Sahel: Más caras extrañas

Sahel

Por Guadi Calvo*. LQSomos.

La cuestión de Sahel, lejos de pacificarse, claramente no ha alcanzado su pico de violencia. Para contrarrestar la llegada de efectivos rusos, como ha sucedido en Siria, el Departamento de Estado y la CIA, junto a otras oficinas occidentales, no solo permitirán hacer libremente a los muyahidines, sino que volverán a financiar sus acciones a expensas de la vida de miles de africanos, como lo hicieron a expensas de miles de sirios

Intentando evitar los errores por los que fueron expulsados de Mali, tras el fracaso de casi diez años en su lucha contra el terrorismo wahabita, el ejército francés, después de una drástica reducción de sus efectivos, acaba de mudar, a Níger, la base de la Operación Barkhane que pasó, de cinco mil efectivos, a solo mil.

El mando francés, a la espera de las nuevas estrategias de la OTAN, para la región del Sahel, (Ver: La OTAN extiende su sombra) y de disminuir los efectos de su fracaso en Mali, lo que ha profundizado el resentimiento del pueblo malí hacia la antigua metrópoli, ha decidido que, por lo menos de manera formal, el mando y la organización de las acciones contraterroristas queden en manos del ejército nigerino.

Las precauciones de París han hecho que los anuncios de su ampliación y despliegue a los países de las áreas del golfo de Guinea, como Togo y Beni, donde las operaciones del terrorismo integrista se han empezado a producir, con alarmante frecuencia, queden, por ahora, postergados. Mientras que la presencia francesa se mantendrá en Níger y Chad, donde ya había establecidas unidades de forma permanente.

Queda por develar cuál será la decisión de la junta militar que gobierna Burkina Faso, desde el golpe de enero pasado, que ha marcado fuertes diferencias con el Eliseo, acercándose a posiciones similares a la de los coroneles de Bamako, incluso anunciando conversaciones con la empresa de seguridad rusa conocida como Grupo Wagner.

El comandante de la Operación Barkhane, el general Laurent Michon, en recientes declaraciones, especificó que sus fuerzas no superarán los 2500 hombres para toda la región, aunque aclaró que, finalmente, eso dependerá de la decisión de los gobiernos africanos. Con esta nueva postura, Francia aspira a realizar operaciones acordadas con esos ejércitos locales, tomando la forma de “apoyo” y no de “reemplazo” de esas fuerzas, como sucedió en el caso de Mali, desde el inicio de la Operación Serval (2013-2014) predecesora de la Barkhane y así disminuir los riesgos de nuevos fracasos.
En esa dirección, el ejército francés, ya el año pasado, cuando la crisis con los coroneles malíes había estallado, resolviéndose en enero último, con la expulsión del embajador francés, puso, bajo las órdenes de un general nigerino, una unidad que operaba en la frontera entre Malí y Níger.

En marzo último, el cuartel general de la Operación Barkhane se estableció en Niamey, la capital nigerina, con el fin de establecer mejores contactos con la oficialidad local. Por lo que Francia transfirió, el mes pasado, a las Fuerzas Armadas de Mali (FAMa), la base cercana a la ciudad de Menaka, en el noreste del país, al igual que la base de Gossi, transferida en abril último.

Se espera que la retirada total de las fuerzas francesas de Mali se produzca a finales de septiembre próximo, en la que entregarán, a las FAMa, su último enclave en el país: la base de Gao.

Si bien ya han retirado, de Menaka, cerca de cuatro mil contenedores y unos mil vehículos, el mando francés, aclaró que ese material no quedaría en la región, tratando de que la intervención francesa en el Sahel sea lo menos notoria posible. Si bien la decisión del presidente Emmanuel Macron, acerca de la retirada de Mali, había sido tomada con anterioridad al inicio de la contraofensiva rusa en respuesta a las operaciones de la OTAN en Ucrania, conflicto que sigue en plena evolución, nadie sabe cuánto de ese material podría llegar a necesitar París, esta vez sí, en defensa propia.

