Willy Toledo vs. Podemos

Acto CAUM Willy ToledoArturo Seeber. LQSomos. Septiembre 2014

El pasado 12 de septiembre se desarrolló en el CAUM (Club de Amigos de la Unesco) un debate sobre Podemos, con las ponencias de Willy Toledo e Iñaki Errazkin. Se inició con el monólogo (bien dicho está, que toda la reunión fue un sucederse de monólogos) de Willy Toledo quién, tras definirse como un hombre libre ajeno a cualquier confesión política partidaria, aspiraba a que la revolución surgiera de los levantamientos populares en la calle. Pedí la palabra y, cuando me llegó el turno, le expresé la reflexión a la que sus palabras me habían llevado. Tuve al mal gusto de comparar Argentina con España, no sin antes declarar que soy ajeno a todo patriotismo, que pongo a la humanidad toda por encima de las divisiones geográficas. Tomé por ejemplo el levantamiento de la ciudad de Córdoba, que es conocido como el «Cordobazo», en los años setenta, un levantamiento en que participó TODA la ciudadanía, proletarios, burgueses, empresarios, y que dio por resultado la caída del gobierno del general Juan Carlos Onganía.

Eso no podría suceder jamás en España. España es un país antisolidario. Si el español lucha por algo, lucha sólo por lo suyo, nunca por lo de los demás, y si se une en la lucha a otros, es cuando el zapato les aprieta a todos en el mismo juanete, y entonces… juntos somos más. Porque en España se da la paradoja que el proletariado en su mayoría es de derecha, y en su defensa surge un conjunto de izquierdas estériles y enemistadas entre sí. ¿Acaso no recordamos que uno de los factores, y no de poco peso, por el que la República perdió la guerra civil fue por la pelea entre anarquistas contra comunistas, contra socialistas, y anarquistas contra anarquistas y comunistas contra comunistas, y etcétera. Y puedo ahora agregar otro ejemplo, ejemplo cercano que todos recordarán. Y otra tediosa comparación, con Francia. Cuando el primer ministro Dominique de Villespin, un hombre de la izquierda, quiso imponer en su país el «contrato basura» para los estudiantes, en contra se levantó un millón y medio de franceses estudiantes y no estudiantes, en más de cien ciudades, y nuestro ministro de marras debió deponer su actitud. ¿Qué pasaba entonces en España? Cuando ya nuestros «contratos basura» formaban parte del folclore, la juventud de nuestra patria se levantaba en las calles para defender… el botellón.

Más razonable estuvo Iñaki Errazkin, que habló de su prudente filiación a Podemos, en la que no faltó su visión de algunos aspectos sombríos, que en qué sitio no faltan, dígame “usté”. Pero nada, parece ser que el evento partía de una condena a Podemos sin juicio previo, como en tiempos de Franco. Y sin falta de mala fe, con algunas mentirillas, conscientes o no. Willy condenó en un momento que la falta de valentía de Pablo Iglesias por no atreverse a defender la gobernanza venezolana ante los permanentes ataques de la derecha. Quiero creer que lo dijo por falta de información, pues he tenido oportunidad de escuchar en numerosas oportunidades, de la boca de Pablo Iglesias, afirmar que es más que imprudente calificar de dictadura a un gobierno elegido por el pueblo, y vuelto y vuelto a elegir. ¿Pero sirven de algo las razones cuando alguien está porfiado en imponer sus argumentos?
Una indignada señora, a su turno de hablar, se acercó a la mesa con un hoja de papel en mano. Con torvo ceño y chillona voz, aclaró que portaba un concluyente documento probatorio de la falacia de Pablo Iglesias, una fotocopia de algún periódico en el que se veía a Pablo Iglesias ante el muro de los lamentos de Jerusalén con su coronilla cubierta con la kipá judía.

-Aquí lo veis -largó su iracundia- defendiendo al sionismo con la kipá, ante el muro de las lamentaciones.

A lo que intervino Iñaqui aclarando:

-Está usted equivocada, la kipá y la oración ante el muro de las lamentaciones no son propias de sionismo sino de la religión judía.

Vano intento, pues la buena señora siguió con lo suyo, que churras y merinas al cabo son todas ovejas, y sin que la evidencia del error lograra amedrentarla: que no hay mayor placer hispano que tener la razón siempre, más aún cuando no se la tiene.

A continuación, también en contra de Podemos, tomó la palabra un señor de gran solera y mucha universidad, que con una larguísima y barroca argumentación nos contó cómo ingresó a Podemos y por qué se fue, profundamente decepcionado, y del que poco puedo hablar, pues bien sabe Dios que no entendí un carajo de lo que quiso decir.

Concluida la tertulia, me retiré con la sensación de que la dividida izquierda había logado dividirse un poco más, cumpliendo con su destino fatal. Y pese al hastío que todo aquello me había producido, pude ver que corría yo también el riesgo de, como se dice en mi tierra, «hacer rancho aparte», es decir, hacer mi propio cisma. Me rectifico, y además, pido disculpas si, por vicio personal, se me escapa la ironía cuando escribo. Es fruto de la desesperanza, al constatar que en España «las izquierdas» no han observado aún dónde está el enemigo. Cuando la derecha, cuando el capital, que vive luchando por la primacía de unos sobre otros, es atacada, en heroico patriotismo se une en un bloque tan sólido que triunfa siempre. Las izquierdas, previas a cualquier plan revolucionario, se empeñan en detectar lo que hacen mal sus compañeros de las otras izquierdas, como marujas chismosas que se santifican detectando los pecados de sus vecinos.
No voy a poner en duda la sinceridad ni aún la eficacia de la lucha callejera de Willy Toledo, pero si para ello necesita poner a parir el trabajo de los demás, se va acercando más a la derecha con su prepotencia dictatorial.

En resumidas cuentas, a ver si nos dejamos de una vez de estas españoladas, coño.

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