13-19 de mayo: correspondencia de cuarentena

Luz Modroño*-Enriqueta de la Cruz*. LQS. Mayo 2020

Cuarta entrega de este hilo de la correspondencia entre Luz y Enriqueta, un hilo epistolar rojo, republicano, que es de hablar claro. Volcando ahí de forma personal sus observaciones, inquietudes, deseos de colaborar con lo que saben hacer, aquí nos comparten este mundo epistolar creado entre ellas dos

Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo

VOZ DE ENRIQUETA

13 de mayo

Querida Luz, disculpa la tardanza: como dices, esto del covid ataca mucho más a las mujeres. Yo llevo 60 días ocupada de la cocina, casi todo el tiempo salvo alguna ayudita, y es mi culpa, no sabemos salir de las esclavitudes, reencontrarnos y dejar de cohesionar tanto ni de pensar tanto en los hombres… En lo que toca a cada cual, que es de cada cual; de nosotras, cuidarnos, ponernos en valor, pasar de tantos errores, roles adquiridos…

El patriarcado nos mata de mil modos, y tienes razón, pues las feministas nunca son locas como no fueron brujas sino para La Inquisición que sigue vivita y coleando… Y subvencionada, por cierto.

Por lo demás, seguimos siendo la gallina ciega. No gustó lo de Max y le silenciaron. No a otros, que, más templados, recuperan. Y otras… Tiene Aub una fundación auspiciada por un tal bigotes Aznar, el de Las Azores y la guerra de Irak, que quiso apuntarse el tanto… Dijo que también leyó a Azaña (si lo hizo sería para conocer cómo fastidiar más…). Pero, claro, había que hacer la fundación de todos modos. Para como tantas… De todas formas no se le hace promo. La industria cultural (que ahora pide dinerito y que ahora también las casas de infantilización de juegos de ordenador quieren pasar a esa categoría y pronto lo pedirán las casas de apuestas que tienen prioridad lobista), digo, la industria cultural se preocupa de los dóciles y de los del lavado de imagen de las barbaridades de todo tipo de este régimen de corrupción y de las barbaridades de la guerra de España y sus consecuencias; de la cultura basura y de lo que el profesor Marcos Roitman advierte como “la chatarra política e intelectual”.

En fin…
Estoy bien preocupada por la cantidad de sandeces que oigo y lo mal que va lo que quiera que sea que de verdad pase; no nos enteramos. Hay mucho ruido. Y la prensa ya no es aquello comprometido con la verdad, que fue, un remedio contra la mentira pública, sino un condescendiente aliado de los del juego de politiqueo, crispación y entretenimiento del circo de lo peor. No, no nos estamos enterando de apenas nada.

El modelo económico conocido está roto. En eso hay consenso. El modelo que la realidad requiere es de reparto. Y eso duele; gusta explotar y sacar recursos, pero no igualar, hoy que se puede dar de comer a todos los seres humanos con poco esfuerzo… Y vamos camino de más hambre y pobreza, de fronteras más fuertes y de desórdenes aún mayores siempre aupados por quienes quieren avanzar en este mundo, o el intergaláctico, no sé si esa broma es cierta, a costa de la mayoría. No tienen sentido las fronteras, pues lo que pase a cualquiera nos pasa a todos, hay interdependencias; es el efecto mariposa más que nunca.

Necesitamos una reflexión porque algo no cuadra y nos hacen el lío. Una reflexión sobre la inhumanidad, la deshumanización que vivimos, y sobre el sentido de la economía. Se ha impuesto a la sociedad un modelo desde arriba pero, contra costumbre, hay que pensar… Y revertirlo. La izquierda debe liderar el cambio; tiene la responsabilidad hasta de recuperar la honra internacional para este pobre país, pendiente de una propia de camarero, de que le dejen ya poner en marcha el tiovivo del turismo en medio del duelo por cientos de miles de muertos. ¡Bonita cosa! No, no estar nunca más a verlas venir, como estamos. A lo que nos manden.

