¿Está perdiendo China la guerra comercial de Estados Unidos?

¿Está perdiendo China la guerra comercial de Estados Unidos?

Por Pedro Barragán*

La guerra comercial de Estados Unidos contra China comenzó en marzo de 2018 con Donald Trump como presidente. Posteriormente Joe Biden incrementó la guerra contra China y consiguió empujar a algunos países occidentales en su campaña.

Anteriormente Estados Unidos ya mantenía una guerra propagandista, mediante la manipulación de la información en los medios de comunicación controlados por Occidente, en contra de China con el objeto de desprestigiar la tremenda revolución económica, sin parangón en la historia, llevada a cabo por este país y para desestabilizar al gobierno chino. Ejemplos de esta guerra blanda en los medios de comunicación son las campañas conocidas de que China es el mayor contaminador del mundo (falso si medimos la contaminación por habitante); China explota a África y le quita sus materias primas (la inmensa mayoría de las inversiones chinas en África son en infraestructuras y con mejores condiciones financieras que los préstamos de las instituciones “oficiales” -FMI y Banco Mundial- y cuentan con el apoyo de casi todos los gobiernos africanos de cualquier color); los intentos de desestabilizar Hong Kong financiando a los grupos separatistas violentos y vistiéndolos de demócratas en la prensa internacional; la campaña de difamación contra Xinjiang para intentar alentar a los grupos terroristas islámicos en la región musulmana de China; etc., etc. Guerra de propaganda que se desarrolla simultáneamente al rodeo de China de bases militares norteamericanas en los países vecinos (Corea, Filipinas, Japón), a la permanente presencia de destructores y portaaviones americanos en el Mar de China (imaginemos los telediarios si China desplegase su flota de guerra en el Golfo de México) y al equipamiento armamentístico de la separatista Taiwan.

Y todo esto ocurría simultáneamente a una creciente integración de las economías norteamericana y china. Las exportaciones chinas a Estados Unidos crecían sin parar al igual que las inversiones de las empresas norteamericanas en China, mientras este país se convertía en el mayor financiador mundial de la Deuda Pública norteamericana. Porque China solo busca el progreso económico y no entra ni tiene intención de entrar en las provocaciones occidentales, ni pretende ser el polo de ningún eje mundial y mantiene relaciones amistosas y de cooperación económica con todos los países independientemente de su ideología o posicionamiento.

Pero el crecimiento de China y el sorpasso a la economía norteamericana se hizo insoportable para Estados Unidos, decidido a ser el único líder mundial y a perpetuarse como la mayor economía del mundo.

La guerra comercial de Estados Unidos contra China

La guerra comercial norteamericana se ha llevado a cabo a través de varios instrumentos:
– la guerra arancelaria para encarecer los productos chinos en Estados Unidos,
– el bloqueo de las principales empresas chinas impidiéndoles su normal operación, que es el caso de Huawei, Tik Tok, ZTE y de otras más de 600 empresas,
– la prohibición a las empresas chinas de invertir en empresas norteamericanas,
– la prohibición a los ciudadanos y empresas norteamericanos de invertir en empresas chinas,
– el intento de desviar las cadenas de suministro hacia otros países del sudeste asiático,
– el intento de bloquear las inversiones extranjeras en China (influyendo directamente sobre determinados fondos, expulsando a las empresas chinas de Wall Street, y la campaña mediática de que la economía china se hunde),
– o la prohibición directa de productos chinos con argumentos variopintos y no admisibles por la OCDE (caso de los coches eléctricos, las baterías o los paneles solares de Xinjiang).

Sirva el ejemplo de Huawei para entender este bloqueo: el mayor fabricante de teléfonos del mundo ve como se le prohíbe a Google que sus aplicaciones estén en sus móviles o la compra en el mercado internacional de determinados componentes, y siendo el mayor proveedor de centrales telefónicas Estados Unidos logra que un gran número de países occidentales fuercen a sus compañías telefónicas a prescindir de sus equipos.

