Barcelona. 146 concentració: Veritat, Justicia, Reparació. Captius y confiscats

Mesa de Catalunya*. LQSomos.
Traducido por Leticia Palacios. LQSomos.

Los fascistas secuestraron y asesinaron, robaron generaciones de personas valiosas y queridas, víctimas de desaparición forzada o involuntaria, que acabaron sus vidas en las tapias de los cementerios, en las cunetas de los caminos, en oscuras fosas que aún están por abrir

Veritat, Justicia, Reparació:
El dissabte 28 gener a les 12 hores a la plaça Sant Jaume, BCN.
 Captius y confiscats

Dice el diccionario que la confiscación en derecho penal es la pena pecuniaria que consiste en la privación de bienes del culpable en beneficio del estado. En el caso del franquismo la confiscación fue un cínico contrasentido equivalente a las penas de rebelión o auxilio a la rebelión, donde el culpable acusaba y culpaba al inocente. Pero los fascistas no solo castigaron a las víctimas de sus execrables crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles excepto en el Reino de España, a pagar sanciones o multas. Multas muchas veces disfrazadas de donativos a la causa de la gloriosa cruzada contra los enemigos de su patria indivisible. Humillación tras humillación, los familiares de los fusilados aparecían en las páginas de los periódicos como donantes voluntarios al régimen de los golpistas, tragándose la rabia y las lágrimas. Además de estas sanciones, también decomisaron edificios, negocios, viviendas, bibliotecas particulares, documentación… El expolio que sufrieron las víctimas que aún tenían algo que perder fue una catástrofe, familias enteras se quedaron sin nada. Los asesinos iban arrasando por donde pasaban, se cobraban el botín de guerra incluso en su paz. Su hambre insaciable de venganza, que todavía pervive, su odio infinito al vencido, fue el motor de una posguerra salpicada de sangre antifascista.

Los golpistas fueron ladrones y asesinos con crucifijo. Nuestro compañero Pere Fortuny, hijo del alcalde fusilado de Mollet del Vallès, Josep Fortuny i Torrens, siempre ha denunciado que los asesinos de su padre no tuvieron bastante con su muerte. Les robaron todo menos la dignidad y esto porque era imposible hacerlo. El cura de la localidad, que tuvo un papel fundamental en el fin de su padre, se quedó con todo lo que tenían, negocio, casa. Pero no quedó satisfecho con eso, también quiso enviar a Pere y a su hermana a un hospicio, sin éxito, porque quedaron a cargo de su abuela con el consentimiento de la madre. El suyo no fue un caso aislado, la dictadura robó a las hijas y los hijos de los defensores de la República, crímenes que, por desgracia, no acabaron con la muerte del dictador. Hijas e hijos educados en el nacionalcatolicismo y en el rechazo a sus padres, y en el caso de los recién nacidos, en el total desconocimiento de la existencia de sus padres biológicos.

También robaron a instituciones privadas y públicas. En este capítulo queremos subrayar la encomiable tarea de la Comissió de la Dignitat en su lucha por la devolución de este tesoro histórico, lucha que aún continúa. Y no solo por la devolución de los llamados Papeles de Salamanca, sino también por su perseverancia en la exigencia de que la titularidad del edificio de Via Laietana vuelva a las instituciones de Catalunya. La finalidad de esta lucha es que la actual Jefatura de la Policía Nacional sea trasladada, junto con su orgullo de conquistadores, y que la que fue casa de la tortura y los horrores, se convierta en un museo de la represión que honre a las víctimas.

Entre los sinónimos de confiscación encontramos decomiso, una de cuyas acepciones es secuestro. Los fascistas secuestraron y asesinaron, robaron generaciones de personas valiosas y queridas, víctimas de desaparición forzada o involuntaria, que acabaron sus vidas en las tapias de los cementerios, en las cunetas de los caminos, en oscuras fosas que aún están por abrir. También secuestraron la alegría de vivir de sus familiares, vidas suspendidas en la incertidumbre desde el día en el que llamaron a la puerta e hicieron subir a su padre o madre, hija o hijo a un camión en un terrible viaje sin retorno. Sus cuerpos alimentaron la tierra y sus ideales nuestro espíritu de lucha por la verdad, la justicia y la reparación. Lucha por la devolución de sus huesos secuestrados, que aún esperan ser rescatados.

No hubo confiscación, el estado de la dictadura no era legal, hubo muerte y robo.

Hoy recordamos que hace 84 años comenzó el año de la victoria definitiva de los fascistas españoles. Recordamos que las tropas franquistas desfilaban por nuestras avenidas, que iban conquistando las últimas posiciones de una legal república deshecha por un golpe de estado, que ahora marchaba al exilio. Recordamos el expolio de vidas y bienes. Recordamos que en 1939 pasaron y continúan su desfile cada vez más ufanos. Pero lo más importante que tenemos que recordar es que no podemos recordar solamente, tenemos que actuar, tenemos que plantar cara en pie y con coraje, porque la guerra contra el fascismo no ha acabado todavía y no podemos perder más batallas.

Veritat, Justicia, Reparació:
El dissabte 28 gener a les 12 hores a la plaça Sant Jaume, BCN.
Captius y confiscats.

– Traducido para LoQueSomos por Leticia Palacios
* Mesa de Catalunya d’Entitats Memorialistes
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