Mientras el repliegue francés continúa en Mali, y la presencia del Grupo Wagner, limitado solo al entrenamiento y al asesoramiento de las FAMa, todavía no termina de asentarse en la región, las campañas mediáticas en su contra, cuando acaban de llegar a Mali entre noviembre y diciembre del año pasado, han comenzado a arreciar, culpándolos de perpetrar matanzas contra la población civil y alentando a muchos pobladores a abandonar sus lugares y buscar refugio en el campamento de M’bera (Mauritania), agitando el fantasma del terrorismo, para configurar un panorama de desastre, olvidando que dicho centro fue creado en 2013 con la presencia de setenta y cinco mil refugiados al inicio de la llegada de la Operación Barkhane, cifra que, a lo largo de todos estos años, París no había logrado disminuir.

Por lo que tanto el aumento de los refugiados malíes a M´bera, como el incremento de las operaciones de las khatibas del Daesh y al-Qaeda bien podría enmarcarse en la campaña mediática, tal como también se libra contra Moscú, en Ucrania.

Un incidente curioso

Cuando las relaciones entre Malí y Francia se encuentran en su punto límite de tensión, un episodio, por lo menos extraño, se registró el domingo diez en el aeropuerto de Bamako, donde fueron detenidos cuarenta y nueve efectivos del ejército de Costa de Marfil, que las autoridades malíes consideran como mercenarios.

Según el Estado Mayor marfileño, los efectivos detenidos pertenecían a la dotación de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA) y que ha sido un problema administrativo de las autoridades malienses, que habrían alegado que el avión no estaba en la lista de las llegadas autorizadas. Según algunos medios locales, ni las FAMa, ni el Ministerio de Defensa malí quisieron aclarar nada acerca del malentendido, que obligó a los soldados detenidos a tener que pasar la noche encarcelados. Pasado ya más de un día del “incidente”, todavía no se había aclarado cuál fue el verdadero motivo de la llegada de los marfileños.

A fines de enero pasado, un caso similar se suscitó con efectivos daneses, que habían llegado a Bamako para incorporarse a la Operación Takuba, un conglomerado de fuerzas europeas, entre ellas alemanas, británicas, danesas, además de fuerzas de Níger y de Mali, que no llegan en total a los mil hombres, todos bajo mando francés, con la que se intentó, en el momento de su creación, marzo del 2020, remediar el fracaso de la Barkhane.

En el marco de la inestabilidad que vive el Sahel desde el 2012, que se ha expandido por casi todas las direcciones del continente, sumada la llegada del Grupo Wagner, convocada por varios países africanos, entre ellos Malí, y a la espera de la anunciada reacción de la OTAN, en la reciente cumbre de Madrid, es de sospechar que la crisis tenderá a profundizarse.

Sumado a la inquietante declaración del general Stephen Townsend, jefe del Comando de Estados Unidos en África (AFRICOM), quien tras la finalización del ejercicio militar internacional African Lion 22, que se extendió desde el seis al treinta de junio e involucró a 7500 efectivos de los ejércitos de Marruecos, Ghana, Senegal y Túnez, junto a los de Brasil, Reino Unido, Chad, Francia, Italia, los Países Bajos y obviamente Estados Unidos, además de una treintena de países observadores, entre los que se incluyen por primera vez Israel, declaró que: “Estamos viendo la llegada de actores malignos, y específicamente estoy pensando en mercenarios rusos de Wagner”. Además de advertir que “todas nuestras fuerzas, están preparadas, si son llamadas a combatir este tipo de problemas en el futuro”.

Los “juegos de guerra” se realizaron en el desierto Cap Draa, a 700 kilómetros al sur de Rabat, la capital del reino alauita, en los territorios reclamados por la República Árabe Democrática Saharaui (RADS), y próximo a sus propias fronteras y los campos de refugiados saharauis en Argelia, principal sostén de la resistencia del Frente Polisario, brazo armado de la RADS.

El ejercicio militar se produjo en medio del incremento de las tensiones entre Rabat y Argel, quienes han vuelto a cortar relaciones diplomáticas, desde que el expresidente estadounidense Donald Trump, a cambio del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Rabat y Tel-Aviv, reconoció la soberanía marroquí sobre los territorios reclamados por la nación saharaui desde 1975, tras independizarse de España.

La cuestión de Sahel, lejos de pacificarse, claramente no ha alcanzado su pico de violencia. Para contrarrestar la llegada de efectivos rusos, como ha sucedido en Siria, el Departamento de Estado y la CIA, junto a otras oficinas occidentales, no solo permitirán hacer libremente a los muyahidines, sino que volverán a financiar sus acciones a expensas de la vida de miles de africanos, como lo hicieron a expensas de miles de sirios.

El Sahel en LoQueSomos

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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