En Uruguay: violencia, conflictos y desazón

En Uruguay: violencia, conflictos y desazón

Por Nicolás Centurión*. LQSomos.

En el discurso de asunción de Lacalle Pou en 2020 dijo: “Si en cinco años los uruguayos son más libres, habremos hecho bien las cosas”. La pregunta que cae de madura es: ¿Somos más libres, Presidente?

Un camino opuesto a la libertad

La escalada de violencia social emerge en varios puntos del Uruguay. Aumentan los homicidios y la forma en que estos se perpetran. Crecen los conflictos laborales y el puerto de Montevideo vuelve a ser foco de una lucha distributiva entre dos multinacionales en la que los trabajadores quedan en el centro como rehenes.

El gobierno derechista encabezado por Luis Lacalle, en otro intento de falsear la historia y generar controversia, planteó celebrar el Día del Soldado en mayo, mes de la memoria donde se realiza la Marcha del Silencio, en honor y memoria a los detenidos-desaparecidos durante la dictadura cívico-militar de 1973 a 1985. Por otra parte, surge un nuevo partido político que viene a sumar una nueva expresión de los poderes concentrados.

El gobierno se ufana de que la libertad es uno de sus principios rectores. Curiosa libertad, la uruguaya actual.

Va bala

En los primeros 11 días de mayo se registraron 15 homicidios, la misma cifra que cerró mayo de 2021. La improvisación del Ministerio del Interior encabezado por Luis Alberto Heber se refleja en estos resultados.

Mucho se le achacó al centroizquierdista Frente Amplio por su gestión materia de seguridad. Los resultados no acompañaron, pero justamente porque sus políticas en esta materia se derechizaron y apostó al punitivismo más que a medidas de mediano plazo, más por cuestiones electorales que otra cosa.

La derecha hizo de la seguridad pública su caballito de batalla, se volvió a subir a él en campaña por el referendo contra la Ley de Urgente Consideración (LUC). Según sus propios voceros, como decía el diario El País en su editorial del 20 de octubre de 2021, “con la LUC vivimos más seguros.”

Bajo pandemia el gobierno se arrogó como logro propio el descenso en la cifra de los delitos. Ningún gobierno en el mundo tuvo ese tupé, porque estaba claro que al haber menos circulación de personas, el delito también disminuía. Ahora que los homicidios están creciendo de manera exponencial, ¿el gobierno dirá que también es obra y responsabilidad de la covid-19?

Estamos asistiendo no solo a un aumento de cantidad – 35% en el primer semestre de 2022- sino que también en una escalada de violencia alarmante. Cuerpos descuartizados, calcinados, ejecuciones a plena luz del día, a la vista de todo el barrio, incluso a los ojos de los hijos que en ese momento pasaron a ser huérfanos.

La mayoría de la población tiene poca o ninguna confianza, reportando un -19% en la arobación de la gestión de Heber, el ministro del Interior, según un relevamiento de la Usina de Percepción Ciudadana. El 83% cree que la inseguridad aumentó o sigue igual.

Este caldo se viene cocinando hace décadas. Las autoridades (in)competentes han hecho la vista gorda, han sido negligentes y en el mejor de los casos no han dimensionado la peligrosidad que revisten sus políticas en seguridad que vuelven como un boomerang, pero nunca en la puerta de sus casas ni en sus barrios.

Tener uno de los índices de presidiarios más altos en América Latina, hacinar miles de seres humanos en centros de tortura como son las cárceles, azuzar con mano dura en cada campaña electoral, proponer legislación punitivista, querer bajar la edad de imputabilidad y darle piedra libre a la policía para reprimir, no está dando resultados positivos.

Mientras tanto, el pobrerío sufre el avance del narco. Solo ve al Estado cuando llega con los “operativos de saturación” más conocidos como razzias. Mientras tanto, los que ingresan por unos pocos gramos de marihuana a una cárcel son condenados a varios años de prisión y otros que han sido capturados con toneladas de cocaína para exportar, han sido beneficiados con prisión domiciliaria en sus lujosas mansiones.

Silencio atronador

Desde 1996 se viene realizando la Marcha del Silencio todos los 20 de mayo, que año a año suscita más concurrentes y es la que, junto con la del 8M, concita más adhesiones. La marcha y la militancia de Madres y Familiares de detenidos-desaparecidos ha logrado consolidar a mayo como el mes de la memoria. Este 2022 es la primera presencial luego de dos años con marchas virtuales y performances sin concentración.

Uruguay, con un debe enorme en materia de derechos humanos y reparación histórica, sufre las consecuencias de la impunidad teniendo en el Parlamento un partido de ultraderecha como Cabildo Abierto, que reivindica camufladamente el accionar de las Fuerzas Armadas en la dictadura . Y sus filas las integran torturadores y represores.

Las fuerzas de la impunidad y los fanáticos de la teoría de los dos demonios, no contentos con seguir sosteniendo su manto de olvido, han generado otro episodio deleznable. El gobierno, a través del Ministerio de Defensa, pretende instaurar el Día del Soldado oriental solo cuatro días después de la Marcha del Silencio.