La política internacional es factor decisivo y debemos estar ahí con voz y voto, real. La extensión del papel del Estado, la igualdad entre hombres y mujeres, la educación laica y la cultura como instrumento de cambio político y social y el cambio de la propiedad improductiva y de latrocinio por una industria productiva, válida, son posibles y necesarias cuestiones a abordar desde ahora mismo. ¿Se hace? Son algunos de los temas defendidos por personas tan lúcidas como lo fue Juan Rejano, al que hay que recordar en estos días en que se asesina la memoria, de nuevo, con olvido, a los que fueron, como a ese gran periodista y escritor. Se asesina la memoria de nuestros viejos, a los viejos, con total impunidad, sin que nadie pague por eso, ¿van a pagar? Tenemos que hacer que sí, porque hay crímenes que se suceden a cientos cada día, aquí entre nosotros; crímenes, y tantos…

La violencia extrema de la extrema derecha se une a la violencia política y social, no solo de los golpistas vociferantes, sino de quienes nos tratan como a bobitos, esos pasayos de marketing y puesta en escena (los que lo son, lo saben), sin entrar al toro de las desigualdades no solo económicas, también culturales, no solo sociales, sino también en otros órdenes, casi todos los órdenes de nuestra vida. Es de una vez por todas necesario acabar con el régimen monárquico de la dictadura, heredero y antes que eso, provocador de la dictadura. La monarquía, como también indican los que nos precedieron, es caduca, es algo anacrónico y solo causa males.

Debemos tomar nota, muy detalladamente, de los que está pasando en nuestras calles, hospitales, centros de atención primaria, en nuestras residencias de ancianos, o las suyas, ya que han privatizado este país y creado lindos apartaderos de abuelos privados, creado mataderos de abuelos. Debemos preguntarnos por qué si una crisis, o pandemia incluso, podía desatarse, estaba entre lo previsible dados los tiempos con sus abusos medioambientales y de animales hacinados (también los animales humanos), dados los tantos laboratorios dedicados a guerra bacteriológica, a ensayos, dados los precedentes virus… Y los próximos… Debemos preguntarnos si esa guerra ya no iba a ser de cañones, lanzas ni bayonetas, por qué no se previeron más hospitales, unidades especializadas en epidemias, en virus, personal formado adecuadamente y suficiente en número, respiradores, etc., por qué, en lugar de eso desmantelaron plantas y equipos en grandes hospitales, despidieron por jubilación anticipada a eminencias de pulmón y corazón y otras especialidades importantes… No se explica.

Nunca en la historia ha pillado una guerra desprevenidos a los mandamases, o peor, con las armas desmanteladas cuando iban a ser necesarias, con los soldados mal pertrechados, con tan poca vergüenza que digan que esto ha sido inesperado y sin que ante tales respuestas, por cierto, la población no los haya corrido a gorrazos, masivamente. Nunca ha pillado con la población tan dócil, que eso sí se ha ido preparando, ni con tan nulas reservas de divisas y tanto endeudamiento, las arcas tan vacías que tenían, tienen, un agujero en su fondo (que esto también se ha preparado a tiempo, ¡tan bien!).

Nunca habíamos asistido a tan descaradas respuestas que despistan, que demuestran que hoy la política sigue la línea empresarial de cualquier empresa donde manda el marketing de sálvese quien pueda, la puñalada trapera y el caos con su orden no se sabe dónde, pero orden desde luego, que no va a los intereses del conjunto, sino a los de pocos bolsillos contra los trabajadores, el conjunto de la sociedad, la lógica aplastante que impera en las cabezas de siervos de otros siervos de otros y otros más hasta cubrir la cadena de mando, del que paga. Sí, contra la lógica aparentemente, porque esto no tiene ni pies ni cabeza. Explicaciones miles y acciones miles, cifras y letras que atontan más. Pero nada claro para la mayoría que espera impaciente las pruebas y no ser tratados como ganado o peor, rehén y preso el ser humano, encerrado, acobardado, sin derechos salvo a morirse solo y ser enterrado en fosas comunes , pronto esto en todas las naciones, si, como predicen mientras despiden sanitarios, esto no ha hecho más que empezar…

Aceptamos como ganado en puertas de matadero. Ahora se pilla a cualquiera, se le recomienda una prueba sin garantía de fiabilidad, se le pilla y se le somete a una tortura inmensa sin previamente informar del dolores y derechos, sin información completa… ¿a dónde va todo esto? Pues todo, en la tele-caja tonta se presenta inocuo y de color de rosa, aminorado, infantil, para que no nos asustemos más de lo que desean, que el susto, el miedo, es parte de la guerra contra las personas que sobran; de la doctrina del shock es para y en la ración y medida que quieran los poderosos, a órdenes de muy arriba, nada de algo normalito.

