Sri Lanka: Muerte en Pascuas

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

En Sri Lanka con cerca de 22 millones de habitantes, un 70% son budistas, 12,6% hindúes, 9,7% musulmanes y solo el 7,6% cristianos

Domingo de Pascua: a las 8:45 am (hora local), la explosión combinada de ocho bombas, en tres ciudades de Sri Lanka, incluida Colombo, su capital, han vuelto a erizar la piel del mundo. No es para menos, a las pocas horas de los ataques las autoridades esrilanquesas ya han informado de 220 muertos, de ellos cerca de 40 extranjeros y más de 500 heridos, que han hecho colapsar el sistema de salud y seguridad de la isla.

Las autoridades han impuesto de inmediato el toque de queda y el cierre de todas las redes sociales y servicios de mensajería, en todo el país el país y ordenaron el acuartelamiento de todas las fuerzas de seguridad y en estado de máxima alerta, lo que se mantendrá al menos por los próximos 10 días.

Las bombas estallaron en iglesias católicas, repletas de feligreses que asistían a las misas del domingo de Pascua en las ciudades de Kochchikade, la de Zion en la ciudad portuaria oriental Batticaloa y San Sebastián de la ciudad costera de Negombo a unos 32 kilómetros al norte de la capital y la de San Antonio en Katuwapitiya, la más importante de la isla, donde dada la violencia de la explosión se derrumbó gran parte del techo. A media mañana el hospital nacional de Colombo informó que habían sido registrados 160 ingresos tras la explosión en San Antonio, mientras que el hospital de Batticaloa recibió más de 300 personas con lesiones tras la explosión en la iglesia de Zion. En la de San Sebastián, la cifra provisoria ya superó los 50 muertos, que se espera que aumente con las horas dada la cantidad y gravedad de los heridos.

En pleno centro de Colombo los objetivos seleccionados por los atacantes fueron los tres hoteles más exclusivos de la ciudad el Cinnamon Grand, que se encuentra muy cerca de la residencia oficial del Primer Ministro de Sri Lanka Ranil Wickremesinghe, donde ya se conoció que el atentado fue perpetrado por un atacante suicidad, que se registró en el hotel el sábado por la tarde, con el nombre Mohamed Azzam Mohamed, quien hizo detonar la carga explosiva que llevaba sujeta en la espalda, en el restaurante del hotel en el momento que se estaba sirviendo el desayuno. Se espera que muchas de las víctimas sean de origen hindú, ya que este hotel junto al Kingsbury, es el preferido de los turistas de esa nacionalidad cuando visitan la isla. El otro hotel atacado fue el Shangri-La. Otras dos explosiones fueron registradas una en un domicilio privado del barrio residencial de Dematagoda, donde murieron por los menos tres policías que habían llegado al lugar tras la denuncia de que podría haber explosivos en una casa y otros tres muertos se produjeron tras otra explosión en cercanías del zoológico de la capital.

Este ha sido el día más sangriento desde 2009, tras el fin de la guerra civil de treinta años contra el separatismo tamil. En 1996, un atentado explosivo que se adjudicó movimiento Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE), contra el Banco Central del país dejó cerca de 100 muertos.

Ruwan Wijewardene, el ministro de defensa, que definió a los ataques como hechos terroristas realizados por el extremismo religioso, sin especificar su procedencia, informó que los responsables ya habían sido identificados y que siete miembros del grupo atacante ya habían sido detenidos. Se cree que la elección de los objetivos está vinculada con la hostilidad antioccidental y antigubernamental.

También se conoció que la policía hacía a diez días que había recibido información sobre la posibilidad de un ataque de estas características para Pascuas y que también la policía conocía la actividad de un presunto terrorista suicida, posiblemente vinculado al Tamil Nadu Thowheed Jamath (TNTJ) una organización islámica, no política extremista fundada en 2004, con sede en Tamil Nadu, India, con vínculos étnicos y religiosos muy estrechos con el norte de Sri Lanka.

¿Una guerra contra Cristo y Allah?

En Sri Lanka, al igual que otras naciones del sudeste asiático, una fuerte resistencia al catolicismo romano y a otras expresiones cristianas se ha incrementado en estos últimos años. La organización benéfica Open Doors, una red mundial de apoyo al cristianismo ha informado un número creciente de ataques en toda la región, donde se incluye Pakistán, Birmania, India, y Sri Lanka que ocupa el lugar 46 entre los 50 países donde los cristianos enfrentan “la persecución más extrema”.

En Sri Lanka con cerca de 22 millones de habitantes, un 70% son budistas, 12,6% hindúes, 9,7% musulmanes y solo el 7,6% cristianos, la Alianza Evangélica Cristiana Nacional de Sri Lanka, que representa más de 200 iglesias, en su informe de 2018 verificó 86 incidentes de discriminación, amenazas y violencia contra los cristianos y que en lo que va del año, se han confirmado otros 26 incidentes de esas característica, incluso un intento de monjes budistas que intentaron interrumpir un servicio religioso católico.

Por su parte Open Doors vincula el ascenso el creciente espíritu anti-cristiano en India, por la llegada al poder en 2014 del Partido Nacionalista Hindú (BJP) del Primer Ministro Narendra Modi, quien desde su llegada al poder ha impulsado el peligroso coctel de identidad nacional y religión, iniciado una persecución desembolsada fundamentalmente contra musulmanes una minoría religiosa de nada menos que 180 millones de personas aunque también se estigmatiza a otras religiones como la Católica y otras cristianas.

Si bien hasta ahora no se ha adjudicado ningún grupo la cadena de ataques, sería fuertemente sospechado el grupo Bodu Bala Sena (Fuerza de poder budista), o BBS, un movimiento fundado en 2012 que dice que solo busca defender la identidad budista de Sri Lanka y se aleja de cualquier violencia a imagen del 969 de Birmania, que ha centrado sus ataques en la comunidad musulmana Rohingya, que prácticamente ha logrado expulsar en su totalidad de Birmania (Ver: Birmania: Rohingyas retorno al infierno.) Los líderes de ambos grupos Galagoda Aththe Gnanasara del BBS y Ashin Wirathu del 969, amenazaron abiertamente al Papa Francisco en su visita a Sri Lanka en 2015, acusándolo de la responsabilidad de las iglesias occidentales en las continuas matanzas que han sufrido las naciones budistas. Particularmente Sri Lanka que en lo sucesivo de su historia ha debido sufrir la dominación de: “Los brutales ataques de los ejércitos cristianos occidentales a instancias del Vaticano, la Iglesia Reformada Holandesa, la Iglesia de Inglaterra”, Sri Lanka fue gobernada a su vez por Portugal, Holanda y e Inglaterra.

El BBS, ha provocado innumerables acciones fundamentalmente contra la comunidad musulmana de la isla de los que más de 10 mil se ha debido desplazar de sus aldeas y que desde 2012, han asesinado a más de 400 musulmanes, en 2018, sucesiva pareció estar a punto de encender el país una vez más (Ver: Los Guerreros del manto azafrán), aunque también ha atacado iglesia católicas y templos protestantes, aunque sin tanta violencia, como aparentemente podría haber sido este domingo.

Hasta ahora, ningún grupo se ha adjudicado el ataque de Pascua, aunque quizás el 5 de mayo cuando da inicio Ramadán, el mes más sagrado del Islam, Sri Lanka una vez más sea noticia.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Khorasán la última oportunidad del terror

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

La Wilāyat Khorasan que se ha adjudicado numerosos ataques tanto en Afganistán como en Pakistán, ha protagonizar un doble atentado contra el Parlamento iraní y el santuario del Ayatolá Jomeini, el 7 de julio de 2017

Desde la caída de su califato en Siria, en Irak y en Libia, la dura represión que está soportando el grupo Wilāyat Sinaí (Provincia del Sinaí) en Egipto, con la operación Sinaí 2018, en que el Ejército esta librado una guerra (¿sucia?) contra los muyahidines tanto en la península como en la extensa frontera con Libia; la persecución y el constante ataque aéreo norteamericano en Somalia contra el grupo al-Shabaab; la derrota de los filipinos de Abu Sayyaf ; sumado a las negociaciones de paz, que esta vez parecen tener un rumbo definitivo de los talibanes afganos, aunque muchos comandantes parecerían no van a acatar, si se llegara a disponer el cese de la guerra, son pocos los lugares donde los integristas desplazados de esos frentes tienen para reincorporarse a la lucha.

Uno de ellos es el norte de Mali y países vecinos como Níger, Burkina Faso, Mauritania y sur de Argelia, donde operarán dos organizaciones el Estado Islámico del Gran Sahara que responde al califa Abu Bakr al-Bagdadí, el fundador del Daesh o a su sucesor ya que algunas fuentes lo han dado por muerto en varias oportunidades, y el Jama’at Nasr al Islam wa al Mouslimin, (Frente de Apoyo para el Islam y los Musulmanes) la filial más importante de al-Qaeda en África, sin contar a Boko Haram, que en Nigeria está sufriendo divisiones internas a raíz de las demenciales estrategias propuestas de su líder Abubakr Shekau.

El otro sitio a donde peregrinan los combatientes derrotados es una amplia región en Asia Central, que en la historia del Islam se conoce como Khorasan, que abarca grandes sectores de Afganistán, el noreste de Irán, el sur de Turkmenistán, Uzbekistán, Pakistán y algunas áreas indias que incluye Cachemira y la provincia china de Xinjiang.

El 26 de enero de 2015, Daesh, había anunciado oficialmente la creación del Wilāyat Khorasan, cuyos primeros integrantes fueron miembros de algunos grupos rebeldes del Talibán afgano, que hicieron su bayat (juramente de lealtad) Abu Bakr al-Bagdadí, desde entonces ambos organizaciones, tuvieron fuertes enfrentamientos armados, particularmente en la provincia de Nangarhar, fundamentalmente por el manejo de la producción del opio, la fuente de financiación más importante de los talibanes, unos 200 millones de dólares al año. Según Naciones Unidas, el opio que se cultiva en 24 de las 34 provincias, fundamentalmente en las del sur con un 69% de los cultivos. Que se constituye entre el 20% al 32% del PIB afgano. Los esfuerzos de erradicación por parte del gobierno de Kabul, apoyado por Washington, han logrado disminuir la producción de 9 mil toneladas en 2017 a 6400 el año.

La aparición del Wilāyat Khorasan atrajo la incorporación de una treintena de otros grupos como Lashkar-e Taiba (LeT), Tehrik-e Khilafat Khorasan (TKK), Khilafat Afghan y Azizullah Haqqani, el Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU); Jamaat Ansarullah, de Tayikistán; el Movimiento Islámico de Turkmenistán (IMT); el Movimiento y Partido Islámico de Turkestán Oriental (ETIM / ETIP), y las organizaciones uigures que operan en la provincia china de Xinjiang , Gansu Hui Group, y el Movimiento Islámico de Turkestán Oriental (MITO), que fueron engrosando su filas tanto por militantes locales que retornaban de su experiencia en Siria e Irak, como de veteranos extranjeros y simpatizantes entusiasmados en las campañas de reclutamientos en las redes sociales, como por los cooptados en la multitud de madrassas pakistaníes fundadas y financiadas, por Arabia Saudita desde los años ochenta. Si bien el número de combatientes es imposible de establecer algunas agencias de seguridad internacionales dicen que sumados los militantes de todas las organizaciones que lo han adherido podrían llegar a ser cerca de 12 mil hombres.

