Segunda edición del libro Cherid. Un sicario en las cloacas del estado

Redacción. LQS. Abril 2019

El interés del público confirma el ansia de conocimiento y de difusión del pasado traumático que vivió este país.

A primeros de mayo estará en las librerías la segunda edición del libro de Ana María Pascual y Teresa Rilo «Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado». La primera, por lo que hemos podido ver, tuvo una buen acogida tanto por parte del público como en diversos medios de comunicación y en redes sociales

LoQueSomos: ¿Podrías hacernos un resumen de todo ello y una valoración de esta acogida?

Ana María Pascual: La valoración es muy positiva. El interés del público confirma el ansia de conocimiento y de difusión del pasado traumático que vivió este país. No es que exista una moda en estos momentos sobre la temática de la memoria histórica: es que hay hambre por esclarecer muchos de los episodios impunes de represión. Por eso, creo que el libro Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado está siendo tan bien acogido. Con los compañeros de la prensa, la promoción del libro va de maravilla. Les gusta mucho. Tan solo hemos tenido un problema, que ya está solventado, y fue el error que publicó Iñaki Egaña en Gara hace unos días. Afirmó que era un libro de encargo de la viuda de Cherid y que me había contratado para dar forma a las memorias de su marido. Esto es absolutamente falso y GARA ya ha rectificado. Es un libro de investigación periodística que yo le propuse a Teresa Rilo, al conocer su extraordinaria historia. A partir de su experiencia al lado del sicario Cherid y de otros mercenarios que participaron en la guerra sucia, con los que ella misma convivió, el libro explora aquellos años negros de violencia parapolicial, de asesinatos ordenados por los servicios secretos españoles.

LoQueSomos: En cuanto al público lector y las presentaciones ya realizadas, ¿qué te ha resultado de más interés, qué preguntas os han hecho, qué preocupaciones han expresado los lectores respecto a lo que se cuenta en el libro de las cloacas del estado?

Ana María Pascual: Lo que me ha llegado por parte de los lectores es su asombro porque esta parte de la historia de las cloacas del Estado, como es la creación del Batallón Vasco Español y la continuidad después del terrorismo de Estado con los GAL, haya estado tanto tiempo oculta, salvo honrosas excepciones en el pasado por parte de algunos periodistas. Me dicen algunos lectores que agradecen en el libro la abundancia de datos que capítulo a capítulo van quedando contextualizados hasta llegar a un final donde se entiende la conexión y complicidad de todos los personajes que dirigieron y participaron en la guerra sucia. También me indican que Teresa Rilo, viuda de Cherid, ha sido muy valiente al decidirse a contar su experiencia. Algunos se compadecen, otros piensan que se mereció el sufrimiento por haberse casado con un mercenario…

LoQueSomos: ¿Alguna reacción en medios políticos?

Ana María Pascual: Han sido numerosos los medios de comunicación que se han hecho eco de la publicación de este libro. Echamos en falta a la prensa vasca y también a algún político o política que plantee, al menos, pedir explicaciones de los atentados terroristas ordenados por los gobiernos de la UCD y del PSOE contra ciudadanos vascos y a los exmiembros de la cúpula policial y de la Guardia Civil que podrían aclarar más de un caso sin resolver. Por ejemplo, el de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, cuyos restos aún no han sido localizados. Miembros de esos comandos del Batallón Vasco Español siguen vivos y localizados.

LoQueSomos: ¿Os veremos pronto presentado esta nueva edición?

Ana María Pascual: Sí. La presentaremos en la Librería Muga, de Vallecas, el próximo 9 de mayo a las 19,30 horas. Además, para celebrar la Noche de los Libros, el viernes 26 estaremos en la jornada de Autoras del Garaje (Garaje Ediciones), junto con escritoras muy interesantes, en la Fundación Anselmo Lorenzo (FAL),de Madrid, en Peñuelas 41 también a las 19,30.

Diálogos con Ana María Pascual: Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado
CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado

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149 años: Vladímir Ilich Uliánov “Lenin”

Redacción. LQS. Abril. 2019

Tal que un 22 de abril de 1870, nacía Vladímir Ilich Uliánov, nosotras conmemoramos estos gozosos 149 años del nacimiento de Lenin con la lectura de este poema que le dedicó Nicolás Guillén

A Lenin

¿Sabes tú que la mano poderosa
que deshizo un imperio, también era
suave como la rosa?
La mano poderosa
¿sabes tú de quién era?

¿Sabes tú que la voz de agua encendida,
terrestre impulso en que se ahogó tu dueño,
cantó siempre a la vida?
De esa voz encendida,
¿sabes tú quién fue dueño?

¿Sabes tú que aquel viento que bramaba
como un toro nocturno, también era
onda que acariciaba?
El viento que bramaba
¿sabes tú de quién era?

¿Y sabes tú que el rojo manto,
de duras flechas implacable dueño,
secó Nevas de llanto?
Del sol de rojo manto
¿sabes tú quién fue dueño?

Te hablo de Lenin, tempestad y abrigo.
Lenin siembra contigo,
¡oh campesino de arrugado ceño!
Lenin canta contigo,
¡oh cuello puro sin dogal ni dueño!
¡Oh pueblo que venciste a tu enemigo,
Lenin está contigo,
como un día familiar simple y risueño,
día a día en la fabrica y el trigo,
uno y diverso universal amigo,
de hierro y lirio, de volcán y sueño!

Nicolás Guillén
(Camagüey, 10 de julio de 1902 – La Habana, 16 de julio de 1989)

De Juan Ramón Jiménez a la bandera republicana

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2019

Es el primer poema de temática política escrito por Juan Ramón. Antes había compuesto poemas de intención social, acerca de los pobres, especialmente los niños, los trabajadores sin cualificación, los parias o los despreciados por la sociedad

Monumento a Juan Ramón Jiménez en Moguer

Los herederos de Juan Ramón Jiménez han sido siempre fascistas, y algunos además numerarios de la secta ultrafundamentalista del Opus Dei. Su ahijado Juanito Ramón Jiménez Bayo murió en la batalle del Ebro, combatiendo en las filas rebeldes. Otro sobrino también luchó a su lado y llegó a ser coronel. Solamente el poeta defendió una ideología de izquierdas entre todos sus familiares. Por eso han procurado siempre distorsionar su imagen, propalando la idea de que era apolítico. En mi ensayo Juan Ramon Jiménez, poeta republicano (Madrid, 2006) expongo en 94 páginas su vinculación al ideario republicano, desde su juventud hasta su muerte en el exilio puertorriqueño por no aceptar vivir bajo la dictadura fascista, pese a las enormes presiones hechas para que retornase, después de la concesión del premio Nobel de Literatura y la muerte de su esposa en 1956. Los trajeron embalsamados.

