Mozambique, en la primera línea de fuego

Guadi Calvo*. LQS. Noviembre 2020

La mayoría de los jóvenes que se han unido a la insurgencia wahabita, sino en toda África, según lo señala un estudio realizado en 2017, que el 71 por ciento de los ex combatientes entrevistados decían haberse unido a las diferentes khatibas terroristas por la violencia ejercida por los gobiernos contra algún familiar o amigo…

Lo que tímidamente comenzó en octubre de 2017 con las primeras acciones del grupo insurgente, afiliados al Daesh global, conocido vulgarmente como al-Shabbab, por el grupo fundamentalista somalí, aunque su verdadero y cada vez más resonante nombre es: Ansar al-Sunna (Seguidores del Camino Tradicional o Defensores de la Tradición), que opera primordialmente en la provincia de Cabo Delgado al norte de Mozambique, en estos momentos se ha convertido en una pesadilla, no solo, para los pobladores de la región y las autoridades tanto locales como nacionales, sino también para las fuertes inversiones que distintas empresas emergéticas, particularmente la francesa Total, están realizando tras el descubrimientos de ricos yacimientos de gas y petróleo a unos sesenta kilómetros de la costa. Razón por lo que de manera desesperada el presidente Emmanuel Macron, después de las últimas acciones del grupo, está llamando a la comunidad internacional a tener una respuesta acorde a la magnitud del problema.
Entre enero y septiembre, Ansar al-Sunna ha realizado cerca de 360 ataques, casi el doble de los perpetrados durante el mismo tiempo en 2019.

Ya consolidada su presencia entre la costa y la ruta principal que corre de norte a sur de Cabo Delgado, ha conseguido aislar a los militares, impidiéndoles su reabastecimiento, con metódica persistencia se ha dedicado a destruir cualquier símbolo de la presencia del Estado, como edificios administrativos, centros sanitarios, escuelas y torres de comunicación. Convirtiendo en imposible la posibilidad de gobernar distritos claves como: Mocimboa da Praia, una ciudad de 30 mil habitantes que ha tomado en varias oportunidades y se ha mantenido hasta que los muyahidines se retiraron por voluntad propia, además de Quissanga y Macomia.

La toma de Mocimboa da Praia, en marzo último obligó a cerca de 50 mil civiles de la ciudad y poblaciones cercanas a abandonar el área, sumándose a los ya casi 400 mil desplazados. Según Médicos sin Fronteras, solo en la última semana de octubre, unas 10 mil personas, abandonaron la ciudad de Pemba, la capital de Cabo Delgado, en barco, lo que generó preocupación entre las autoridades sanitarias por el acceso a agua potable e higiene y en el marco de la pandemia, aunque en Mozambique, los números son relativamente bajos con 14 mil infectados y 105 muertos.

Las razones del rápido crecimiento del grupo integristas, quizás se funde en que la mayoría de sus militantes, se cree cuenta con cerca de mil hombres, son jóvenes de origen musulmán, de las provincias norteñas Cabo Delgado, Nampula y Niassa, donde se asienta la comunidad islámica que representan las provincias más pobres de Mozambique, con niveles de pobreza por encima del promedio nacional según funcionarios de Mozambique y datos del Banco Mundial. Cabo Delgado, no solo es la provincia donde se asienta la mayoría de los miembros de los casi cuatro millones de la comunidad islámica, de los treinta millones de habitantes que tiene el país, además de ser también la más postergada económicamente, a pesar de sus extraordinarias riquezas no solo por los combustibles sino también el de piedras y maderas preciosas.

A la dotación de los jóvenes milicianos que se han incorporado en estos tres años de actividad del Ansar al-Sunna, según fuentes locales, habría que sumarles desertores de las Forças Armadas de Defesa de Moçambique (FADM). Dado que las FADM, que en general no cuentan con entrenamiento acorde a la problemática que deben enfrentar, carecen de recursos y apoyo logístico para lanzar operaciones, además de que carecen de una estrategia unificada de contrainsurgencia, lo que ha provocado que en muchas oportunidades sus efectivos caigan casi inocentemente en emboscadas, donde muchos han perdido la vida o han sido tomados prisioneros por enemigos mucho mejor pagados, armados y entrenados. Entre sus fuentes de financiación se sabe que se encuentran además de los cheques que llegan desde las monarquías del Golfo Pérsico, contrabandistas locales y narcotraficantes que explotan la ruta de la heroína que atraviesa el país.