Si la crisis es mundial debería haber un consenso mundial, con sus reglas coordinadas. Una información general, mundial.

Una mujer, se acerca al ambulatorio, le dicen que se siente, crece un temblor dentro de ella al ver pertrechada a la sanitaria como una astronauta, con todo; hiperventila; nadie le ha informado y siente la distancia entre dos seres humanos intentando sobrevivir, nada de imagen idílica, lo comprende, le dice la sanitaria, por favor no me toque, por favor no vomites, por favor, aguanta, tengo que cuidarme yo también y le introduce un tubo por la boca, lo describe con horror y con arcadas, intenta aguantar, siente que ese tubito le llega hasta lo más hondo, casi el pulmón, es esa sensación; recoge pruebas la parapetada, raspa dentro de la otra, se desgarra esta mujer, atemorizada, ve los ojos aterrados también de la sanitaria.

Luego, respira hondo, hermana, sigue la escena dantesca, distante, deshumanizada, horror en los ojos, otra vez, un poco más, no ha terminado todo, le dicen.

Y le introducen por la nariz otro tubito que cree estar empalada, adentro, más adentro, es doloroso, dolorosísimo. Ahora, muerta de humillación pues, insisto, no ha sido informada de nada previamente, muerta de dudas, le dicen que lo remitirán a un laboratorio y en días, si no da positivo, a repetir las pruebas. No tiene garantías ni de si esto sirve para algo. Si es fiable, si su test es el correcto. Solo lo que ha perdido en tan pocos días, sesenta… ¿Quién lo diría?

Su marido tiene ganas de salir corriendo monte arriba, como buen sagitario, rebelde y capaz, con sus grandes galopadas de mitad caballo sensible, mirad hombre, este centauro que lo entiende. Nos limitan a escoria manejable y asquerosa, que puede vomitar en la cara de alguien.

Nadie está explicando lo duro, sin melindres, de lo que estamos viviendo cada día. Cada escena, detalle, situación, necesidad humana, desprecio…

Miles esperan en sus domicilios sin atención física alguna, pese a no poder valerse o apenas respirar, los tratan por teléfono, nadie ha acudido, miles si llega la mafia a mantenerles, o una caridad les da algo de comer, sin Estado, ¿qué estado de cosas es esta? Al menos antiguamente nos contaban: Los veterinarios, por supuesto, seguían a sus animales, si no se puede hoy, mañana acudían los médicos y los veterinarios rurales desde muchos kilómetros por caminos inmundos, pero acudían. Hoy no, hay saturación aún, nos dicen, y cuando nos descuidamos, desmantelan nuevamente… Y despiden a personal sanitario, a médicos los precarizan en lugar de darles formación y puestos de trabajo, lo que la sociedad necesita… Y la sociedad sigue aplaudiendo, alienada, pensando en salir del toril, sin bravura… Solo para gamberradas, muchos…

Se fomenta la deshumanización, el egoísmo, que nos vayamos acostumbrando a eso quieren, pero no, no es posible, y la rebelión crece en los estómagos limpios, y cual centauros saldremos a decir aquí que no nos pisotea ya más nadie. Y si alguien tiene que espabilar, todos…

No queramos saber las escenas de muerte en soledad de las residencias y el dolor vivido ante las órdenes seguidas como si tal cosa de no llevar a los ancianos a los hospitales, otras órdenes cual multinacional produciendo beneficios y solo beneficios, no para todos, para los amos… Y ojo que en las empresas y multinacionales se ha rasado por los 50 años, de ahí para arriba todos sobran, sobramos…

