Los nuevos esclavos, Obama y el neoliberal Mike Jordan

Por José Luis Lanao*. LQSomos.

Todo lo que te dice el mercado es para acostarse contigo. Ningún ámbito materializa la soberanía de la seducción con tanta fuerza como la economía consumista. El capitalismo de consumo no es más que un capitalismo de seducción. Es interesante volver a leer El hombre unidimensional. Para Marcuse, el capitalismo había conseguido alienar al personal mediante las golosinas del mercado, creando con ayuda de los medios y de la publicidad un gran contingente de necesidades falsas, de deseos que solo se pueden satisfacer mediante el consumo compulsivo y frenético: máxima garantía de la supervivencia del sistema. El “alma” calva del mundo. Lugares donde el tiempo humano desaparece, y es sustituido por el “tiempo” de las cosas. Un tiempo efímero, subyugado de urgencias desapacibles, edificadas sobre un mercado testorescente de superficies alienantes que Saramago llamaba las nuevas cavernas de Platón. Una neurosis colectiva que convierte en necesario lo innecesario, y que no sólo garantiza la continuidad del sistema, sino que elimina o reduce la rebeldía en una ilusoria satisfacción de bienestar inducido, en gran medida, por disponer de cosas que no necesitas, pero crees necesitar. Así, todo el planeta queda atrapado en la perversa lógica del sistema. Volar el sistema supondría, en efecto, que cada uno de nosotros se volara a sí mismo, adoptando otros valores, eliminando tantos deseos. El Hades del capitalismo.

En esta jibarización del mundo el 2% de la humanidad camina sobre unas zapatillas de Micheal Jordan. Lo permiten los nuevos esclavos de la modernidad. Un universo de esquinas atroces, de belleza mutilada, de parias invisibles que atesoran una desdicha endémica en ese gran horno abrasador del mundo textil que es Bangladés. En este eclipse de utopías, las Air Jordan de Nike han pulverizado todos los récords navideños de la multinacional. Hay que penetrar en la realidad para entenderla: un juego de zapatillas a 100 dólares, fabricadas en el país asiático a 6,90 dólares, y sueldos de jornaleros de 120 dólares al mes, según revela la Ong BRAC. En esa soledad abstracta de paisajes deshabitados los ingresos de la compañía se consolidaron en los 44.538 millones de dólares. La división Jordan Brand -imagen del ex jugador de la NBA- recaudó 4.700 millones de dólares en 2021. Los beneficios del ex alero se estiman en unas ganancias acumuladas de 1.600 millones de dólares. El mayor acuerdo de patrocinio y publicidad en la historia del deporte. “El año fiscal 21 fue un año crucial y muy positivo para Nike”, declaró Jhon Donahoe, director ejecutivo y Ceo de la multinacional. Su corazón, en pocas palabras, está en otro sitio. “Mike es Mike. Sé Mike” rezaba un slogan de la época de una bebida energética.

En 1989, y con la ira contenida en el esófago, la comunidad negra se dio cuenta de quien era Mike. Hombres y mujeres negros segregados por el consciente y el inconsciente colectivo de toda la estructura económica, social y moral del país no entendieron su “forma de ser”. Ya instalado en la creación de una marca millonaria, Michel Jordan se negó a apoyar al candidato Harvey Gantt, -primer afroamericano de Carolina del Norte en intentar llegar al senado de EEUU- frente al racista ultraconservador republicano, Jesse Helms. “Los republicanos también compran zapatillas”, manifestó. “Hubiera querido que Mike se hubiera involucrado un poco más sabiendo lo que representaba Helms”, declaraba Barack Obama en el documental “The Last Dance”. El chico pobre de Brooklyn puntualizó: “No soy un activista, soy un jugador de baloncesto”. Jesse Helms ganó su cuarto mandato. “Cualquier afroamericano que consigue éxito debe saber que no puedes ser controvertido en torno a cuestiones de justicia social”, se disculpaba Obama.

Mike fue Mike: el negro del hombre blanco. Fue el primer deportista de la modernidad que entendió -tal vez sin saberlo- el suculento negocio del neoliberalismo global. Se hizo rico, rico de solemnidad. Lo quiere seguir siendo. En las espaldas del mundo se siguen cosiendo sus zapatillas, crímenes cometidos en nombre del sueño americano. Más allá de las sombras solo queda el abismo.

Brecht aseguraba que, un día, también se cantará sobre los tiempos sombríos.

* Ex jugador del Club Atlético Vélez Sarsfield, campeón Mundial Juvenil 1979 con Argentina. Nota original del diario argentino Página 12
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