Ricardo Antunes*. LQS. Junio 2018

El futuro del trabajo para las masas trabajadoras del mundo parece ser un futuro de empleo flexible, sin jornadas de trabajo preestablecidas, sin espacios de trabajo claramente definidos, sin salarios fijos, sin actividades predeterminadas, sin derechos y sin protección o representación por parte de los sindicatos. El sistema de “objetivos” en sí mismo es flexible: los objetivos de mañana siempre cambian, y siempre superan a los del día anterior

En las últimas décadas, la difusión de la tecnología de la información, la automatización industrial y otras innovaciones han inspirado visiones de una futura “sociedad postindustrial de servicios”, en la que el proletariado, tal como existía en épocas anteriores, desaparecería. Sin embargo, una simple vistazo a la realidad de los mercados laborales mundiales contemporáneos contradice este mito. El surgimiento de una nueva clase de trabajadores con formación y asalariados en campos de alta tecnología se basa en la creciente invisibilidad de los trabajadores empleados en sectores que van desde los call-centers y el telemarketing hasta los hoteles y las empresas de limpieza, pasando por el comercio minorista, la comida rápida y los servicios de atención médica. La gran mayoría de estos empleos son precarios de una manera u otra: estacionales, a tiempo parcial, temporales, informales o como falsos autónomos, con poca o ninguna seguridad o derechos.

Un ejemplo emblemático es el contrato de cero horas, una forma perversa de empleo que prospera en el Reino Unido y en otros lugares. En lugar de trabajar un número fijo de horas o turnos, los empleados con cero horas deben permanecer siempre a disposición de sus jefes, esperando una llamada. Una vez que reciben esta llamada, se les paga sólo por el tiempo que realmente trabajan, y no por el tiempo -días, semanas, incluso meses- de espera. Las empresas de tecnología de la información, en particular, han adoptado este método de flexibilización completa de la mano de obra, que sirve a la vez para que los trabajadores estén siempre disponibles para la explotación y para seguir normalizando el régimen de precariedad, dejando a los trabajadores con cada vez menos protección.

Uber es otro ejemplo. Los conductores de la compañía, que son tratados como contratistas independientes en lugar de empleados formales, deben proporcionar sus propios automóviles y pagar todos los gastos, incluyendo la reparación del vehículo, mantenimiento, seguro y combustible. La “app” de Uber es, de hecho, una empresa privada global que utiliza mano de obra asalariada disfrazada como trabajo “independiente” y “emprendedor” para apropiarse de una mayor parte del excedente de valor generado por los servicios de sus conductores.

Otro ejemplo de estas formas disfrazadas de explotación laboral se puede encontrar en Italia, donde recientemente se introdujo una nueva forma de trabajo ocasional e intermitente: el trabajo basado en cupones. A los trabajadores se les paga con vales cuyo valor corresponde al número exacto de horas que trabajan. Pero la precariedad no era el único problema con esta forma de trabajo, que se basaba en un truco aún más turbio: los vales tenían que pagarse al salario mínimo legal por hora, pero los contratistas también ofrecían pagar las horas extras a un precio inferior al mínimo legal. El sistema permitía un grado de precariedad y explotación superior incluso al del trabajo ocasional e intermitente. Por esta razón, los sindicatos italianos denunciaron la práctica y el gobierno se vio obligado a suspenderla.

La difusión de estas nuevas formas de trabajo informal, a tiempo parcial, temporal, independiente, ocasional e intermitente ha dado lugar a una nueva categoría de trabajo, el “precariado”. Un movimiento de miembros auto-identificados del precariado se está expandiendo rápidamente en Europa, especialmente en Italia, España, Inglaterra, Francia y Portugal. A medida que este movimiento ha luchado por encontrar espacio en las estructuras de los sindicatos tradicionales, también se está desarrollando independientemente junto a ellos. Ejemplos pioneros se pueden encontrar en Italia, con los casos de “San Precario” en Milán, un movimiento que lucha en defensa de los trabajadores precarios (incluidos los inmigrantes), y el movimiento Clash City Workers, un grupo con una fuerte presencia en Nápoles formado por jóvenes precarios y rebeldes.1

Así, lo que podría llamarse la “uberización” del trabajo -un despiadado modus operandi empresarial destinado a generar más beneficios y a aumentar el valor del capital a través de las formas de trabajo precario esbozadas anteriormente- se ha expandido a escala mundial. Además, el hecho de que cada vez más trabajo se hace onlineha hecho casi imposible separar el trabajo del ocio, y se espera cada vez más que los empleados estén disponibles para trabajar en cualquier momento.