La Wilāyat Khorasan que se ha adjudicado numerosos ataques tanto en Afganistán como en Pakistán, ha protagonizar un doble atentado contra el Parlamento iraní y el santuario del Ayatolá Jomeini, el 7 de julio de 2017, donde murieron cerca de 20 personas en total; el 22 de septiembre del año pasado otro ataque durante un desfile militar en conmemoración del inicio de la guerra contra Irak(1980 -1988) en Ahvaz, capital de la provincia de Juzestán dejó al menos 29 muertos y más de 60 heridos (Ver: Je ne suis pas l´Iran.) El pasado 13 de febrero, el grupo Jaish al-Adl (Ejército de la Justicia), de origen pakistaní, con ramificaciones en las provincias iraníes de Sistan y Baluchestán reivindicó el atentado suicida, en que murieron 27 Guardias Revolucionarios, el cuerpo militar de élite iraní.

Una India musulmana

Dada la expansión de la Wilāyat Khorasan y el recalentamiento de la cuestión cachemir India, tiene serias posibilidades de convertirse en el próximo objetivo del fundamentalismo musulmán, en el país donde el islam, representa una “minoría” de 180 millones de creyentes, esa posibilidad está a la vuelta de la esquina.

Desde siempre cualquier acción del terrorismo musulmán en territorio hindú, está teñido de la sospecha por parte de Nueva Delhi, de la intervención del servicio secreto de inteligencia pakistaní ISI.
Al-Qaeda dese 1996 intenta extender su red en India cuando Osama bin Laden calificó a ese país y a la provincia de Jammu y Cachemira como una de las regiones donde los musulmanes vivían bajo la “opresión”, por lo que se convertía en un legítimo objetivo de lucha. En 2014 Ayman al-Zawahiri, el sucesor de Osama bin Laden, estableció en India el Jamaat Qaiadat al Jihad fi Shibhi al Qarrat al Hindiya (al-Qaeda para el subcontinente indio). A pesar de ello y el siempre latente conflicto por cachemir, donde la mayoría de la población es musulmana, India no ha experimentado, en escala, una actividad intensa del terrorista fundamentalista.

El ataque más importante que ha sufrido se produjo en noviembre de 2008 en la ciudad de Mumbai, que dejó al menos 174 muertos, incluidos 20 miembros de las fuerzas de seguridad y 26 turistas extranjeros y 300 heridos. El ataque fue ejecutado por un comando de diez militantes de la cachemira pakistaní Lashkar-e-Taiba, (Ejercito de los Puros) que resintió gravemente las ya históricamente tensas relaciones entre Nueva Delhi e Islamabad.

Según la inteligencia india solo 23de sus ciudadanos viajaron al Levante para incorporase al Daesh, de los cuales seis murieron en Siria o Irak, otros dos fueron detenidos a su vuelta a India mientras que se desconoce el destino de los 15 restantes. Mientras que otros 35 ciudadanos indios, han tenido contactos con movimientos fundamentalistas en el exterior.

En lo que se refiere estrictamente a la actividad del Daesh en India se conoció que a finales de 2016, la policía desbarató la organización la formación de Junood-ul-Khalifa-e-Hind (Ejército del Califa en la India) cuyos integrantes habían sido reclutados por Shafi Armar, hermano del Sultán Armar, que pertenecían a la India Mujahiddeen, (IM) con base en Pakistán desde 2008. El sultán Armar después de renunciar al IM, fundó el Ansar-ul-Tawhid (Grupo para el Monoteísmo en la tierra de la India) que más tarde juraría lealtad al Daesh. Sultán Armar viajaría a Siria e Irak, donde finalmente terminaría muerto, su hermano Shafi quien quedaría a cargo de la organización; inició una campaña de reclutamiento para ensanchar la base de su organización en el Movimiento Islámico de Estudiantes de la India (SIMI). Quienes se cree fueron los responsable del doble atentado del 2003 con “taxis-bomba” que causó la muerte de cerca de 50 personas en el centro de Mumbai a quienes también se les atribuyó, junto al Lashkar-e-Taiba el ataque al parlamento en Nueva Delhi, que dejó 15 muertos en 2001.

Desde entonces, ataques esporádicos se producen en India fuera del territorio cachemir, ataque que si bien no producen un número importante de bajas, es una permanente asechanza en toda la sociedad. Ataque en restaurante en el centro de Bangalore capital del estado de Karnataka en el sur del país; en trasportes públicos como el sucedido el 7 de marzo de 2017, una bomba arrasó un tren de pasajeros en la línea Bhopal-Ujjain, el atetado dejó 10 civiles heridos, cuya significancia esta marcada por haber sido el primer ataque reconocido por el Daesh en India.
La Oficina de Inteligencia de la India (IIB) lanzó la Operación Chakravyuh, (Laberinto) diseñado para identificar y atrapar a potenciales reclutas del Daesh, detectando a 3 mil jóvenes indios que buscan unirse al grupo del Califa al-Bagdadí. Los agentes pudieron compilar información con los identificados para hacer seguimientos y monitorear de las células terroristas emergentes, que busca la oportunidad de instalarse en India, el antiguo sueño de Khorasan.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Cachemira, la tensa espera

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

Sus familiares han denunciado que el cuerpo de Rizwan, tenía señales de haber sido sometido a una brutal tortura. Su columna vertebral aparecía rota, quemaduras y cortes profundos en varias en partes del cuerpo

La muerte de Rizwan Asad Pandit, un profesor de 28 años residente de Awantipora, en el conflictivo distrito de Pulwama, escenario del último gran ataque extremista del pasado 14 de febrero, en el que murieron 50 policías el sur de Cachemira (Ver: Cachemira: Más fuego a caldera) que dio lugar a una nueva escalada de violencia entre India y Pakistán, provocando intensos cambios de fuego de artillería, y el derribo de dos aviones indios.
A más de un mes del atentado todavía no se ha terminado de resolver la nueva escalada, pesé a la insistencia de naciones como Rusia, China y Estados Unidos, que temen una generalización de la guerra que podría derivar en un enfrentamiento con nuclear, , ya que ambos países cuenta con ese tipo de armamento. Varios funcionarios de Washington, incluido el poderoso John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, una de las pocas vacas sagrada de trumpismo, se han entrevistado con autoridades de ambos países en procura de serenar los ánimos.

Si bien los intercambios de artillería no ha cesado, y con frecuencia se producen bajas, tanto civiles como militares, podría considerarse que el sector fronterizo en cachemir conocido como la Línea de Control (LdC) esta “normalizado)”, ya que es el punto donde se promedia en la última década, 405 muertos al año, entre civiles, militantes separatistas y fuerzas de seguridad.

La confusa muerte de Pandit, quién estaba en custodia de la policía india del estado de Jammu y Cachemira (J&K) y la Agencia Nacional de Investigación (ANI) en la noche del lunes al martes 19 de marzo, ha obligado a las autoridades a iniciar una investigación “profunda”. Según los servicios de seguridad, Pandit, quien estaba sospechado de militar en el grupo separatista, vinculado con al-Qaeda, Jaish-e-Mohammed (JeM), autores del ataque en Pulwama. El maestro, fue arrestado en su casa el último día 17 de marzo. Según fuentes policiales habría sido detenido por la existencia de fuertes indicios de su complicidad con el atentado del 14 de febrero.

Sus familiares han denunciado que el cuerpo de Rizwan, tenía señales de haber sido sometido a una brutal tortura. Su columna vertebral aparecía rota, quemaduras y cortes profundos en varias en partes del cuerpo. Hay indicios de que fue golpeado con una vara de hierro lo que le provocó moratones en la cara; cuyo ojo izquierdo aparecía completamente lastimado. A pesar de que la policía no ha aclarado las circunstancias de la muerte, los medios locales informan que en un examen inicial del cuerpo de Pandit, indica que su muerte se habría producido por hemorragias internas, derivados de los golpes.

En el momento de su muerte Pandit, estaba siendo interrogado por hombres de la ANI, en la sede del Grupo de Operaciones Especiales (SOG) de la policía de J&K en la ciudad de Srinagar, la capital del estado. Algunas fuentes revelaron que tras la muerte del joven profesor, hubo “acaloradas” discusiones e intercambio de acusaciones entre agentes de la ANI y oficiales de la policía.
Familiares de Rizwan declararon que no era militante de ningún grupo separatista, aunque toda la familia esta sospechada de su pertenecía al grupo JdM, ilegalizada por el gobierno indio.

Por la muerte de Pandit, las autoridades iniciaron una minuciosa investigación, para determinar la causa y las circunstancias que rodearon el hecho. Los hombres de la ANI, rechazaron los informes que los involucraban, denunciando que no se le había pedido que lo interrogaran y que ni siquiera habían tenido relación con el caso, que se investiga.

Tras conocerse públicamente la muerte de Rizwan Pandit, se iniciaron en Awantipora enfrentamientos entre los cientos de estudiantes, que salieron a las calles a exigir castigo a los responsables y la policía. También hubo incidentes en la zona vieja de Srinagar, que se extendieron durante toda la noche, sin que se produzcan más que algunos heridos leves. Lo que siguió a que fuera declarada una huelga general en toda Cachemira, organizada por una alianza de las organizaciones separatistas conocida como Joint Resistance Leadership (JRL), a la que han adherido todas las escuelas, colegios y universidades cachemires, a las que adhirieron también, establecimientos comerciales y el transporte público.
Las protestas continuaron el día jueves en toda la región, en la ciudad de Sapore, el lanzamiento de una granada por parte de los manifestantes hirió a tres policías.
En el marco de las protestas y esa constante y tensa espera, con que en Cachemira, se aguarda un nuevo episodio de la larga disputa entre Islamabad y Nueva Delhi, el ejército indio informó que disparos provenientes del lado pakistaní en el sector de la Línea de Control, mataron a un soldado indio e hirieron a otros cuatro.

Modi en carrera electoral

Con las próximas elecciones generales programadas para abril y mayo, donde el Primer Ministro indio Narendra Modi, juega su reelección y con el aumento la desocupación y una desaceleración del crecimiento económico, Modi, que llegó al poder impulsado el Bharatiya Janata Party (BJP), un partido nacionalista de extrema derecha, vio tras el atentado de febrero, la oportunidad de tonificar sus discurso nacionalista lindante al fascismo, dando vía libre a las fuerzas armadas, para que inicie un plan de operaciones contra posiciones terroristas en territorio pakistaní y a la policía, para que pueda reprimir con violencia a la comunidad musulmana cachemir.