Para festejar este 14 de abril reproduzco el poema que dedicó a la bandera tricolor, compuesto el 17 de abril de 1931. Lo tituló “Bandera española”, para significar que era la verdadera enseña del pueblo español, rechazando la rojigualda borbónica. Es un himno a las tres franjas que representan la libertad, la igualdad y la fraternidad, identificadas por el poeta con las alegorías del trabajo, la alegría y el amor.
Lo envió al Heraldo de Madrid, el viejo diario vespertino de ideología republicana, firmado solamente por “Un español”. No quiso poner su nombre, ya ilustre en todo el mundo culto, para que fuese una aportación anónima a las celebraciones republicanas. Pero los responsables del diario no lo publicaron, y quedó inédito en sus archivos hasta que en 1987 lo di a conocer abriendo el primero de los Cuadernos de Zenobia y Juan Ramón, como una exhibición de su ideología, aunque molestase a sus herederos.
Es el primer poema de temática política escrito por Juan Ramón. Antes había compuesto poemas de intención social, acerca de los pobres, especialmente los niños, los trabajadores sin cualificación, los parias o los despreciados por la sociedad. Recordemos que su obra más internacionalmente reconocida, Platero y yo, está dedicada a la memoria de una pobre loca de su pueblo con la que mantuvo buena amistad. El himno a la bandera tricolor establece inequívocamente el compromiso del poeta con la República, a la que siempre sirvió, aunque toda su familia esté con el fascismo. Lo que no les representa ningún escrúpulo para cobrar los derechos de autor de sus ediciones.

Bandera española

Hermosa flor,
la ardiente primavera
nos ha tornado la bandera
de la esperanza entera:
¡Trabajo, alegría y amor!

¡Viva
la libertad verdadera!
¡Viva
la igualdad verdadera!
¡Viva
la fraternidad verdadera!

Sobre el tedio, la sombra y el rencor,
¡al cielo de la paz la bandera,
a la tierra de todos la bandera,
al mar hermano la bandera
de nuestra vida entera!
¡Trabajo, alegría y amor!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Le sang des Espagnols, Mourir à Paris

Acacio Puig. LQS. Abril 2019

El compromiso de estos hombres (cuatro de ellos militantes comunistas, un masón y uno anarquista) es recuperado mediante el meticuloso trabajo historiográfico de Henri Farreny que explora nuevas fuentes documentales y archivos, polemiza con inexactitudes establecidas por estudios anteriores y ubica sus combates en la trama de organizaciones que constituyeron en Francia las Fuerzas Francesas del Interior

De Morir en Madrid, el excelente documental realizado por Fréderic Rossif recuperando filmaciones hechas en el curso de la Guerra como homenaje a tres años de combate por la Libertad, toma prestado el título este interesante libro que asigna un lugar de honor a seis de los españoles muertos en Paris como activos miembros de la Resistencia.

Libro recién publicado y presentado por su autor, Henri Farreny del Bosque, en Montalzat el 17 de marzo en el curso de la Fiesta por la Libertad, que nos ofrece un documentado estudio de seis españoles combatientes. Un rescate cálido y oportuno durante este año 2019 en que conmemoramos el 80 aniversario de La Retirada y el 75 de la Liberación de Paris y la derrota del gobierno de Vichy.

Subrayamos “combatientes” en un contexto en que nuestro memorialismo, parece encontrarse cómodo – quizá demasiado cómodo- en el cultivo (¿victimista?) de la barbarie represiva de la dictadura, dejando con frecuencia a un lado, las luchas que desde la difícil clandestinidad la pusieron en la picota. Y fueron muchas…desde la inicial resistencia guerrillera, a la organización de sindicatos y partidos clandestinos, movilizaciones populares obreras y estudiantiles, huelgas y manifestaciones; la dictadura fue desafiada durante décadas que costaron muertos, torturas, exilio y encarcelamientos, pero que quebraron en buena medida su voluntad de continuidad y permanencia.

Una continuidad que –no obstante- subsistió por acuerdos contra natura y pactos que diluyeron las posibilidades del cambio radical que necesitaba el país. La Ley de Amnistía y la Constitución Monárquica y centralista, abrieron el angosto camino de una democracia alicorta y permanentemente amenazada de regresión a tiempos oscuros.

Aunque solo fuera por eso –y hay mucho más en sus páginas- el libro de Henri Farreny, historiador y actual presidente de *AAGEF-FFI (Amical de Antiguos Guerrilleros Españoles en Francia-Fuerzas Francesas del Interior) constituye un excelente referente de la implicación de nuestra gente en el combate armado por la Libertad, un referente estimulante y esclarecedor que indaga en el pasado, crea historia e ilumina el presente.

La Sangre de los Españoles investiga y amplía las biografías de José Roig Armengote, Conrad Miret i Musté, Manuel Bergés i Ardereu, Domingo Tejero Pérez, Celestino Alfonso Matos y José Barón Carreño, fusilados, tiroteados en la acción o muertos bajo tortura en Paris, entre 1941 y 1944. Seis personalidades que se perfilan en el amplio fresco de 400 combatientes españoles movilizados por las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) durante la insurrección parisina y otros 400 que entraron en Paris formando parte de la 2ª División Blindada al mando de Leclerc (Pág. 111). Como bien señala el autor “No fueron los españoles quienes liberaron Paris. Sin embargo, una fracción importante de quienes se batieron el 25 de agosto en la capital eran extranjeros y entre ellos, numerosos españoles”.

Roig era masón, miembro de la Gran Logia de Francia. Un humanista comprometido en la resistencia no violenta, que estimuló desde Francia -donde residía- la solidaridad con la Segunda República. Durante la ocupación alemana, se comprometió en el paso entre la zona ocupada y la llamada zona libre. En 1941 fue detenido y fusilado por “ayuda al enemigo y reclutar” para el ejército de la Resistencia. La Estela Memorialista levantada en Meudon le honra como “Héroe de la Resistencia fusilado por los Nazis”.

Roig forma también parte de la memoria masónica desde que la logia 137 de la Gran Logia de Francia adoptó, tras la Liberación, el nombre de Logia José Roig (Pág.13).

El libro escudriña después las biografías de dos combatientes catalanes (Miret y Bergés) un asturiano (Tejero) el almeriense Barón Carreño y el salmantino Alfonso Matos. Celestino Alfonso Matos, incluido en el conocido Affiche Rouge y presentado en ese reclamo fascista de caza y captura, como “Alfonso: Español Rojo” fue uno de los fusilados del Grupo Manouchian, el heróico comando antifascista homenajeado años más tarde por Louis Aragon y Léo Ferré.

El compromiso de estos hombres (cuatro de ellos militantes comunistas, un masón y uno anarquista) es recuperado mediante el meticuloso trabajo historiográfico de Henri Farreny que explora nuevas fuentes documentales y archivos, polemiza con inexactitudes establecidas por estudios anteriores y ubica sus combates en la trama de organizaciones que constituyeron en Francia las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), los Franco Tiradores y Partisanos Franceses (FTPF), el MOI (Mano de Obra Emigrada) o la AGE (Agrupación de Guerrilleros Españoles) entre otras. Pero además, Farreny indaga en más de 50 referencias bibliográficas que informan de un afán investigador del que extrae decenas de testimonios de miembros españoles de la Resistencia en muchos casos, compañeros de combate de los biografiados.

Profusamente ilustrado, las imágenes enfatizan el proyecto de conocer la historia para hacer Historia y Memoria. El monolito a José Roig, la estela en el boulevard Arago y la Placa en Barcelona a Conrad Miret, la Mención de honor “Muerto por Francia” a Manuel Bergés, la reconstrucción (rebuscando en los archivos policiales) del interrogatorio en el hospital y bajo tortura de un Domingo Tejero ya herido de balas y finalmente muerto (y el logro de la mención de Honor correspondiente que logró AAGEF-FFI en 2016) la placa en la calle Tolbiac de Paris a Celestino Alfonso o la placa en el Boulevard Saint Germain de Paris, a Barón Carreño (inaugurada en agosto de 2017) incorporan a la Historia y la Ciudad, la memoria de nuestros combatientes por la Libertad, todo un ejemplo que en buena parte sigue pendiente en nuestras tierras.