China era y sigue siendo un país importador de semiconductores. Los semiconductores forman parte de todos los productos que contienen electrónica (ordenadores, teléfonos, electrodomésticos, coches, barcos, aviones, etc.) y su consumo en China se mide por miles de millones de unidades. En un mercado globalizado era normal que cada país se especializase en determinados productos y los componentes y materiales utilizados para fabricar un coche, por ejemplo, proceden de muy diferentes países en todas las fábricas del mundo. Conocedor Estados Unidos de que China es un país importador de chips o semiconductores y que la fabricación en el mundo esta concentrada en Estados Unidos y un pequeño grupo de países aliados (Taiwan, Holanda, Japón y Corea), toma la decisión sin precedentes de bloquear el acceso de China a este mercado. Se argumenta en la prensa que la decisión se adopta por razones de seguridad nacional, ya que los chips se utilizan en la fabricación de armamento, pero no es la fabricación de armamento la que se quiere torpedear sino la fabricación de teléfonos móviles, de coches, de aviones comerciales, de barcos mercantes y de todo tipo de electrónica.

¿Está consiguiendo Estados Unidos su objetivo de bloquear la economía y el desarrollo de China?

Es evidente que la sucesiva escalada de agresiones comerciales de Estados Unidos contra China no es sino el reflejo del fracaso de las anteriores. Sin embargo, la acumulación que se está produciendo ¿ha terminado por afectar a China?, ¿pondrá a la economía china contra las cuerdas?. Vamos a analizarlo a través de los datos económicos que se van publicando.

– China compensa la reducción de exportaciones a Estados Unidos y sus aliados con el incremento de las exportaciones al resto del mundo

Durante 2023 Estados Unidos ha tratado de desacoplarse de China intentando romper las cadenas de suministro y desviarlas hacia otros países como India o Vietnam. Al mismo tiempo ha forzado a la Unión Europea, Japón y Corea a seguirle en esta tarea destructiva de la economía mundial. Ha contado como aliado excepcional con la ralentización económica y la desaceleración del comercio mundial generada. A pesar de ello y como se muestra en el gráfico, solo ha conseguido reducir las exportaciones chinas al grupo occidental en un 6,3 % respecto a 2022. Estos países han pasado de representar el 44,9 % de las exportaciones chinas al 42,3 %, casi tres puntos porcentuales que se reparten a partes iguales entre Estados Unidos, la Unión Europea y Corea. El aumento de las exportaciones al resto de los países del mundo ha situado finalmente el crecimiento anual de las exportaciones totales de China en el 0,6 %. En el crecimiento de las exportaciones destacan por países los incrementos notables a Rusia y a los países socios de la “Franja y la Ruta” (que es una estrategia de desarrollo de infraestructura global y cooperación internacional impulsada por China en la que ya participan más de 130 países y que replica la antigua ruta de la seda). En el caso de este último grupo de países y si nos fijamos en el comercio exterior total (exportaciones más importaciones), en 2023, el comercio de China con ellos aumentó un 2,8 por ciento interanual hasta los 19,47 billones de yuanes, lo que representa el 46,6 por ciento del comercio total de China.

En cualquier caso y como se aprecia en el gráfico, las exportaciones chinas se dirigen por igual a todos los países del mundo como la mayor industria manufacturera mundial que es.

Si nos fijamos en los productos exportados se observa un desplazamiento hacia productos de un mayor valor añadido tecnológico y ecológico en detrimento de los intensivos en mano de obra (los fuertes crecimientos salariales de China desplazan la fabricación de estos productos hacia otros países del sudeste asiático). En 2023 ha habido varios productos estrella en las exportaciones como son los coches eléctricos, las baterías, los paneles solares y las turbinas eólicas, todos ellos de alto contenido tecnológico y en la vanguardia mundial para la descarbonización del planeta. Como hitos notables de este año, China ha pasado a ser el mayor exportador de automóviles del mundo, concentra ya más del 50 % de la construcción naval en el mundo y ha comenzado a competir con Boeing y Airbus en la aviación comercial.