El futuro del trabajo para las masas trabajadoras del mundo parece ser un futuro de empleo flexible, sin jornadas de trabajo preestablecidas, sin espacios de trabajo claramente definidos, sin salarios fijos, sin actividades predeterminadas, sin derechos y sin protección o representación por parte de los sindicatos. El sistema de “objetivos” en sí mismo es flexible: los objetivos de mañana siempre cambian, y siempre superan a los del día anterior.

La consecuencia social y política más importante es el crecimiento de lo que Ursula Huws ha llamado el “cibertariado” y que Ruy Braga y yo llamamos el “infoproletariado”.2 Cualquiera que sea su nombre, el surgimiento de este nuevo régimen laboral plantea cuestiones difíciles: ¿deberían los trabajadores del sector servicios ser considerados una clase media emergente? ¿O deberían ser considerados parte de un nuevo proletariado de servicios? ¿O deberían ser tratados como parte de una nueva clase, el precariado?

¿Clase Media, Precariado o Proletariado?

En los call-centers, hoteles, supermercados, cadenas de comida rápida, grandes superficies y otros lugares, los trabajadores del sector servicios se han separado cada vez más de las formas de trabajo intelectual típicas de la clase media, y cada vez se asemejan más a lo que se puede llamar un nuevo “proletariado de servicios”. Si los segmentos más tradicionales de la clase media se definen por los modos de su participación en la producción (médicos, abogados y otras profesiones liberales), hoy en día, la clase media asalariada está experimentando un proceso de proletarización cada vez más evidente, cuyo alcance excede ya el de la formulación pionera de Harry Braverman en su libro “Labor and Monopoly Capital” 3.

Debido a sus típicas fluctuaciones estructurales, las clases medias también se definen por su ideología, sus valores culturales y simbólicos y sus opciones de consumo.4 Así, los segmentos más altos de las clases medias se distinguen de los segmentos más bajos por medio de los valores que expresan, alineándose implícitamente con las clases propietarias. Del mismo modo, los segmentos más bajos de las clases medias tienden a identificarse más con las clases trabajadoras, dados sus niveles similares de vida material.

Por esta razón la conciencia de las clases medias parece ser a menudo la de una no-clase. En algunos casos están más cerca de las clases propietarias, como en el caso de los gerentes de nivel medio y alto, administradores, ingenieros, médicos y abogados; pero otros, particularmente los segmentos más pobres de la clase media, viven y trabajan en condiciones bastante similares a las de la clase obrera. En consecuencia, estos contingentes más proletarizados de la clase media, especialmente los empleados en el sector servicios, están cada vez más involucrados, directa o indirectamente, en el proceso de valorización del capital. Los trabajadores asalariados en el comercio y la venta al por menor, hostelería, etc. se están acercando rápidamente a la condición de un nuevo proletariado que se está expandiendo globalmente.

Estas observaciones contradicen los argumentos de los analistas que categorizan a estos trabajadores como parte de la clase media, o los de aquellos que los identifican con una supuesta “nueva clase”, el precariado.5 El nuevo proletariado de servicio trabaja más horas, con ritmos más intensos, con una alta rotación y salarios menores, en condiciones de creciente inseguridad, mala salud y mínimas protecciones legales. Hoy en día, los miembros del nuevo proletariado del sector servicios son los protagonistas de muchas luchas sociales, mítines y huelgas en todo el mundo.

Estudios anteriores han mostrado claramente que, desde el surgimiento de la actual crisis estructural del capital, la precarización de la mano de obra se ha acelerado significativamente. 6 El aumento de la explotación laboral, que ya es superexplotación, ha impulsado un enorme aumento de la informalidad, la externalización y la incertidumbre en la fuerza de trabajo internacional, no sólo en los países del Sur global en desarrollo, sino también en los países desarrollados del Norte.