En definitiva, este libro como indica en su prefacio Anne Hidalgo, constituye un importante paso adelante en la incorporación de héroes anónimos a la memoria colectiva de la izquierda.

Le sang des Espagnols, Mourir à Paris. Autor : Henri Farreny. Éditions Espagne au cœur
El libro (escrito en francés) puede adquirirse dirigiéndose a:

 

 

– Acacio Puig, artista plástico y pensionista. Militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista de la asociación «En Medio de Abril». Es editor del blog Afinidades Anticapitalistas
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Max Aub, la voz de los vencidos

Arturo del Villar*. LQS. Abril 2019

Las Guerrillas del Teatro continuaron la excelente labor de las Misiones Pedagógicas, y para ellas escribió Aub varias piezas de intención educadora, a fin de comprometer a los espectadores activamente en una guerra que implicaba a todos sin excepción posible

La Generalitat Valenciana organiza unas actividades culturales para conmemorar los ochenta años del final de la guerra librada por el pueblo español frente a los miliares monárquicos sublevados contra la República y sus patrocinadores, las naciones nazifascistas, Alemania, Italia y Portugal, con la complicidad y la ayuda económica del llamado Estado Vaticano. Bajo el título general “Alicante 2019, capital de la memoria”, dedica una atención especial a Max Aub, no sólo por ser valenciano de elección, sino porque la serie de novelas inspiradas por la guerra constituye probablemente la mejor crónica escrita sobre el conflicto, y expresan la voz de los vencidos con el vigor del testimonio personal.

Nacido en París en 1903, de padre alemán y madre judía francesa, la guerra que en 1914 enfrentó al Imperio Alemán y la República Francesa animó a la familia a exiliarse en Valencias, en donde Max aprendió el castellano y se integró perfectamente en la sociedad local. Su vida se transformó a causa de la sublevación militar en 1936, su consecuencia inmediata, la guerra, y la remota, el exilio. Es lo mismo que les sucedió a todos los españoles, con la diferencia de que él acertó a narrar lo que vio y lo que padeció.
Le importaba la política: en 1927 se afilió al Partido Socialista Obrero Español, y nunca abandonó esa militancia, pese a las disensiones entre sus dirigentes, en España y en el exilio. Se implicó en la defensa de una ideología marcada por Pablo Iglesias, apodado El Abuelo, como partido marxista, republicano y laicista, pero manteniendo intactos sus criterios estéticos. En sus inicios como escritor suponía factible realizar el arte por el arte, según norma aceptada en la época. La República elegida por el pueblo español en 1931 le obligó a modificar sus esquemas inspiradores, de modo que el arte pasó a convertirse en un servicio social para la difusión de la cultura entre gentes que nunca antes oyeron hablar de ella..

Por el pueblo

Colaboró con el Gobierno de la República integrándose en las Misiones Pedagógicas, demostración de un interés por educar a un pueblo abandonado en la incultura durante la monarquía, por deseo de la Iglesia y el Estado. Le animó la misma intencionalidad para dirigir el grupo teatral El Búho, organizado por la Federación Universitaria Escolar de la Universidad de Valencia. Sin embargo, esa actitud política no trascendió inmediatamente a la escritura. Su obra más importante en este período es Luis Álvarez Petreña, un supuesto escritor de tono romántico, interesado únicamente por sus preocupaciones íntimas de carácter erótico, que apareció en 1934.
En esa época de convulsiones sociales algunos escritores adquirieron un compromiso político con el pueblo, y pretendieron alentar la revolución proletaria con las armas a su alcance, que eran sus escritos. No es el caso de Aub; durante la etapa republicana en paz su escritura también era pacífica, y él mismo asistía a tertulias literario—políticas en las que participaban personas con ideologías muy apartadas de la suya, tanto anarquistas como falangistas. Parece que solamente el teatro le resultaba idóneo para exponer un sentimiento aplicable a la política. Por ese motivo se puso al frente de un grupo teatral, con la intención de recuperar obras clásicas que en su origen fueron populares, después olvidadas por las compañías comerciales.
A comienzos de 1936 en algunos mítines del Frente Popular se representó una obra dramática de Aub, El agua no es del cielo, y en mayo se tiraba en una imprenta valenciana su todavía útil Proyecto de estructura para un Teatro Nacional y Escuela Nacional de Baile. En aquellos años en los que el cine tenía escaso desarrollo en España y no existía la televisión, indudablemente el teatro constituía el mejor método de educación popular.

Guerrillero del teatro

Con la sublevación de los militares monárquicos en el mes de julio se cancelaron todos los proyectos, y se echó mano de la improvisación para afrontar a los agresores fascistas españoles, alemanes, italianos y portugueses. Las Guerrillas del Teatro continuaron la excelente labor de las Misiones Pedagógicas, y para ellas escribió Aub varias piezas de intención educadora, a fin de comprometer a los espectadores activamente en una guerra que implicaba a todos sin excepción posible: ¿Qué has hecho hoy para ganar la guerra? es el título de una de ellas. Se tata de literatura de circunstancias, pero tan singulares que exigían una literatura especial.
Los periódicos derechistas criticaron muy negativamente las actividades de Aub, ya que contribuían a despertar los sentimientos populares por la justicia y la paz. La acusación más reiterada se refería a su condición de ser judío, lo que para ellos constituía un delito, siguiendo el ejemplo de la Alemania nazi.
Los tres años escasos de la República en armas dieron un sentido nuevo a su vida y, en consecuencia, a su escritura. Es poco lo que escribió en ese período, pero la experiencia impresionó decisivamente su espíritu. En Valencia, donde se instaló el Gobierno constitucional, dirigió el periódico socialista Verdad. Nombrado después agregado cultural en la Embajada en París, contribuyó a la organización del Pabellón Español para la Exposición Internacional de 1937, en el que expuso Picasso su magistral Guernica, cuadro que Aub comentó especialmente el día de la inauguración.
De vuelta a Valencia, fue secretario del Consejo Central de Teatro, presidido honoríficamente por Antonio Machado. Tradujo y adaptó al cine L’Espoir de André Malraux, y colaboró en la filmación. Con el equipo cinematográfico salió de España por la frontera francesa el 1 de febrero de 1939, perdida ya la esperanza de una victoria republicana.

