Las cuatro empresas del Apocalipsis

Jorge Izquierdo*. LQS. Marzo 2019

  • ¿Se puede luchar contra el cambio climático con las herramientas que nos ofrece y de las que vive el capitalismo salvaje?

 

La moral estorba a los gobiernos, y debe suprimirse como un obstáculo inútil. Para un Estado no existe la verdad ni la mentira: sólo reconoce la conveniencia y la utilidad de las cosas. Julius von Hartrott en Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez

 

Hace catorce años comencé a escribir una serie de artículos sobre el impacto de las llamadas nuevas tecnologías en nuestras vidas. Tenían, y tienen, una mirada crítica pero no tanto hacía la tecnología sino hacia su uso. Terminaba concluyendo que eran los gobiernos los principales causantes de grandes problemas. Básicamente escribí sobre cuatro grandes cuestiones: la confusión interesada entre tecnología y producto tecnológico, la brecha digital, el spam y los virus informáticos. En pleno 2019 aparece el movimiento #15Mclimatico, un llamamiento a estudiantes de todo el mundo para secundar una huelga internacional contra el cambio climático Y aunque la campaña fundamentalmente se ha dado a conocer a través de Internet, y de esas nuevas tecnologías que en manos de nuestros jóvenes parecen convertirse en una poderosa arma, no puedo ocultar mi pesimismo frente a lo que nos espera. ¿Por qué?

Porque el bautizado como #15Mclimatico ya está infectado con el propio virus contra el que quiere luchar. Nuestros jóvenes estudiantes, son ante todo, nativos digitales, los nacidos en la era digital, y que por tanto se han criado junto a esos cuatro jinetes del apocalipsis que galopan por las autopistas de la información. Las armas de los nativos digitales son, evidentemente, el smartphone junto a su ordenador personal y videoconsola y montados sobre ellos, una retahíla del mejor software que la revolución digital ha conseguido desarrollar.

Nada nuevo. Al igual que sucedió con la televisión se trata de unos aparatos que sin conexión eléctrica no sirven absolutamente para nada y que sin conexión a una red de comunicaciones, la mayoría de los nativos no sabría o no querría utilizar. Yo me pregunto: ¿Cómo se puede luchar contra los mares de plástico y el cambio climático con aparatos que necesitan decenas de minerales para ser fabricados y que son prácticamente… plástico?

Difícil tarea tienen por delante. Acabar con el cambio climático con un armatoste que liberará 95 kilos de CO2, de media, durante su vida útil y que para su construcción necesita de los llamados minerales de sangre, unas materias primas como el Wolframio, el Oro, el Litio, el cobalto y un largo etcétera de materiales cuya extracción no hace más que deteriorar el medio ambiente, ése que tanto empeño ponen en proteger. Aunque siempre podrán aprender de sus padres y abuelos y decir aquello de que «el fin justifica los medios». Unos medios que se cuentan por miles de millones. Así, cualquier activista de salón haría, hoy, suya la frase de Ricardo III «Mi reino por un caballo», sustituyendo caballo por smartphone y asegurándose, mientras grita, de tener batería, conexión a Internet y estar al corriente de pago de la correspondiente cuota mensual de la compañia de turno.

Contar con un caballo en la antigüedad era la condición número uno para ser caballero. Algo que solamente se podían permitir unos pocos, pero hoy en día nuestros jóvenes son caballeros digitales que han tenido, tienen y tendrán un arsenal de artefactos tecnológicos que les confiere: lo que ellos entienden, como su identidad e independencia. Una independencia que no es tal pues se ha convertido en una necesidad, ficticia, creada. Nada nuevo nuevamente, todos sabemos lo que son las necesidades creadas pero en este caso afectan directamente a nuestros niños y jóvenes. Mientras tanto el romanticismo, en su peor acepción presenta a jóvenes estudiantes (me pregunto si el 30% que no termina sus estudios elementales está también incluido) dispuestos a luchar contra el cambio climático montados a lomos de sus flamantes aparatos valorados en cientos de euros. Quizás habría que recordar que la última carga de caballería de la historia se produjo en 1939 cuando el ejercito polaco se le lanzó a la desesperada contra las divisiones panzer que invadían Polonia. Caballos contra tanques. Una sangría humana. Jóvenes estudiantes contra las multinacionales y sus gobiernos…. Unas multinacionales, Google, Microsoft, Apple y Amazon, propietarias de las herramientas que hemos dejando a nuestros jóvenes jinetes en herencia , en sustitución de la Historia, la Filosofía, la Ética y la Ecología humana.

