Más Valtónyc o más valentía de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz

Más Valtónyc o más valentía de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz

Por Domingo Sanz. LQSomos.

Ahora que un rapero ha confirmado la protección europea para no tener que cumplir condena en España ¿serán valientes Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, o harán como Martínez-Almeida, ese alcalde de Madrid que hace cuatro días le negó a Almudena Grandes el aire que ya no podía respirar, y ahora se lo concede envenenado, a cambio de unos votos para el presupuesto municipal?

Por si sirve para ayudar, recordemos otras preguntas sin respuesta.

¿Fue valiente Sánchez cuando se lanzó a la carretera después de ser defenestrado por los suyos tras perder en las generales de 2016, o es una especie de ludópata a quien lo que le gusta de la política es el riesgo?

Ambas respuestas podrían servir para que liderara el cambio necesario.

¿Fue valiente Sánchez cuando presentó la moción de censura en mayo de 2018, o sabía que Rajoy estaba muerto y bien muerto, políticamente, desde que decidió no impedir que el rey apareciera por la tele el 3 de octubre de 2017, a pesar de que él mismo, a los pocos días de abandonar La Moncloa, declaró que no le había pedido a Felipe VI ese discurso?

Quizás recordaba Sánchez que su PSOE solo consiguió ganar las primeras elecciones generales después de que el padre de Felipe VI, ahora emérito y siempre delincuente, obligara a dimitir a un tal Adolfo Suárez tras intrigar contra él con varios generales franquistas y sin respetar que había sido elegido por la voluntad popular.

Cosas que se van sabiendo sin necesidad de esperar a que derogue la Ley de Secretos, en este asunto tan cobarde como lo está siendo Pedro Sánchez.

¿Fue valiente Sánchez cuando concedió unos indultos parciales y reversibles a los independentistas catalanes encarcelados, o solo buscaba los votos necesarios para asegurar los presupuestos, de nuevo como Martínez-Almeida, aunque sin parecer despreciable?

Sánchez y Díaz mandan en un Gobierno al que, un día de los Santos Inocentes y en medio de la mesa de los ministros reunidos en Consejo, le ha caído la bomba de que la justicia de un país europeo le deniega, quizás para siempre, la extradición de un rapero mallorquín llamado Valtónyc.

Se trata de un país europeo y pequeño de esos que el Reino de España invadía en un cuarto de hora enviando a los Tercios del Duque de Alba, los mismos que siguen siendo el coco con el que muchas madres asustan a sus pequeños para que se porten bien, aunque les duerma el miedo.

Se llama Bélgica, un país que para no entregar a Valtónyc ha sido capaz de borrar de su legislación un delito que, de tan ridículo como les parece, se habían olvidado de que lo tenían escrito. En cambio, donde Sánchez y Díaz gobiernan sirve, según quien se enfade, para encarcelar a los que digan lo que piensan de la Monarquía, aunque paguen los impuestos necesarios para mantenerla mientras el rey roba y roba.

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz tienen que decidir si se atreverán o no a ser valientes, aprovechando que un Valtónyc pasaba por allí, para cambiar esta monarquía con urnas restaurada durante la dictadura por una democracia con libertades de verdad y sin represalias por decir las cosas en voz alta, esa manera de hablar que no puede ocultar intenciones distintas a las que proclama.

Sánchez y Díaz deben darse cuenta de que es necesaria una amnistía política de verdad y que esta vez no sirva para salvar a los muchos delincuentes que han robado desde las alturas durante más de cuatro décadas de monarquía corrupta. Y en particular, Pedro tiene que comprender que solo así podrá cumplir su palabra de “traer” a Carles Puigdemont, hoy protegido, como Valtónyc, por la justicia europea contra el afán represivo que domina en el Reino de España.

De lo contrario, durante la próxima campaña electoral Sánchez terminará sin saber lo que le pasa de tanto verse a sí mismo, pero en los videos del PP, incumpliendo lo que prometió durante la campaña de 2019 y a pesar de estar gobernando la orgullosa España.

Y Yolanda Díaz debe comprender que consolidar las libertades y la democracia no es incompatible con avances como el de la reforma laboral, pero que las reformas políticas son lo más importante para impedir el regreso, también a La Moncloa, de unos neofranquistas que, más o menos disfrazados, han conseguido muchos escaños gracias a los desencuentros y las torpezas de UP y el PSOE, especialmente tras el 26 de abril de 2019. Y que muchos de los cambios decisivos no requieren mayorías tan cualificadas como la necesaria para sustituir la palabra “disminuidos” por “personas con discapacidad” en la Constitución, que hay que reírse demasiado para no llorar si vives en un país en el que ocurre esto.

Valentía política contra viento y marea, y sin perder un momento, es lo que necesita este gobierno para demostrar autoridad política y transmitir seguridad y firmeza a su electorado, incluso frente a lo que más le pueda doler a Felipe VI, si no quiere perder las próximas elecciones en medio de la demagogia populista que va a desplegar la derecha españolista, la menos fiable de Europa.

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