En los campos franceses

Puesto que había elegido la nacionalidad española en 1923, y se sentía un patriota español, tuvo que abandonar la patria de elección, conquistada por los nazifascistas, para regresar a la de nacimiento, que muy pronto iba ser también derrotada por los nazis, sin oponer resistencia. Sus dos patrias dejaron de serlo, puesto que deseaba vivir en libertad, y en ninguna de las dos le era posible conseguirlo.
Francia se portó con él tan mal como con todos los republicanos españoles. La actitud de la República Francesa ante la República Española fue inicua durante la guerra, e inhumana respecto a los exiliados tras ser vencidos. Gran culpa de la derrota la tuvieron la República Francesa y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, con su criminal política de no intervención en la guerra, cuando era notoria la intervención de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal salazarista, con la ayuda económica del presunto Estado Vaticano. La disculpa dada por el Frente Popular francés para no ayudar al español fue que se encontraba entre dos potencias agresivas, a las que no deseaba molestar. De nada le sirvió su cobardía, porque Francia fue invadida y el 22 de junio de 1940 se rindió ante la Wehrmacht: la República Francesa quedó convertida en colonia de la Alemania nazi.
Denunciado por José Félix de Lequerica, embajador de la dictadura, ante las autoridades francesas como judío y comunista, Aub conoció los inhumanos campos de concentración franceses, a semejanza de los alemanes. Era joven y consiguió sobrevivir en aquel ambiente hostil. Estuvo internado en el famoso estadio de Roland Garros, convertido en gran cárcel para la desesperanza, después en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, más tarde en la prisión de Niza, de nuevo en Vernet, hasta que el 25 de noviembre de 1941 fue embarcado con destino al campo de concentración de Djelfa, en Argelia, donde el sufrimiento superó todos los padecimientos anteriores. Consiguió evadirse el 8 de julio de 1942, y cuando pudo y como pudo embarcó para México, adonde llegó el 1 de octubre.

México, última patria

Pasó casi exactamente treinta años exiliado en México, puesto que falleció el 22 de julio de 1972, como ciudadano mexicano, ya que obtuvo su cuarta nacionalidad en 1956, después de tener la alemana por su padre, la francesa por su nacimiento y la española por elección. No obstante, patrias efectivas no tuvo más que dos, España y México, y de ellas fue la americana la que le mostró un mejor comportamiento. En México pudo trabajar como profesor, dictar conferencias, colaborar en periódicos, publicar 61 libros, redactar guiones cinematográficos, estrenar piezas teatrales, y por encima de todo, consiguió vivir en libertad.
La obra fundamental de Max Aub está hecha en el exilio. La editada antes fue una preparación estilística, en la que ensayó diversas expresiones en diálogo teatral, narración y verso. Le faltaba el gran tema inspirador, que hiciera necesario un replanteamiento estético. Si durante la etapa de la República en paz buscó el medio de servir al hombre de la calle con su escritura como referencia, con la República en armas descubrió la razón inspiradora, y en el exilio la puso en práctica. Al llegar a México tenía 39 años, de modo que estaba completa su formación biológica, ideológica y estilística. La experiencia de la guerra y el exilio es el gran tema esencial de su obra literaria, el que le hizo definitivamente escritor.
Por haber vivido aquel momento trágico, lo describió documentalmente con viveza testimonial. Puso en boca del médico socialista Julián Templado, en Campo de los almendros, su opinión sobre el valor de las novelas como testimonios de la historia:

–Los únicos documentos fehacientes: las novelas.
–¡Pero sin son cosas inventadas! –aduce, candoroso, Juanito Valcárcel.
–Por eso: por lo menos tienen como base una cosa real: la imaginación. (Almendros, p. 237.)

Gracias a su imaginación colocó a unos personajes ficticios como protagonistas de sucesos reales. Así convirtió las novelas sobre la guerra en documentos fehacientes de la realidad, bien redactados imaginativamente y ajustados a los hechos históricos con personajes ficticios, pero realistas.

Escritor sin lectores

Las seis novelas integrantes de la serie El laberinto mágico, tituladas cada una de ellas como un campo, constituyen el documento principal de su obra completa: Campo cerrado (1943), Campo de sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del Moro (1963), Campo francés (1965), y Campo de los almendros (1968). Vamos a examinarlas como exponentes de la ética y la estética maxaubianas, un resumen de la totalidad de su obra escrita en prosa narrativa o teatral y en verso.
Nos importa saber que Aub pagaba las ediciones de sus libros, aunque varios luzcan en la cubierta el nombre de Tezontle, empresa del Fondo de Cultura Económica, la mayor y mejor editorial mexicana. Es seguro que no recuperaba el coste de la publicación, cubierta con los ingresos obtenidos con sus trabajos como profesor y periodista. Sus ediciones tenían prohibida la entrada en España, debido a la temática que trataban, y en los países hispanoamericanos se vendían poco. Lo reconoce el autor en sus Diarios: el 1 de noviembre de 1954, cuando ya contaba con una bibliografía de treinta libros editados, anotó su extrañeza por la escasa atención que recibían:

Uno de los casos más curiosos, que no me explico, es mi falta total de éxito. Mis libros no se venden. No tengo editor […] Viste mucho eso del Fondo de Cultura, lo que no sabe la gente es que los libros los pago yo y que el Fondo de Cultura Económica únicamente los distribuye. (Diarios, p. 252.)

Y dos años antes de su muerte, el 21 de marzo de 1970, cuando tenía impresos 62 libros con su nombre, realizó un examen íntimo, por la necesidad de entender por qué y para quién escribía, una interpelación a la conciencia muy frecuente entre los escritores:

No escribo con ningún eco. Lo hago por gusto, porque no sé hacer otra cosa, porque no hay nada que me guste más, […] No busco el éxito, no busco renombre, no busco honores; no busco lectores (tendría que escribir menos y corregir más). ¿Para quién escribo? No lo sé, ni creo que ningún escritor bien nacido lo sepa. Para quien le dé la gana. (Diarios, p. 449).

Es una confidencia muy explicativa. Confirma que escribía por necesidad vital, que debía escribir para continuar viviendo, y además que invertía el dinero conseguido con los restantes trabajos en pagar la edición de sus escritos. Editar consiste en compartir ideas propias con otras personas, lo que exige necesariamente la existencia de lectores. Sin embargo, Aub reconocía carecer de ellos. No obstante, escribía y publicaba porque no podía dejar de hacerlo.

Por un solo lector

Si en aquel momento resultó ignorado por los lectores, ahora ha conseguido el reconocimiento como escritor testigo de su tiempo aterrador, cronista de la República en armas para defender al pueblo de los militares monárquicos sublevados, y del exilio sufrido por ese mismo pueblo derrotado por el nazifascismo internacional. En Campo de los almendros incluyó en medio del relato novelesco unos comentarios del autor en torno al concepto de la novela, titulados “Páginas azules (porque habrían de ir impresas en papel de ese color)”, donde afirmó:

Ahora bien, lo que importa es que quede, aunque sea para uno solo en cada generación, lo que aconteció y lo sucedido en Alicante esos últimos días del mes de marzo de 1939. El autor cree que, si en vez de escribirlo en prosa, lo cantara en ferias y plazas tendría éxito; pero es un medio que ya no se emplea, y el cine y la televisión, que lo han reemplazado, ignoran esos caminos. (Almendros, p. 363.)

Como cronista, le importaba que permaneciese para la historia el testimonio escrito de lo vivido por el pueblo. Fue una gesta que debería ser cantada por las plazas, como hacían antiguamente los juglares, y en épocas posteriores los ciegos. El mester de juglaría cantaba las hazañas de los combatientes castellanos contra los invasores moros, y eso mismo hizo Aub. Aunque no haya más que un lector en cada generación, está justificado escribir y publicar la crónica de los sucesos, a fin de que el testimonio perdure en la memoria de las gentes y sea conocido por las generaciones posteriores. Vamos a examinar los testimonios declarados por Max Aub en las novelas de El laberinto mágico, una canción de gesta del siglo XX.