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“Ciberpolítica” en Bolivia: la campaña electoral en redes

Sebastián Furlong*/Yair Cybel*. LQS. Febrero 2019

La reducción de la brecha digital, la conectividad creciente y la expansión del uso de las redes sociales en Bolivia dan cuenta del lugar determinante que ocupan las campañas digitales y la comunicación política en el plano virtual

En un contexto de creciente tensión y polarización política, las elecciones generales del año 2019 estarán marcadas por la novedad de la utilización plena del marketing político a través de las redes sociales, cuestión que había tenido pocos avances en el país andino hasta el momento y que podría convertirse en un elemento significativo de la campaña electoral en marcha. A lo largo del año pasado, los principales aspirantes al sillón presidencial en Bolivia –Evo Morales Ayma, por el oficialismo y Carlos Mesa Gisbert, por la oposición– dieron por primera vez sobradas muestras de la importancia asignada a plataformas virtuales como Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

En enero y marzo del año 2018, respectivamente, Evo Morales inauguró sus cuentas oficiales de Facebook e Instagram. El Presidente, que ya estaba activo en Twitter desde abril de 2016 [1], tomó esta decisión una vez confirmada la posibilidad de aspirar a un cuarto mandato. Por su parte, el opositor Carlos Mesa, quien se posiciona en segundo lugar de cara a las elecciones de 2019 [2], decidió abrir un canal de YouTube y una fanpage en Facebook –hasta ese momento sólo interactuaba en Twitter (desde marzo de 2011)– con el propósito de “llegar tanto a jóvenes y adultos de distintos sectores sociales, puesto que estas personas interactúan de manera muy frecuente mediante estas plataformas digitales y además se informan por medio de ellas”, dando lugar a una nueva “era de la ciberpolítica en Bolivia”, según las palabras pronunciadas por el propio asesor político de Mesa, Ricardo Paz [3].

Este artículo pretende avizorar las nuevas estrategias comunicacionales que comenzaron a adoptar los dos principales contendientes políticos de Bolivia a partir de la reciente expansión del acceso y uso de Internet, tardía y aún mediocre en relación con los estándares regionales. Para ello es preciso dar a conocer los últimos datos disponibles acerca de los niveles y formas de utilización de las redes sociales en el país andino, así como también el tipo de mensajes e imágenes que están circulando actualmente en los perfiles virtuales de Evo Morales y Carlos Mesa con vistas a las próximas elecciones presidenciales.

La brecha digital se achica en Bolivia

Debido a la gran diferencia de conectividad y las disparidades en la capacidad educativa y cultural de utilizar Internet, el porcentaje de acceso general a la red en Bolivia se caracterizó por ser bajo en términos cuantitativos durante el período 2001-2010. El Informe de Desarrollo Humano de Bolivia (PNUD, 2004) [4] daba cuenta de este problema consistente en una relación entre la brecha digital y los rasgos de desigualdad preexistentes, puesto que indicaba que el uso de Internet era significativamente más reducido entre los ciudadanos pobres, rurales o que habitaban zonas periurbanas, indígenas y de mayor edad en el país andino. El perfil del internauta boliviano de ese entonces era “joven, masculino, de nivel socioeconómico alto y medio-alto, urbano y habitante del eje La Paz – Cochabamba – Santa Cruz” (Ortuño, 2016: 158) [5].