Más allá de que la presión internacional haya logrado que ambos países detengan la escalada belicista, Modi insiste en sus mítines electorales en seguir con argumentaciones anti pakistaníes y supremacistas, acusando a sus opositores del Partido del Congreso de ser “blandos” con Pakistán, e insiste en que sus respuestas al último gran atentado en la “nueva India está ganando terreno”. Por lo que se espera, que Modi, a pesar del traspié que significó que Pakistán pudiera derribar dos aviones en la única incursión de la aviación india, y que más allá de su superioridad material de las fuerzas armadas indias, en una guerra tradicional y abierta, Pakistán sería superior, siga agitando el fantasma de la guerra con afán electoralista.

Uno de los pocos pasos beneficiosos para reencausar las relaciones indias-pakistaníes se dio el pasado 5 de marzo, en la primera reunión de funcionarios de ambos países, después de los incidentes tras el atentado de Pulwama y los ataques de artillería y bombardeos que se ejecutó a posteriori, donde se discutió la apertura de un corredor entre Dera Baba Nanak (India) y Kartarpu (Pakistán) para facilitar la peregrinación de los sij, indios al santuario de Gurdwara Darbar Sahib la primera comunidad fundada por el creador de esa religión el Gurū Nānak, hace quinientos años, en el en el área Tehsil Shakargarh, en el Punjab pakistaní. El sijismo es la cuarta religión más practicada en la India, con casi 20 millones de fieles. Ambos países se preparan para celebrar los 550 años del nacimiento de Baba Nānak, por lo que la próxima reunión se plateó para el 2 de abril, donde otra vez autoridades de ambos países se deberán ver las caras, una eternidad para los tiempos urgentes que se vive entre las dos naciones, pero podría servir como facilitador para alejar por lo menos por un tiempo más el fantasma de la guerra, y dejar establecido, como tantas veces desde 1947, esa tensa calma pre bélica en Cachemira que casi es la normalidad.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Cachemira. El fundamentalismo como detonante

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

Los cientos de desplazados a ambos lados, que buscaron refugios tanto en campamentos establecidos por Nueva Delhi e Islamabad o en casas de familiares y amigos, todavía no han vuelto a sus lugares, teniendo en cuenta que más de 70 mil civiles han muerto en la región solo desde 1989

A poco más de tres semanas de que se hayan disparado todas las alertas internacionales tras la nueva escalada por la cuestión cachemir entre India y Pakistán, como era lo más previsible, las aguas lentamente vuelven a su curso natural, un curso siempre al filo del desborde. Nada dice que en cualquier momento la tensión vuelva a trepar al nivel de que ya nada pueda evitar un conflicto de real envergadura.

La escalada que se vivió estos últimos días se ha convertido en la más grave desde la Guerra de Kargil en 1999, por lo que ambas naciones mantiene acantonadas a sus tropas a los largo de los mil kilómetros de la Línea de Control (LdC) que divide la Cachemira India de la pakistaní.
Al menos 250 mil efectivos indios y 100 mil paquistaníes, otras versiones hablan de entre 800 mil y 500 mil efectivos, siguen estacionados a cada lado de la frontera y el menor incidente puede detonar la situación si se tiene en cuenta que a los dos lados de la frontera fundamentalistas religiosos y políticos están muy interesados en que esto suceda, a pesar de los esfuerzos diplomáticos de Moscú, Beijing, Washington, y varias naciones islámicas, obligadamente interesados en que no se profundicé un conflicto en que ambas naciones cuentan con armamento nuclear.

Los cientos de desplazados a ambos lados, que buscaron refugios tanto en campamentos establecidos por Nueva Delhi e Islamabad o en casas de familiares y amigos, todavía no han vuelto a sus lugares, teniendo en cuenta que más de 70 mil civiles han muerto en la región solo desde 1989, aunque el conflicto se inició en 1947, por lo que el número de muertos a lo largo de la LdC, es ostensiblemente mayor. Cada año y particularmente desde 2014 se producen nuevos episodios que suman decenas de muertos.

Este pasado jueves 7 de marzo, en la terminal de autobuses de la ciudad india de Jammu, una granada fue lanzada bajo un bus cargado de pasajeros que estaba a punto de partir hacia la ciudad de Pathankot en el estado indio de Punjab. La explosión ha dejado un muerto y 25 heridos. Aunque ninguna organización se adjudicó el ataque, ha sido “demasiado oportuno” para los intereses belicistas de ambos lados de la frontera y a algunas naciones vendedora de armas como es el caso de Israel, que durante 2018, ha estrechado inéditos lazos con el gobierno neo-nazi de Primer Ministro indio Narendra Modi (Ver Israel, un caballo de Troya en India.).

Desde mayo de 2014, en que el Primer Ministro Modi llegó al poder la situación en Cachemira se ha ido deteriorando progresivamente, lo mismo que la relación con los 180 millones de musulmanes indios, con el resto de la comunidad incentivada por las operaciones mediáticas lanzadas por el gobierno de Modi e instrumentadas por la organización ultra derechista que llevó a Modi al poder, el Bharatiya Janata Party (Partido Popular Indio) o BJP, y sus aliados del Rastriya Swayamsevak Sangh (Asociación Patriótica Nacional) o RSS un remedo de los camisas pardas hitlerianas, y el Vishva Hindu Parishad (Consejo Mundial Hindú) que alientan el nacionalismo indio enmascarándose en los valores de la religión hindú. Modi exacerba estos valores, con la vista puesta en las elecciones del próximo mes de mayo donde el peleará por su reelección

En 2003, el conflicto parecía haber entrado en una senda de solución cuando los entonces Primer Ministro de la India, Atal Behari Vajpayee y el presidente de facto y jefe del Ejército de Pakistán, Pervez Musharraf, acordaron el primer alto el fuego formal desde 1947. A lo que le siguió la reanudación de vínculos de comunicación interrumpidas desde la Partición, (1947). En junio de 2006, se lanzó un segundo servicio de autobuses intra-Cachemira, que permitió cruzar la LdC y en 2008, ambos países comenzaron a comercial a través de la Línea de Control. A comienzo de 2011, se anunció la reanudación del diálogo bilateral sobre diferente problemático incluyendo Cachemira, el antiterrorismo y los recursos hídricos.
A los pocos meses de la asunción de Modi, todo cambió en agosto de 2014, India canceló las conversaciones con Pakistán excusándose en una invitación que Islamabad habría hecho a líderes separatistas de la región del Himalaya. Desde entonces los bombardeos y las muertes en la LdC, se incrementaron año tras año, violando de manera permanente el acuerdo de alto el fuego de 2003.

Modi ha puesto atención, como ningún Primer Ministro anterior en Cachemira, convirtiéndose en el primer mandatario que más veces visitó la región. En octubre de 2014, durante su primera visita, coincidiendo con el festival religioso hindú de Diwali o Festival de las Lámpara, prometió una gran inversión tras las inundaciones que habían arrasaron la región en septiembre, dejando 500 muertos y un millón de desplazados. Las ayudas nunca llegaron, por lo que las siguientes visitas de Modi a Cachemira fueron recibidas con protestas de los grupos separatistas pro-pakistaníes.
Protestas que se hicieron cada vez más frecuentes y violentas y que son reprimidas con ferocidad inaudita por las fuerzas de seguridad de Nueva Dehi. En julio de 2016 la represión de una de esas manifestaciones dejó más de 6 mil heridos, de los que 782 quedaron ciegos, gracias a los perdigones utilizados por la policía de Modi.

El integrismo lejos de la paz del Islam

Islamabad, por su parte ha sido acusada, no sin razón de estimular y financiar no solo las revueltas que protagonizan los musulmanes cachemires que viven en territorio indio, unos 12 millones de un total de los catorce millones de habitantes, con que tiene todo el estado Jammu y Cachemira, sino de muchas operaciones fuera de esos territorios el más letal sin duda fue el ataque de noviembre de 2008 en Bombay protagonizado por Lashkar-e-Toiba (Ejército de los Puros), que provocó la muerte de 173 personas.

Se sospecha que el grupo que se adjudicó el ataque del 14 de febrero pasado en la región de Pulwama Jaish-e-Mohammed (Ejército de Mohammed) o JeM, en que murieron 50 policías indios (Ver Cachemira, más fuego a la caldera.), ha sido también financiado por el servicio de inteligencia paquistaní, la poderosísima Inter-Services Intelligence (ISI), quien tendría importantes lazos con Masood Azhar, el líder del JeM.

Intentando rebajar la tensión el Primer Ministro pakistaní Imran Khan, ha accedió a uno de los reclamos fundamentales de Nueva Delhi que era detener la actividad del JeM, en territorio pakistaní. Este último martes 5, se conoció que el Hamad Azhar y Mufti Abdul Raoof, hijo y el hermano de Masood Azhar, junto a otros 44 activistas de la organización fueron detenidos. Mientras que la organización liderada por Hafiz Saeed, Jamaat-ud-Dawa y su organización benéfica Falah-e-Insaniat Foundation, fueron clausuradas sus sedes de las ciudades de Lahore y Muridkey, una pequeña ciudad del Pujab y muchos de sus integrantes fueron también detenidos

El gobierno de Khan a principio de esta semana decidió desempolvar el Plan de Acción Nacional (NAP), que había sido ideado tras el ataque terrorista en un colegio de Peshawar en 2014 que produjo más de 150 muertos, en su mayoría estudiantes hijos de militares, el atentado fue adjudicado a el Tehrik-e-Talibán Pakistán (Movimiento de los Talibanes Pakistaníes). Con la puesta en marcha del NAP, se inició el último miércoles una gran redada contra elementos vinculados al fundamentalismo en distinta mezquitas, madrassas y hospitales pertenecientes a distintos grupos wahabitas. En Islamabad, las autoridades tomaron la mezquita y un dispensario administrado por Jamaat-ud-Dawa, dirigida por un sheik anti-India, Hafiz Saeed,
Ayman al-Zawahiri el sucesor de Osama Bin Laden en la jefatura de al-Qaeda en septiembre de 2014, había anunciado la apertura de la organización para Asia Meridional que tomó el nombre de Yama’at Qa’idat al-Yihad fi Shibh a-Qarrah Al-Hindiyya, que en julio de 2017, fundó la célula cachemir Ansar Ghawzat ul-Hind, bajo el liderazgo de Zakir Musa, un ex combatiente del JeM, agregado más incertidumbre en la región.

Nada en Pakistán, ni India hoy está seguro de no volver sufrir nuevos ataques terroristas no solo en el área de Cachemira, sino a lo largo de los dos países, donde el terrorismo fundamentalistas tanto musulmán como hindú, se tornan en el verdadero enemigo de la paz.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Papúa Occidental: La guerra silenciosa

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2019

Para forzar el referéndum de 1969 a favor de la posición indonesia, en un proceso conocido oficialmente como el Acta de Libre Elección, las fuerzas represivas de Yakarta coaccionaron a los 1026 líderes de las tribus papuanas, tomando de rehenes a sus familias y amenazándonos que de votar por la independencia sus familiares serian ejecutados

Una de las guerras anticoloniales más prolongadas del siglo XX y en lo que va del XXI se libra en Papúa Occidental, una nación asiática que ocupa la mitad de la isla de Nueva Guinea, colonia holandesa desde 1828.
Tras iniciado su proceso independentista en 1961, Holanda fue presionada por los Estados Unidos, en el marco de la Guerra Fría, para que cediera la administración a Indonesia, para que recién en 1969, por medio de un referéndum el pueblo papuano optara bien por su independencia o la anexión a Indonesia.

