Lenin y el Estado: confusión o revolución

Lenin y el Estado: confusión o revolución

Por Andrés Roldán*

Polémica con Jacobyn-Rooksby… Elegimos desarrollar el artículo como polémica con Ed Rooksby (intelectual inglés, fallecido hace un par de años) uno de cuyos trabajos fue publicado por Jacobyn en el segundo semestre del 2023, que provocativamente se titula “El Estado y la confusión”. Para que queden más claras las diferencias, que no son pocas, nos parece que ayuda comenzar por señalar aquello en lo que coincidimos

A 100 años de la muerte de Vladímir Illich Uliánov

“El Estado y la Revolución cambió el curso de la historia”

Ed Rooksby destaca que El Estado y la Revolución no fue una generalización de la experiencia rusa como han postulados otros autores en Jacobin (Eric Blanc y James Mooldom, entre otros) con los que hemos polemizado en EDM 60.

Investigador y escritor socialista, Ed Rooksby

Por el contrario Ed Rooksby afirma que “la importancia histórica del escrito va mucha más allá de su condición de punto clave de orientación dentro del pensamiento y el debate marxistas. Seguramente no es exagerado decir que El Estado y la Revolución es uno de los pocos textos que cambiaron fundamentalmente el curso de la historia moderna, ya que fue en el proceso de preparación de este panfleto (al parecer realizó la investigación bibliográfica a inicios de 1917 en Zúrich y lo redactó unos meses más tarde, cuando estaba escondido en Finlandia tras ´los días de julio´, para publicarlo finalmente a principios de 1918) que Lenin dio los principales saltos conceptuales y rompió políticamente con sus supuestos anteriores, sin los cuales la toma del poder en Rusia en octubre, casi con toda seguridad, no se habría producido”.

Y continúa “El giro de Lenin hacia la idea de que los órganos soviéticos que habían proliferado espontáneamente en el curso de la Revolución de Febrero manifestaban el poder obrero revolucionario y de que la estrategia bolchevique debía pivotear sobre el objetivo de transferir la totalidad del poder estatal de las instituciones del Gobierno Provisional a los soviets fue enunciada públicamente por primera vez –para gran conmoción y desorientación de muchos de sus camaradas de partido- en sus Tesis de Abril. Pero la génesis y gestación de este giro en su orientación estratégica estuvo claramente ligada a la investigación y reflexión que realizó en las notas que tomó en enero y febrero de 1917, que acabarían publicándose como El Estado y la Revolución”.

Es muy explícita esta rotunda afirmación de Ed Rooksby. Esperemos que lleve a que quienes en Jacobin critican al leninismo considerando que pretende generalizar una experiencia única como la rusa modifiquen su equivocada caracterización.

Los herederos y defensores de El Estado y la Revolución

Ed Rooksby reconoce que El Estado y la Revolución nunca fue bien visto por las corrientes y partidos que giraban alrededor del stalinismo y los partidos comunistas ligados a la burocracia rusa. Por el contrario señala que “fue acogido con mucho más entusiasmo –y con mucha menos mala fe- por las corrientes socialistas revolucionarias antiestalinistas. De hecho, podríamos decir que El Estado y la Revolución es el texto canónico dentro de la tradición “leninista” trotskista actual, al que los socialistas de esta corriente vuelven una y otra vez como el principal punto de referencia para su perspectiva estratégica”.

Es también positivo que Rooksby coloque este trabajo de Lenin en el centro de las polémicas contemporáneas en el campo de quienes se reclaman socialistas y revolucionarios y reconocer que quienes hoy son sus principales defensores y herederos son las corrientes que se reclaman del leninismo y el trotskismo. No es tema de este artículo pero es pertinente también tener en cuenta que corrientes que se reclaman de esa tradición política como el conocido como Secretariado Unificado (SU) también han abandonado la estrategia política que emana de El Estado y la Revolución, han dejado de postular la necesidad de la dictadura del proletariado y han abjurado de sus postulados.

Revolución o Confusión

Señaladas estas coincidencias pasemos a las diferencias. Ya desde el título de su trabajo, Rooksby descalifica al Estado y la Revolución al llamarlo El Estado y la confusión. En realidad, la primera “confusión” la protagoniza Rooksby, quien no solo le cambia el título sino que la Revolución no aparece en todo su extenso texto. Y tampoco la tarea central de la revolución y del nuevo Estado que es la expropiación de los capitalistas y la socialización de los medios de producción.