Sin embargo, durante el último decenio, Bolivia experimentó significativos avances que le permitieron disminuir su rezago histórico en términos de infraestructuras básicas, indicadores sociales y niveles de complejidad de la economía, los cuales se habían traducido anteriormente en bajos niveles de modernización tecnológica y serios obstáculos para expandir el desarrollo de la conectividad inclusive hacia todo el territorio urbano. De acuerdo con la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT), el acceso a Internet en Bolivia alcanzó hacia el final del primer trimestre del año 2018 más de 9,4 millones de conexiones fijas y móviles [6]. Cabe destacar que los smartphones representan el 95% de las conexiones de Internet en Bolivia y que, según se desprende del citado análisis, los departamentos de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba acaparan el 75% de este servicio, dato que tiene una relación estrecha con la concentración poblacional y económica de este país.

Armando Ortuño plantea que la modernización infraestructural-tecnológica es un fenómeno relativamente reciente en Bolivia: “el gran salto se habría dado en el bienio 2013-2015, en el que las conexiones pasaron rápidamente de alrededor de dos millones a algo más de seis y medio millones” [7]. Este autor completa el diagnóstico al aseverar que la expansión de las tecnologías móviles está fuertemente asociada con “la coyuntura de alto crecimiento económico, fuerte movilidad social y elevada inversión en infraestructura de comunicación” [8].

La última Encuesta TIC, efectuada en diciembre de 2016 por la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (AGETIC), ya daba cuenta que las redes sociales más utilizadas son Facebook con un 94% y WhatsApp con un 91%, mientras que corren por detrás el uso de las plataformas YouTube (40%), Twitter (17%) e Instagram (15%). Entre los más jóvenes comprendidos en la Generación Z (nacidos a partir del año 2001) y los mayores de 50 años, la penetración de Facebook y Whatsapp es similar y ronda el 90-95% de uso. En cuanto a los niveles de apropiación de YouTube e Instagram, allí aparecen diferencias significativas según los grupos etarios: el 45% de los usuarios que tienen entre 18 y 35 años utiliza el servicio de alojamiento de videos -un 20% por encima de la población más envejecida-, mientras que la red favorita a nivel mundial para subir fotos es apenas utilizada en un 7 u 8% de los internautas mayores de 40 años, según los últimos datos recopilados por AGETIC a finales del año 2016. El Instagram también presenta en Bolivia una presencia mayoritariamente femenina, dado que Hootsuite contabilizó en 2018 un 52% de mujeres frente a un 48% de varones, sobre un total de 920 mil usuarios registrados. Si se observa por zonas geográficas, Santa Cruz de la Sierra da cuenta que los índices de utilización de las redes sociales descienden a medida que avanza la edad: por ejemplo, la red Facebook cuenta con bajos niveles de aceptación entre los mayores de 61 años, mientras que el Instagram atraviesa un proceso similar con un casi nulo uso entre la población que supera los 46 años [9].

Guerra digital y lucha política. Perfil en redes sociales de Evo Morales y Carlos Mesa

Si bien las elecciones presidenciales de 2014 fueron las primeras en incluir un componente digital, recién a partir de la campaña por el referéndum de febrero de 2016 [11] el partido gobernante MAS empezó a reconocer a las redes sociales como un espacio público en disputa (y de carácter también político). La situación de suma inferioridad en las redes sociales se hizo harto evidente desde aquel acontecimiento político-electoral -que culminó en derrota del SI- y dio origen a la utilización recurrente del concepto de guerra digital por parte de las usinas oficialistas. La firme decisión de promover una disputa en el campo informacional, frente a la presencia de Internet como nuevo espacio de lucha política, dio lugar a que el Gobierno boliviano aprobara, en abril de 2016 mediante el Decreto Supremo 2731, la creación de la Dirección General de Redes Sociales, dependiente del Ministerio de Comunicación, cuyo objetivo es el de “desarrollar estrategias de difusión, consulta e interacción del Gobierno con las ¨cibercomunidades¨ (…), mejorar las plataformas de comunicación del Órgano Ejecutivo y promover el uso de las redes sociales en la sociedad civil” [12].