Aquella consulta prometida por Washington, se convertiría en una burla a la voluntad del pueblo papuano. Indonesia, dispuesta a no entregar esa nueva posesión practicó una campaña represiva desde 1963 a 1969 que dejó más de 30 mil muertos.

Para forzar el referéndum de 1969 a favor de la posición indonesia, en un proceso conocido oficialmente como el Acta de Libre Elección, las fuerzas represivas de Yakarta coaccionaron a los 1026 líderes de las tribus papuanas, tomando de rehenes a sus familias y amenazándonos que de votar por la independencia sus familiares serian ejecutados. La opción anexionista triunfó por unanimidad.

Desde entonces la guerra de liberación que lleva los papuanos ha tornado en combates esporádicos, seguidos por campañas represivas de altísima perversidad por parte del TNI (Fuerzas Armadas Nacionales de Indonesia), donde los secuestros, las torturas y las desapariciones son constantes.
Las razones de los intereses de Indonesia en mantener esa colonia a precio de genocidio, acompañadas por el absoluto silencio de occidente e ignorando por Naciones Unidas, quizás encuentre su respuesta en la riqueza del subsuelo de Papúa Occidental, explotado por corporaciones multinacionales. Como los vastos yacimientos de gas natural como el de Tangguh, operado en su totalidad por la británica BP, además cuenta con la mina de oro de Grasberg, la más grande del mundo, que está causado estragos ecológicos en su entorno operada por la norteamericana Freeport-McMoRan, junto al gobierno de indonesio. Además Papúa, cuenta con cobre, petróleo, con el segundo bosque tropical en extensión del mundo después del Amazonas. Cuenta también con áreas extremadamente ricas para cultivo. A pesar de las riquezas los papúes sufren niveles altas tasas de malnutrición infantil, enfermedades infecciosas y analfabetismo.

En esa guerra esporádica y asimétrica el pasado primero de diciembre, coincidiendo con el día que los papúes revindican su Independencia, tuvo un nuevo capítulo, que puede arrasar a una otra oleada de violencia, hombres pertenecientes al Ejército de Liberación Nacional de Papua Occidental (TPNPB), mataron a más de 20 trabajadores de la carretera trans-papuana, de quienes se tiene la sospecha eran soldados del TNI, en la provincia de Nduga, al norte de la mina Grasberg, donde el gobierno indonesio construye una carretera de 4 mil kilómetros, que se extiende desde Sorong, la ciudad más grande de Papua Occidental y cruzando montañas y bosques llega hasta la ciudad de Merauke, en el este de Papua de Indonesia.

A pesar de que el presidente indonesio, Joko Widodo, quien va por su reelección en abril, prometió terminar la carretera, para desarrollar la región más pobre del “país” afirma que la nueva ruta Trans-Papua, traerá múltiples beneficios para el comercio y el desarrollo a esas regiones. Por su parte los papuanos occidentales ven en esa nueva vía una amenaza, a sus sueños independentistas ya que creen llegarán más migrantes indonesios y que el ejército tendrá más fácil acceso a esa región por momentos inexpugnable para los foráneos. Además de considerar que un mayor acceso a las tierras altas destruya su forma de vida, como sucedió con las poblaciones nativas de las tierras bajas próximas a la costa. Los avances en la construcción de la ruta, es lo que ha provocado que muchos papuanos occidentales vuelvan a la lucha armada contra el régimen de Yakarta.

El gobierno ha dicho que esos trabajadores muertos el primero de diciembre eran personal civil y desde entonces se ha iniciado una ofensiva militar del TNI en Papua Occidental, que ha continuado hasta la actualidad, con un número que se acerca a los 60 muertos en su mayoría papuanos.
Tras el incidente de diciembre, organizaciones papúes occidentales como el Free West Papua Movement (OPM) acusaron al ejercito del presidente Widodo de usar armas químicas durante sus operaciones, incluido el fósforo blanco, prohibido por la Convención de Ginebra, lo que fue negado por Yakarta a pesar de que un semanario australiano ha publicado fotografías de un aldeano con quemaduras graves y una pierna herida, ´similares a los efectos provocados por el fósforo blanco.

Prohibida la independencia

Este nuevo capítulo del movimiento independentista del pueblo papuano occidental, ha sido censurado por Ryamizard Ryacudu, el ministro de defensa indonesio quien ante el parlamento declaró que: “Papúa Occidental seguirá siendo indonesia y que no se les permitirá la independencia”.

Tres cuarteles generales del Comité Nacional de Papúa Occidental (KNPB), el brazo nacional de la campaña de liberación, fueron allanados por la policía y el ejército de Indonesia (TNI) en las últimas semanas, dos de ellos fueron destruidos y un tercero quedó a disposición de los militares.

La discriminación oficial contra los papúes indígenas, melanesios, relacionados étnicamente con los nativos de las Islas Salomón, Vanuatu, Fiji y Nueva Caledonia, y los abusos permanentes de la policía y el ejército indonesios están provocando más tensión entre la población local y las fuerzas de Yakarta.

Tres soldados indonesios murieron en un enfrentamiento con una docena de rebeldes en la provincia oriental de Papua, informó un vocero del TNI el jueves por la noche, las últimas muertes en medio de altas tensiones y violencia en la agitada región, están convirtiendo principalmente el departamento o regencia de Nduga en un área extremadamente inestable.

Las operaciones militares, están obligando de manera permanente que los aldeanos deban abandonar sus viviendas y busquen refugio en las regiones altas del país, frías y boscosas. Sabiendo que como ya ha pasado innumerables veces en los últimos 58 años que al regresar sus viviendas, santuarios, escuelas, centros sanitarios, cultivos y animales habrán sido quemados y muertos.

Amparados en las operaciones militares cientos de colonos indonesios, se aposentan en esas tierras creando lo que se conoce como transmigrasi (asentamientos), que con el apoyo de las autoridades de Yakarta despojan a los antiguos propietarios de sus tierras ancestrales.

Los llamamientos para que Indonesia ponga fin a las violaciones de derechos humanos por parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y las principales agencias internacionales como Amnistía Internacional, la Cruz Roja, el Consejo Mundial de Iglesias, Franciscan International y otros, incluidos los gobiernos, han sido rotundamente ignorados y todo lo contrario parece seguir intensificándolos. Dada la prohibición por parte de los mandos militares a la prensa internacional de visitar las áreas de conflictos la envergadura de los combates y sus consecuencias no se pueden cuantificar con exactitud.

El ejército de Indonesia dijo que tres de sus soldados, y entre siete y diez combatientes independentistas, murieron este último jueves siete de marzo, cuando una fuerza de entre 50 a 70 rebeldes con pistolas, fusiles y ametralladoras ligeras, lanzas y flechas, atacaron a un grupo de 25 soldados en un enfrentamiento que se extendió por varias horas.

El pasado 31, mientras se desarrollaba el bakar batu o “quema de piedras” una tradicional ceremonia religiosa de los pueblos papuanos, fue interrumpido por la policía en una clara provocación. Más tarde las fuerzas indonesias allanaron y destruyeron cuarteles generales del Comité Nacional de Papúa Occidental (KNPB), el brazo nacional de la campaña de liberación, fueron allanados por la policía y el TNI arrestando a varios militantes, mientras las operaciones de represión contra el movimiento separatista y la violencia continúa con más fuerza.

El 9 de mayo de 1996, en lo que se conoce como el incidente de Mapenduma, las fuerzas especiales del ejército indonesio o Kopassus, asesinaron un número indeterminado de aldeanos, que presenciaban un cambio de rehenes, como todo lo que sucede en Papúa Occidental donde se vive una guerra silenciosa.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Cachemira, jugando a las puertas del infierno

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2019

Si bien los intercambios de artillería y armas ligeras sobre la Línea de Control, el punto más caliente de la frontera, son muy frecuentes, no se registraban incursiones áreas, por lo menos reconocidas públicamente, desde la guerra de 1971

La siempre candente frontera India – Pakistán ha vuelto a su máxima tensión desde el atentado del 14 de febrero, en que un muyahidín suicidad, del grupo Jaish-e-Mohammed, (JeM) (Ejército de Mohammed), lanzara un vehículo cargado de explosivos contra un ómnibus militar, matando una cincuentena de guardias de seguridad en la región cachemir de Pulwama. (Ver: Cachemira, más fuego a la caldera.).

Tras el ataque, el Primer Ministro hindú, amenazó con: “una respuesta adecuada”, a poco de las elecciones generales de mayo, en las que Modi va por un segundo mandato, el neo-fascista, no podía quedarse de brazos cruzados y advirtió que había dado “plena libertad” a las fuerzas armadas para decidir el momento y la naturaleza de lo “adecuado” de su respuesta.
El último martes 26 de febrero, 12 Mirage 2000 indios cruzaron la Línea de Control a las 3.30 de la mañana y lanzaron mil kilos de bombas en un campo de entrenamiento JeM, próximo a la ciudad de Balakot, en la provincia pakistaní de Khyber-Pakhtunkhwa, a unos 10 kilómetros de la frontera india. Esta es la primera acción que alcanza semejante nivel de conflictividad desde la guerra indo-pakistaní de 1971. El Primer Ministro pakistaní Imran Khan, condenó el ataque y dijo que respondería “en el momento y lugar de su elección”.

India, ya ha denunciado en muchas oportunidades que Pakistán, da cobijo a diferentes grupos extremistas que operan en la frontera y han perpetrado innumerables atentados en la Cachemira hindú. Según se cree, con bastante de certeza, estas bandas son alentadas y financiadas por el Inteligencia Inter-Servicios (ISI) la agencia pakistaní que en muchas oportunidades parece moverse independiente tanto de las autoridades civiles de Islamabad, como de sus mandos naturales del Ejército.

Según fuentes hindúes, el ataque aéreo, destruyó el campo de entrenamiento alcanzando a matar “un gran número” de muyahidines, incluidos algunos de sus comandantes, sin provocar daños a civiles. Según las mismas fuentes los bombardeos se habrían producido ante la inminencia de un nuevo atentado de militantes del JeM, que habría detectado la inteligencia india.

Si bien los intercambios de artillería y armas ligeras sobre la Línea de Control (LdC), el punto más caliente de la frontera, son muy frecuentes, no se registraban incursiones áreas, por lo menos reconocidas públicamente, desde la guerra de 1971.
La actividad terrorista, no se había detenido tras el ataque en Pulwama, el 18 lunes, en un nuevo ataque de los separatistas, asesinaron a un comandante del Ejército indio y por lo menos a otros tres soldados.

Por su parte fuentes de Islamabad, respecto al bombardeo indio del martes, negaron la efectividad del ataque, aduciendo que naves pakistaníes, había logrado poner en fuga los Mirages indios y que solo habían lanzado entre cuatro y cinco bombas en zonas silvestres durante su huida. A pesar de esas negativas las autoridades pakistaníes cercaron el área y ni siquiera se les permitió la entrada de la policía local.
Tanto Nueva Delhi como Islamabad, se acusaron mutuamente de haber atacado aldeas y puestos del ejército en proximidades de la Línea de Control (LdC), el punto más caliente de la frontera cachemir. Un vocero militar pakistaní dijo, que seis civiles murieron al ser alcanzados por fuego enemigo, al tiempo que desde el mando indio se informó que fueron atacadas las aldeas de Kamalkote y Kalgo de su territorio, pero no se produjeron víctimas mortales.