El texto va a centrarse exclusivamente sobre las formas del Estado que surge de la revolución pero en ningún momento se señala, ni siquiera tangencialmente ni se lo tiene en cuenta en todos los razonamientos cuál es el contenido social del nuevo Estado surgido de la revolución. La tarea histórica de “expropiar a los expropiadores” como señala Lenin siguiendo la definición de Marx en El Capital no aparece. Analizar las formas sin tener en cuenta el contenido y el vínculo entre ambas es un defecto que prepara las condiciones para una serie de falacias, ambigüedades y confusiones, no ya del texto de Lenin sino del propio Rooksby.

La primera falacia aparece al cuestionar que Lenin “no logra fundamentar plenamente su argumento de que el Estado burgués es intrínseca, necesaria y absolutamente burgués”. Y extiende este cuestionamiento a una segunda falacia, ya que cuestiona que “mantiene en un plano de total generalidad su examen del Estado burgués, pues por la forma en que lo considera podría referirse a cualquier país del mundo”. Y lo completa al señalar que “esto es muy extraño teniendo en cuenta que, en la época en que Lenin escribía, el Estado ruso era absolutamente distinto de los Estados alemán, francés, inglés o norteamericano a los que se referían las citas de Marx y Engels en las que se basó Lenin”. Y de esta “vaguedad de ubicación geográfica” va a sacar la conclusión de que el análisis de Lenin parece “flotar en un extraño no-lugar” que le da un carácter de Utopía, cuya traducción literal según nos recuerda Rooksby es “ningún lugar”.

En primera instancia abordemos el tema del “no-lugar”. Lenin explícitamente en El Estado y la Revolución aborda este tema y explica que en la época en que Marx escribía las diferencias más significativas eran entre los países europeos continentales por un lado y EEUU e Inglaterra por el otro, que aún no habían desarrollado el aparato burocrático militar que sí habían desenvuelto países como Francia o Alemania. Pero justamente lo que Lenin subraya es que en las décadas transcurridas desde entonces, con el surgimiento del imperialismo y la guerra mundial incluidos, los Estados habían generalizado las características que Marx había señalado ya desde su libro “El 18 Brumario” escrito en 1850, tomando el ejemplo de Francia. Así que suponer que Lenin argumentó sobre un “no-lugar” es no tomar sus propios análisis. Justamente lo que pretende El Estado y la Revolución es caracterizar el Estado burgués en sus características comunes y generales, y por lo tanto válidas para países relativamente diferentes. Como vimos en el comienzo, no es una postura específica sobre Rusia sino que es una guía y un programa válido para las revoluciones contra la burguesía como va a demostrar poco después de publicado el libro, la revolución alemana de 1918, cuyo fracaso tuve que ver justamente en que NO se aplicaron el programa y las conclusiones que Lenin había formulado en el Estado y la Revolución.

El aporte de la Comuna de París de 1871

Rooksby destaca que las principales definiciones de El Estado y la Revolución fueron tomadas de las conclusiones de Marx sobre la Comuna de París. “El proletariado no puede simplemente apoderarse del aparato del estado y utilizarlo para sus propios fines. Por el contrario este aparato debe ser aplastado y debe crearse uno completamente nuevo, que responda plenamente al control del pueblo. El instrumento político para la opresión del trabajo por el capital no puede ser el instrumento para la emancipación de esa opresión”. Esta idea central de El Estado y la Revolución es lo que más les cuesta aceptar a los críticos, especialmente los que reivindican a Kautsky, como Jacobin. De todos modos cabe aclarar como lo señala el propio Lenin que esta no es una conclusión posterior a la Comuna de París de 1871, sino que fue la principal conclusión de Marx y Engels del ciclo de las revoluciones de 1848. Es de esa experiencia que Marx saca la conclusión de que no basta con tomar posesión del Estado tal como es, sino que se lo debe destruir. La novedad que aporta la Comuna, y que no es menor tal como destaca Lenin es que da un modelo histórico real de cómo puede ser el nuevo régimen que pueda sustituir al Estado burgués.

