Venezuela: Democracia de las mayorías y diálogo social

Por David Romero Feito. LQSomos.

Para gran parte de la opinión pública, los acontecimientos que suceden en la región latino-caribeña parece que sólo tienen relevancia cuando la maquinaria mediático-propagandística opta por explotar determinados fenómenos y escenarios.

Por ejemplo, hace unas semanas, todos los medios de comunicación occidentales se hacían eco de las manifestaciones acaecidas en Cuba, de la “persecución” del presidente Ortega contra determinados miembros de la oposición nicaragüense, de la mala elección que han hecho los peruanos y peruanas al votar por un candidato que viene de ese otro Perú rural, campesino y popular que históricamente se ha visto desplazado y marginado del ejercicio de la política y la toma de decisiones, o bien por el desafío que Andrés Manuel López Obrador lanzó a la OEA al abogar por un organismo verdaderamente multilateral y al servicio de los intereses nacionales de la región.

Informaciones sesgadas, manipuladas y sobredimensionadas para tratar de desgastar a aquellos actores dispuestos a confrontar con la, cada vez más decadente, hegemonía del imperio de Estados Unidos de América en la región, sustentada en la famosa Doctrina Monroe [1].

Venezuela es uno de esos actores “del mal” para el imperialismo, pues además de defender con determinación su independencia y soberanía nacional, está siendo capaz de relanzar el viejo sueño del Libertador Simón Bolívar, con el propósito de que la voz de los pueblos de América del Sur y el Caribe tengan su espacio y papel en el escenario internacional.

Cuando un@ abre un periódico, o pone la televisión y se encuentra con noticias referidas a Venezuela, ya sabe el guion con el que se va a encontrar: “Maduro reprime a la oposición”, “se vulneran los derechos humanos en Venezuela”, “el chavismo condena al hambre a su pueblo” y un largo etcétera. Mensajes simplificados hasta el extremo para calar en las subjetividades colectivas, y así generar un consenso propicio para respaldar cualquier medida coercitiva contra esa nación soberana.

Partiendo de la base de que el paraíso terrenal no existe, y de que Venezuela tiene sus problemas internos, agravados por un bloqueo económico y comercial como reconoció la propia Relatora de Naciones Unidas, Alena Douhan [2], resultan innegables los avances en materia de derechos sociales que se han ido materializando desde la llegada de Chávez al poder, con la creación de un Sistema público de Salud, las inversiones en una educación pública logrando el reconocimiento de la UNESCO en 2005 al declarar a la República Bolivariana como territorio libre de analfabetismo [3], o bien destinando enormes esfuerzos en la Gran Misión Vivienda Venezuela (2011), un proyecto que ha posibilitado el que millones de personas puedan disponer de un techo digno (3 millones 500 mil viviendas entregadas, Marzo 2021). Medidas, en suma, que han contribuido a reducir los niveles de pobreza y desigualdad, y todo ello, en un contexto de cerco y presión a todos los niveles.

Parafraseando a López Obrador, cuando afirmó que podemos estar de acuerdo o no con la revolución cubana, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento es toda una hazaña [4], podríamos decir que Venezuela está llevando a cabo una verdadera hazaña en defensa de su soberanía frente al bloqueo económico, comercial y financiero, a la congelación de sus activos en el exterior –reservas de oro en el Banco de Inglaterra-, al cerco político-diplomático y la guerra psicológica que está sufriendo desde hace largos años.

Sin embargo, durante estos días, en los que están teniendo lugar acontecimientos importantes en el país caribeño que, sin duda, determinarán su futuro político, resultan llamativos los silencios mediáticos acaecidos al respecto. Se ve que cuando los episodios no se circunscriben al guion establecido desde Washington, no interesa caer en las burdas escenificaciones a las que nos tienen acostumbrados.

Uno de esos sucesos en los que se medirá el futuro del país y de los actores políticos, es la nueva mesa de diálogo que se celebrará entre el Gobierno y sectores de la oposición que reconocen el marco constitucional, en la que México se ha erigido como sede de estos encuentros, y en los que hay esperanzas depositadas de llegar a posibles acuerdos.

Aunque todo diálogo entraña sus contradicciones, hay una realidad objetiva: el proyecto bolivariano no pierde, al contrario. La fuerza social que ha demostrado el PSUV en estas últimas elecciones, movilizando a millones de personas, lanza un claro mensaje: frente a la injerencia externa, soberanía nacional

Hay que decir que, en los últimos años, el proyecto revolucionario encarnado en el Gran Polo Patriótico ha logrado romper a la propia oposición en su locura desmedida de intentar, por todos los medios, incluyendo los ilegales, hacerse con el poder en Miraflores, y la participación de actores opositores en las elecciones del pasado mes diciembre, así como la disposición de participar en las próximas elecciones regionales del próximo noviembre es una prueba de ello.