A la madrugada del martes el ejército pakistaní, rompiendo el alto el fuego había comenzado a atacar con armamento de alto calibre, incluso morteros de 120 mm, en diferentes sectores de LdC e incluso a lo largo de la jornada del miércoles Pakistán derribó cazas MiG 21 Bison indios, que sobrevolaban su territorio. Uno de los pilotos fue hecho prisionero por un grupo de civiles y exhibido más tarde en la televisión y la redes. Con su cara ensangrentada debido al hostigamiento de la turba. Nueva Delhi ha legitimado esa información dando a conocer el nombre del piloto: Abhinandan Varthaman.

India por su parte derribó un caza F-16 pakistaní que violó su espacio aéreo. Fueron varios las naves de Islamabad que violaron el espacio aéreo indio en las regiones de Punch y Nowshera de Jammu y Cachemira, protagonizando al menos dos ataques.

Tras estas últimas cuarenta y ocho horas de vértigo ambas naciones se apronta en claros movimientos prebélicos. Gran cantidad de tropa de ambos países han llegado a la frontera en las últimas cuarenta y ocho horas, mientras todos los aeropuertos comerciales de Pakistán han sido cerrados, al tiempo que India clausuró los ocho principales del país, incluidos los de las tres ciudades más importantes de Cachemira: Jammu, Srinagar y Amritsar. Todas las aerolíneas comerciales que operan desde el este asiático a Europa, han debido modificar sus rutas e incluso suspender numerosos vuelos, dejando una gran cantidad de viajeros occidentales varados en Filipinas, Malasia, Singapur, Camboya y Vietnam.

Nueva Delhi, ordenó la construcción de 14 mil bunkers para la población civil asentada a lo largo de su frontera con Pakistán en el estado de Jammu y Kashmir, para evitar evacuaciones masivas. Estos refugios estaban ya planeados desde antes de esta nueva escalada por lo que Nueva Delhi impulsó a fondo la construcción.

Los servicios sanitarios han debido cancelar francos y vacaciones y gran cantidad de insumos médicos están siendo acopiados en los diferentes hospitales de área. Las autoridades han ordenado el cierre temporal de escuelas en un radio de 5 kilómetros a lo largo de la LdC, en los distritos de Rajouri y Poonch desde el miércoles 27.

Las autoridades indias han detenido a trecientos separatistas cachemires en el estado de Jammu y Kashmir, que se organizaban para protagonizar disturbios en diferentes puntos de la frontera.

Una campaña electoral

La creciente ola de violencia en Cachemira, ha exacerbado, las ínfulas nacionalistas a ambos lados de la LdC. 2018, se había convertido en el año de mayor cantidad de violaciones al alto el fuego, pero al parecer el ataque de 14 de febrero habría colmado la paciencia belicista del partido de Modi, que ve una gran oportunidad en este conflicto imponerse en las elecciones de mayo, los últimos sondeos registran que desde el ataque contra el bus militar, Modi habría aumentado en la intención de voto.

El primer ministro Khan, que convocó a una reunión urgente a sus generales condenó la “política india irresponsable” y acusó a Modi, de haber provocado este conflicto por razones electoralistas.

En septiembre de 2016, el ataque de contra la base del ejército indio en Uri, en el valle de Cachemira fue el más letal hasta el del último día catorce, dejando 19 soldados indios muertos en una operación conjunta entre Lashkar-e-Taiba (Ejército de los Puros) protagonistas de los atentados de Bombay en 2008 y el Jaish-e-Mohammad . Delhi persiguió a los atacantes con una serie de “ataques quirúrgicos”, ingresando en territorio pakistaní con una pequeña dotación de comandos de élite, por varios puntos a lo largo de LdC, que destruyeron algunos campamentos de avanzada de los integristas.

La última escalada de grandes proporciones fue entre mayo y julio de 1999, en lo que se conoce como la guerra del Himalaya o de Kargil, un enfrentamiento limitado a los grandes picos del Himalaya en Cachemira, cuando irregulares paquistaníes ocuparon el distrito de Kargil, controlado por India. La campaña que duró 74 días, con un costo cercano a las mil bajas por bando. El choque concluyó con la perdida por parte de India del control de las alturas alrededor de Kargil, controlando las ricas aguas de los deshielos. Este conflicto fue el primero entre las dos naciones después que ambas hubieran alcanzado el status de nación con potencia nuclear.

Todas las potencias mundiales: China, Rusia, Estados Unidos e Irán como potencia regional y vecina a Pakistán, están siguiendo con mucho cuidado la nueva escalada de este antiguo conflicto, que de intensificarse, podría dejar a la humanidad entera jugando a las puertas del infierno.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Filipinas: Abu Sayyaf está de vuelta

Guadi Calvo*. LQS. Febrero 2019

El Frente Moro de Liberación Islámica, después de casi cincuenta años de combates y unos 150 mil muertos, en 2014 firmó un acuerdo de paz con el gobierno de Manila, que otorga distintas autonomías regionales a la minoría musulmana en algunas partes de la gran isla de Mindanao y otras del extremo suroeste del archipiélago

El ultimo domingo de enero, dos dispositivos explosivos improvisados (IED) estallaron uno dentro y otro fuera de la Catedral de Nuestra Señora del Monte Carmelo en pleno centro de la ciudad de Joló, frente a la plaza y rodeada de tiendas comerciales, así como un mercado, un banco y un hotel. Este doble atentado se llevó a cabo a pesar de la vigencia de la ley marcial que rige en el sur del archipiélago filipino, ordenada por el presidente desde la toma de Marawi en mayo de 2017.

La provincia de Joló es una isla del sur del país de unos 700 mil habitantes en su enorme mayoría musulmanes y extremadamente pobre. El ataque dejó al menos 20 muertos, 15 civiles y cinco militares y más de 100 heridos, de ellos 90 civiles. El hecho fue revindicado por la organización rigorista, Abu Sayyaf (El que porta la espada) que en 2015 juró lealtad al Daesh. La organización wahabita ha protagonizado uno de los atentados más importantes en la historia del país cuando en 2004 atacó un ferry de pasajeros en la bahía de Manila, donde murieron más de 100 personas.
Según las primeras investigaciones de las fuerzas de seguridad, el ataque se habría llevado con diferencia de algunos minutos, con explosivos operados a control remoto, uno dentro de la iglesia y el otro oculto en el tanque de una motocicleta estacionada fuera, contrastando con las declaraciones de los voceros del Daesh que al reconocer su autoría, apenas algunas horas después del hecho, dijeron que los explosivos fueron detonados por dos comandos suicidas.

Testigos han relatado que la potencia de la explosión lanzó hasta la plaza frente a la iglesia: bancos destrozados, vidrios de ventanas, mampostería arrancada e incluso miembros de muchas de las víctimas. El hecho precipitó que varias personas, incluso heridas, buscaran escapar por la puerta principal de la iglesia, al tiempo que los hombres del ejercito apostado en las inmediaciones, al llegar al área del estacionamiento fueron sorprendidos por la segunda bomba que estalló apenas un par de minutos después.
Cámaras de seguridad habían registrado al menos a seis personas que actuaban de manera “sospechosa” cuando detonó el primer explosivo.
Vehículos blindados del Ejército bloquearon de inmediato la avenida principal en prevención de más ataques, mientras ambulancias y camiones militares, se apuraron a evacuar a los muertos y heridos a los hospitales de la ciudad. Al tiempo que algunas víctimas fueron llevadas en helicópteros a la ciudad de Zamboanga.

El ataque, entiende las autoridades, podría ser la respuesta de los integristas al referéndum de la semana anterior que cristalizó la creación de una nueva región autónoma de la comunidad musulmana, llamada Bangsamoro.

Este es un logró del que fue el más importante grupo rebelde islamista de Filipinas, el Frente Moro de Liberación Islámica (MILF), que después de casi cincuenta años de combates y unos 150 mil muertos, en 2014 firmó un acuerdo de paz con el gobierno de Manila, que otorga distintas autonomías regionales a la minoría musulmana en algunas partes de la gran isla de Mindanao y otras del extremo suroeste del archipiélago. A cambio el frente desmovilizará entre 30 y 40 mil combatientes a los que el gobierno se comprometió brindarles asistencia social y económica.

El grupo Abu Sayyaf (ASG) desde su fundación, en 1991, por veteranos filipinos de la guerra antisoviética de Afganistán, ha protagonizado cientos de actos terroristas, desde ataques y emboscadas a unidades militares hasta secuestros extorsivos, particularmente de turistas occidentales, aunque la más relevante de sus acciones fue la toma de la ciudad de Marawi, capital de la provincia de Lánao del Sur, el 23 de mayo de 2017 resistiendo a los embates del ejército filipino y algunas unidades norteamericanas hasta el 16 de noviembre de ese mismo año. Esos cinco meses de ataques aéreos y operaciones terrestres, recién dieron resultados unos días después de que se conociera la muerte del líder de ASG el emir del Daesh para el sudeste asiático Isnilon Hapilon. La operación conjunta entre Abu Sayyaf y el grupo de los hermano Maute dejó aproximadamente 1200 muertos entre ellos Abdullah y Omar Mate y una ciudad de 200 mil habitantes prácticamente destruida. (Ver: Filipinas: Marawi, la batalla de los 120 días.)

Desde entonces ASG, lanzó periódicos ataques de poca relevación constituyéndose el de este último domingo el más importante desde las acciones desde 2017, entre las operaciones de los muyahidines se registran el “incidente” del 31 de julio del año pasado, cuándo el miliciano de origen marroquí Abu Katheer al-Maghribi, detonó el camión que conducía cargado de explosivos en la ciudad de Lamitan, en la provincia musulmana de Basilan, dejando al menos 10 muertos y ocho heridos. El ataque estaba dirigido a un evento comunal que reuniría a unas 3 mil personas, pero un desperfecto en el motor del camión-bomba, obligó al conductor a detonarse antes de llegar a su objetivo.

Abu Sayyaf contra Duterte

Las autoridades filipinas responsabilizan del ataque del domingo a una nueva facción de ASG conocida como Ajang-Ajang, originaria de la provincia de Sulu y presumiblemente liderada por el muyahidin malayo Amin Baco, quien habría participado en la planificación de las acciones de Marawi.
Informes de la seguridad filipina ubican a Baco, tras su fuga de Marawi, en la región montañosa de la ciudad de Sikik, en Patikul, bajo la protección de su suegro, Hatib Sawadjaan, uno de los más importantes líderes de Abu Sayyaf, que cuenta con una brigada de 300 combatientes. Baco, habría estado refugiado hasta su regresó, para dirigir la operación contra la Catedral. Otro informe lo daba bajo la protección de los Bangsamoro Islamic Freedom Fighters (BIFF) otro grupo seguidor del Daesh en la isla de Mindanao.