Rooksby pretende rescatar partes “buenas” del Estado burgués

La segunda falacia surge del cuestionamiento de que “todo” el Estado burgués sea “intrínsecamente” burgués. Este es un tema caro para los textos que aparecen en Jacobin. La posibilidad de encontrar en el Estado burgués partes buenas y malas, partes a conservar y otras a sustituir. Volveremos sobre este debate al analizar los temas de la democracia y el parlamento pero en esta parte queremos centrarnos en el intento de Rooksby de encontrar inconsistencias en el análisis de Lenin porque al proclamar que la tarea central de la Revolución es destruir la maquinaria del Estado burgués no aclararía que esa destrucción no sería “total” sino que habría partes e instituciones que habría que preservar y da el ejemplo de los Ministerios que en el régimen soviético después de la revolución de Octubre fueron mantenidos como “Comisariados del Pueblo “.

Es llamativo que justamente este mismo ejemplo lo haya criticado Lenin polemizando con Kautsky en el Estado y la Revolución. Rooksby considera que en el planteo leninista se “deshacen de las `peores partes de la maquinaria burguesa existente mientras que (presumiblemente) mantienen otras”. Veamos como lo analiza Lenin: “La revolución consiste en que el proletariado destruya el ´aparato administrativo´ y todo el aparato del Estado y lo reemplace por uno nuevo, constituido por los obreros armados. Kautsky pone de manifiesto una ¨veneración supersticiosa´ hacia los ´ministerios´, pero ¿por qué no pueden estos ser reemplazados, digamos, por comisiones de especialistas subordinados a los soviets soberanos y todopoderosos de diputados obreros y soldados. De lo que se trata no es, de ningún modo, si van a subsistir los ´ministerios´ o si se han de crear ´comisiones de especialistas´ u otros organismos. Esto es secundario. De lo que se trata es si subsistirá el viejo aparato estatal (atado por miles de hilos a la burguesía y calado hasta los huesos de rutina y de inercia) o si será destruido y reemplazado por uno nuevo.

Como señala Lenin, no se trata de las formas sino del contenido. Que es justamente lo que Roobsky no analiza. Cuando Roobsky no menciona la socialización de los medios de producción pierde de vista que esa socialización cambia el contenido pero no hace desaparecer las fábricas ni los ferrocarriles. ¿Dirá entonces Roobsky que esas fábricas o esos ferrocarriles eran la parte “buena”? Lo que cambió fue el contenido social. Podría haber tomado como ejemplo las aduanas. Y pasaría lo mismo. Había aduanas antes y habrá aduanas después de una revolución pero su función social y de clase será completamente opuesta. En manos del Estado obrero cumplirán las funciones que los intereses de clase de la economía socializada le señalen. Incluso el propio Engels había señalado en sus trabajos el ejemplo del Correo como un ejemplo de una institución que anticipaba las características de una economía socializada. Roobsky pretende con estos razonamientos llegar a la conclusión de que en el Estado Burgués hay partes “buenas” y malas” confundiendo que hay funciones que habrá que seguir llevando a cabo. Es que al no contemplar la expropiación y socialización de las fábricas, bancos, comercios, transporte, etc. Roobsky no reconoce que esas “instituciones” también continuarán funcionando, claro que no ya bajo el dominio del capital sino del Estado obrero. Pero esto no significa ni que se mantiene una parte del Estado burgués ni tampoco que se mantiene su contenido social que es la propiedad privada de los medios de producción, es decir el capitalismo. Las fábricas no son “el capitalismo”, son fábricas. Con el monopolio de la propiedad privada son capitalistas, y si son socializadas, dejan de serlo.

Un gran “Consorcio”

Vladimir Lenin en 1920

Una de las falacias vinculadas con lo que recién señalamos es que Roobsky cuestiona que Lenin habla “de forma increíblemente confusa” de la “conversión de todos los ciudadanos en trabajadores y empleados de un gran consorcio único, a saber, de todo el Estado”, y la subordinación completa de todo el trabajo de todo este consorcio a un Estado realmente democrático, al estado de los Soviets de diputados obreros y soldados”. Roobsky cuestiona que aparece el estado bajo la forma de un consorcio único y el estado más político de los soviets.