Al momento de comenzar a utilizar la red Facebook en enero del año pasado, Evo Morales planteó que ésta fue pensada como “canal para construir, para compartir y también para defender los derechos de los pueblos del mundo” [13]. Precisamente, la funcionalidad que el mandatario asignó a la plataforma creada por Mark Zuckerberg plantea la apertura de una ventana al mundo a partir de la exhibición de logros y avances en el plano social, económico y militar, en la protección de la paz y el respeto a la Madre Tierra conquistados en la última década bajo la gestión gubernamental del Movimiento Al Socialismo (MAS). En segundo lugar, el presidente busca posicionarse en Facebook como un líder político con ascendencia sobre el resto de los pueblos del continente. La vasta presencia de videos en su página oficial –por lo general ninguno superior a 1 minuto de duración– tiene la finalidad de resaltar la conexión político-ideológica con otros líderes latinoamericanos y de invocar los principales valores de la identidad boliviana a partir de las acciones del Gobierno en materia ejecutiva y legislativa.

FB: Evo Morales Ayma

A diferencia de lo que ocurre en Facebook, la cuenta de Twitter del mandatario boliviano –la más antigua de sus redes sociales– cumple un rol destinado principalmente a efectuar reportes cotidianos de la gestión con fuerte preponderancia de texto, fotografías e ilustraciones. También cuenta con una fuerte impronta política al dar cuenta de sus posicionamientos en temas de coyuntura local e internacional y, asimismo, funciona como tribuna para defenderse de ataques de los “opositores de derecha”. Por esta razón, dicha red social presenta niveles de actualización y uso muy superiores a los que se destina en la plataforma anteriormente analizada.

Por último, el Instagram de Morales fue creado en marzo de 2018 y presenta un formato novedoso marcado por la utilización de diferentes series de mosaicos de video-imágenes, que poseen la virtud de embellecer visualmente el perfil y otorgar mayores niveles de coherencia a los actos de comunicación política encarnados en esta nueva faceta. Junto a esta interesante versatilidad, siempre acompañada por la búsqueda de instalación de hashtags, aparecen las principales debilidades marcadas por la baja frecuencia en la subida de videos o imágenes y en la escasa utilización de stories, donde el presidente podría sacar a relucir con mayor intensidad los rastros que deja su actividad política cotidiana.

MOSAICO IG: evomoralesayma

Las redes sociales de Carlos Mesa muestran, en cambio, una dinámica más fuertemente atravesada por la carrera a las elecciones presidenciales en Bolivia. De hecho, el candidato opositor realizó el lanzamiento de su candidatura el sábado 6 de octubre por medio del video “Por un gobierno de ciudadanos” [14], de siete minutos de duración, donde deja en claro las líneas que funcionarán como ejes rectores de su campaña: “Hay un viejo tiempo que se está agotando y que ha cumplido su ciclo. El presidente Morales no es parte del presente, ya no, y mucho menos del futuro, es parte del pasado”, sostuvo Mesa en su mensaje. El vídeo se funda en una apelación directa a valores democrático-liberales, como el institucionalismo y el rol de la ciudadanía. Además, enfatiza la necesidad de “terminar con un continuismo inaceptable” para dar inicio a una etapa de cambio.