La mayoría de los jóvenes que se han unido a la insurgencia wahabita, sino en toda África, según lo señala un estudio realizado en 2017, que el 71 por ciento de los ex combatientes entrevistados decían haberse unido a las diferentes khatibas terroristas por la violencia ejercida por los gobiernos contra algún familiar o amigo. Los expertos coinciden que este mismo fenómeno se expresa en los irregulares del Ansar al-Sunna.

Golpear sobre caliente

Durante estos últimos diez días los integristas mozambiqueños han provocado más de ciento cincuenta bajas en la población civil. El lunes, 2 de noviembre, en el claro de unos 500 metros, en la región boscosa en el distrito de Muidumbe, fueron encontrado los cuerpos de unas veinte personas (cinco adultos y quince niños), asesinados por miembros de Ansar al-Sunna. La mayoría de ellos, que participaban en un rito de iniciación masculina, (el cincuenta por ciento de la población Mozambique practica el animismo) al momento de ser sorprendidos por las takfiristas, quienes habrían decapitado a la mayoría de las víctimas. Se cree que han sido parte de la misma khatiba que durante el fin de semana saquearon e incendiaron diferentes caseríos cercanos al lugar del hallazgo, para abastecerse de alimentos y dinero, modalidad frecuente utilizada por los terroristas. En abril, los terroristas habían producido un hecho similar, donde mataron en ese caso a cincuenta y dos jóvenes, que aparentemente se habrían negado a incorporarse a la insurgencia.

A principio de la semana pasada, el naufragio de una nave sobrecargada de desplazados por la violencia extremista, provocó la muerte de cuarenta, de los setenta y dos pasajeros que transportaba la nave, preparada para embarcar treinta personas, como informó Médicos sin Fronteras, (MsF) organización que debió suspender sus operaciones en Mocimboa da Praia y Macomia a comienzos de 2020, dado el desborde insurgente. La MsF en la actualidad trasladó sus operaciones a Pemba y Metuge, donde ha instalado campamentos para desplazados.

Los náufragos habían salido del puerto de Palma, cercano a la frontera con Tanzania, el accidente se habría producido por el choque con unas rocas en proximidades de la isla de Ibo. La sobrecarga de la nave es un pincelazo patético del grado de desesperación con que la población civil está viviendo el embate wahabita, que no se detiene.

El martes. 9 de noviembre, se conoció que, entre el viernes y el lunes anterior, al menos cincuenta personas han sido asesinadas en la aldea de Muatide, después de que fuera tomada por los terroristas, quienes después de saquearla, la prendieron fuego, y llevaron a un campo de futbol cercano a unos cincuentas hombres que habían capturado, para decapitarlos y trocear sus cuerpos, al tiempo que las mujeres fueron secuestradas. La crueldad con que actúan particularmente este grupo, que recuerda las acciones más repugnantes de sus hermanos de Boko Haram de Nigeria, se ejecutan con la finalidad de advertir a sus futuras víctimas de las consecuencias de no acceder a sus requisitorias o bien entregar sus bienes o incorporarse a sus filas.

Con el baya’t o juramento de lealtad realizado por Ansar al-Sunna al Daesh en 2019, sin duda ha puesto a la provincia de Cabo Delgado en el panorama de la “yihad” global, por lo que sin duda, aprovechando sus más de trescientos kilómetros de frontera con Tanzania, un país que cuenta con una población de casi 21 millones de musulmanes, entre los cerca de sesenta millones de habitantes, sumado a una guardia fronteriza escasa y los 550 kilómetros de costa sobre el Océano Índico, el crecimiento de la Willat de África Central del Daesh y la reactivación de la Fuerzas Democráticas Aliadas o ADF, en la República Democrática del Congo, convierte a Cabo Delgado en un destino propicio para los muyahidines experimentados en otros frentes, lo que aumentará la capacidad del grupo local y pondrá definitivamente a Mozambique en la primera línea de fuego junto a vastos sectores del África Subsahariana.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

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