La feroz máscara del terror: Uganda

La feroz máscara del terror: Uganda

Por Guadi Calvo*.

Es cierto que las organizaciones armadas wahabitas consideran harām (pecado) a la educación laica y la apuntan como uno de sus mayores enemigos. Se ve claramente en el norte de Burkina Faso, donde prácticamente todas sus escuelas permanecen cerradas y sus docentes han debido escapar de los muyahidines en procura de salvar sus vidas o en Nigeria, donde el mayor exponente de esta clase de terrorismo, también ha castigado de la educación

Por lo que los Seguidores de la Sunnah para la predicación y la yihad en árabe Jamā’atu Ahlus Sunnah Lidda’awatih wal-Jihad, son conocidos popularmente por su nombre en harshen hausa, la lengua más hablada en Nigeria, como Boko Haram, cuyo significado es “la educación occidental es pecado”.

Aunque esas acciones violentas contra la educación, no han pasado más allá del secuestro de alumnos, recuérdese el emblemático caso de la escuela de Chibok en el estado nigeriano de Borno, donde cerca de cuatrocientas alumnas, fueron secuestradas en 2014, y que desde entonces muchas de ellas siguen sin aparecer. O los ataques mortales contra alumnos de una escuela en la ciudad de Peshwar, Paquistán, en 2014 realizado por el Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), donde murieron en 148 personas, de ellos 132 niños, pero ese ataque ha tenido otras implicancias, ya que esa escuela pertenece al ejército pakistaní y ella asistían solo hijos de militares o la acción de 2015, contra la Universidad de Garissa (Kenia), perpetrado por la banda somalí al-Shabbab y donde murieron 150 personas, la mayoría estudiantes, aunque esa operación ha sido más que nada hija de la oportunidad y no concertada por ser una casa de estudios. También han sido muchos los ataques explosivos ejecutados por el Daesh Khorasan en Afganistán, contra instituciones chiitas, donde se ha producido la muerte de numerosos niños, pero cuyo objetivo fundamental, es la provocación y no los alumnos a los que puedan involucrar.

Por lo que es prácticamente un hecho inédito lo sucedido en las últimas horas del viernes 16 de junio, con el ataque terrorista a la escuela secundaria Lhubirira, en la localidad de Mpondwe, en el oeste de Uganda y a dos kilómetros de la frontera con la República Democrática del Congo (RDC) que dejó 41 personas muertas, 38 de ellas estudiantes. Además, de otros ocho sobrevivientes, que debieron ser hospitalizados. Algunos testigos informaron que seis alumnos más han sido secuestrados y obligados a cargar lo saqueado en la escuela, mayormente alimentos.

Según se conoció los muyahidines, antes de iniciar la matanza preguntaron, si había musulmanes entre ellos aclarando que “ellos no matan hermanos” y ante la respuesta negativa, incendiaron el dormitorio, donde se encontraba la mayoría de las víctimas y comenzaron la matanza utilizando solo machetes.

Las primeras informaciones indica que el ataque lo habrían ejecutado las Fuerzas Democráticas del Congo, (ADF, por sus siglas en inglés) ahora autodenominadas Daesh en África Central o ISCAP, una organización de origen ugandés fundada a fines de los años noventa para derrocar al autócrata ugandés, Yoweri Museveni, quien sigue gobernado el país desde 1986. Museveni es un fundamentalista cristiano, fuertemente influenciado por la doctrina de la ultramontana The Fellowship o The Family, muy próxima a personajes como Donald Trump o Steve Bannon, y que funciona secretamente, como tantas organizaciones religiosas, que se mueven en torno al poder en los Estados Unidos. The Fellowship, considera al presidente ugandés, como un hombre clave para su armado político-religioso en el continente africano.

Tras producir un sangriento historial en Uganda, las entonces, ADF, ingresarán a la RDC, con el objetivo fundamental de participar junto a otras fuerzas locales del saqueo a los recursos naturales del país, en ese momento, fundamentalmente, maderas preciosas y oro, aunque ahora también concentran sus operaciones en coltán y otros minerales de gran valor en la industria tecnológica.

Las operaciones de las ADF-ISCAP, se registran casi exclusivamente en las provincias congoleñas de Kivu del Norte e Ituri, que tienen frontera con Uganda. Desde su afincamiento en la RCD, el grupo ugandés se ha convertido en un gran animador del conflicto que se desarrolla en el este congolés, donde docenas de organizaciones armadas, que poco difieren de bandas criminales comunes, generan decenas de muertos de manera cotidiana. Tras la detención en Tanzania del emir de las ADF qadi (juez islámico) Jamil Mukulu, en 2015, fue sucedido por Musa Baluku, quien ha radicalizado todavía más la organización. Desde 2017, las ADF, han asesinado aproximadamente 4500 personas, en una sucesión de unos 850 ataques.