El mundo que idean, que dicen viene, es de sin protestas, sin queja alguna, con dolor, sin consideración, por eso nos quieren hacer de hierro… No queramos saber lo que es que te pongan un respirador manos no expertas por culpa de culpables que no han dotado lo que se debe, sino, al contrario, han despedido personal necesario, insisto, desde tanto antes… No queramos saber… Los traumas y las secuelas… Porque se empeñan cada día en las imágenes dulces, en decirnos, no se preocupen que así sufrirán menos las tantísimas cabronadas que les estamos preparando para enseguida. A menos que reaccionemos…

VOZ DE LUZ

19 de mayo

¡Qué deprisa se sucede la historia, Enriqueta! Los días pasan vertiginosos y hay poco tiempo para la reflexión sosegada que un espíritu crítico que quiere analizar y entender necesita.

Vivimos, cada vez más, en un mundo trepidante, donde la información casi telegráfica ha ocupado el lugar de la opinión y la información veraz, con todos los datos necesarios para poder comprender bien. Quizás por ello, ese cuarto poder que, como bien comentas, ha dejado de ser aquello comprometido con la verdad, un remedio contra la mentira pública, para pasar a ser un entretenimiento aliada del juego del politiqueo. Ciertamente, la información es apabullante, rápida. Se prima la cantidad sobre la calidad. Y es cada día más necesario saber buscar entre tanta información la más veraz. Pero haberlos haylos. Afortunadamente, hoy contamos con medios independientes y comprometidos, producto precisamente del desarrollo de las nuevas tecnologías y, siendo un producto de nuestro mundo actual, irreversible. La cuestión estaría centrada, pues, en obtener el mayor provecho de ello. Aún sabiendo que los intereses son muchos, la independencia escasa y la objetividad difícil. Pero entre toda esta maraña informativa, entre todo este circo mediático es posible acallar el ruido y buscar y encontrar el aliento que fertilice la comprensión y, por supuesto, la toma de posición y el intento de elaborar un pensamiento propio y libre. Porque por encima del poder–inconmensurable, desde luego pero al mismo tiempo con fisuras profundas- de la prensa está el de la persona libre, que une su libertad a la de las demás empeñada en ir contracorriente si contracorriente es creer en la utopía y ser consciente de su fuerza como motor de cambio, de la energía que otorga a quien en ella cree para cambiar el mundo hacia uno mejor. Creemos utopías y creamos en ella.

Un momento, déjame pensar fue un programa de enriquecimiento instrumental de R. Feuerstein, un psicólogo rumano fallecido en el 2014 que, profundamente preocupado por estos temas de los que hablamos en cuanto a la rapidez de procesamiento cognitivo, elaboró una metodología basada en la necesidad de pararse a pensar para poder pensar. No es posible un pensamiento basado en el tanteo de respuestas rápidas y aciertos al azar. El pensamiento, la idea requiere tiempo. Y tratar de aportar aunque sea sólo un grano de arena a ello también.

Suenan ruido de sables nuevamente en la calle. Esta vez en forma de estruendosos gritos y músicas que aún hoy, a pesar del paso de los años, nos ponen los pelos de punta. En estos momentos de pandemia en los que tan importantes es mostrar cordura y aunar esfuerzos para superar esta terrible situación resuenan ruidos de sables en forma de golpeteo de cacerolas, deslealtades y egoísmos, tras los que se esconde una profunda insolidaridad y una patente irresponsabilidad. Las calles y plazas de este país vuelven a ser testigos mudos de la catadura de un grupo de personas a las que al parecer les cuesta tanto salir de lo casposo, lo añejo, soltar el lastre de un tiempo en el que fueron virreyes, incapaces de entender que hoy son otros los tiempos, que el tiempo del silencio fue sustituido por el tiempo de la solidaridad.

Todo comenzó, no casualmente, en el barrio más rico de Madrid, Salamanca. Poco a poco fueron extendiéndose y contagiándose. Un contagio tan peligroso como el propio virus que nos tiene tan atemorizados. Porque es el contagio de la irresponsabilidad, de la falta de sentido de ciudadanía, el reflejo de que en España unos cuantos quieren que siga siendo diferente.