La oposición ha intentado por activa y por pasiva derrocar a un gobierno que cuenta con la legitimidad democrática suficiente como para poder recomponerse y seguir con su proyecto de país, por lo que al final no le ha quedado más remedio que reconocer lo obvio: la solución pasa por la estrategia del voto, reconociendo para ello el marco constitucional avalado por la ciudadanía venezolana en su conjunto.

Este aparente cambio de actitud por parte de determinados partidos de la oposición, y la apertura de una nueva mesa de diálogo no hacen sino poner de manifiesto dos cosas: la incapacidad de estos sectores para imponer sus respectivas agendas, y la gran labor política de disuasión que las autoridades venezolanas están llevando a cabo –sin olvidar el papel activo de una sociedad con conciencia de país y moral revolucionaria.

El otro acontecimiento han sido las Elecciones Primarias Abiertas (EPA) celebradas por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) el pasado 8 de agosto, en las que ha podido participar cualquier ciudadano/a independientemente de su afinidad ideológica, con el fin de poder elegir a los próximos candidatos/as que concurrirán en las elecciones regionales y municipales de noviembre.

De acuerdo con las cifras aportadas por el Vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, por los centros de votación pasaron más de cinco millones de ciudadanos y ciudadanas, de las cuales, más de tres millones [5] hicieron uso de su derecho al voto, unas cifras que pudieron haber sido mayores teniendo en cuenta los obstáculos técnicos ocurridos al disponer, por ejemplo, de un número más limitado de centros electorales. Aun así, la jornada, que transcurrió con absoluta normalidad, puso sobre la mesa que el proyecto iniciado por Chávez sigue vivo, y que los cuadros políticos del PSUV, en todos sus niveles, continúan determinados en la construcción del poder popular.

Además de dejar constancia de una fuerte cultura democrática, estos comicios también hay que interpretarlos con la vista puesta en la mencionada mesa de diálogo, pues constituyen un mensaje directo hacia aquellos sectores de la oposición que están llamados para conversar, ya que son millones de venezolanas y venezolanos los que han optado por seguir respaldando al proyecto bolivariano.

Aunque todo diálogo entraña sus contradicciones, hay una realidad objetiva: el proyecto bolivariano no pierde, al contrario. La fuerza social que ha demostrado el PSUV en estas últimas elecciones, movilizando a millones de personas, lanza un claro mensaje: frente a la injerencia externa, soberanía nacional. Frente al involucionismo, democracia de las mayorías sociales. Frente a los problemas socio-políticos del país, diálogo social.

A pesar de la ventana de oportunidad que se abre con esta mesa de diálogo, y en la que el gobierno venezolano estará a la altura de las circunstancias con la responsabilidad y sentido de país que le caracteriza -exigiendo el fin de las medidas coercitivas unilaterales que han paralizado la economía venezolana, la voluntad de abandono de las vías violentas por parte de los sectores de la oposición y el reconocimiento de los poderes públicos del país-, el imperialismo no cesará en su empeño de acabar con la experiencia bolivariana, pues sus propósitos de contención y expulsión de sus enemigos globales y regionales en el escenario latinocaribeño continúan vigentes. El tiempo dirá si estos sectores opositores optan, como en anteriores ocasiones, por seguir el esquema planteado desde la Casa Blanca, o bien por su propia hoja de ruta, alejando con ello todo tipo de injerencia en el proceso.

Sin duda, toca jugar una partida política compleja con el adversario –y no exenta de dificultades. Por el momento, Venezuela continúa andando su propio camino, con determinación, democracia participativa y honestidad revolucionaria.

Notas:
1.- La Doctrina Monroe fue propugnada en 1823 por el presidente James Monroe, y que se resume en la frase “América para los americanos”.
2.- La relatora especial de Naciones Unidas, Alena Douhan, tras su visita a Venezuela en febrero de 2021, constató el impacto negativo que las sanciones coercitivas unilaterales han ocasionado a la población, e instó a EEUU, la Unión Europea y otros estados a levantar dichas sanciones. ACNUDH | La experta de derechos humanos de la ONU insta a levantar las sanciones unilaterales impuestas a Venezuela
3.- Telesur, 28/10/2020 Venezuela celebra 15 años de territorio libre de analfabetismo
4.- Cubadebate, 24/7/2021, López Obrador destaca resistencia y dignidad de Cuba frente al bloqueo
5.- RT, 9/8/2021, Más de 3 millones de votantes y unas primarias inéditas: la ruta del chavismo a las ‘megaelecciones’ en Venezuela

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