando al pueblo amordazado.

La realidad española

Las deliberaciones acerca del calificado como “problema español” resultaron muy acaloradas. Las delegaciones británica y estadounidense eran partidarias de una condena moral del régimen fascista, pero otros diplomáticos defendían que con ello no se conseguiría nada práctico, puesto que el dictadorísimo prepotente había demostrado suficientemente su decisión de mantener la autocracia, ignorando las recomendaciones internacionales. Este dato constatado fue decisivo para alcanzar un acuerdo por la mayoría de dos tercios, que en sus principales párrafos dice:

“La Asamblea General, convencida de que el Gobierno fascista de Franco en España […] no representa al pueblo español y hace imposible, en tanto permanezca en el poder en España, la participación del pueblo español en los asuntos internacionales con los otros pueblos de las Naciones Unidas:
“Recomienda que se impida al Gobierno español franquista adherirse a las instituciones internacionales establecidas por las Naciones Unidas, […]
“Recomienda que, si en un plazo razonable, no se ha establecido un Gobierno que obtenga su autoridad de los ciudadanos, que se comprometa a respetar la libertad de palabra, de cultos y de reunión, y a organizar sin dilación unas elecciones por las cuales el pueblo español pueda expresar su voluntad, liberado de toda coacción o intimidación y sin consideración de partidos, el Consejo de Seguridad estudie las medidas a tomar para remediar esta situación.
“Recomienda desde ahora a todos los miembros de las Naciones Unidas, que retiren de Madrid a los embajadores y ministros plenipotenciarios allí acreditados.
“Recomienda además a los Estados miembros que den cuenta al secretario general y a la próxima Asamblea de las medidas que hayan tomado para la ejecución de las presentes recomendaciones.”

La apelación al Consejo de Seguridad era debida a que es el encargado de ejecutar las decisiones adoptadas por la Asamblea. Sin embargo, ninguna de las recomendaciones inquietó al dictadorísimo y a sus partidarios. La inoperancia de la Sociedad de Naciones para resolver los conflictos internacionales permitía suponer a los fascistas españoles que su sucesora, la Organización de las Naciones Unidas, continuaría su ejemplo. Las recomendaciones teóricas no intimidaban a nadie en el Gobierno fascista. La única decisión efectiva hubiera sido la propuesta en el informe presentado a los delegados por el Gobierno republicano en el exilio: una intervención armada de los aliados vencedores de las potencias del Eje.

No sería una injerencia en asuntos internos de España, como advertía el documento, porque la verdadera España era la que entonces peregrinaba por el mundo en busca de la libertad prohibida en su patria. Lo que se estaba llamando España era un inmenso presidio, en el que penaban los españoles supervivientes del genocidio cometido por los vencedores de la guerra contra los republicanos leales a las instituciones votadas por el pueblo en las últimas elecciones libres celebradas el 16 de febrero de 1936.

Superar la ilegalidad

Dice el preámbulo de las recomendaciones elaboradas por la Asamblea de la ONU que el Gobierno fascista implantado por las potencias del Eje en España no representaba al pueblo español y no podía participar en actividades de otros pueblos democráticos. Muy cierto. Aquella España estuvo aislada de los países democráticos, hasta que los Estados Unidos de América decidieron convertirla en una base militar para sus bombarderos. Por ello la Asamblea General de la ONU aprobó disciplinadamente el 3 de noviembre de 1950 revocar las recomendaciones adoptadas en 1946, lo que permitió a la inmensa cárcel llamada España ingresar en la FAO ese mismo mes, y recibir en febrero de 1951 al embajador gringo.

Había cambiado la conveniencia del país imperialista, que deseaba contar con una colonia bien sujeta en la estratégica zona del estrecho de Gibraltar, pero no se modificaba la realidad del fascismo español que nos asfixiaba. Fue la victoria del Eje sobre los aliados, no por medio de una batalla, sino de un acuerdo leonino a favor del imperialismo gringo.

No por ello desaparecían los motivos que en 1946 movieron a la Asamblea General de la ONU a tomar medidas contra aquel régimen ocupante de la geografía española, mientras la verdadera España peregrinaba para defender su libertad. Continuó siendo el impuesto por el nazifascismo internacional, derrotado en la guerra mundial por los aliados democráticos, pero resistente en aquella monstruosidad que usurpaba el nombre de España. Todas sus decisiones políticas eran ilegales, al no estar refrendadas por el pueblo esclavizado y amordazado.

Fue ilegal la decisión tomada unilateralmente por el dictadorísimo en 1969 de designar a un sucesor suyo a título de rey, para que continuara el sistema genocida que causó un millón de muertos, medio millón de exiliados y millones de encarcelados en la convertida en prisión general fascista. Es hora de reclamar el retorno a la legalidad política interrumpida con el triunfo de los militares monárquicos rebeldes en 1939. Hemos de exigir la celebración de un referéndum que ponga fin a esta larguísima permanencia en los residuos corrompidos pero persistentes del Eje.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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