Sin republicanos

Lo primero que constató Aub es que en aquella España no había republicanos, algo que comentó asimismo en su momento Manuel Azaña. En Campo cerrado expuso una opinión personal como cronista, al estudiar la evolución del sentimiento republicano en la sociedad. El asunto es de enorme interés, y nos obliga a reflexionar para ver qué había pasado con aquel entusiasmo popular compartido por la gran mayoría de los españoles que votó por los candidatos republicanos para expulsar al rey dictador:

En 1930, el mundillo burgués fue republicano. Cuando se proclamó la que había de ser panacea, un tanto por chiripa, como si del dicho al hecho hubiese desengaño, no fue tanto: los de buen nombre vieron aquello como un insulto personal, los de buen capital con temor. Ser republicano con la República no vestía ya nada. Y cuando los socialistas intentaron unas tímidas reformas, los de posibles y los radicales se dieron la lengua y quebraron la niña. (Cerrado, p. 124.)

Es cierto que el Gobierno formado por la conjunción republicano—socialista, vencedora en las elecciones de 1931, actuó con timidez a la hora de intentar poner coto a los privilegios de clase, sin atreverse siquiera a llevar a cabo una reforma agraria a fondo, como reclamaban los trabajadores del campo. A pesar de ello, las fuerzas de las derechas anticonstitucionales se oponían por principio a cualquier innovación, y no digamos la ultraderecha, azuzada por los monárquicos y los clérigos. Las izquierdas se agrupaban en partidos con su propia ideología, la única que les importaba. Solamente les interesaba la República para conseguir sus fines particulares, sin atender al bien común de los ciudadanos. En cuanto a los nacionalistas, no atendían más que a su conveniencia, sin preocuparles lo que ocurriera en el Estado español.
Era escasa la afiliación en los partidos estrictamente republicanos, los únicos defensores de ese ideario sin otras connotaciones. Y alguno, como el Radical presidido por Alejandro Lerroux, atendía a sus propios negocios económicos más que al bien público, lo que le condujo al desastre en el caso del estraperlo.

Memoria de Azaña

El político más respetado en aquellos años fue Manuel Azaña, elegido por eso presidente de la República el 10 de mayo de 1936. La opinión de Aub sobre él era ambivalente. En sus Diarios censuró algunas actitudes humanas y políticas del líder de Izquierda Republicana, y criticó negativamente sus Memorias políticas y de guerra: léanse las páginas 418 a 421 para comprobarlo. No obstante, reconocía su honradez y entrega al ideal que servía; por ejemplo, cuando escribió: “Su amor a España, a la que llevaba dentro, le salvará” (p. 188).
Un personaje de ficción en Campo abierto, el dramaturgo Ambrosio Villegas, asiste a una reunión del Comité de Espectáculos Públicos UGT—CNT, mantenida en Valencia al comienzo de la sublevación militar, y rememora el histórico mitin de Azaña en Mestalla el 26 de mayo de 1935. El narrador le hace evocar el sentimiento de los asistentes:

Villegas se recuerda del mitin de Mestalla. El sentimiento conjunto, regado, machimbrado de cien mil personas. Lloró al oír hablar a Azaña. No era la oratoria: era el deseo de aquella masa, su ilusión idealmente solidificada, la seguridad de un mundo mejor a la vuelta de unas semanas, por carisma. (Abierto, p. 26.)

El carisma de Azaña hacía sentir al pueblo la realidad de la promesa de una España mejor, más justa y solidaria. Tal era la opinión popular. Sin embargo, algunos partidos y algunos sindicatos, entregados a sus intereses exclusivistas, denostaban su figura. Así, a una intervención de Villegas replica el presidente cenetista: “Es una gracia de intelectual partidario de Azaña”, y anota el narrador: “Dijo Azaña, con el mismo desprecio que si hubiese dicho Sanjurjo.” En esa escena Aub se comporta como un simple cronista: opone el recuerdo emocionado de un personaje al despectivo de otro. Estaban dos españas en guerra, pero en una de ellas combatían entre sí otras varias españas minúsculas, algunas ridículas.

Represalias contra los vencidos

Las escenas de barbarie ejecutadas en la zona nacionalista en el nombre de Dios fueron sanguinarias. Convertida la rebelión militar en una cruzada contra los sindiós, según dictamen de la Carta colectiva del Episcopado español, quedaba bendecido el exterminio de los ateos, lo mismo que se hizo durante las cruzadas medievales contra los infieles. Con una diferencia notable, como era que aquellas cruzadas fueron promovidas para destruir a los musulmanes, y en cambio en España los moros marroquíes combatían junto a los militares rebeldes como soldados auxiliares fanáticos y sádicos.
En la misma novela, el maestro socialista de Albarracín (Teruel) relata una de tantas escenas protagonizadas por los falangistas y sus cómplices, atestiguada por las descripciones de los supervivientes en cualquiera de los lugares conquistados por los rebeldes, siempre iguales en la aplicación del horror como arma de guerra para exterminar a los enemigos:

Después de lo de La Puebla, unos doscientos desgraciados de la C. N. T. intentaron meterse por Bezas. Los coparon. Y los moros no dejaron uno para muestra. Empalaron en las bayonetas las orejas de todos y las partes. […] Y ataviados con estos despojos desfilaron tan majos por el Óvalo ante lo mejor del pueblo. […] Las señoritas en los balcones y detrás los falangistas. […] El general brillaba con todas sus cruces, la tripa partida por su fajín celeste. Y el obispo a su lado. (Sangre, pp. 254 s.)

No es una escena inventada, porque en cada ciudad o pueblo conquistados por los rebeldes contaban algo parecido. Como cronista, Aub se limitó a narrar lo que vio o escuchó a testigos presenciales. Nadie ignoraba el atroz salvajismo con que fueron tratados los republicanos en la plaza de toros de Badajoz, superador de las escenas vividas en el circo romano. No lo describió Aub, aunque lo recordó al historiar la reclusión de los republicanos en la plaza de toros de Alicante, en Campo de los almendros, la novela de la derrota con el final de la esperanza:

Formaron grupos en el ruedo de la Plaza. Siete mil hombres. En los tendidos, a media altura, frente a las puertas, ametralladoras y sus servidores. Todos –con los ojos— recuerdan la Plaza de Badajoz. (Almendros, p. 495.)

Era la represalia contra los que se mantuvieron fieles a la legalidad constitucional, por parte de los rebeldes, Cualquier lugar se convertía en cárcel, y cualquier pared en muro de fusilamientos. Se fusilaba por múltiples motivos, porque todo varón que no se hubiera unido a la rebelión era acusado por los rebeldes de auxiliar a la rebelión, una paradoja sarcástica provocadora de miles de muertes.
En Campo de los almendros se describe la epopeya de los derrotados por el nazifascismo internacional, en páginas llenas de angustia, dolor y terror, continuadas en Campo francés con nuevos detalles de horror. El nazifascismo llevó a cabo un genocidio atroz en España, pero las naciones que presumían de ser democráticas no querían enterarse.