La policía sospecha que esta nueva facción es responsable del ataque del 31 de diciembre pasado con un IED, contra el South Seas Mall de la ciudad de Cotabato, que había dejado dos muertos y 34 heridos. Esa explosión arrastró una gran cantidad de puestos callejeros en los que se vendían pirotecnia, frente al centro comercial, lo que sumó más potencial al IED inicial. La policía aquel día, alcanzó a desactivar otro explosivo escondido en un local del segundo piso que podría haber incrementado en número de víctimas.

El ataque a la Catedral no fue el primero contra este templo católico, en la Navidad de 2010, una bomba hirió a once personas, en agosto de 2013, una granada de fragmentación estalló en el exterior alcanzado a herir a dos civiles. El año anterior, otra granada había estallado en el techo de la catedral, esa vez sin dejar víctimas.

El presidente filipino Rodrigo Duterte, que el viernes 18 había declarado: “Nunca, nunca, nunca hablaré con Abu Sayyaf” ordenó de inmediato a la policía y las fuerzas de seguridad mantenerse en alerta máxima para evitar nuevos ataques, llegó junto a sus principales funcionarios de seguridad, el lunes a Joló y tras recorrer la Catedral, alentó, una vez más, a las fuerzas armadas a aplastar a Abu Sayyaf. Se estima que el grupo cuenta con unos 500 hombres solo en Joló. Tras la recorrida el presidente se dirigió hasta un campamento militar donde se realizaba la ceremonia fúnebre para saludar a los familiares de las víctimas.
Tal como lo hizo durante los días de la crisis de Marawi, Duterte volvió a prometer, acabar con los integristas. Para lo que había instrumentado una división de infantería con sede en Joló, compuesta por 4500 efectivos a completarse recién en 2022, el mes pasado había llegado el primer contingente de 840 hombres, posiblemente ahora la dotación restante se cubrirá de manera inmediata.

Duterte tendrá que moverse con mucha prudencia ya que los fundamentalistas mantiene al menos a cinco rehenes: un holandés, dos malayos, un indonesio y un filipino, en diferentes campamentos de la espesa jungla, de Patikul, cerca de Joló, y un espíritu de combate extremadamente alto por lo que se puede asegurar que Abu Sayyaf está de vuelta.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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India: más de un millón de personas por un cambio político

Redacción. LQS. Febrero 2019

Un millón de personas se reunieron el domingo en el parque público más grande de Calcuta, comprometiéndose a expulsar al partido de derecha BJP del primer ministro indio Narendra Modi  en las próximas elecciones del país, que se celebrarán en mayo de este año

Con motivo de las próximas elecciones generales de India en mayo, el Frente de Izquierdas organizó este pasado domingo 3 de febrero un mitin en Calcuta donde se congregaron más de 1.000.000 de simpatizantes.

El Brigade Parade Ground de la ciudad se convirtió en un mar de color rojo cuando personas de todo el estado se lanzaron junto a las enormes pancartas rojas con forma de bandera para asistir a una manifestación y acto organizado por el Frente de Izquierda, liderado por el Partido Comunista de India-Marxista (CPI-M) en alianza con el Partido Socialista Revolucionario, el Bloque Marxista Adelante y el Partido Comunista Revolucionario, más otros grupos socialistas de Bengala Occidental.

«Las políticas antipersonales deben cambiarse y se deben impulsar políticas alternativas si queremos que nuestro país se salve de un desastre mayor», dijo a la multitud el secretario general de CPI-M, Sitaram Yechury.

“No queremos derrotar a Modi solo porque no nos gusta él. Queremos eliminarlo porque no nos gustan sus políticas. Tenemos que luchar por un gobierno secular y democrático alternativo ”


También se atacó y criticó el partido del Congreso Trinamool de toda la India (TMC), cuya fundadora, Mamata Banerjee, es el actual primer ministro del estado. Yechury dijo que la oposición del TMC al BJP era una farsa y que las dos partes eran «dos caras de la misma moneda».
«Es importante derrotar al TMC en el estado para derrotar al BJP en el centro»
«Cualquier intento de detener la marcha de este ‘mar rojo’ creará un tsunami en la escena política y eliminará a las fuerzas comunales y antidemocráticas como Modi y su brigada comunitaria y su aliado secreto, la suprema TMC Mamata Banerjee y su partido en Bengala.»

Recordamos que en este pasado mes de enero de 2019 India realizó la mayor huelga general de la historia, más de 200 millones de trabajadores la secundaron contra el Gobierno neoliberal de Modi.


* Con información de People´s World y del Communist Party of India (Marxist)
#PeoplesBrigade
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¿Asesinos natos o resistentes a la civilización? El pueblo de North Sentinel

Nònimo Lustre. LQS. Enero 2019

En noviembre de 2018, los indígenas que habitan la isla de North Sentinel (NS, 50 kms2) sita en el archipiélago de las Andaman, en pleno Océano Índico, ajusticiaron a flechazos a un sedicente ‘misionero’ gringo que había sobornado con 350 US$ a unos paisanos para que, saltándose la ley, le llevaran a NS con la pía intención de evangelizar a los sentineleses. Antes de desembarcar en NS, consciente del peligro que corría, este Jesus freak escribió una carta de 13 páginas que terminaba: “No quiero morir. ¿Quién me sustituirá si me matan?”. Dada la colosal repercusión mediática que ha tenido su temeraria correría, parece probable que le seguirán multitud de otros misioneros, aventureros, periodistas amarillistas y turistas del riesgo. De ser así, no es probable sino absolutamente seguro que los sentineleses sufrirán las consecuencias y que, algunas de ellas, serán letales. Para reducirlas en la (escasa) medida de lo posible, a título de información etnohistórica, hemos redactado los siguientes párrafos.

Prejuicios que derivan en perjuicios

Como ocurre con todos los pueblos indígenas que en el mundo existen o existieron, los sentineleses han sido primeramente conocidos por Occidente según fantasiosas descripciones que les caricaturizaban y satanizaban con todos los rasgos peyorativos que ha propalado la calenturienta imaginación europea (canibalismo, idolatría, promiscuidad, etc.) Es decir, han cargado con el “pesado fardo de los prejuicios del Hombre Blanco” (paráfrasis a Kipling) Para denigrar a los isleños que hoy nos ocupan, el primer citado por la incombustible memoria europea ha sido Marco Polo:

“Angaman es una isla muy grande, sin ley ni rey. Son idólatras, viven como los animales salvajes…. En esta isla los hombres tienen cabeza y dientes de perro y en su fisonomía parecen enormes mastines. Son muy crueles y antropófagos y se comen cuantos hombres prenden que no sean de sus gentes. Tienen especias variadas en abundancia. Se alimentan de arroz, leche y toda clase de carnes. Las frutas que comen son muy diferentes a las nuestras (Marco Polo, Libro de las Maravillas, ca. 1296; cap. 173, “De la isla de Angaman”)

Evidentemente, “Tienen especias variadas en abundancia” es el párrafo clave, el que Marco Polo deslizaba a efectos de interesar a los comerciantes europeos. El resto, es pura propaganda inventada (el veneciano no estuvo en las Andaman) para encarecer las especias; léase, la enésima manipulación del mercado medieval.

Siglos después, fue uno de los fundadores de la colonia británica en las Andaman, el ‘gobernador’ Archibald Blair, quien aportó su granito de arena a la imagen de los isleños. Para Blair, aquellos Negritos (sic en inglés) eran necesariamente descendientes de los esclavos que se habían escapado de los portugueses, suposición lógica que no demasiado indirectamente justificaba que Blair fuera un esclavista profesional.

A Blair le siguieron la inmensa mayoría de los invasores europeos y así hasta la actualidad cuando los prejuicios occidentales se refugian en el humanitarismo para, disfrazando su ignorancia punible, sostienen que, sin invasión, los isleños serían o son “felices” y/o “libres”. Lo cierto es que no podemos saber si son felices o desgraciados puesto que el concepto de ‘felicidad’ es de imposible traducción a otras sociedades y más a los pueblos indígenas. Lo menos erróneo que podemos aventurar es que esos pueblos están preocupados –otro término de cuasi imposible traducción- por el enquistamiento al que le somete esa belicosa invasión que suele materializarse por el avance de la frontera agraria (agrícola-ganadera) En cuanto a “libres”, más de lo mismo: son libres de invasores –lo cual es una trivialidad tautológica- pero sería imprudente asegurar que son libres entre sí. Y sería una especulación ayuna de evidencias y necesitada de traducción fidedigna que son más libres entre ellos que los occidentales en Occidente.

Etnohistoria

En el año 1771, el Diligent, un barco hidrográfico de la East India Company, bordeando la islita divisó en North Sentinel (NS) «muchas luces… en la playa”. No es la mejor descripción posible pero es la primera vez que aparece NS en los registros occidentales. Los primeros resultados de los primeros encontronazos entre los sentineleses y los invasores blancos estuvieron muy claros:

El primer contacto con los Ongé tuvo lugar en 1867, en la Little Andaman; de entrada, 70 indígenas fueron asesinados voluntaria o, menos probable, involuntariamente. Después, cuando se entablaron relaciones ‘amistosas’, los Ongé sucumbieron en aún mayor número por las enfermedades introducidas o por la invasión de los extranjeros. Relegados a la reserva de Dugong Creek, vieron cómo su territorio ancestral había pasado a ser propiedad de unos 7.000 colonos y unos 700 Nicobareses. En 1901, todavía resistían 672 Ongé; en 1989, sólo sobrevivían 98 (ver en Shodhganga, portal de tesis hindúes, nd) Para colmo, en 2008, 8 murieron y 15 tuvieron que ser hospitalizados cuando bebieron de un contenedor que había encallado en su playa. Dicen las malas lenguas que los Ongé creyeron que bebían alcohol, extremo sin comprobar pero plausible puesto que, para esas fechas, ya eran dependientes de las raciones gubernamentales y, por ende, algunos se habían vuelto alcohólicos.

Otro ‘gobernador’ que siguió a Blair fue Maurice Vidal Portman (MVP, véase su obra A History of Our Relations with the Andamanese, 2 vols., Calcuta, 1899) MVP exploró varias veces NS, siempre en busca de ‘nativos’. Encontró numerosos senderos y varios caseríos que le parecieron recientemente abandonados. También topó con un esqueleto escondido en las sapotemas (en Amazonas, raíces aéreas) de un árbol enorme. Finalmente, después de varios días de caza humana, consiguió secuestrar a un matrimonio de ancianos y a varios niños (children, ¿niños o niñas?; luego veremos el porqué de esta pregunta) Amparándose en la aburrida excusa de que lo hizo In the interest of science, se llevó a todos a la capital Port Blair donde, como era previsible, los ancianos murieron enseguida. MVP escribe que “los cuatro niños fueron devueltos a su casa con infinidad de regalos”. No aduce ninguna prueba de los niños/as regresaran jamás a NS.

