Discos vs. Streaming: la guerra de los diez años

Mariano Muniesa*. LQS. Enero 2020

El mercado del vinilo puede inclinarse hacia el rock, pero se inclina aún más hacia la nostalgia…

Si nos aproximamos objetivamente a todo lo que ha sido la historia del rock, cada década se ha caracterizado por incorporar unos elementos que han marcado decisivamente la evolución del género en cada uno de esos periodos.

Hemos dicho adiós a 2019, y con él a la segunda década del siglo XXI. Si nos aproximamos objetivamente a todo lo que ha sido la historia del rock, cada década se ha caracterizado por incorporar unos elementos que han marcado decisivamente la evolución del género en cada uno de esos periodos.

En los años 70 el gran cambio en la industria del rock a nivel discográfico fue la implantación del LP, el disco de larga duración como formato básico y fundamental en sustitución de los singles, en los años 80 el cambio fue tecnológico por un lado con la llegada del CD como soporte principal y mediático por otro con el desarrollo masivo del video-clip y de la cadena de televisión MTV, y en la primera década del siglo el gran cambio llegó con la irrupción de Internet y la descargas gratuitas de música a través de plataformas como Napster, Emule o Soulseek. En este decenio hemos vuelto a vivir un fenómeno que ha transformado por completo todo el panorama de la producción, consumo y distribución de la música de manera realmente revolucionario. Lo que ha sucedido en el mundo del rock, y más concretamente con el álbum de rock entre 2010 y 2019 se puede resumir en una palabra: Spotify. Sí, hay otros servicios de escucha y streaming disponibles y Apple Music está demostrando ser un competidor formidable, pero nada dio forma a la década y reformó el mundo del disco como Spotify.

Cuando repaso algunos titulares y artículos de revistas como Billboard o Rolling Stone de 2010 ó 2011, me sorprende como la aparición de Spotify suscitó en medios de esa envergadura apocalípticos anuncios proclamando que el álbum estaba «muerto» y que los servicios de streaming monopolizarían todo el proceso de creación, difusión y comercialización de la música. Sin embargo, las asombrosas ventas de Ed Sheeran, Taylor Swift o Adele pronto demostraron que las cosas no eran tan sencillas.

Pero incluso analizando las ventas de discos de artistas a un nivel fuera del mainstream, esta década no nos ha traído la muerte del disco; sí una profunda transformación, que ha pasado por la recuperación de formatos teóricamente ya desaparecidos, –vinilo, casette- la implicación del público en la propia edición de los discos con la implantación del crowdfunding e incluso un cierto cambio cultural en su concepción por los compradores. Del mero recipiente de canciones a su consideración como parte de un todo que engloba, sobre todo en las ediciones aniversario de muchas grandes obras clásicas de la historia del rock, la obra completa en diferentes soportes, fotografías, libros u objetos destinados a un mercado muy concreto y conocido, el mercado del coleccionismo musical.

Tomando como referencia un país de la relevancia en la historia de la música popular contemporánea como Gran Bretaña, resulta muy significativo comparar las cifras de ventas. A comienzos de la década, de acuerdo con los números de la BPI (British Recorded Music Industry), el single como objeto físico estaba prácticamente en la tumba frente al 98.7% de las ventas digitales de sencillos en 2010 mientras que el CD estaba en torno al 49%. Ese año, dentro de las ventas de discos, el rock representó el 31.2% de todas las ventas de álbumes (seguido por el 30.9% para el pop y 10.4% para el R&B). También fue el mayor género en términos de ventas de CD (29.7%), descargas digitales (37.8%) y disco de vinilo, acumulando un asombroso 69.1%. Aunque tengamos en cuenta que para la BPI en cuanto a categorización de géneros tiene una definición muy amplia de «rock», que va desde Iron Maiden a Mumford & Sons, lo cierto es que estos datos ponían claramente en cuestión esa desaparición del disco como soporte musical.

Es a partir de 2015 cuando el streaming empezó a contar dentro de los ranckings de ventas de discos, y con ello cambiando totalmente los baremos que se habían utilizado hasta entonces, puesto que ya la compra de un disco ya no era el único elemento para cuantificar su repercusión; para medir el éxito comercial de un álbum, se incluyó como medio de contabilizar las reproducciones en streaming lo que se conoce como el «álbum equivalente de transmisión», una ecuación digital enormemente complicada, pero que en resumen establece un promedio extraído del resultado de dividir las pistas más reproducidas en streaming del disco entre el total de reproducciones del resto de canciones que componen el álbum. Siguiendo esta fórmula, aceptada por la industria musical con muchas reservas y críticas, en 2018 el mercado de venta global de álbumes fue 25.4% físico, 63.6% de streaming y 11% compra digital a través de servidores como iTunes. Y dentro de ese panorama, y como decíamos al comienzo, el disco de vinilo es el formato que más ha crecido: Si en 2010, solo 0.2 millones de álbumes se vendieron en vinilo en el Reino Unido y representaron un 0.2% del mercado de álbumes perfectamente simétricos, en 2018 pasado se vendieron 4.3 millones de LP y representaron el 8.9% de todas las ventas de álbumes.

¿Significa ello que el futuro del disco convencional esta garantizado? Hay un dato que creo que sugiere una reflexión muy significativa. Volviendo a datos de la BPI, en 2018, el álbum más vendido en el Reino Unido en vinilo fue «Tranquility Base Hotel & Casino» de Arctic Monkeys, seguido de la banda sonora de «The Greatest Showman». Luego le siguieron en orden «Rumours» de Fleetwood Mac, los grandes éxitos de Queen, «Dark Side Of The Moon» de Pink Floyd, «Nevermind» de Nirvana, y»‘(What’s The Story) Morning Glory?» de Oasis. Es decir, el año pasado tan solo dos de los álbumes de vinilo más grandes de 2018 eran en realidad de 2018 o muy finales de 2017 en el caso de «The Greatest Showman» y la mitad de ellos eran del último milenio. El mercado del vinilo puede inclinarse hacia el rock, pero se inclina aún más hacia la nostalgia.

Si el álbum tuvo que luchar por su supervivencia en la década de 2010 contra el auge del single, ambos tendrán que luchar contra el aumento del podcast. Spotify en particular considera los podcasts como la clave de su futuro y recientemente ha invertido cientos de millones de dólares comprando compañías de podcasts como Anchor y Gimlet y ha invertido millones, por ejemplo, en la reciente serie documental «Stay Free: The Story Of The Clash». Apple Music, Deezer y otros también están convencidos de que esta es la dirección en la que sopla el viento, y este es el nuevo reto que tendrá que afrontar el disco, el álbum tal y como lo conocemos en la nueva década.

La apuesta para la supervivencia del álbum parece clara: vincular la venta del disco físico a la compra de entradas para conciertos, hacer packs de merchandising, seguir potenciando el crowdfunding o desarrollando estrategias de venta fuera de los grandes y ya inadecuados grandes circuitos comerciales. El resultado, dentro de nada… en 2029.

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* Nota original del diario “La Región”

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