Hasta hace unos años, China importaba componentes básicos y los ensamblaba para su exportación, generando un gran volumen de importaciones y exportaciones y poco beneficio. Hoy en día, el flujo se ha modificado y China es un gran fabricante de productos intermedios de alto valor agregado que se exportan al Sudeste Asiático, a la India, a México y a otros países que los ensamblan y los exportan a Estados Unidos y a otros países occidentales. Las exportaciones a Occidente han disminuido pero las empresas chinas han ascendido en la cadena de valor de la industria.

No parece que el objetivo de bloquear las exportaciones chinas haya sido logrado por Estados Unidos.

– El crecimiento económico de China en 2023 se sitúa en lo alto de los grandes países, el PIB crece un 5,2 % y aporta el 32 % del crecimiento mundial

A lo largo de 2023 y fundamentalmente a partir de junio hemos venido siendo testigos de la fuerte campaña de los medios occidentales contra la economía china, con noticias constantes y en toda mención a China, sobre la grave crisis económica que estaba padeciendo. La crisis del sector inmobiliario, la deuda de los gobiernos locales y la supuesta huida del capital extranjero estaban hundiendo la economía china. Se trataba de desprestigiar el desempeño de este país y de tratar de sembrar la duda entre los inversores internacionales. La realidad siempre se termina imponiendo y el sector inmobiliario sigue su reestructuración sin que ninguna empresa, de las que tanto nos han hablado los medios occidentales, haya quebrado y con una deuda pública total de China (la deuda local + la deuda del gobierno central + la deuda del resto de organismos públicos) que asciende tan solo al 77,1 % del PIB, frente al 111,6 % de España, el 126,4 % de EE.UU. (2021), o el 255,37 % del PIB de Japón (2021) y que es una de las más saneadas del mundo. El nivel de deuda pública de China, medida en términos del ratio sobre el PIB, es inferior a los niveles de endeudamiento de las principales economías de mercado desarrolladas. En general, el riesgo de China es bajo y manejable, muy lejos del riego de deuda que están acumulando muchos países occidentales en un momento de fuerte crecimiento de los tipos de interés en Occidente. Todo ello ha obedecido al deseo de muchos medios occidentales de poder imaginar o hacer creer que el desacoplamiento norteamericano estaba logrando el declive económico chino, soñando quizás que este desacoplamiento occidental iba a hundir las exportaciones chinas y su economía.

Shanghai

Finalmente el crecimiento del PIB de China en 2023 ha sido del 5,2 %, cifra que supera el objetivo de crecimiento anual del PIB preestablecido por el gobierno. Es una fuerte refutación de toda la desinformación vertida por los medios occidentales en los últimos meses. Pero si no nos gusta la realidad siempre queda el recurso de taparla. Por ejemplo, el diario El País en España ha escondido la noticia en un plano muy interior y la titula “China crece un 5,2 % en 2023 pero da muestras de que la recuperación no termina de llegar”. Tremendo el análisis, el crecimiento de China es en 2023 aproximadamente 1,5 veces el de Estados Unidos y alrededor de 16,5 veces el de la eurozona, pero es en China donde la recuperación no acaba de llegar.

Si nos fijamos en los tres componentes del PIB, las exportaciones, el consumo y la inversión, vemos que China avanza con rapidez en la reestructuración de su economía asentada en el pasado en la inversión y las exportaciones y hoy cada vez más en el consumo. Son muchas las iniciativas del gobierno para estimular el consumo que este 2023 a contribuido con el 82,3 % del crecimiento económico (4,3 puntos porcentuales del PIB).

No todo son luces en la economía china, la reestructuración inmobiliaria en curso, la desaceleración del comercio mundial, la guerra comercial de Estados Unidos, la subida de los tipos de interés occidentales y la revaluación del dólar, reman en contra del progreso económico. Pero el resultado final, con un crecimiento notable, muy por encima de las principales economías avanzadas, muestra que la economía china avanza en la dirección adecuada y tiene ante sí un futuro lleno de oportunidades.