El lunes 3 de mayo el ministro de Defensa, Javier García, realizó el lanzamiento del Mes del Soldado, en el Instituto Militar de Estudios Superiores. El comandante en jefe del Ejército, Gerardo Fregossi, explicó que la fecha responde a la muerte de Manuel Artigas, el 24 de mayo de 1811, y que “la Junta Revolucionaria de Buenos Aires reconoce como el primer oficial muerto en combate en el momento de la revolución”.

“¿No hay otro mes que se pueda tomar como referencia?”, inquirió el diputado del MPP Sebastián Valdomir. En la misma línea, el senador y exministro de Defensa del gobierno frenteamplista, José Bayardi, planteó que “no aporta mucho, en este contexto, un proyecto de estas características”.

“Muertes de soldados orientales en la primera independencia debemos de tener muchas, e incluso no necesariamente tendría que ser ubicado en un día de muerte”, consideró en declaraciones a Ladiaria. El ministro Javier García declaró: “Competencia” entre Marcha del Silencio y Día del Soldado Oriental es “perversa”.

Un solo Uruguay

El movimiento de “autoconvocados” Un Solo Uruguay (USU) se planteó formarse como partido político para las próximas elecciones de 2024. Una de sus principales razones es que a pesar del cambio de gobierno, “el barco sigue en el mismo rumbo”. USU surgió en 2018 como un movimiento que quería ser vocero de medianos productores pero que sus reclamos eran más parecidos a los que históricamente han hecho los terratenientes y grandes ganaderos

Su planteamiento es que los productores del campo están siendo aplastados por los impuestos de los políticos que desde Montevideo y un escritorio designan las políticas, incurren en gastos excesivos e irresponsables para ganar votos; financian esos gastos con impuestos, endeudamiento externo y generación de déficit fiscal.

Ellos son el campo, el “país productivo”, que está fuera de Montevideo pero desde allí es parasitado. Según el dirigente Guillermo Franchi “se sigue hablando de temas como si estuviésemos en una campaña electoral permanente”.

El ruralismo en Uruguay no es novedoso, contando la experiencia de Benito Nardone, quien con su Liga Federal generó uno de los últimos movimientos de masas de derechas. Pujó hasta llegar al gobierno colegiado y darle en 1959 el primer gobierno a los “blancos” en el siglo XX.

Esta versión de ruralismo siglo XXI de USU llega un poco diluida: con el pasar del tiempo fue perdiendo fuelle y con la vuelta de la derecha al gobierno quedó en un rincón testimonial. Es que lo que pretende USU ya lo reclama la Asociación Rural del Uruguay y a ella sí que el gobierno le presta atención.

Puerto tomado

Desde que el gobierno liderado por el derechista Luis Lacalle Pou, entregó la concesión del puerto de Montevideo hasta 2081 a la multinacional belga Katoen Natie, los trabajadores han estado en conflicto. La forma en que se dio está concesión fue bastante oscurantista y discrecional. Se destaparon tmas que demuestran muy poca transparencia en el proceso y aun no se ven los beneficios para el país.

En el puerto de Montevideo operan dos empresas: Katoen Natie y Montecon. La primera, a raíz de la concesión pasó a ser prácticamente monopólica. La segunda enjuició al Estado por perjuicios. En el medio quedaron los trabajadores que están siendo despedidos; 150 podrán ser despedidos y tras los reclamos de los trabajadores 56 quizá puedan ser reintegrados de aquí a un año. Mientras los restantes despedidos cobraran un seguro de paro especial y 550 trabajadores verán su jornal reducido al 50%.

Es un conflicto muy complejo por la dinámica del puerto, la cantidad de sindicatos que allí existen y los intereses que hay de por medio. El gobierno pretende romper la lucha queriendo instalar la idea de que la cntral sindical unitaria PIT-CNT está aliado a la multinacional Montecon, pero lo que hizo el gobierno no hace más que reafirmar que ellos están del lado de Katoen Natie. Si Montecon cierra, el monopolio será efectivo.

El gurú

Por si faltaba algo, la pasada semana visitó Uruguay el escritor devenido en vocero del think tank Fundación para la Libertad, Mario Vargas Llosa. Participó de una charla en el criollo entro de Estudios para el Desarrollo y fue recibido por el presidente Luis Lacalle Pou. Resaltó las virtudes de Uruguay y siempre poniendo de enemigo al populismo. Entre Lula y Bolsonaro eligió a este último. Optó por Uribe en Colombia, por Piñera en Chile. Ya vimos cómo fue su suerte. Ahora opta por Lacalle Pou. El tiempo dirá.

Los grandes capitales se sirven de la libertad financiera que le ofrece este gobierno, pero en los barrios hay cada vez más rejas y más balas. Menos comida y más droga. Menos trabajo y más violencia. En el discurso de asunción de Lacalle Pou en 2020 dijo: “Si en cinco años los uruguayos son más libres, habremos hecho bien las cosas”. La pregunta que cae de madura es: ¿Somos más libres, Presidente?

* Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP). Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Uruguay – LoQueSomos

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