MVP no ofrece ningún dato válido sobre el pueblo sentinelés y muy escasos sobre el medio ambiente de NS. Si acaso, nos cuenta que le impresionó la fertilidad del suelo y –aviso para madereros-, sus abundantes maderas tropicales. Ah!, también le admiró un magnífico Bombax malabaricum (un tipo de ceiba o algodonero rojo, un árbol grande de la familia de las Malváceas)

Sin embargo, MVP es objeto de numerosas elucubraciones posteriores porque es un caso de gobernador homosexual clandestino –de ahí nuestra anterior pregunta sobre los children-. Hizo cientos de fotografías de los andamaneses entre las cuales quizá se encuentren unas pocas de sentineleses pero, pese a que son fotos muy reproducidas, no podemos estar seguros de este último aserto porque, o bien los indígenas están completamente desnudos –sin ornamentación corporal es imposible distinguir su procedencia- o bien ostentan unos adornos que, estando las fotos en blanco y negro, no sabemos si son rojos, en cuyo caso serían Járawas, o amarillos, seña de los sentineleses –todavía hoy es frecuente encontrar en internet fotos de Járawas (auto-etnónimo Ang) y de otros andamaneses que son adjudicadas irresponsablemente a los indígenas de NS-.

De todas formas, los informes que firmaba MVP no dejan lugar a dudas sobre su obsesión por la genitalia masculina de sus ‘feroces súbditos’. Dos ejemplos:

Bulubulla (38 años): “De temperamento muy nervioso e irritable y el hombre más inteligente de las islas, de los cuales es el Primer Ministro del Gobierno. De temperamento rápido, activo, orgulloso e impaciente. Ejercicios considerables. Autoridad sobre otros andamaneses. Bastante lujurioso. Prepucio muy largo. Valiente. Un buen corredor, saltador, y nadador”. Biala (28 años): “Más alto que el un andamanés común y corriente. De considerable fuerza personal, una disposición muy lujuriosa. Muy malhumorado, salvaje de una naturaleza traidora. Valiente para un andamanés, es buen corredor. Muy inteligente. Nunca está feliz, a menos que esté inmerso en sus propios asuntos o de juerga. Pene inusualmente grande”.

Para un estudioso hindú contemporáneo, el elitista MVP diferenciaba entre los placeres, delictuosos pero castos, de los estetas científicos y la delincuencia salvaje de los lujuriosos nativos y de los blancos subalternos. En otras palabras, distinguía entre la estética de la obediencia y la norma por un lado y, por el otro, la insubordinación y la extravagancia (Satradu Sen, 2009)

Para finalizar con MVP, es curioso que estos pueblos isleños, tan sumamente desconocidos, tengan etnografías en las que se trata un tema tan elusivo como es el olor: en 1793, Alexander Kyd señalaba que los Andamaneses olían cual “the Guinea Negro”; sin embargo, un siglo después, MVP le contradecía (“The Andamanese have not the Negro smell”) mientras que su colega William Molesworth especulaba que los perros preferían a los isleños antes que a los británicos porque sentían “alguna clase de atracción animal por el peculiar olor de los andamaneses”. O sea, que los perros tienen impulsos animales… tan obvio como inútilmente perogrullesco.

Llegamos así hasta los finales del siglo XIX y los principios del siglo XX, época en la que aparecen los antropólogos. Varios estudiaron a los Andamaneses en general pero ninguno hizo trabajo de campo en NS por lo que sus menciones de los sentineleses son casi inexistentes y, en todo caso, anecdóticas. Es más, hay dudas sobre los métodos que emplearon; por ejemplo, se rumorea, al parecer sin base firme, que el famoso clásico Radcliffe-Brown, autor de un grueso volumen sobre los Andaman Islanders (1922), hizo sus entrevistas a unos Andamaneses que estaban presos –y, de paso, también se insinúa que los Australianos que entrevistó eran pacientes de un hospital contra las enfermedades venéreas-.

Saltando hasta finales del siglo XX, señalaremos que, en 1981, ocurrió un accidente del que todavía ignoramos sus consecuencias pero que pudo –y puede- ser importante para el pueblo sentinelés: el Primrose MV, un vetusto carguero de 10.000 tns. que transportaba pienso para pollos, encalló en las costas de NS. Como el barco no estaba en peligro de hundirse, la marinería permaneció a bordo hasta que, a los pocos días, contempló aterrorizada cómo los isleños estaban construyendo “dos o tres canoas” en la playa mientras les apuntaban con flechas con punta de hierro y gritaban algo así como pa on ough (¿); el capitán lanzó un s.o.s. pidiendo armas para defenderse del “inminente ataque de los caníbales” hasta que los 31 tripulantes fueron rescatados por helicóptero. Desde aquella fecha, el Primrose continúa encallado aunque cada día más destartalado –puede verse en Google Earth-.

Hasta aquí la noticia. Ahora bien, lo primero que debemos subrayar es que no fue la primera vez que, gracias a un accidente naval, los sentineleses obtuvieron hierro para sus flechas puesto que, en 1867, el mercante Nineveh, también encalló en la costa de NS. Sus 86 pasajeros y sus 20 tripulantes arribaron a la playa y, durante la noche del tercer día, fueron atacados por unos isleños que estaban “perfectamente desnudos… y con flechas de punta de hierro” –es decir, que la presencia del hierro en NS será precaria o será abundante pero es más que centenaria-. El segundo detalle que no ha merecido la atención de los comentaristas es: la diseminación en la costa de muchas toneladas de pienso avícola, ¿cómo afectó al medio ambiente de NS? No lo sabemos.

Más general que las dos anteriores es una tercera pregunta que se refiere a la brusca irrupción en una sociedad ‘primitiva’ de una enorme cornucopia de manufacturas occidentales: ¿cómo afectó el hipotético saqueo del Primrose a la tecnología material sentinelesa? Tampoco lo sabemos; si acaso, por la observación aérea podemos colegir que no aprovecharon las herramientas del pecio para deforestar NS aunque ni siquiera de esto podemos estar seguros puesto que bien han podido ‘limpiar’ el sotobosque dejando intacto el dosel arbóreo. Más aún, ni siquiera sabemos si los sentineleses vaciaron el barco y –dejando aparte su reluctancia a todo lo foráneo-, hay una razón para sospechar que quizá no lo hayan visitado regularmente: se dice que estos indígenas no navegan fuera del arrecife coralino sino que sólo puntean con pértiga sus canoas con balancín. Yaciendo el Primrose en aguas semi-profundas, es plausible suponer que los sentineleses no se hayan arriesgado a cruzar esos pocos cientos de metros sino que hayan esperado a que el mar les arroje a sus playas los restos de ese carguero.

Finalmente, entramos en terreno un poco menos resbaladizo: debemos a T.N. Pandit las únicas líneas autorizadas para hablar de la sociedad sentinelesa. Este antropólogo visitó varias veces NS desde 1967 y posteriormente publicó un librito de 60 páginas que, por ahora y pese a ser de difícil consulta, es la biblia etnográfica sobre ese pueblo (The Sentinelese, también publicado en ASI, Andaman and Nicobar Islands tribe series, 1990) La narrativa de TN Pandit sobre esos ‘primeros contactos’ es la primera verosímil que hemos estudiado: “Vimos hogueras vivas en el frente de las chozas vacías. El equipo expedicionario dejó allí sus regalos, cubos de plástico, pacas de ropa, bolsas de caramelos. Reinaba un aire de fiesta, mitad expedición militar mitad excursión de escuela. Pero, pese a mis protestas, los policías y los marinos robaron ‘como souvenirs’ buena parte del mobiliario de las chozas: arcos, flechas, un cesto y el cráneo pintado de un cerdo salvaje”.

En definitiva, el patrón habitual de las invasiones; confundiendo no sólo el intercambio con el comercio sino también la tan cacareada ‘libertad de mercado’, los invasores (armados) dejan una basura occidental que nadie les ha pedido y saquean las casas de los indígenas. Desde entonces, los antropólogos han emprendido 26 expediciones a NS y han contactado con los sentineleses en 24 ocasiones (están detalladas en ANSI, Particularly Vulnerable Tribal Groups of India, Privileges and Predicament)

Otrosí, a raíz de la fama mundial adquirida por la incursión del antes citado Jesus freak gringo, a finales de 2018 le preguntaron a TN Pandit: “El Censo de India de 2011 dice que solo quedan vivos 15 sentineleses, 12 varones y 3 hembras. ¿Es eso cierto?”. Su respuesta fue terminante: estos censos suelen ser arbitrarios. Mi estimación oscila entre 80 y 100 personas y tengo razones para sostenerla. Recuerdo mi primera visita a NS, en 1967. Los sentineleses se escondieron en el monte pero sin dar señales de hostilidad. Luego vimos 18 chocitas circundadas por vallas, tenían mucha comida, frutos silvestres y pescados ahumados, arcos y flechas. 18 chozas apuntan a una población de 50 o 60 personas. En los años 70’s y 80’s, vi a unos 30 o 40 sentineleses. NS es pequeña, solo tiene 20 millas cuadradas de bosque rodeadas por el mar. Esta superficie puede sostener a unas 100 personas. Si este centenar se viera confinado al monte, sólo podrían subsistir unas 30 o 40 almas”. Naturalmente, confiamos en que TN Pandit haya tenido en cuenta para sus cálculos las mudanzas que han podido experimentar los sentineleses desde que los visitó por última vez, a principios de los años 1990’s. Es decir, la hipotética irrupción de los restos del Primrose MV y, sobre todo, la no-tan-hipotética posibilidad de que haya habido visitas clandestinas a NS.

En 1974, 1981, 1990, 2004 y 2006, el National Geographic (ver el reportaje de Raghubir Singh, junio 1975), un barco de guerra y el gobierno hindú intentaron desembarcar en NS. Casi todos ellos y, sobre todo, a partir de 1991, fueron recibidos a flechazos. Precisamente en 2006, desde que el pueblo de NS se opusiera al desembarco de una misión oficial que pretendía recuperar los cuerpos de dos pescadores que habían sido asaetados por los isleños, el gobierno hindú abandonó todo propósito de contactar con los sentineleses.

Hechos

A la postre, son escasos los hechos de los que podemos estar seguros. Uno de ellos es que los sentineleses poseen los hierros obtenidos de los naufragios pero tampoco podemos olvidar otras posibles maneras de que llegaran a NS; i.e., por contrabando. Pero que haya variado –o no- su tecnología material no nos puede confirmar que haya variado una estructura étnica de la que no sabemos nada, ni siquiera si ha evolucionado desde finales del siglo XIX. Porque tendemos a imaginar que los sentineleses de hoy han de ser idénticos a los de antaño pero esto es una suposición gratuita que dice mucho del imaginario occidental, siempre proclive a confundir la foto con la película animada, pero no dice nada de los indígenas. Si eso se cree incluso cuando se observan pueblos que evidentemente han sufrido gruesas invasiones, con (aparente) mayor motivo se cree de los pueblos aislados.

De la lengua sentinelesa solo tenemos minúsculas exclamaciones dispersas. Por ejemplo, la Dra. Madhumala Chattopadhyay –única antropóloga que les visitó-, cree ver que los gritos de Nariyali Jaba Jaba que proferían los sentineleses cuando les ofreció cocos significaban “más y más cocos” porque eran palabras parecidas a las de un dialecto de los Ongé -indígenas ‘vecinos’ que ya hemos mencionado-.