Además de derribar las estructuras laborales existentes, este proceso ha desgarrado el tejido social de países y comunidades. Un caso emblemático lo encontramos en Portugal, donde en marzo de 2011, el descontento de la geração à rasca(generación en lucha) estalló en protestas. Miles de manifestantes, entre ellos jóvenes e inmigrantes, trabajadores precarios y desempleados, mujeres y hombres, salieron a las calles como parte del movimiento Precários Inflexíveis. De acuerdo con su manifiesto:

Somos precarios en el trabajo y en la vida. Trabajamos sin contratos o con contratos a corto plazo…. Somos trabajadores de call centers, interinos, desempleados, inmigrantes, trabajadores ocasionales, estudiantes-trabajadores….. No estamos representados en las estadísticas…. No podemos irnos, no podemos tener hijos o caer enfermos. Sin mencionar el derecho a la huelga. ¿Flexiguridad? La “flexi” es para nosotros. La “seguridad” es para los jefes…. Estamos en las sombras, pero no callados…. Y con la misma fuerza con la que la patronal nos ataca, respondemos y reinventamos la lucha. Al final, somos muchos más que ellos. Precario, sí, pero inflexible”.8

En España, el movimiento de indignados estalló en 2011, cuando los jóvenes empezaron a protestar contra los altos niveles de desempleo y la falta total de perspectivas de vida. El hecho de que obtuvieran un título universitario es irrelevante: la generación más joven comprendía que estaban condenados al desempleo o, en el mejor de los casos, al trabajo en empleos precarios.

En Inglaterra, ese mismo año, estallaron disturbios después de que Mark Duggan, un hombre negro, fuera asesinado por la policía. Los jóvenes pobres, negros, inmigrantes y desempleados de Londres comenzaron una revuelta, que en pocos días se extendió a muchas ciudades de todo el país. Este fue el primer levantamiento social significativo en Inglaterra (y en partes del Reino Unido) desde las protestas del Poll Taxque aceleraró el fin del gobierno de Margaret Thatcher.

También en 2011, en Estados Unidos, los manifestantes de Occupy Wall Streetse alzaron para denunciar los intereses hegemónicos del capital financiero y sus nefastas consecuencias: el aumento de la desigualdad, el desempleo y la epidemia de la precariedad laboral, que afecta sobre todo a las mujeres, los inmigrantes y los trabajadores negros y latinos.

En Italia, el Primero de Mayo de 2001 en Milán dio a luz a San Precario, un movimiento que representa a la heterogénea masa de trabajadores, jóvenes e inmigrantes que de otra manera estarían privados de voz.9 Otros grupos italianos de trabajadores precarios incluyen al colectivo City Clash Workersmencionado anteriormente.10 Además, se han fundado nuevas organizaciones sindicales para representar a los sectores más débiles y precarios del proletariado, como la Confederazione Unitaria di Basey, más recientemente, el NIdiL(acrónimo de Nueva Identidad Laboral), que forma parte de la Confederazione Generale Italiana del Lavoro, una de las principales organizaciones sindicales del país.

Estos y otros acontecimientos estimularon un debate sobre el ascenso de este nuevo contingente de la clase obrera, dirigido por el economista británico Guy Standing. Standing sostiene que el precariado debe ser considerado una clase separada, distinta del proletariado que se formó durante la Revolución Industrial y se solidificó en la era taylor-fordista. El precariado, según Standing, es una clase nueva, desorganizada, ideológicamente dispersa y fácilmente atraída por políticas “populistas”, incluyendo las de los movimientos neofascistas. Esta descripción captura algunas características sobresalientes del nuevo proletariado de servicios, pero sin embargo clasifica este nuevo segmento del proletariado como una “clase peligrosa”, distinta en esencia de la clase obrera.11

Mi formulación va en la dirección opuesta. Contrariamente a la tesis de la “nueva clase”, creo que la nueva morfología de la “clase-que-vive-de-su-trabajo” debería incluir segmentos distintos, aunque a primera vista parezca incongruente. De hecho, la clase obrera siempre ha estado dividida por diferencias internas de género, generación, etnia, nacionalidad, migración, habilidades y otras.

