Iñaki Alrui*. LQSomos. Febrero 2018

No es difícil hablar de represión en el estado español. Raro es el día que no tengamos el anuncio del procesamiento de un cantante, o la acusación de un delito de odio (¿?) a un tuitero, o el procesamiento a un colaborador del referéndum 1-O, o… España dispone de una amplio Código Penal, salvaje y elásticamente punitivo para reprimir cualquier intento de disidencia, un país que castiga la palabra, la expresión.

En esa “Marca España” represiva, cuesta entender todavía más el caso de Alberto Cañedo, exalcalde de Carcaboso, un pequeño municipio de Extremadura. Y cuesta entenderlo porque Alberto no ha robado, no ha prevaricado, vamos que no ha participado en nada de lo que concebimos como habitual cuando uno está a la cabeza de un municipio. Tampoco ha arremetido groseramente contra el gobierno, ni ha pronunciado palabra malsonante sobre su majestad, ni tan siquiera ha pedido un referéndum para decidir el destino de Carcaboso. No, nada de eso.
Todo lo contrario, Alberto ha llevado (lleva) la dignidad que te otorga la honradez por bandera, y eso es lo que puso en marcha en su pueblo. Personaje valiente y pionero en defender una economía real frente las economías ficticias de las estadísticas del mundo rural, creando y defendiendo el producto local, el trabajo de la tierra sin venenos, la agricultura ecológica, gallineros comunitarios, utilizando el Ayuntamiento como herramienta de gestión para el desarrollo de proyectos, para el afianzamiento de la soberanía alimentaria, de la soberanía local.

Alberto ha colocado a Carcaboso en el mapamundi de “Otro mundo es posible”. Nadando a contracorriente ha demostrado que se pueden hacer las cosas de otra manera, y beneficiar colectivamente a un pueblo. Hace casi dos años, la UNESCO les otorgaba el premio “Comunidad sostenible” (1). Alberto es la ética frente a la estética impuesta desde la Administración; frente a la emigración forzosa, la ruralidad como identidad; frente a la competitividad, el trabajo comunitario y colaborativo; economía sostenible y de desarrollo real frente al manipulado impulso de “polígonos industriales” o la ficción de ser el “Benidorm” del turismo rural.

Pies en la tierra y cabeza de utopías para este ser inquieto que desata su pasión cuando habla de la tierra, de la agricultura, que se expresa con un rico vocabulario ya perdido en la cursilería del lenguaje urbano, y nos recuerda el significado real de palabras como “gañán”, al mismo tiempo que reivindica tratados de agricultura perdidos en la historia y que son “made in aquí”.

Alberto ha cometido el NO delito de la honradez, y eso molesta a los poderes. Ha dado la cara contra el cacique del PSOE, ese partido que gobierna Extremadura como coto propio con el despotismo y desprecio que muestra la situación real de Extremadura en cualquiera de los varemos por la que se la quiera medir. Y cuesta, mucho, ver a una tierra tan rica y fértil, estar donde está. Extremadura es pobre y no tendría que serlo.

Curiosamente, este año se cumplen el cuarenta anversario de la edición de “Extremadura saqueada”, en Ruedo Ibérico (2), un libro clave para entender aquella Extremadura… y desgraciadamente también está, la de 2018.

Unos ensayos con más vigencia que nunca, pero que parecen haber caído en ese pozo sin fondo que es la política extremeña, llena de personajes del PPSOE, sin escrúpulos ni más objetivo que controlar el poder local al precio que sea, con grandes dosis de hipocresía. Sirva como ejemplo la última marcha convocada en Madrid por el gobierno de Extremadura para pedir un tren de calidad para su comunidad, encabezada por los mismos dirigentes políticos que presupuestan el desmantelamiento de vías de la Ruta de la Plata (3), los mismos que llevan gobernando a nivel local y nacional toda la vida. Puede que “hipócritas” sea una adjetivación suave para esta banda de “señoritos” del siglo XXI.

El pueblo no lo hace el alcalde, lo hacen los vecinos. Y defender la legalidad frente a la (In) Justicia, se castiga. Por eso hoy ya está penado Alberto Cañedo, con una celeridad que ya quisieran para sí muchos de los que andan en pleitos judiciales, y por vía penal y no administrativa, con ensañamiento. Recital de injusticias Marca España para hacer tópicos como “Extremadura is different”.

Hay mucho más para saber y conocer de esta kafkiana situación. Entrad en la web de Alberto (4) y encontraréis muchas respuestas (y aun más preguntas). También leed el libro al que acabo de dar fin en mis manos: Del ecomunicipalismo a las puertas de la cárcel, de Queimada Ediciones, una profunda y larga entrevista del periodista Eduardo Muriel a Alberto donde se cuenta todo lo sucedido de forma llana y coloquial.

Pero lo más importante, querid@ lector, es que te grabes el nombre de Alberto Cañedo para que, entre tod@s, podamos ejercer la solidaridad activa ante esta injusticia (5). Es imposible olvidar o mirar para otro lado, ante este vecino del mundo que ahora mismo esta condenado a 17 años de inhabilitación y más de 120.000 euros de sanción, entre multas, indemnizaciones y costas, por tres sentencias injustas provocadas por las malas artes políticas de la oposición socialista en el ayuntamiento de la localidad y la sombra de su ingreso en prisión ¡al acecho! A Alberto le necesitamos, le queremos en su pueblo, haciendo, construyendo, porque junto a gente como él podemos “asaltar los cielos”, y eso es lo que anhelamos.

Notas:
1.- Proyecto ganador Premio Comunidad Sostenible 2016
2.- Extremadura saqueada: recursos naturales y autonomía regional. Descarga en PDF
3.- No olvidemos que el declive ferroviario se inicia en 1985 cuando el Gobierno socialista de Felipe González y Rodríguez Ibarra cierran la línea de la Ruta de la Plata –Plasencia-Salamanca-Astorga–. Perdiéndose tramos de la ruta Algeciras-Gijón, que unía Extremadura con el sur y norte, no solo en pasajeros, sino también en mercancías.
4.- Yo apoyo a Alberto
5.- Elegía a un joven alcalde

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En Twitter: @IkaiAlo
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