Asesinatos legales

Los vencedores actuaron con absoluta impunidad, tanto durante la contienda como en la interminable posguerra. Tras la victoria publicaban los diarios las listas de los fusilamientos llevados a cabo la víspera, como una información normal; llegaron a ser tan extensas que dejaron de imprimirse. Algunos ensayistas disculpan las ejecuciones, alegando que en las retaguardias siempre se cometen actuaciones criminales, y eso es cierto, pero en este caso no cometían los crímenes sujetos incontrolados quizá depravados, sino que los ordenaban las autoridades militares vencedoras.
Aub relató la historia vivida y padecida por él. En Campo de sangre el médico socialista Julián Templado cuenta a un periodista extranjero cómo su padre fue denunciado acusándole de falangista, por un amigo al que ha-bía prestado diez mil pesetas que no deseaba tener que devolverle, como ocurriría si era ejecutado. Le explica que casos de falsas delaciones se dieron en la zona leal, pero en la sublevada se asesinó “legalmente”:

Aquí, por lo general, diéronse los paseos por motivos personales y mala baba; el resentido, vuelto delator si no tenía braveza suficiente para llevar a cabo la realización postrera de sus reconcomios. […] No sucedió así del lado de Franco, donde el impulso mortal era consciente, las listas previamente establecidas y los denunciadores del mejor mundo. (Sangre, pp. 39 s.)

Lo mismo aduce un supuesto corresponsal del autor al final de Campo de los almendros, sobre las muertes violentas ocurridas en las dos zonas enfrentadas, con sus características opuestas:

[…] lo que nadie podrá ocultar, olvidar ni borrar es que [en la zona leal] se mató porque sí. Es decir, porque fulano le tenía ganas a mengano, con razón o sin ella. Ese es otro problema. Pero allá, del otro lado, y aquí, cuando entraron, mataron a sabiendas de quien mandaba. Se mataba con y por orden, con listas bien establecidas, medidas. (Almendros, pp. 542 s.)

La guerra no terminó con la victoria de los sublevados, sino que se prolongó con la represión, mediante los consejos de guerra sumarísimos que duraban unos pocos minutos, puesto que la sentencia era siempre la misma: pena de muerte “por auxilio a la rebelión”. A los condenados con amigos influyentes se les conmutaba por un elevado número de años de prisión, que iban disminuyendo con el paso del tiempo. Toda España se convirtió en un inmenso campo de concentración custodiado por falangistas auxiliados por frailes. El hambre, los piojos y la tuberculosis fueron los compañeros inevitables de los condenados.

Una canción de gesta

El pueblo español fue traicionado, combatido, derrotado, escarnecido, encarcelado y fusilado si no consiguió exiliarse, un pueblo que defendió con más ánimos que armas su libertad y su dignidad. Perdió la libertad con la guerra, pero mantudo la dignidad ante el pelotón de fusilamiento, en la cárcel o en su peregrinaje por el mundo. El pueblo español fue el protagonista de aquella gesta contada y cantada en El laberinto mágico, porque es una canción de gesta desarrollada en prosa, ahora que ya no hay juglares para cantarla en las plazas de los pueblos.
Los personajes aparecen en varias escenas de novelas distintas, pero ninguno es protagonista de la serie: el único protagonista es el pueblo español armado de esperanza para defender a la República. No lo consiguió, pero su gesta fue heroica. Se lo explicó un maestro de escuela y capitán forzoso de artillería, Claudio Piqueras, a su hijo de cinco años, en Campo de los almendros, mientras aguardaban la llegada de una esperanza salvadora con forma de barco, que nunca alcanzó la costa:

Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los militares, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido, sin que les importara su comodidad, su familia, su dinero. Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides. (Almendros, p. 405.)

No se olvidará su gesta gracias a crónicas como El laberinto mágico. Max Aub actuó en ese caso a la manera de un cronista narrador de unos acontecimientos observados por él mismo o escuchados a testigos presenciales, por lo que manifiestan un tono de veracidad y a la vez sencillez incomparables. Al unificarse los trabajos del novelista y el historiador en una misma escritura, el relato es simple y directo, como una crónica periodística redactada en el lugar de los hechos, al mismo tiempo que emotiva por tratarse de unos acontecimientos que cambiaron por completo la vida de los españoles, incluido el autor.

Bibliografía citada:
ABIERTO: Campo abierto, México, D. F., Tezontle, 1951.
ALMENDROS: Campo de los almendros, México, D. F., Joaquín Mortiz, 1968.
CERRADO: Campo cerrado, México, D. F., Tezontle, 1943.
DIARIOS: Diarios (1939—1972), ed. de Manuel Aznar Soler, Barcelona, Alba, 1998.
MORO: Campo del Moro, México, D. F., Joaquín Mortiz, 1963.
SANGRE: Campo de sangre, México, D. F., Tezontle, 1945.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Sangre, Arena y Garras

Casimiro Castaño*. LQS. Abril 2019

Una alusión a “Sangre y Arena” de Vicente Blasco Ibáñez. Tanto si os gustan los superhéroes como si no, este cómic merece ser tenido en cuenta

El siguiente cómic que recomiendo es de superhéroes, algo que puede parecer muy extraño. Los cómics de superhéroes son los más conocidos y los de más proyección internacional; mayoritariamente están publicados por D.C. Cómics y la Marvell y son leídos prácticamente en todo el mundo.Con la elección de esta historia lo que pretendo resaltar es que la Guerra Civil ha estado siempre presente y ha sido un motivo para contar historias.

El siguiente cómic que recomiendo es de superhéroes, algo que puede parecer muy extraño. Los cómics de superhéroes son los más conocidos y los de más proyección internacional; mayoritariamente están publicados por D.C. Cómics y la Marvell y son leídos prácticamente en todo el mundo.Con la elección de esta historia lo que pretendo resaltar es que la Guerra Civil ha estado siempre presente y ha sido un motivo para contar historias.

Lobezno no está solo en sus aventuras por el País Vasco. Acaba involucrado en un campamento partisano de republicanos integrado por autores como Ernest Hemingway o Ricky Blair, en alusión a George Orwell. “Voy a matar fascistas porque alguien debe hacerlo”, dijo el creador de 1984, quien poco después casi muere tras recibir un balazo en el cuello.Ambos escritores estuvieron en la contienda española y, además, se implicaron personalmente con la causa republicana, y ambos aparecen constantemente en muchos de los cómics ambientados en la Guerra Civil.

La experiencia de ambos autores quedó reflejada en crónicas u obras como “Homenaje a Cataluña”, escrita por un Orwell fascinado al encontrarse “en una ciudad donde mandan los obreros”. También en “Por quién doblan las campanas”, de Hemingway, la cual es leída por Lobezno antes de viajar al pasado.

Sin embargo la forma de introducir a Lobezno en esta aventura no puede ser más tópica y folclórica ya que Lobezno aparece en Gernika, justo en el momento del bombardeo, en medio de una plaza de toros, jaleado por Hemingway por tener un pésimo estilo torero. Incluso cuando Lobezno le pregunta a Hemingway por el nombre de la ciudad en la que están le contesta “Estamos en Guernica”, a lo que Lobezno responde “No parece como la pintó Picasso”.

Fuera de todas estas consideraciones, la historia transcurre como normalmente lo hacen las historias de superhéroes: mucha acción, muchos golpes, lucha entre el bien y el mal, muchos desfases espacio/temporales, mucha fantasía,etc. De manera que como Lobezno aparece en la Guerra Civil, desaparece, privándonos de la posibilidad de haber podido ganar la Guerra Civil y haber cambiado el curso de la historia. ¡Una lástima!