El tsunami del año 2004. En 2009, el antropólogo Anstice Justin, lideró una misión para evaluar los daños que aquel tsunami pudo infligir a los andamaneses en general. En NS, comprobó que los cascotes y la arena habían rellenado las aguas someras del sur de la isla en las que pescaban desde sus canoas los sentineleses. El dato es importante porque –dícese- estos indígenas no saben pescar en aguas profundas. Y añadió, “El blue lagoon ha sido reemplazado por piedras; se acabó la pesca en este lugar”.

Conclusión

North Sentinel está a unas 30 millas de Port Blair. Se cuenta que, en un día claro, desde esta capital de unas 200.000 almas se puede divisar NS. Lo cual significa que una multitud de hindúes, bangladesíes, birmanos, tamiles, dalits (casta de los intocables) y puede que hasta adivasis (indígenas, 50 o 70 millones en toda India repartidos entre 532 pueblos ‘oficialmente’ indígenas), están esperando en Port Blair la oportunidad para colonizar NS. Lo cual, repito, significa que en cualquier momento –y más desde la barahúnda mediática propiciada por el Jesús freak- pueden aumentar los encuentros o encontronazos clandestinos no registrados. Y, entre éstos, pueden incrementarse los reportajes seudo-antropológicos pergeñados por algunos turistas pretendidamente ilustrados.

Por fortuna, el estamento antropológico hindú da la impresión de abogar sin fisuras por la política de no intervención en NS -fugaces visitas incluidas- pues saben mejor que nadie de las calamitosas consecuencias que estas invasiones han tenido sobre los restantes pueblos andamaneses. En definitiva, han adoptado la única política que debe implementarse cuando se trata de indígenas aislados por voluntad propia: dejarles solos. Ojalá se tuviera esta disposición en aquellos otros países en los que sobreviven pueblos indígenas que pelean por mantenerse alejados de la “civilización”, -esa valiosísima minoría de la que los sentineleses son paradigma, insultados como ‘asesinos natos’ lo que sólo prueba la eficacia de su resistencia-, que resiste en la cuenca amazónica, en un rincón del Chaco paraguayo-boliviano y en algunos valles de la gran isla papúa, la independiente y la aherrojada por Indonesia. Es lo menos que deben hacer para hacer frente a la prepotencia de los misioneros, sean estatales o freaks; la irresponsabilidad de muchos geólogos y empresas mineras; las paranoias bélicas y patrióticas de tantos milicos; la avaricia agroganadera a gran escala; la apatía de los antropólogos… y la miseria de unos pueblos hambreados y medio suicidas que se ven obligados a invadir lo desconocido.

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Afganistán y el portazo de Trump

Guadi Calvo*. LQS. Enero 2019

Afganistán produce cerca del 95 por ciento del opio y la heroína del mundo, siendo la principal fuente financiamiento de los insurgentes, repercutiendo incluso en los propios Estados Unidos, que está viviendo una verdadera epidemia de opioides donde cada día por cada millón de norteamericanos se consume más de 50 mil dosis

El talibán, sigue aprovechando a fondo la desconcertante política norteamericana respecto a Afganistán y más allá de las cumbres que ha mantenido con autoridades norteamérica, rusas e iraníes, sigue golpeando en caliente y afianzándose en sus posiciones no solo políticas sino y fundamentalmente, militares.

La banda integrista ha terminado el 2018, como el año más exitoso desde la invasión norteamericana de 2001, a lo largo de año pasado los insurgentes demostraron estar mucho mejor equipados y entrenados.

A lo largo de 2018 los muyahidines han lanzado ataques masivos, contra capitales provinciales como Farah y Ghazni, logrando tomarlas por algunas horas y despidió el año con un asalto contra el Ministerio de Salud Pública en pleno centro de Kabul, el lunes 24 de diciembre, con un saldo de 43 muertos. Mientras se confirman que las bajas civiles a lo largo del 2018 superan a las de todos los años anteriores desde 2001.
La peligrosidad de las acciones terroristas en la capital ha obligado que el personal estadounidense tenga prohibido cruzar la calle que separa la embajada de otras oficinas civiles. Todo el personal norteamericano que va o viene del aeropuerto de Kabul a la embajada debe ser trasladado en helicópteros, fuertemente artillados y escoltados ya que calles kabulíes son siempre inciertas a la hora de la seguridad.

Históricamente en invierno, el talibán se ha replegado para descansar y reagruparse en Pakistán, a esta altura del invierno, está visto que este año no está siendo así y los ataques se continúan sin intermitencias, hecho que ha sorprendido al ejército afgano que esperaba un ritmo menor de incursiones terroristas.
El primer día del año los muyahidines lo iniciaron con una serie de ataques coordinados en el norte del país, donde también tienen presencia varios pelotones del Daesh Khorasan.
En la provincia de Sar-i-Pul, a lo largo de la carretera que une su capital, Sar-i-Pul, con la provincia de Jowzjan, en el asalto contra el municipio de Sayad, desde tres puntos distintos, murieron siete policías y otros ocho resultaron heridos. Además el raid, continuó con ataques a puestos de seguridad y aldeas pequeñas dejando un total de 29 muertos, todos miembros de las fuerzas de seguridad, y más de un centenar de heridos. El ataque más importante se concentró contra los pozos petroleros cercanos al pueblo de Qashqari, aunque los insurgentes no pudieron tomarlos, siendo repelidos por la policía.
Al tiempo que más efectivos policiales se acercaban para dar asistencia a sus camaradas atacados, la columna, en la que viajaban varios jefes de inteligencia provincial, fue emboscada por comandos del talibán. De este ataque no se ha logrado conocer el número de bajas.
Mientras tanto en la provincia de Balkh, también al norte del país, los talibanes atacaron un puesto de seguridad en el distrito de Chemtal, donde asesinaron a seis policías e hiriendo a otros siete, apoderándose de todas las armas y equipos de ese puesto.

El jueves tres, dos ataques contra puestos de control en la zona de Lodinyano en el distrito de Marghab dejó 18 muertos y dos heridos, en un ataque que duró casi tres horas, los muyahidines además capturaron un mortero, una pistola, tres ametralladoras PKM, cinco rifles y otros insumos militares.
Este tipo de operaciones menores, pero continuas se están dando a lo largo de todo el país, desde hace meses y parecen haber recrudecido desde el anuncio del presidente Trump del retiro de la mitad de los 14 mil efectivos que los Estados Unidos mantenían en el país centroasiático.

La orden de Trump ha producido importantes remezones en el interior de la Casablanca (Ver: EE.UU.: El último ladrido del Perro Rabioso).

Finalmente Donald Trump ha dispuesto lo que había propuesto incluso antes de la campaña electoral que era salir de Afganistán, aunque en los primeros dos años cedió a las imposiciones del establishment, tanto del complejo militar-industrial como de los propios generales que insisten en continuar la guerra más larga que ha librado Estados Unidos en su historia.
Donald Trump, aparentemente está ahora dispuesto a regalarles el conflicto a las naciones vecinas, como Pakistán, Irán, e incluso a Rusia, China e India, dando un portazo hasta ahora bastante confuso y oportunista, muy al estilo del rubicundo presidente.

La verdad, en una guerra de mentiras

En los términos en que se suele manejar el magnate neoyorquino Afganistán ha resultado un pésimo negocio, con más de 2500 estadounidenses muertos, una inversión que supera en dólares actuales, al Plan Marshall, de 840 mil millones gastados en combatir una insurgencia cada vez más fuerte, en ayuda humanitaria que no drena a quienes lo necesitan y una reconstrucción imperceptible. Aunque quizás el gasto más inútil haya sido los 8 mil millones de dólares en la lucha contra el narcóticos, sin lograr no solo disminuir la producción de opio y heroína, sino que año tras año supera sus propios records.

Afganistán produce cerca del 95 por ciento del opio y la heroína del mundo, siendo la principal fuente financiamiento de los insurgentes, repercutiendo incluso en los propios Estados Unidos, que está viviendo una verdadera epidemia de opioides donde cada día por cada millón de norteamericanos se consume más de 50 mil dosis habiendo dejando 70 mil muertos en 2018, cuando desde 1999 a 2017 habían sido 700 mil.

Para el razonamiento Trump, seguir invirtiendo en la guerra contra el talibán, sería estúpido, más allá de lo que le dicten los estrategas del Pentágono, prueba de ello ha sido la rugiente salida de James perro rabioso Mattis, un general veterano de Irak y Afganistán, quien fue suplantado interinamente por su segundo, Patrick Shanahan, quien nunca ha servido en las fuerzas armadas y su carrera la ha transitado en el sector privado, como ejecutivo de la Boeing. Mattis a días de su despido declaró que la presencia de Estados Unidos era “para evitar que una bomba se disparara en Times Square”.

Con la degradación de las posiciones del Ejército Nacional Afgano (ENA), la policía nacional y las provinciales, que han sufrido unas 28 mil bajas en los últimos tres años, sumado al repliegue de las fuerzas estadounidenses, queda bien a las claras que el gobierno del presidente Ashraf Ghani, depende más de la voluntad del mullah Hibatullah Akhundzada, líder de los talibanes, que de sus socios occidentales y que de él mismo.

De los cien mil militares norteamericanos en Afganistán a mediados de 2010, pronto no llegaran a siete mil y posiblemente se sigan reduciéndose. En el peor momento de Kabul, ya que cada vez es más fuerte la versión de que cuando se hablaba que las tropas afganas reportaban 314 mil hombres, hoy se sabe que el número real se aproxima a solo a los 77 mil, ya que muchos soldados han desertado, sus jefes prefieren no informarlo para seguir cobrando sus sueldos, y son constantes las noticias que soldados y policías han entregado a los insurgentes sus unidades y compañeros.

Afganistán que tiene un desempleo del 40 por ciento y una tasa de pobreza del 55, el servicio militar voluntario y pago, es una excelente salida laborar para los hombres que en su mayoría provienen de las regiones más pobres y remotas del país, cuya tasas de analfabetismo es de un 35 por ciento, lo que provoca un muy bajo desempeño en combate, sin otra convicción que el sueldo a fin de mes, cuando la tropa del talibán está mucho mejor paga y sus convicciones en general son muy profundas.

Nuevos datos confirman que el incremento de los muyahidines en los últimos cuatro años estaría alcanzando a los 80 mil combatientes. Al tiempo que controlan cerca del 70 por ciento del país, ya que los números anteriores que hablaban de un territorio partido en un 60 a 40 entre el poder central y los talibanes, la realidad marca que los gobiernos provinciales que responden a Kabul, en verdad contralan solo sus capitales y algunos sectores circundantes, mientras que las áreas rurales de la mayoría de las 34 provincias están en manos de los insurgentes. Sin la presencia física de las tropas de la coalición occidental, las fuerzas afganas no logran mantener el control de los distritos que dicen haber quitado a los talibanes, por lo que este extemporáneo portazo de Trump, habrá obligado al presidente Ghani a recordar los padecimientos mortales de su antecesor Mohammad Najibulá.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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