AC/DC: Power Up

Mariano Muniesa*. LQS. Diciembre 2020

Cuando muchos –yo entre ellos, no me importa reconocerlo, es la verdad- en modo alguno apostábamos por que AC/DC pudieran volver a ser un gran grupo, el grande e inmenso grupo que han vuelto a ser, es de esas veces de las que uno se alegra de haberse equivocado…

Hace unos días que está ya a la venta y se puede escuchar a través de todas las plataformas digitales más relevantes en el mundo de la música a día de hoy. Indudablemente, uno de los lanzamientos más anhelados del año, y eso que muy pocos lo esperaban hace tan solo 3 meses: «Power Up», el nuevo disco de estudio de AC/DC.

Antes de entrar a analizar en profundidad «Power Up», a desentrañar el contenido musical de este, para mi, sorprendente álbum, ya les adelanto que tras varias escuchas, estoy en condiciones de afirmar que es probablemente el mejor disco de AC/DC desde su ya lejano «Ballbreaker» de 1995. Son 12 canciones que recuperan el sonido, el estilo, la esencia de los AC/DC más admirados y apreciados por sus fans más incondicionales. Una magistral lección de hard rock que en la práctica totalidad de sus temas, muestra a un grupo que suena fuerte, compacto, duro, como los mejores AC/DC de discos como «Highway To Hell» o «Back In Black».

Y quizá lo más increíble sea el hecho de que AC/DC graban esta masterpiece en un momento de – en teoría- gran incertidumbre sobre su futuro, sin un line-up definido en el momento en el que se toma la decisión de hacer este disco y quizá en uno de sus momentos de popularidad más bajos, tras la controvertida experiencia de haber tenido que hacer el tramo final de su última gira con Axl Rose como cantante, encima lesionado y en una silla de ruedas en algunos shows.

El frontman Brian Johnson, aquejado de un grave problema de pérdida de oído, se vio obligado a abandonar la gira so pena de quedarse completamente sordo. Phil Rudd, debido a graves problemas con la justicia, entre ellos acusaciones de instigación al asesinato, coacciones y amenazas y tráfico de drogas, también dejó la banda, siendo sustituido por Chris Slade, quien ya estuvo en AC/DC entre 1988 y 1995, Malcolm Young, el alma, el fundador, el líder natural de AC/DC estaba hospitalizado al padecer una grave enfermedad neuronal que le acabaría por producir la muerte en noviembre de 2017 y hasta el bajista Cliff Williams, uno de los más veteranos en la formación, anunció que esa sería su última gira con la banda, algo que ya había anunciado en privado al resto del grupo, con idea de retirarse tras más de 40 años de carrera musical para dedicarse a su familia. Es decir, cuando terminó la accidentada gira del anterior trabajo, «Rock Or Bust», AC/DC virtualmente ya no existían. Solo quedaba el mítico colegial de uniforme con su eterna Gibson SG como un apéndice de sí mismo, Angus Young.

Y sin embargo… ¡volvieron! Y con la misma formación, a excepción de Malcolm Young, sustituido por su sobrino Stevie Young, de los últimos 25 años de historia de AC/DC.

Según ha explicado el propio Angus Young a varios medios de comunicación, entre ellos la emisora de radio Rock Fm en España, todo partió de la propuesta de la compañía discográfica a Angus Young de hacer un nuevo disco. El guitarra condicionó su ok a ver en que situación se encontraban sus ex – compañeros, dado que según parece, no pensaba en ese momento reformar AC/DC con otros músicos. En primer lugar, Brian Johnson, mediante la terapia adecuada, se había curado de sus problemas auditivos, Phil Rudd había arreglado sus problemas con la justicia australiana y neozelandesa, y ante la vuelta de ambos, Cliff Williams se dijo a sí mismo: “¡Tengo que estar ahí!” y con Stevie y Angus Young, en principio en un estricto secreto, en 2018 todos, los AC/DC de siempre, se reunieron en Vancouver, Canadá, para dar vida de nuevo al grupo con un auténtico cañonazo. Si en discos como «Black Ice» o el anterior «Rock Or Bust», AC/DC, aún dejando alguna buena canción – “Runaway Train”, “Rock The Blues Away”- el grupo sonaba como si grabasen con el piloto automático conectado, con una producción opaca, monocorde, fría, a pesar de la indiscutible destreza de Brendan O’ Brien tras la mesa de mezclas, y dejando solo retazos, ecos de la fiereza, agresividad y potencia de su rock en discos que no convencían más allá de sus singles, –y no siempre- en este «Power Up», AC/DC vuelven a sonar con la energía, la frescura, el espíritu rock´n´roll que les convirtió en leyendas. Tal vez esté equivocado, pero tengo la impresión de que el verdadero productor de este disco ha sido mucho más que O’Brien, Angus Young. Creo que ahora que ya no está su hermano Malcolm, ha querido demostrarle a él, y de paso a toda la nación AC/DC que tras el infierno sufrido, el grupo, nuevamente unido, sería capaz de recuperar ese fuego interno, ese rock ardiente, eléctrico, volver a ser los AC/DC que crearon la maravillosa leyenda que han vuelto a ser.

Se abre este disco con “Realize”, un rock “marca de la casa” fuerte, trepidante, idóneo para abrir un concierto cuando puedan volver las giras a gran escala –de hecho, por su estructura y sus coros, recuerda bastante a “Thunderstruck”- que nos introduce en trallazos hard rock formidables como “Shot In The Dark”, “Witch Spell”, que nos lleva al estilo más clásico, mas «Highway To Hell», el fabuloso “Demons Fire”, que es como un cruce entre “Whole Lotta Rosie” y “Safe In New York City” o la magnífica “Money Shot”, que recuerda en parte a “Runaway Train”. Y aunque a otro nivel, buenísimos esos medios tiempos blues-rock como “Rejection”, “Wild Reputation”, en el que como siempre destaca la profesionalidad y el inimitable estilo de Cliff Williams o en el final del disco, “Code Red”, que bien podría ser una versión 2020 de aquel “Danger” del «Fly On The Wall» de 1985.

Si uno se fija con un mínimo de atención, existen muchos paralelismos entre este «Power Up» y el trabajo más celebrado y multimillonario de toda la historia de los australianos, «Back In Black» de 1980. Señalemos simplemente dos, a mi juicio sumamente significativos: Este último aparecía tras la trágica desaparición de su cantante Bon Scott, pieza clave en los AC/DC de entonces. «Power Up» llega al mercado como una suerte de homenaje implícito a Malcolm Young, un miembro que como en el caso de Bon Scott, su pérdida puso seriamente en cuestión el futuro de AC/DC, y al que desde los microsurcos de este disco, se quiere rendir tributo, como se hizo con el legendario “Dragón Tatuado”. Hasta la portada, sin parecerse, surge desde un fondo oscuro, en el caso de «Power Up», de un fondo oscuro pero rojizo, como un infierno, tal vez el infierno que ellos mismos han pasado, tanto como grupo como individualmente, en estos difíciles años, que recuerda a «Back In Black».

Cuando muchos –yo entre ellos, no me importa reconocerlo, es la verdad- en modo alguno apostábamos por que AC/DC pudieran volver a ser un gran grupo, el grande e inmenso grupo que han vuelto a ser, es de esas veces de las que uno se alegra de haberse equivocado. Este excelente disco, y esto es una magnífica noticia para todo el mundo del rock, puede volver a poner, y de hecho, creo que lo hará, a AC/DC entre los grandes de verdad. Repito, grandes de verdad.

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* Nota original del diario “La Región”

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