Terminar esta presentación diciendo que el título del cómic, “Sangre, Arena y Garras”, hace alusión a “Sangre y Arena” de Vicente Blasco Ibáñez.

Tanto si os gustan los superhéroes como si no, este cómic merece ser tenido en cuenta.

Un saludo.

* Publicado en Errepublika Plaza

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Carmen Estanislao Moreno

Silvia Delgado*. LQS. Marzo 2019

Carmen Estanislao Moreno, 24 años y embarazada de 8 meses fue asesinada el 26 de septiembre de 1936 en Fuentes, Sevilla.

Fui deletreando nombres en mis versos
por esta tierra que es España,
la España de las heridas abiertas
pero de ti, Carmen, me duelen todas tus letras
Me dueles, Carmen,
me vienes doliendo desde hace décadas.
De dos en dos te mataron,
un disparo en la frente y otro, muerta ya,
en tu enorme vientre.

Qué puede pensar un hombre cuando
fusila el llanto de un niño nonato.
Qué puede pensar. Nada.
Nada, Carmen.
Nada humano.
La crueldad no tiene madre,
tiene tan sólo el deber de perpetuarse
en los huérfanos de humanidad que
tiñen de luto el aire.

Hoy tu nombre sin estrella suena por partida doble.
Dos veces fuiste asesinada, Carmen,
una por ser mujer y la otra por gestante.

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– Ilustración de Eneko.
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CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado

Redacción. LQS. Marzo 2019

Nos llega esta reciente publicación, CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado, un trabajo de investigación de varios años realizada por la periodista Ana María Pascual que entre archivos e indagaciones, y dando texto a los relatos de Teresa Rilo

Las cloacas del estado, las heredadas del franquismo, las que vigilaron la transición, las cloacas de nuestros días… un libro que destapa verdades silenciadas.

Jean Pierre Cherid (1940-1984). Atracador en Francia, miembro de la OAS (Organización del Ejército Secreto, grupo de militares golpistas franceses) en Argelia, en labores contra el Frente de Liberación Nacional (FLN); mercenario en Biafra; protegido por el régimen de Franco con Carrero Blanco; íntimo amigo de Antonio González Pacheco (Billy el Niño), conocido torturador de la Brigada Político Social de la dictadura y de los primeros años de la Monarquía; destacado activista del GAL con Felipe González en el gobierno… Con carné del Servicio de Inteligencia de la Guardia Civil (SIGC), expedido a uno de sus “nombres de guerra” con categoría de sargento primero.

Cherid se casó en España con Teresa Rilo cuyos recuerdos, entreverados de amargura, se recogen en estas páginas junto a la exhaustiva investigación llevada a cabo por la conocida periodista Ana María Pascual.

Un libro que pone al desnudo los entresijos del quehacer regular de las cloacas del Estado y el drama de una mujer que los vivió junto al hombre en quien un día creyó.

“Una mujer herida, agonizante e invisible, casi inexistente. Me veía a mí misma como una sombra, sin consistencia alguna, relegada a un rincón oscuro por todos los que aprovecharon mi debilidad para lucrarse.”
(Teresa Rilo).

Las autoras:

Ana María Pascual. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Periodista de investigación, está especializada en temas sociales y en memoria histórica. Curtida en los semanarios Interviú y Tiempo, ha trabajado en Diario 16 y El Nuevo Lunes, y ha colaborado en los suplementos El Semanal y La Mirada. Ha cubierto los grandes sucesos ocurridos en España en los últimos años, en especial los relacionados con terrorismo y corrupción. Además, ha realizado una incisiva investigación de la conocida como trama de los niños robados, labor que le ha valido el reconocimiento de las asociaciones de afectados, que le otorgaron el Premio Solidaridad, en la modalidad Prensa, en 2017.

Teresa Rilo. Nació en 1951 en Pontevedra, en el seno de una familia obrera y emigrante. Se crio en San Sebastián, donde regentó una afamada peluquería. Se casó con el mercenario francés Jean Pierre Cherid y fue testigo de la creación y de la evolución de los primeros grupos organizados por el Terrorismo de Estado. Tras la muerte de su marido, se ganó la vida en el mundo de la hostelería hasta su jubilación.

CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado. El Garaje Ediciones.
Autoras: Ana María Pascual / Teresa Rilo. 208 páginas . ISBN: 978-84-949265-0-1 . 15€

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¡Cuidado con los poetas!

Arturo del Villar*. LQS. Marzo 2019

Multa fero, ut placem genus irritabile vatum, que en román paladino se traduce como “Aguanto mucho, para complacer a la irritable raza de los poetas”

Monumento a Horacio en Venosa

Desde que la UNESCO declaró el 21 de marzo Día Mundial de la Poesía, en la reunión celebrada en París en 1999 durante su 30º período de sesiones, la poesía se ha integrado en la larga e inútil lista de los días mundiales, como el del cáncer, el de las enfermedades raras, o el de los diversos síndromes que nos afectan. Y muchos poetas en todo el mundo ese día componen un poema alegre dedicado a la primavera. No tienen en cuenta que en alguna parte del mundo ese día se combate, que en otra se tortura, en otra se muere de hambre o de sed, en otra alguien se suicida para evitar un desahucio, y tantísimas calamidades que impiden la alegría si somos solidarios con la sociedad.
Además, debe tenerse cuidado con los poetas, por que son gentes peligrosas. Lo escribió, en verso, por supuesto, Quinto Horacio Flaco en el segundo libro de las Epístolas, publicado el año 15 antes de la era cristiana: Multa fero, ut placem genus irritabile vatum, que en román paladino se traduce como “Aguanto mucho, para complacer a la irritable raza de los poetas”, Sabía lo que decía, puesto que él mismo pertenecía a esa raza, a la que facilitó ideas muy repetidas después en la lírica europea, como el beatus ille para promocionar la vida retirada, el carpe diem para invitar al disfrute del momento, o el aurea mediocritas para ensalzar el dorado término medio de las cosas, convertidos en tópicos renacentistas.

Desconfiaba de sus compañeros de oficio, porque los conocía bien, y advirtió a sus lectores para que tuvieran cuidado con ellos, ya que son proclives a la irritación. Y si un poeta se enfada con alguien, lo más probable es que le dedique una sátira con la que destroce su fama para siempre, y quede así retratado para toda la historia. Es preciso, pues, tomar precauciones cuando se trata con un poeta, como Horacio nos dice que él hacía, y aconsejaba a los lectores que imitasen su ejemplo.

La advertencia de Quevedo

Tampoco el más grande de los poetas castellanos, don Francisco de Quevedo, se sentía solidario con sus compañeros de oficio, y por ello les dedicó una “Premática” incluida en su Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, en el capítulo tercero del libro segundo. Es una sátira burlona, pero con intenciones críticas, y tal vez moralizadoras, según acostumbró a hacer en verso, que comienza de este modo:

Atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son nuestros prójimos, y cristianos aunque malos; viendo que todo el año adoran cejas, dientes, listones y zapatillas, haciendo otros pecados más inormes; mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas públicos y cantoneros, como a malas mujeres, y que los prediquen sacando Cristos para convertirlos. Y para esto señalamos casas de arrepentidos.