El proletariado de servicios es, por lo tanto, un segmento propio de la clase obrera, en toda su heterogeneidad, diferenciación y fragmentación. En los países capitalistas avanzados, los miembros más precarios de la sociedad -entre ellos los jóvenes, los inmigrantes, la gente de color y otros- reconocen su lugar en este nuevo segmento del proletariado, y nacen con una especie de mal presagio, con menos derechos. En consecuencia, deben luchar por todos los medios para recuperar esos derechos. Al mismo tiempo, los sectores más tradicionales de la clase obrera, que han heredado los vestigios de los sindicatos y del estado de bienestar, saben que deben luchar para preservar sus propios derechos y proteger sus condiciones laborales del tipo de degradación que conocen los trabajadores precarios. El destino de estos dos polos de la “clase que vive en su trabajo” está completamente ligado. 12

La lógica del capital se manifiesta de muchas maneras, pero conserva una unidad básica. Por esta razón, los dos polos vitales del mundo del trabajo deben formar una conexión orgánica y de apoyo mutuo entre sí, o de lo contrario sufrirán una derrota aún mayor.

Como Marx mostró en El Capital, la precarización surgió con la misma creación del trabajo asalariado en el capitalismo. A medida que la clase obrera vende su fuerza de trabajo y se le paga sólo por una parte de su valor productivo, el superávit resultante apropiado por el capital tiende a expandirse a través de varios mecanismos intrínsecos al capitalismo, como la intensificación del trabajo, la extensión de la jornada laboral o la restricción de los derechos de los trabajadores. Así, la precariedad del proletariado es el resultado de la lucha entre las clases, que a su vez puede ampliarse o reducirse, dependiendo de la fuerza relativa de la explotación capitalista y de la capacidad de lucha y rebelión de la clase obrera.

Como demostraron Marx y Engels, las formas de explotación de la mano de obra cambian constantemente, acentuadas por la expansión del excedente relativo de la población, lo que permite al capital utilizar el excedente de mano de obra para intensificar e incrementar los niveles de explotación y la consiguiente precariedad de la clase obrera. En el capitalismo contemporáneo, el relativo superávit de población, que Marx en el capital designó como flotante, latente o estancado, adquiere nuevas dimensiones. 13 Esto pasa por la enorme expansión y circulación de la mano de obra inmigrante a escala global, multiplicando los mecanismos de explotación, intensificación y precariedad del trabajo.

Todo esto fragmeta aún más a la propia clase obrera, que ya está diferenciada por ramas, sectores y división internacional del trabajo, especialmente entre el Norte y el Sur global. El tipo de divisiones internas que Engels discernía en el proletariado británico de mediados del siglo XIX se amplifican aún más cuando se observa las diferencias de explotación entre el centro y la periferia. 14

El resultado final de este proceso depende de la capacidad de la clase obrera para resistir, organizarse y defenderse. Si los dos segmentos o polos de la clase obrera logran establecer vínculos de solidaridad y una conciencia de clase compartida, y si están unidos en sus luchas cotidianas, podrán formar una oposición más fuerte y mejor organizada a la lógica del capital. 15 En este sentido, el papel del nuevo proletariado de servicios es emblemático. Su integración en una clase obrera ampliada -de la cual constituye la parte de más rápido crecimiento- y su participación en las luchas laborales serán decisivas para el destino de la clase obrera en su conjunto en el siglo XXI.

Sobre las periferias del capitalismo

Dada la naturaleza irregular y compleja de la división internacional del trabajo, es necesario concluir señalando algunas matizaciones en la definición del proletariado de servicios. Una importante se refiere a la división entre el Norte y el Sur. En las periferias del sistema capitalista, el proletariado ha estado cargado de precariedad desde el principio. Debido a su pasado colonial, en Brasil y en muchos otros países de América Latina, el proletariado moderno surgió plenamente sólo después de la abolición de la esclavitud. En consecuencia, la precariedad siempre ha sido la regla, no la excepción.

Además, los países del Sur global nunca desarrollaron una “aristocracia obrera” -un segmento de trabajadores relativamente hábiles, altamente remunerados y en gran medida sindicalizados- y el proletariado siempre ha estado asociado con una condición omnipresente de precariedad, con el resultado de que las diferencias internas entre las clases trabajadoras nunca fueron tan evidentes como en el Norte. Allí, por el contrario, se desarrolló esta aristocracia, y hoy sus descendientes son los herederos del estado de bienestar. Por lo tanto, el reciente desarrollo de un precariado ha generado una diferenciación en el proletariado del Norte que no se conoce en el Sur. Por esta razón, el debate sobre el surgimiento de una “nueva clase” ha causado cierta confusión en el Sur.