Las ADF, si bien desde su origen se han reconocido como una guerrilla de inspiración islámica, a partir de su vinculación con al-Qaeda, adoptó los fundamentos del wahabismo, por lo que se las ha emparentado con la khatiba somalí al-Shabbab, también tributarios de la organización fundada por Osama bin Laden.

En 2017, el emir Mukulu, realizaría su juramento de lealtad o baya’t, a Abu Bakr al-Bagdadí, para incorporarse al Daesh global. Por lo que meses después se constataba una importante transferencia financiera por intermediación de un agente en Kenia.
Dos años después en 2019, las ADF pasarían a llamarse oficialmente Daesh en África Central (ISCAP), volviendo a jurar lealtad a cada uno de los nuevos califas del Daesh, tras lo que se ha registrado un incremento en la virulencia de sus acciones. Alcanzado en el 2022, un promedio de 116 civiles asesinados por mes.

Según Kampala, las ADF, en sus primeros años, habrían sido alentadas y financiadas por los servicios secretos sudaneses, durante el gobierno de Omar al-Bashir, librando guerra solapada contra Uganda, que se creía financiaba a las fuerzas separatistas de Sudán del Sur.

Se informó que el grupo que atacó la escuela de Mpondwe, uno de los cruces fronterizos más activos entre Uganda y la RDC, está siendo buscado por partidas tanto de la policía, como de efectivos las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda (UPDF), como se conoce al ejército de eses país, que viene de recibir un violento revés en Somalia, donde según las fuentes, entre 54 y 117 de sus efectivos fueron asesinados en una operación de al-Shabbab.

Se conoce que los takfiristas que asaltaron la escuela, han escapado hacia el parque nacional Virunga, en territorio congoleño, en procura de su refugio en las montañas de Rwenzori.

En noviembre del 2021, las fuerzas conjuntas de Uganda y RDC, han lanzado la Operación Shujaa, (Valiente, en suajili) contra los insurgentes wahabitas, en territorio congoleño, a los que hay que sumar a unos 16 mil hombres de la MONUSCO, (Misión de la ONU en la RDC) que todavía siguen en curso sin resultados efectivos.

¿Aviso de llegada?

En el transcurso de este año las ADF- ISCAP, fueron particularmente letales, a mediados de enero se registró en el este de la RDC un ataque explosivo contra a una iglesia pentecostal de la ciudad de Kasindi provincia de Kivu del Norte, en la frontera de la RDC y Uganda, donde fueron asesinadas catorce personas y otras 76 resultaron heridas. En marzo, tras la muerte de uno de sus líderes, la Khatiba, inició una ola de asesinatos que dejó al menos cien muertos en una semana.

Después de la acción de las ADF- ISCAP, del viernes por la noche, será importante monitorear los movimientos de esta organización, ya que este último ataque podría estar anunciando la vuelta a Uganda de esta organización, que tiene importantes vinculaciones con el grupo terrorista que opera en la provincia de Cabo Delgado en el norte de Mozambique y que en estos últimos años protagonizó importantes acciones.

Las últimas acciones en Uganda por parte de las ADF-ISCAP, habían sido, leves, en lo que se pueden entender dentro de la gravedad del contexto: La explosión del día 25 de octubre de 2021, de un artefacto explosivo improvisado o IED (por su abreviatura del inglés) en un ómnibus en la ciudad de Lungala, en el distrito de Mpigi, al margen de la ruta entre Kampala y Masaka, dejó dos muertos. Dos días antes, otro IED, había provocado la muerte de un parroquiano en un bar de la capital ugandesa.

Entre las novedades que ha incorporado la vieja ADF, tras convertirse en ISCAP, son los ataques suicidas, el primero de ellos se produjo en junio de 2021 en la ciudad de Beni, este de la RDC, dejando al menos seis muertos y uno de los últimos, el registrado en la ciudad congoleña de Goma, en abril de 2022, cuando un sahib (mártir) se inmoló en un bar del campamento militar de Katindo. Se conoce que varios ataques han sido frustrados, incluso uno de ellos en Ruanda.

Después de las acciones del viernes, tras un largo silencio en Uganda, las ADF-ISCAP, amenazan con volver mostrando la más feroz máscara del terror.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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