Lupita: cuando lo esencial no es invisible

Lupita: cuando lo esencial no es invisible

Por Fernando Buen Abad Domínguez*.

Lupita es una mujer tzotzil que sobrevivió a la  y ahora es defensora y vocera de su pueblo y una líder de los movimientos indígenas

He aquí un campo de batalla donde la disputa por el sentido cobra dimensiones estremecedoras. El 22 de diciembre de 1997, un grupo paramilitar identificado con toda claridad, asesinó a 45 personas pertenecientes a la organización civil pacifista “Las Abejas”. Nadie, que tenga vida, puede ser indiferente. Esto no es un “documental”, es un poema épico revolucionario en el que una voluntad, que se niega al olvido y la indiferencia, lucha con las armas de la dignidad más transparente. Es la palabra y el ejemplo de corazones llenos de razones humanistas, en pie de guerra contra lo macabro. La vida misma luchando contra los mercenarios de la muerte. A la vista de todos y todas. La memoria también es un campo de batalla.

Lupita no es un “documental”, es un poema épico revolucionario en el que una voluntad, que se niega al olvido y la indiferencia, lucha con las armas de la dignidad más transparente.

En Acteal, el capitalismo dejó tatuadas todas sus canalladas criminales. No falta una sola. Y no contentos, los dueños del poder, con el despojo, la persecución, el hambre, la insalubridad y las humillaciones sin freno, completaron su perversión con una masacre. Un cuarto de siglo después los herederos de las víctimas resisten. Acteal, y todas las matanzas que ahí se perpetran diariamente, bajo mil disfraces, condensa la maldad criminal y en ella hay una interpelación histórica a quienes nada -o poco- han hecho para que no gane el silencio.

Por su voz habla la voz de la especie humana que reclama lo elemental, lo crucial y lo decisivo. Aunque eligieron los recursos del relato audiovisual, la disputa por el sentido que conlleva excede a sus herramientas y a las evidencias. No se trata sólo de mostrar la criminalidad histórica de las mafias que se adueñaron de la tierra y de la vida para mancillar la dignidad de los pueblos originarios, y de todo el proletariado, en todo el mundo. Lupita habla y lucha por la igualdad de todos y todas. Es inaceptable tomar distancia. Habla por la especie humana que reclama tierra, techo y trabajo, para todos y todas, en un mundo donde el poder económico, político, militar y mediático descargan su furia contra los más débiles, contra quienes sólo cuentan con su fuerza de trabajo para alimentar a su prole.

Todas nuestras ideas sobre la igualdad tienen en el mensaje de Lupita un examen riguroso que es indispensable atender y entender si, en verdad, hay compromiso fraterno con el futuro de la especie humana liberada de las perversiones asesinas del capitalismo. Aunque algunos se tornan requisitosos a la hora de expresar y practicar la solidaridad; aunque un cierto escepticismo tóxico obnubila a la necesaria hermandad con las luchas desde abajo; aunque un “izquierdismo” infantil manotea argumentos sesudos para profundizar delirios sectarios y burocratistas… En la lucha que Lupita expresa hay una transparencia que fulmina a las exquisiteces rancias de los teoremas “progres” más de moda. Queda expuesta, en la lucha de Lupita, una de las más nítidas agendas del proletariado. En la mirada y la palabra de Lupita anida una agenda que, mayormente, no está en el palabrerío de ciertas “izquierdas”. ¿A qué se lo debemos?

Está desatada la barbarie paramilitar en Chiapas, nadie toca a los terratenientes ni a la servidumbre política armada, “hasta los dientes”, para el despojo y el asesinato. Nada nuevo. Toda la criminalidad usurpadora financia “guardias bancas” cuyo prontuario es el asesinato de inocentes, destrucción de sus viviendas e incendio de parcelas, apuntalados y protegidos por cuerpos policiacos y controles militares corruptos como siempre y peor. Hay miles de personas desplazadas, asesinadas y torturadas. Todo a la vista, aunque muchos se niegan a ver. Los detalles los da Lupita. No se los pierdan, no se pierdan.

Guadalupe Vázquez Luna es una mujer, madre y luchadora tsotsil, que sobrevivió a la masacre de Acteal. Nos educa el compendio enorme de sus cualidades humanas. Hace de la sencillez un arma de combate que rescata de inmediato, con una sabiduría concreta, lo mejor de la especie humana que es la capacidad de luchar, unidos, contra todas las vejaciones del capitalismo. No es una virtud puramente individual porque le viene de la lucha de su pueblo, de su compromiso histórico y de la consistencia irrompible de su resistencia cotidiana con dimensiones político-sociales múltiples. Su lucha debería ser acompañada por todos y todas incansablemente. Apela a lo que deberíamos apelar en cada palmo de nuestras vidas, estemos donde estemos, en defensa de la justicia social y la del territorio, no sólo en Los Altos de Chiapas. Post scriptum: La matanza de Acteal sigue siendo pisoteada por la impunidad y la impudicia. Anótese.

* Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride Universidad Nacional de Lanús. En https://www.telesurtv.net/staff/fbuenabad

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