Como señalamos más arriba, de lo que carece el planteo de Roobsky es de la comprensión de las tareas de socialización de la economía y la vasta gama de la actividad productiva que es la tarea elemental de la Revolución proletaria. Lo que Lenin señala es que la economía socializada actuará como un gran “consorcio”, integrado en un plan unificado. Como Roobsky nunca tomó en cuenta que hay una socialización de los medios de producción, considera confuso todo lo que se refiera a ello. Lenin presenta a la economía socializada bajo la forma de un gran “consorcio” único en el sentido de que desaparece junto a la plusvalía, la anarquía de la producción capitalista y la competencia entre distintas ramas de la actividad. Aquí nuevamente la confusión queda del lado de Roobsky, que en ninguna parte de su extenso trabajo se refiere a la economía y a la producción. Es el contenido esencial del Estado y lo que le da su carácter de clase, proletario.

No se nos escapa que la experiencia por la que tuvo que pasar la Unión Soviética, la guerra civil con las potencias europeas financiando y apoyando al ejército blanco y las dificultades para recuperar los magros nivel de actividad previos a la guerra, no invalidan las afirmaciones de Lenin, ya que Roobsky no cuestiona las dificultades para su implementación sino directamente sus formulaciones a las que califica de ser muy “confusas”.

Lenin abunda y reitera sistemáticamente en su texto que justamente las mejoras en la organización y funciones que llevó adelante el capitalismo permiten facilitar las tareas que debería asumir un Estado obrero luego de destruir la maquinaria del Estado burgués y expropiar a los capitalistas. Y que en esas condiciones las tareas del funcionariado de ese gran Consorcio podrían ser realizadas por los propios trabajadores, que de ese modo cumplirían alternadamente funciones de trabajadores y de funcionarios. Si tenemos en cuenta que esto fue escrito hace más de 100 años imaginemos esas funciones en el contexto actual donde disponemos de la digitalización e informatización de gran parte de las tareas de ese “Consorcio” al que se refería Lenin. Sistemáticamente Roobsky confunde las funciones con el contenido social de esas funciones. Naturalmente después de socializar los medios de producción, el futuro Estado obrero utilizará las mejores herramientas creadas bajo el capitalismo. Y eso no significaría, como a veces parece suponer Roobsky que haya partes “buenas” a rescatar del Estado burgués sino que la socialización parte del nivel alcanzado por el desarrollo capitalista. Claro que como señalamos eso ocurrió sólo parcialmente en la Unión Soviética por el atraso del que partió. Y aun así el salto alcanzado entre 1923 y 1935 fue igualmente gigantesco, a pesar del aislamiento internacional por la derrota de las revoluciones europeas y el peso muerto que representaba la burocracia.

Sobre la democracia

Para Rooksby “los problemas se van agravando por sus extraños argumentos (de Lenin) en relación con la democracia… Todo el tratamiento de la ´democracia´ en este texto es extremadamente confuso”. Una vez más tendremos que indicar que la confusión proviene del propio Rooksby, ya que Lenin es extremadamente explícito en relación a la democracia.

La “confusión” de Rooksby parte de la pretensión de encontrar una definición única y universal de “democracia” válida en todos los tiempos y Estados. Lenin, por el contrario, explica que hay diferentes democracias según el contenido del Estado. Una vez más la dificultad de Rooksby de asociar las formas del Estado con su contenido social. No es lo mismo la democracia griega, que era una democracia para la minoría esclavista que la democracia burguesa que es un régimen que defiende los intereses de la minoritaria clase capitalista y no de la masa de esclavitud moderna representada por el proletariado.

Y justamente, la democracia en el Estado obrero, en la dictadura del proletariado, alcanzará su máximo desarrollo porque será la democracia de la enorme mayoría de la población y la que quedará excluida es la minoría de explotadores expropiados por la Revolución. La confusión siempre se le genera a Rooksby por priorizar y escindir las formas de los contenidos. Y aquí es donde el propio Lenin habla de un salto de cantidad en calidad dado que al extenderse la democracia a la mayoría de la población cambia su carácter. Es la democracia de la mayoría y pasa a ser el estado más popular, liderado por el proletariado.

