Órdago a chicas

El mus no es lo mío. Pero si algo he aprendido de las broncas que me han echado mis sufridos compañeros, es que esto no es el póker, por lo que no debo envidar a pequeña con pareja.

Por eso, no doy crédito a lo anunciado por el Gobierno de Rajoy de congelar el Salario Mínimo Interprofesional, cuando con ello apenas se incide en el ahorro de las administraciones, ni se frena la inflación, ni se corrige el gasto, ni se rebaja el déficit, ni los intereses de la deuda, porque… de donde no hay, no se puede sacar. ¡¿Ustedes me dirán de qué manera reduciendo las nóminas más ínfimas, exactamente en el incremento del IPC, este Gobierno puede confiar en salir de donde estamos?! A no ser que, en la previsión de estos ratoniles dirigentes, esté el revisar todos los convenios laborales a la baja, fijándose como meta alcanzar en breve dicho perfil salarial para la mayoría de los contratos, en cuyo caso, pudiera ser que tenga algo más de sentido económico tan mezquina medida.

El Salario Mínimo de España está por debajo del de Grecia y a la par del de Eslovenia. El que Rajoy haya tomado esta decisión como gesto de su arrojo para atajar los males que acechan al país, me recuerda a aquella situación narrada por Gila que, paseando por la calle, vio cómo cuatro gorilas sacudían a un pobre enano a la entrada de una discoteca, ante lo cual, no se lo pensó dos veces: se dirigió a donde estaban y, entre los cinco, le dieron una paliza de aúpa.

El Señor Presidente, cuando estaba en la oposición, criticó con acierto, que se decretara la congelación del sueldo de los funcionarios, cuando todavía había margen para el ahorro simplemente reduciendo el despilfarro ministerial. ¡Que se aplique el cuento! Ahora soy yo quien le advierte que no es buen gobernante aquel que recorta el poder adquisitivo de los más desfavorecidos, les  deja sin prestaciones sociales, les impide el acceso a la tarjeta sanitaria, les incrementa los impuestos indirectos, les sube la luz, el gas, el teléfono… cuando hay tanto por hacer contra el fraude fiscal, la evasión de capitales, la economía sumergida, la corrupción en las subvenciones, el ridículo baremo impositivo sobre las rentas más altas, sobre los beneficios financieros, las quiebras fraudulentas, etc. Pero eso es jugar a la grande y, por lo que se ve, Rajoy la tiene pequeña. Lo único grande de este Gobierno es el estómago con que se ha atrevido a anunciar en plenas Navidades, sin la más mínima vergüenza, que va a congelar el Salario Mínimo de los ciudadanos, entre los cuales, seguramente, estarán muchos de los que han confiando en su buena fe, pues aun con todos los miembros de la patronal, militantes del PP, pilotos del SEPLA y la Casa Real al completo, no alcanzan para otorgarle la mayoría absoluta.

¿Pero se puede saber cuáles serán los eventuales beneficios a corto, medio o largo plazo de este sacrificio que se impone a los ya por definición explotados? Yo, la verdad, es que no acierto a comprender. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Apelar a la resurrección de los muertos para no tener que pagar la pensión de viudedad? Cuando escucho cosas como ésta, siempre me pregunto lo mismo: ¿en qué piensa esta gente cuando propone, defiende y aprueba resoluciones tan rastreras como la presente? A veces me respondo, con ingenuidad, que creen sinceramente en su efecto positivo o que no comprenden del todo el mal que hacen. Pero lo cierto, es que no les importa lo más mínimo, dada la impunidad con la que actúan.

¿Para esto era necesaria una mayoría absoluta? Yo pensaba que con semejante respaldo, un Gobierno popular, se atrevería a legislar en favor del Pueblo y no de la banca, del inversionista y no del especulador, de las pequeñas empresas y no de las Multinacionales, de los trabajadores y no de los estafadores… pero está visto que no. La tropelía es tan grande, tan sumamente grande es la canallada que se va a cometer contra los ciudadanos más débiles, que hasta los criminales necesitan del mayor respaldo social posible para cometer su felonía.

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