Por lo tanto, se puede, en el caso de los países capitalistas centrales, identificar al proletariado de servicios como un polo de la clase obrera; pero en los países periféricos, es algo diferente, porque la precariedad ha sido una característica definitoria del proletariado desde sus orígenes, incluso puede estar encontrando nuevas articulaciones. Aunque se describa como precariado o como parte del nuevo proletariado de servicios, se refiere a trabajadores de diversas identidades (género, etnia, nacionalidad), pero unidos en su condición de precariedad y falta de derechos.

La intensificación del trabajo; la erosión de los derechos; la sobreexplotación del trabajo; la expansión del empleo informal; la presión de metas de productividad cada vez mayores; el despotismo de los patrones, coordinadores y supervisores; el salario degradado, la incertidumbre de las horas de trabajo; el acoso , la enfermedad y los accidentes mortales – todo apunta a la presencia de un proceso violento de proletarización y al surgimiento de un nuevo proletariado de servicios, uno que se está expandiendo globalmente y diversificando y ampliando la clase obrera. Y si todo esto sugiere una nueva morfología del trabajo, debemos reconocer al mismo tiempo el surgimiento de una nueva morfología de la organización, representación y lucha de la clase obrera.

Notas:
*.- Profesor de sociología en la Universidad de Campinas, Brasil, y autor de “The Meanings of Work” (Haymarket, 2013). Nota original en http://monthlyreview.org  Traducción realizada por la Asociación Jaime Lago.
1.- Clash City Workers, Dove Sono i Nostri: Lavoro, classe e movimenti nell’Itália della crisi (Lucca: La Casa Usher, 2014).
2.- Ursula Huws, The Making of a Cybertariat: Virtual Work in a Real World (Nueva York: Monthly Review Press, 2003); Ruy Braga y Ricardo Antunes, Infoproletários: Degradação Real do Trabalho Virtual (São Paulo: Boitempo, 2009).
3.- Harry Braverman, Labor and Monopoly Capital (Nueva York: Monthly Review Press, 1974).
4.- See Pierre Bourdieu, Distinción: A Social Critique of the Judgment of Taste (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1987).
5.- Guy Standing, The Precariat: The New Dangerous Class (Londres: Bloomsbury, 2011).
6.- István Mészáros, Beyond Capital (Nueva York: Monthly Review Press, 1995).
7.- Ricardo Antunes, The Meanings of Work (Chicago: Haymarket, 2013); “The New Morphology of the Working Class in Contemporary Brazil”, en Leo Panitch y Greg Albo, eds: Transforming Classes (Nueva York: Monthly Review Press, 2014).
8.- Quoted en Antunes, TheMeanings of Work, xviii.
9.- San Precario, http://precaria.org.
10.- Clash City Workers es un colectivo de mujeres y hombres desempleados, que se definen a sí mismos como “jóvenes precarios”. En palabras de los organizadores del movimiento: “nuestro nombre significa’trabajadores luchadores de la metrópoli’. Nuestro movimiento fue fundado a mediados de 2009. Estamos particularmente activos en Nápoles, Florencia, Milán y Bérgamo, pero intentamos apoyar todas las luchas sociales en curso en toda Italia”. Ver también el estudio sobre este grupo colectivo en Clash City Workers, 2014.
11.- Standing, The Precariat, 1-25.
12.- See Ricardo Antunes, O Privilégio da Servidão: O novo proletariado de serviços da era digital (São Paulo: Boitempo Editorial, que se publicará en mayo de 2018.
13.- Karl Marx, Capital, vol. 1 (Londres: Penguin, 1990), capítulo 23.
14.- Frederick Engels, The Condition of the Working Class in England (Oxford: Oxford University Press, 1993).
15.- See Alain Bihr, Du “Grand Soir” a “l’alternative”:Le mouvement ouvrier européen en crise (París: Ediciones Obreras, 1991).

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