Rooksby encuentra en Lenin dos formas de democracia y vuelve a la confusión. En la primera “la democracia es vista como una forma de Estado y de represión …pero por otro lado la democracia sería un proceso colectivo de toma de decisiones que abarca la deliberación pública y el debate entre puntos de vista alternativos como parte de la formulación social de la política, etc.” . ¿Dónde está la confusión?

Nuevamente la confusión está en Rooksby. Reiteramos que no existe la democracia en general. Y es llamativo porque incluso en una parte el propio Rooksby afirma que “podríamos estar de acuerdo con Lenin (en contra de Kautsky) en que no existe tal cosa como la “democracia pura” en abstracción del contexto de clase en el que los procesos democráticos están integrados e institucionalizados. También podríamos acordar en que las formas parlamentarias tienden a representar “el mejor envoltorio posible para el capitalismo”. Pero nada de esto significa que podamos reducir por completo los procesos democráticos a formas estructuradas de represión”. Cuando parecía que finalmente todo se aclaraba, no había democracia pura, se denunciaba al parlamentarismo como la envoltura del estado burgués, aparece el fatídico “por completo” y parece todo quedar patas para arriba. Efectivamente la democracia no es sólo represión pero tampoco puede existir como forma de Estado si no incluye la represión. Le quitamos el “por completo” y todo se hace más comprensible o por lo menos no tan “confuso”.

La democracia burguesa es represión a los explotados y un régimen para seleccionar periódicamente quienes van a conducir el Estado burgués. Bajo la dictadura del proletariado la democracia proletaria establecerá los mecanismos de represión para derrotar la resistencia de los explotadores expropiados y los mecanismos de deliberación y ejecución democrática como lo enseñó el ejemplo tan reiterado de la Comuna de París de 1871.

¿Tres formas de poder proletario?

Rooksby encuentra más confusiones. Según él, Lenin mezcla “tres formas de poder proletario” en las que incluye “el Estado en forma de obreros armados”, las “comunas” o “soviets” y las “formas remanentes de funcionariado estatal”. Y esto nuevamente le genera confusión a Rooksby. Aclaremos de entrada que Lenin sostiene en el Estado y la Revolución que es difícil anticipar las formas que tomarán la dictadura del proletariado y el Estado obrero en cada experiencia revolucionaria y en cada país. Pero aun así, lo que Rooksby considera tres formas de poder pueden perfectamente ser parte de una única experiencia sin generar ninguna confusión. El armamento en manos del pueblo es una condición de la dictadura del proletariado, los organismos deliberativos y ejecutivo, sean comunas, soviets o la forma que adquieran en cada experiencia revolucionaria no se contraponen con lo primero y finalmente Lenin explica con claridad que en una economía socializada y más aún la más moderna podrán los trabajadores cumplir alternativamente las tareas del funcionariado. Uno puede aceptar si Rooksby difiere de estos planteamientos y que lo justifique, pero no caracterizarlo como una “confusión”. Y volvemos a reiterar que la clave en todas estos debates sobre las formas que tome la dictadura del proletariado quedan opacadas por la cuestión central que es su contenido de clase y su tarea histórica de expropiar a los capitalistas y poner en marcha la socialización de los medios de producción.

Conclusión

Reiteremos como conclusión, lo que señalamos en la introducción. Que Rooksby tiene la virtud de reconocer que el Estado y la Revolución sirvió para definir la política de los bolcheviques frente a la Revolución de febrero y lo que les permitió llegar al triunfo en Octubre. Este es el contenido histórico irremplazable de El Estado y la Revolución y el que lo convirtió como reconoce Rooksby en uno de los principales aportes teóricos de Lenin, por lo menos para las corrientes que toman a Lenin para impulsar y promover la revolución contemporánea contra la burguesía en su etapa de decadencia imperialista. Este es el verdadero eje de las divergencias con otras posturas de Jacobin, que pretende encontrar una filiación marxista defendiendo las posturas de Kautsky que se oponen por el vértice al Estado y la Revolución. Y así como podemos compartir con Rooksby que la elaboración de ese libro ayudó al triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia podemos afirmar que por el contrario el rol de Kautsky en la Revolución alemana llevó a su derrota.

A 100 años de la muerte de Vladímir Illich Uliánov

* Publicado en EDM Digital

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