Debe tenerse en cuenta que en aquel tiempo los poetas se habían reproducido escandalosamente, ya que el mismo Quevedo encontraba “en cada esquina cinco mil poetas”, lo que sin duda haría las calles intransitables, y además se corría el grave peligro de que alguno de ellos se empeñara en leer sus composiciones al inadvertido viandante. Por eso llegó a exclamar airado: “¡Cuerpo de Dios con tanta poetambre!”, debido a que además de estar dispuestos a leer sus versos a la primera oportunidad, o incluso sin ella, solían pedir prestado dinero al incauto confiado, ya que la poesía tampoco en aquel siglo que los historiadores llaman de oro proporcionaba un modo de vida cómodo a sus autores.
Bien es verdad que la situación del reino era calamitosa, según él mismo la describió en el “Memorial para el Rey N. S. año de 1639”, un atrevimiento que le costó la cárcel, porque la persona del monarca también entonces era inviolable, incriticable e insoportable, aunque carecía de Constitución que la protegiese, como sucede ahora.

En tiempos de guerra

Sin embargo, el dato histórico de que un poeta pueda ser encarcelado sin juicio y privado de sus derechos y bienes, demuestra que por muy irritables que sean los de su raza son convenientes a la sociedad. A causa de su carácter irritable no toleran las injusticias y las denuncian, señalando a los culpables, incluso a los tiranos, a riesgo de perder la libertad o incluso la vida. Son los poetas solidarios con su gente, a los que por eso Miguel Hernández definió como viento del pueblo, antes de ir a morir en una prisión. También existen algunos otros acomodaticios que hacen todo lo contrario, esto es, ensalzan a los tiranos y sus secuaces para medrar y recibir premios y honores.
Lo comprobamos, por ejemplo, al revisar la situación de la poesía durante las guerras. Cada bando tiene sus cantores, irritados por las noticias que a unos les agradan y para otros resultan condenables, conforme a su personal ideología. La guerra sirve para irritar más todavía a los poetas, ya por su naturaleza irritables, y de ese modo les incita a componer poemas, que sin duda son ocasionales, pero es cierto que la ocasión merece ser tenida en cuenta. Por ejemplo, Bernardo López García alcanzó gran fama en el siglo XIX con su oda “¡Dos de Mayo!”, en la que ensalzó la sublevación del pueblo español contra el ejército napoleónico invasor:

¡Guerra!, clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra!, repitió la lira
con indómito cantar;[…]

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes,
y van roncas las mujeres
empujando los cañones, [..]

La guerra invita sin duda a expresar los sentimientos patrióticos, y la mejor manera de hacerlo es mediante la poesía. La calidad alcanzada depende de las cualidades del autor, como es lógico. Los poetas se irritan a causa de su carácter irascible y de las circunstancias bélicas, y a veces de esa confluencia surgen obras de arte notables.

Poesía humana, no bélica

En tiempo de conflictos armados la irritabilidad de los poetas suele incitarles a dedicar toda su atención a las acciones bélicas. Las conquistas de territorios enemigos merecen la atención de los poetas, que loan la victoria, sin tener en consideración que ese hecho de armas lo han realizado unos seres humanos enfrentados a otros seres humanos semejantes a ellos, con ideas diferentes en el caso de los mandos, no siempre así en el de la tropa, movilizada forzosamente. Lo comentó Manuel Azaña en su diario el 22 de junio de 1937, después de recibir a una delegación de poetas editores de la revista Hora de España:

Me parece corto, escaso, el impulso que lleva, más o menos a sabiendas, a cantar el heroísmo. La guerra no se compone toda de heroísmo, ni principalmente. Habría que mostrar, con la evidencia comunicativa de lo poético, el sufrimiento humano, dentro del cuadro grandioso y terrible de la guerra; el eterno sufrimiento del hombre, aherrojado por su destino implacable. (Obras completas, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, volumen 6, página 345.)

Así lo entendían los poetas de la España republicana, que mayormente expresaban en romances las aspiraciones del pueblo, su lucha cotidiana por sobrevivir a las dificultades inherentes a aquellas circunstancias, y el sufrimiento angustiado por ver a la muerte cerca. Sirva como ejemplo lo que Rafael Alberti evocó en el poema “Defensa de Madrid”, en el que su natural irritabilidad se atemperó al contemplar el heroísmo del pueblo que gritó “¡No pasarán!” a los fascistas, y cumplió su palabra hasta el final:

Que cada barrio a esa hora,
si esa mal hora viniere
–hora que no vendrá–, sea
más que la plaza más fuerte.
Los hombres, como castillos;
igual que almenas sus frentes,
grandes murallas sus brazos,
puertas que nadie penetre.

Los madrileños que en la retaguardia vigilaban su ciudad, llamada por su heroísmo “Capital de la gloria”, quedan descritos como los castillos medievales inexpugnables para los atacantes moros. Los moros traídos como fuerza de choque por los militares monárquicos sublevados, fracasaban en sus intentos por conquistar la ciudad.
De modo que la irritabilidad congénita de los poetas en algunas ocasiones resulta aprovechable. No en el caso de Horacio, republicano opuesto a Julio César enrolado en el ejército de Bruto contra los triunviros, que en la batalla de Filipos se irritó tanto como para dejar las armas y marcharse a escribir pacíficamente sus poemas. Eso salimos ganando sus lectores. Y no desatendamos su advertencia: ¡cuidado con los poetas, que se irritan por nada enseguida!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Las flautas de Hamelin. Una batalla en Internet por la mente de los cubanos

Redacción. LQS. Marzo 2019

La muerte de Fidel logró que mucha gente se quitara el ¨complejo de revolucionario¨, de declararse militantes de una ideología socialista y comunista, desprendiéndose del estigma de lo ridículo y obsoleto que durante años nos habían inoculado

Los textos reunidos en este libro de la mano de Javier Gómez Sánchez, están escritos de mayo del 2016 a febrero del 2018, son parte del debate político cubano ocurrido en Internet en el tiempo transcurrido entre la visita a La Habana del presidente norteamericano Barack Obama y el primer año de la administración de Donald Trump.
Con el anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos el 17 de diciembre del 2014, aunque ni la Revolución Cubana abandonaba sus esencias ni el imperialismo norteamericano las suyas, se generaron situaciones inéditas.

La atmósfera de ese período fue propicia para que ganara terreno una mentalidad política aparentemente nueva, pero que respondía a esas intenciones esencialmente imperialistas. Se buscaba la atención de un sector de la población que aún cree en el socialismo, aprovechándose de sus anhelos de que funcione mejor y captar simpatías en los jóvenes universitarios con participación en las organizaciones de la Revolución.

Para la divulgación de esta nueva corriente ideológica el gobierno norteamericano organizó y financió un grupo de proyectos de comunicación en Internet cuyo carácter es ampliamente comentado en este libro.

Sobre el autor

Javier Gómez Sánchez (La Habana, 1983) Periodista y realizador audiovisual. Licenciado en Medios de Comunicación Audiovisual en el Instituto Superior de Arte. Durante parte de su carrera residió en Santo Domingo, República Dominicana donde trabajó como periodista en varios programas de televisión dedicados al acontecer nacional de ese país. Desde su regreso a Cuba ha sido colaborador habitual de medios digitales sobre la actualidad política y social de su país.

La dedicatoria de este libro que ponemos en abierto para descargar o leer en red dice mucho de lo que te encontrarás…
A la contrarrevolución cubana.
Porque estudiándola entendí la Revolución
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