Son pocos, desde luego, pero muy ruidosos y, sobre todo, muy violentos. Profieren gritos de libertad los herederos de los que hicieron una guerra para terminar con ella. Una se pregunta inquieta a qué libertad se refieren. No a la que cantó Labordeta, no a la reclamada por Quevedo. Gritan libertad los que venden la sanidad pública y compran la enseñanza viendo en ambas una forma segura y sostenida de enriquecimiento. Gritan libertad los que, con su voto, aprobaron una Ley Mordaza para limitar hasta la extenuación la libertad de los demás.

Se pasean envueltos en la bandera de España, que cuelgan con crespón negro de sus ventanas y balcones y que hicieron suya porque fue enarbolada por sus abuelos mientras derrocaban la que fue elegida por el pueblo. Ignorantes del origen histórico de una bandera que hoy representa a una Nación e ignorantes de una Constitución que también es la suya y que también parecen desconocer a pesar del ímpetu con el que se niegan a modificar una coma.

Tampoco entonces respetaron ni reconocieron la decisión de las urnas, tanto ayer como hoy convencidos de que lo único que vale es su propio deseo, no la voz libre y democráticamente expresada por la ciudadanía. Son pocos pero añoran un tiempo que para ellos fue mejor porque les permitió moverse libremente y, sobre todo, les permitió seguir enriqueciéndose a costa de un pueblo secuestrado. Quizás, ese grito con el que hoy salen a la calle ocupando aceras y saltándose las necesarias medidas para garantizar la seguridad de todos no sea sino la expresión de un miedo al control democrático de sus actividades económicas. Con paso recio e impasible el ademán quieren seguir gritando que ellas son las élites económicas y financieras de este país.

Mientras, hacen resonar con estruendo los acordes de las letras que sembraron la muerte y secuestraron la libertad de todo un país. Hace muchos años, sí, pero con ello dejan bien patente que su tiempo, el tiempo del que también se adueñaron, no ha pasado para ellos. Son pocos, pero con una capacidad de odio de muy altos decibelios. Tras esos gritos y ese estruendo de chocar de cacerolas que apenas les son familiares quieren gritarnos que no, que este gobierno democráticamente elegido, que está afrontando una de las crisis más graves conocidas nunca, tan a los pocos días de comenzar mandato que apenas tuvieron tiempo de hacer mucho más, este gobierno de consenso salido de las urnas no es válido. ¿Para quién no lo es? ¿A quién no representa?

Porque lo que realmente reclaman no es libertad. Lo que desprecian es, una vez más, la legitimidad de un gobierno al que pretenden derrocar no por la fuerza de la razón y la voz de las urnas sino por la de los sables en forma de cacerolas, bastante menos glamuroso pero con igual intención. Toman la calle porque creen que la calle también les pertenece. Y, en momentos cruciales como los que estamos viviendo, en los que deberíamos ir todos a una, ellos van a lo suyo.

Y mientras esa añoranza de un tiempo en el que podían imponer su voluntad recorre las calles de las ciudades españolas, guardando la distancia requerida pacíficas filas cada vez más largas de una ciudadanía que está acusando con dolor las consecuencias de esta crisis que ni afecta a todos por igual ni de la que saldrán todos de la misma manera esperan recibir un plato de comida. Mientras esas élites gritan, la ciudadanía sigue mostrando su madurez, su capacidad de asumir responsabilidades, su sentido solidario.

Con sus desaforados gritos en la calle anuncian que ellos no van a colaborar pacíficamente en la reconstrucción de un país herido, están gritando que no están dispuestos a que ninguno de sus privilegios sea tocado. Que la crisis económica que se nos viene encima tras superar la sanitaria no les va a afectar porque no tienen intención de colaborar. Que ellos lo que quieren es libertad para seguir igual, para seguir oponiéndose al bien común, al: todos a una. Y para dejarlo aún más claro, atacan, amenazan, desobedecen, provocan. Intentan desesperadamente infundir miedo, conscientes del poder del miedo. Y olvidan que frente al miedo de ellos está la voluntad de construir un mundo más justo y solidario, más fraternal, democrático, pacífico y sostenible del pueblo. La voluntad nacida de la necesidad.