China es el primer país importante en publicar los datos de PIB y en el momento de escribir este artículo no disponemos de los datos occidentales. En cualquier caso, el anticipo realizado por el Banco Mundial el 15 de enero es el siguiente:

¿Es la debilidad de la economía china la que está frenando el desarrollo del mundo? O, por el contrario, ¿son los países avanzados bloqueados por la inflación, el endurecimiento de la política monetaria y la desglobalización quienes han ralentizado el mundo?

Un último apunte, la inflación en China es de tan solo el 0,2 % en 2023, frente al 3,4 % de Estados Unidos o el 2,9 % de la zona euro. China mantiene intactas todas las herramientas de estímulo de la economía sin tener que preocuparse por la inflación y sin haber tenido que subir los tipos de interés (al contrario, los ha bajado).

En cualquier caso, no parece que tampoco el objetivo de bloquear el desarrollo de la economía china haya sido logrado por Estados Unidos.

Por último, ¿qué le espera a China en este año 2024?

En primer lugar, todo parece indicar, en línea con las instituciones financieras internacionales que 2024 nos trae una nueva desaceleración del crecimiento mundial como consecuencia de las agresivas políticas monetarias restrictivas desarrolladas en Occidente, de la caída del comercio mundial y de la reducción de la inversión. A todo ello se suman los conflictos bélicos en Oriente Próximo, la inflación, el incremento de la deuda y sus consecuencias financieras, la desglobalización del comercio mundial orquestada por Estados Unidos y los impactos económicos del cambio climático.

Ante esta situación el mundo necesita aumentar la cooperación internacional, mejorar el comercio mundial y hacer frente común ante los retos climáticos, la pobreza extrema en aumento y la inseguridad alimentaria. En lugar de ello, nos enfrentamos a un mundo dividido artificialmente por Estados Unidos, que no le importa su propio declive si a cambio atisba la posibilidad de dejar por el camino a su inmediato competidor. Más guerra comercial, más provocaciones militares en el Mar de China y más desestabilización política a lo largo del mundo.

Occidente trata de generar una segunda “guerra fría”, pero enfrente se encuentra con un país que no deja de avanzar y crecer, que poco a poco va liderando a nivel mundial nuevos sectores económicos, que es líder en I+D+i y en nuevas patentes, pero con una filosofía política pacífica, de defensa del multilateralismo, de no entrar en las provocaciones y de tratar siempre de encontrar un camino pacífico por donde seguir progresando. Una política que se está abriendo camino entre los países en desarrollo que se están agrupando en torno a los BRICS+, que este año seguirán creciendo y que están ya exigiendo el fin del ilegítimo dominio occidental de las instituciones financieras internacionales (FMI y Banco Mundial).

Las previsiones del Banco Mundial para 2024 son una reducción del crecimiento mundial hasta el 2,4 %, desde el 2,6 % de 2023. Por áreas económicas prevee un crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo del 3,9 % frente a las economías avanzadas que tan solo llegarán a un crecimiento del 1,2 %. Dentro de las economías emergentes y en desarrollo pronostica un crecimiento de China del 4,5 %. Por su parte, un número cada vez mayor de instituciones y economistas chinos apuntan a un crecimiento notablemente mayor. El Centro de Pronósticos Científicos de la Academia China de Ciencias ha proyectado que el crecimiento de la economía de China alcanzará el 5,3 % en 2024, significativamente más alto de lo pronosticado por el Banco Mundial.

China mantiene una política de cooperación internacional, sobre la base del beneficio mutuo, para enfrentar todos los problemas geopolíticos y económicos globales. Frente a China, Estados Unidos se aferra a una política de guerra comercial y tecnológica, de proteccionismo comercial y de agresiva política monetaria, que tendrá serias consecuencias para la economía mundial y especialmente para los países en desarrollo.

* Pedro Barragán es economista. Miembro de Cátedra China, temática que deja reflejada en su blog personal. Es editor de la web Archivo de la Transición.
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