Soñé que ardía Nôtre Dame

Nònimo Lustre. LQS. Abril 2019

Esa minoría de la Humanidad que constituye el mundo occidental está conmocionada por el incendio en Nôtre Dame de París. Según sus medios propagandísticos, el fuego ha devorado no sólo parte de la historia de Francia sino la de todo el planeta. ¿Todo todo? No creo que los japoneses de Hiroshima y Nagasaki estén demasiado acongojados y eso que son parte importante del Occidente ampliado como demuestra que hayan fotografiado hasta el aburrimiento tan famosísima catedral.

Por mi parte, sólo puedo decir que la visité dos veces y que nunca la fotografié -¿para qué, si salía mejor en esas postales que jamás envié? La primera, cuando era un niñato autoestopista y la segunda, en el año 2000 por motivos fútiles. En esas dos ocasiones, me pareció una de las catedrales más feas que conocía: para mi gusto, sus torres son mochas; su hoy derrumbada aguja, pretenciosa, demasiado fina, fuera de escala y de lugar; sus mármoles, sucios y lerdos; sus vidrieras, convencionales; su ambiente general, opresivo. Cada cual que opine a su libre albedrío pero siempre que admita que ha leído demasiados folletos turísticos o que, definitivamente, para gustos se han hecho los colores. Eso sí, también puedo decir que he pasado años en el “quai” de enfrente emborrachándome con unos amantísimos colegas mientras jurábamos que por nada del mundo cruzaríamos el Sena para averiguar si eran ciertos los rumores que corrían por el Barrio Latino: que allende el río sólo vivían zombis que nos odiaban cuya madriguera era, precisamente, ese venerado mamotreto dizque gótico que teníamos al alcance de la tea –perdón, de la mano.

Una vez dejada clara mi opinión sobre Nôtre Dame, seguiré con las consecuencias del incendio. La primera, han sido las protocolarias lamentaciones de las autoridades que, como son brindis al sol, no requieren comentarios. La segunda, ha sido una oleada de ofrecimientos de donativos, con las empresas de lujo Pinault-Vuitton a la cabeza. Independientemente de que se materialicen o no, su oferta es absolutamente cónsona con su negocio puesto que Nôtre Dame es una caja fuerte del lujo plurisecular -en árabe, cueva de Alí Babá- y ya sabemos que entre lujosos no se pisan la manguera.

Ahora bien, me ha extrañado que la iglesia católica no haya sido la primera en rascarse el bolsillo. Lo cual nos lleva a preguntarnos si acaso esa catedral no es una sucursal, embajada o filial del Estado Vaticano. Pero automáticamente me he respondido: Nôtre Dame es propiedad del laico Estado francés quien la subvenciona y corre con todos sus gastos.

Y ahora me pregunto: ¿cuántos donativos ha recibido Siria por la destrucción de Damasco, Alepo y el país entero? Teniendo en cuenta que la Cristiandad tuvo su primera Roma en esas hoy arrasadas tierras y que, hasta que apareció Gengis Kan, había más cristianos al este de Damasco que a su oeste romano, lo menos que podrían haber hecho el Vaticano y las Grandes Potencias bombardeadoras es recaudar cuatro cobres para salvar los vestigios de aquel cristianismo primigenio. Pero, como dicen que Nôtre Dame es un icono universal, ahora preguntaría: tras su destrucción e incendio, ¿cuántos donativos han recibido esas cunas de Occidente y de su escritura que son Mesopotamia en general e Irak en particular? Si recordamos que el saqueo artístico y arqueológico de esos lugares estuvo dirigido por Ashton Hawkins –eximio teórico del atraco ex situ como garantía de conservación-, a Irak sólo podría llegar la parte de los impuestos que haya pagado ese distinguido mecenas y que él mismo haya investido para obras de caridad. Es decir, cero.

Pero olvidémonos de los donativos que sólo son vil metal y pasemos a la parte espiritual o espirituosa de Nôtre Dame. Como todas sus hermanas, esta catedral fue construida gracias al expolio de otros lugares además de con el sudor y la sangre de sus obreros -y se ha mantenido gracias a los mismos. El olvido radica en que nadie recuerde los muertos en ‘accidentes laborales’. Y, peor aún, ya están los listillos de guardia perorando que fue destruida durante la Revolución Francesa y rematada durante la Comuna. Ahora bien, si acabamos de ver que, pese a las sofisticadas medidas de seguridad, en un rato ha estado a punto de derrumbarse, ¿no hubiera sido mucho más fácil arrasarla en aquellos períodos revolucionarios? Los muertos que vos matáis gozan de buena salud, refrán que sirve para París y también para la España republicana donde es cierto que ardieron parcialmente algunas pocas iglesias pero no por aversión religiosa o por disgusto artístico sino porque en ellas se habían perpetrado crímenes tan duraderos y tan espantosos que sólo el fuego podía limpiar.

No olvidemos que, tanto en París como en España, quien ha protegido el patrimonio nacional, sea artístico sea eclesial, ha sido el pueblo llano. A veces, a costa de desviar recursos bélicos y con riesgo de la propia vida; a veces, incluso cuando su mérito artístico, inficionado por ese clero que alardea de pésimo gusto, era más que dudoso. En la tesitura actual, yo sólo espero que el francés medio no se precipite a donar ni un euro; que lo paguen los ricos y que desgraven por ello ya que tienen experiencia en hacer negocios pues son los mismos que destruyen para luego enriquecerse con la reconstrucción. Por mi parte, está claro que no daré ni un céntimo para que el famoso arquitecto oficial de turno la reforme como hizo Viollet-le-Duc cerca de 1850 con la aguja quemada –es decir, adulando a su deplorable arbitrio. Menos aún lo daré para que se recupere la Corona de Espinas, el clavo de la Pasión, las reliquias de san Denis y santa Genoveva o el manto de san Luis, rey de Francia. Si esas reliquias fueron descubiertas en perfecto estado y certificadas allá por el siglo XIII, esperaré sentado a que reaparezcan en el siglo XXXIII.

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Un comentario sobre “Soñé que ardía Nôtre Dame

  • el 18 abril, 2019 a las 14:27
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    Lo cierto es que no sabemos si salvó el pellejo Quasimodo (esperamos que sí).

    Y también cierto que se vuelca a apoquinar la gran empresa francesa porque las desgravaciones fiscales son enormes (¿Qué no había dinero para gastos sociales?).
    En última instancia bastaba también con reducir el presupuesto militar de Francia, para dejar la catedral impecable (¡como la patena!)

    Y sí de acuerdo con tu crítica al eurocentrismo arquitectónico y tu crítica a la golfería vaticanista pero…siglos después una catedral gótica es patrimonio de todos…casa de Quasimodo, mucha gárgola expresionista, ya sabes ¿No es así?

    Porque la cultura (salvo algunas cosillas de impronta «maldita») ha sido engendrada en los sistemas precedentes que «nuestros», nuestros..sencillamente no fueron.

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