No es el modelo económico lo que está roto, lo que está roto es la sostenibilidad de ese modelo basado en el reparto desigual, en la explotación, en la acumulación cada vez más de la riqueza y el poder en unas pocas manos. Las caceroladas de estos descerebrados que parecen añorar el tiempo de sus antepasados no es más que una demostración de resistencia al obligado abandono de ese modelo. Cada día son más las voces que se levantan contra ello.

Ellos tienen miedo aunque, acostumbrados a no tenerlo, no saben ni renunciar ni aceptar cambios ni adaptarse a unas nuevas circunstancias que podrían, con inteligencia y sentido común, permitirles seguir llevando las riendas del cotarro. Pero ni de eso parecen ser capaces.

Se mantienen en su burbuja de privilegios y acumulación de riquezas y poder sin enterarse de lo que pasa a su alrededor.

Un modelo económico es solo eso, un modelo, como una especie de fórmula matemática que se aplica para producir riqueza. Pero es esa aplicación la que ya es completamente insostenible. Y como lo es, se impone el cambio. Que ha de ser rápido porque el mundo que hemos ido construyendo se desmorona. El mundo de la globalización ha puesto en evidencia nuestra propia fragilidad. Es cierto que, en otras épocas históricas, hubo pandemias. Baste con recordar las terribles y recurrentes olas de peste que diezmaron la población a casi su mitad en el siglo XIV o la gripe de principio de siglo… lo que es nuevo es la rapidez del contagio porque eso sí es algo directamente relacionado con la globalización. Una globalización hecha pensando en los beneficios económicos que procuraría a los más ricos, ya fueran países o personas. Y que no tuvo para nada en cuenta ni derechos ni pandemias ni consecuencias.

Las guerras se enviaron a otros países, lejos del mundo occidental. Pero regresan a ese mundo en forma de migraciones masivas, de refugiadas reclamando el lugar que las bombas que les vendimos y que les explotaron destruyendo casas, pueblos, familias, les quitaron. Acaso pensamos que todo lo que estábamos montando, que ese desprecio por las vidas ajenas a las occidentales, a la naturaleza, a la vida animal no iba a pasar factura? ¿Acaso nos creímos que hiciéramos lo que hiciéramos éramos invulnerables y estábamos protegidos? ¿Protegidos de qué? ¿De esa pobre gente desesperada que busca un refugio, que nos pide a gritos ayuda y protección? ¿De una naturaleza enferma que ya no sabe cómo defenderse de nosotros, esta especie animal que es el ser humano y que ha resultado ser la más depredadora y destructiva de la evolución? Queramos o no darnos cuenta tenemos en las manos una bomba explosiva de incalculables consecuencias, los que poseen su detonador se niegan a aceptarlo. Pero esa negación no supone en absoluto su no existencia. Esos que gritan y que niegan y que se resisten a cambio alguno terminarán definitivamente con la vida y con el planeta si no les paramos. En sus manos, el detonador. En las nuestras el detener la detonación. No hay otra.

Entregas anteriores:
Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo

* Las autoras de la correspondencia:

Luz Madroño es profesora de Historia en Secundaria, es doctora en Psicología, psicóloga, por tanto, que también que en estos momentos echa una mano al que puede y necesita; es activista social, trabaja por los derechos humanos a pie de obra y recientemente ha llegado de Lesbos, en ese lugar donde los refugiados se debaten entre el vivir o vivir, porque hay que sobrevivir, porque llegaron de un infierno para meterse en otro, pero no se rinden. También Luz está vinculada a la UNESCO desde su presidencia del Centro en Madrid, donde organiza estupendas jornadas. Feminista, mujer de mundo, honesta… Y mucho más.

Enriqueta de la Cruz, es escritora y periodista. Cinco novelas publicadas enraizadas en Memoria Histórica, presente y nuestro futuro. La última: Despertando a Lenin, de reciente aparición y dos libros de conversaciones con el republicano y ex presidente del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, César Navarro, psiquiatra, humanista, políglota y sobre todo, buena y culta persona. La última, Tiempos de plomo y ceniza, acaba de salir de imprenta. Colaboradora en LoQueSomos y otras Web alternativas, enormes grupos de gente imprescindible, a la que admiro por ser luchadora, comprometida.

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