Barcelona. 140 concentració: Samaranch no és nom per a un museu

Samaranch no és nom per a un museu

Mesa de Catalunya*. LQSomos.
Traducido por Leticia Palacios. LQSomos.

Samaranch no escondió su pasado falangista y adicto al Régimen que tanta prosperidad le proporcionó en todos los sentidos. A la muerte del dictador declaró: “El mandato de Franco representará uno de los más brillantes periodos de la historia de España, sin ningún lugar a dudas. Todos los españoles lloramos la desaparición de Franco”

Veritat, Justicia, Reparació:
El dissabte 30 de juliol a les 12 hores a la plaça Sant Jaume, BCN.
Samaranch no és nom per a un museu

Julio, en nuestro imaginario, es el mes del golpe de estado fascista contra la legalidad republicana. Un mes que, este año, nos ha traído presencias indeseables como la del juez Marchena en el Col·legi d’Advocats i Advocades de Barcelona, a quien nuestro compañero Josep Cruanyes espetó, con toda la razón, que ha convertido el Tribunal Supremo en un tribunal de excepción. Justicia de cloacas. Julio, mes origen del retorno de los borbones, también ha sido el mes elegido para la visita de la Princesa Leonor a Figueres y el de la familia real a Cornellà de Llobregat, donde les recordamos que Catalunya no quiere tener rey, aunque los medios de desinformación no hayan informado de nuestro rechazo. Periodismo de cloacas. Julio es un mes que nos recuerda que los vencedores aún ejercen su poder sobre los vencidos, prueba de ello es la que será la nueva Ley de Memoria estatal, un texto cobarde, que nos vuelve a dejar huérfanas de toda la verdad, toda la justicia y toda la reparación que nos merecemos, después de la ley de 2007, después de quince años de reivindicaciones de las entidades memorialistas. Estado de cloacas.

Un julio de 1936 le robaron el futuro a las personas antifascistas que nos precedieron en nuestro sueño de justicia social. Mientras centenares de miles de voluntarias y voluntarios marchaban al frente a plantarle cara al fascismo, un joven Juan Antonio Samaranch tenía la intención de escabullirse de la Barcelona republicana y luchadora. Para ello, en 1938 se alistó en el Ejército de la Republica como sanitario con una única idea en mente: huir a Francia y volver a zona franquista para incorporarse a las filas golpistas. Y así fue, Juan Antonio, nacido un 17 de julio de 1920, fecha premonitoria de su fulgurante carrera como falangista de pura cepa, prosperó tanto durante la dictadura que, por inercia franquista, continuó haciéndolo en la paupérrima democracia que nos asola. Un blanqueado Samaranch se convirtió en presidente del Comité Olímpico Internacional y héroe de una Barcelona Olímpica por la que desfiló triunfalmente Felipe de Borbón, mientras el juez Garzón encarcelaba a 45 personas e ignoraba las torturas que habían sufrido a manos de las fuerzas y cuerpos de Inseguridad del estado. Policía de cloacas.

La carrera de Samaranch es la de un corredor de fondo sin obstáculos sobre una alfombra de privilegios. Regidor d’Esports del Ajuntament de Barcelona de 1954 a 1962. Procurador de las Cortes franquistas de 1964 a 1977. Delegado Nacional de Educación Física y Deportes en 1966, año en el que ingresa en el Comité Olímpico Internacional. President de la Diputació de Barcelona de 1973 a 1977. Embajador en 1977 en la Unión Soviética y Mongolia, año en el que crea, con nostalgia, el partido Concordia Catalana.

Samaranch no escondió su pasado falangista y adicto al Régimen que tanta prosperidad le proporcionó en todos los sentidos. A la muerte del dictador declaró: “El mandato de Franco representará uno de los más brillantes periodos de la historia de España, sin ningún lugar a dudas. Todos los españoles lloramos la desaparición de Franco”. Es incomprensible que un museo de una ciudad como Barcelona, que presume de ser estandarte de los derechos humanos, lleve el nombre de un fascista, que tiene la medalla de la ciudad. Es incomprensible que un país como Catalunya, que quiere ser marca de democracia, permita que Samaranch ostente la Medalla d’Or de la Generalitat.

Este julio queremos recordar los julios de antifascismo combativo, como el julio olímpico que no significó un hito deportivo, sino la mayor muestra de solidaridad mundial conocida, la de las mujeres y hombres brigadistas venidos de todo el mundo para luchar por nuestra libertad

Samaranch es un claro ejemplo de cómo en el reino de España se blanquea el fascismo sin ningún tipo de vergüenza. Juan Antonio pasó, de alabar a Franco con su uniforme de falangista, a figura democrática considerada motor, totalmente interesado, de los cambios que para muchos definen la actual Barcelona. Su despedida fue una muestra de cómo se banaliza el fascismo. Fue una despedida de honor en el Palau de la Generalitat, una institución que su querido Franco cerró y reprimió. Mientras no haya valor democrático para poner fin a la impunidad del fascismo, que nos condena a un futuro sin derechos ni libertades, no habrá verdad, ni justicia, ni reparación para las víctimas del franquismo y la transición. No habrá respeto por los derechos humanos mientras se permita que personajes como Samaranch pasen a la historia como grandes hombres. Samaranch, que levantaba el brazo, ufano, junto a Martín Villa, otro escalador de prebendas en la olimpiada de la represión de la dictadura y en la de la impunidad, en lo que los que avalan la transición se atreven a llamar democracia.

Este mes de julio de cloaca abierta, que a la mayoría acostumbrada al hedor a podrido de España no le hace arrugar la nariz, nos tendría que empujar a luchar con más fuerza contra un horizonte de fascismo, que continuará acaparando récords olímpicos de injusticia si no oponemos resistencia. Nuestro sentido crítico tiene que deshacerse del bozal y la correa para que no nos saquen a pasear al son de titulares manipuladores que nos llamen al conformismo. Tenemos que estar alerta, con el sentido de la justicia bien afilado, y tener claro que no son tiempos para conformarse con las migajas, que es la hora del pan entero, si queremos saciar el hambre de siglos de opresión. Son tiempos de conjurar el miedo, pues los lobos con los que nos quieren asustar y tenernos arrodillados no vendrán, porque nunca se fueron, muchos con piel de cordero protegiendo a la manada que ataca al rebaño. Impunidad de cloacas.

Por eso, este julio queremos recordar los julios de antifascismo combativo, como el julio olímpico que no significó un hito deportivo, sino la mayor muestra de solidaridad mundial conocida, la de las mujeres y hombres brigadistas venidos de todo el mundo para luchar por nuestra libertad. Por respeto a su memoria, pedimos que Samaranch no dé nombre al museo olímpico de la ciudad. Pedimos al Ajuntament de Barcelona y a la Generalitat de Catalunya, que forman parte del patronato del museo, que retiren el nombre de Juan Antonio Samaranch. Pedimos también que le sean retiradas las distinciones, tanto la del Ajuntament como la de la Generalitat. Y al estado le pedimos que le retire el título de marqués que le otorgó el sucesor del Caudillo, que por la Gracia de su dios nos inoculó el virus de la monarquía. Corona de cloacas.

Veritat, Justicia, Reparació:
El dissabte 30 de juliol a les 12 hores a la plaça Sant Jaume, BCN.
Samaranch no és nom per a un museu

– Traducido para LoQueSomos por Leticia Palacios
* Mesa de Catalunya d’Entitats Memorialistes
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