You Tube: carlosdmesatube

Esta impronta estratégica en términos comunicacionales se acentúa en su caso, porque actualmente no ejerce ningún cargo ejecutivo o legislativo, con lo cual no debe dar cuenta de actos de gobierno. La cuenta oficial de Facebook del candidato inscripto bajo el sello Frente Revolucionario de Izquierda (FRI) –inaugurada en septiembre pasado– combina imágenes con recuadro de texto identificado por los colores de la alianza Comunidad Ciudadana, transmisiones en vivo, artículos periodísticos que destacan en tono positivo su rol de principal opositor y textos breves sin sostén fotográfico, en las que el expresidente boliviano (2003-2005) despunta sus virtudes de intelectual y escritor en relación a diferentes temáticas. Las otras redes sociales utilizadas por Mesa no presentan una modalidad diferenciada en demasía con la estrategia adoptada en Facebook, aunque se destacan dos particularidades que lo distinguen del uso que realizan las cuentas de su competidor Evo Morales: el líder opositor prescinde casi por completo en Twitter de la utilización de videos y da lugar a menciones constantes por su fanatismo futbolero, mientras que Instagram se erige en su red social más descuidada, dado que allí cuenta con apenas 3500 seguidores y no subió ninguna fotografía a lo largo del primer mes del año 2019. Sin embargo, allí no pierde la oportunidad de aprovechar en mejor medida que Morales –aunque aún en forma parcial– la herramienta de las stories (comunes y destacadas).

FB: Carlos D. Mesa Gisbert



Tendencias e “influencers”

La ciberpolítica del Altiplano tiene su reflejo más concreto en la red social Twitter. Así como entre los primeros 30 hashtags de Instagram no aparece ninguna mención a la realidad política, ni entre los 10 canales de YouTube más populares destaca algún influencer en temas de actualidad (recién en el séptimo lugar se ubica el matutino El Deber), en Twitter se plasma de manera particular el escenario político boliviano.

La cuenta personal más seguida de Bolivia es @evoespueblo con 487 mil seguidores. Morales superó en 2018 a su contendiente Carlos Mesa, histórico líder de la red, que en la actualidad tiene 435 mil. Entre los primeros diez influenciadores de esta red social aparece en tercer lugar el periodista Carlos Valverde (189 K) -quien diera a conocer a comienzos del año 2016 el “caso Zapata”-, el empresario y dirigente opositor Samuel Doria Medina (162 K), el expresidente Tuto Quiroga (47,5 K) y el gobernador de Santa Cruz de la Sierra, Rubén Costas (38,7 K). El peso de los medios de comunicación también se hace notar: El Deber (418 K) lidera el segmento, seguido por La Razón (408 K), Unitel (376 K), ATB (344 K) y Página Siete (321 K).

Al mismo tiempo, Morales también lidera por amplia diferencia la pulseada con Mesa en cuanto a interacción y alcance de sus productos en esta red. Mientras que el lanzamiento de la campaña presidencial de Carlos Mesa por redes sociales significó su momento de mayor alcance en los últimos cuatro meses (1900 retweets-https://bit.ly/2Rp76Nh), la cuenta de Evo obtuvo solamente en enero 22 mil réplicas a partir de su declaración de solidaridad con Venezuela (https://bit.ly/2sDvIYK) y un promedio de 7 mil en sus intervenciones posteriores en relación a la injerencia estadounidense en la región, así como cosechó más de 6 mil retweets en su saludo a la dirigente argentina Milagro Sala, detenida en la provincia de Jujuy. Más allá de la abultada diferencia en la cantidad de trinos por semana y, a pesar de contar con un número relativamente similar de seguidores (apenas un 10% de diferencia), la cuenta de Morales supera ampliamente en alcance, réplicas e interacción a la de su principal competidor.

Así como en YouTube priman los videos musicales, los gammers o los tutoriales de salud y belleza, y mientras en Instagram se fortalecen las etiquetas de fotografía o turismo, el Facebook -a pesar de los recientes cambios en sus algoritmos- sigue siendo un campo más ligado a la arena política. Los periodistas Carlos Valverde, Juan Pastén y Asbel Valenzuela son los principales referentes del área en esta red. Por otro lado, el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz es el organismo público con mayor cantidad de seguidores (182 mil), secundado de lejos por su par de Santa Cruz (26 mil). En esta plataforma la diferencia entre los principales aspirantes a la Presidencia es aplastante: mientras Evo supera el medio millón de seguidores, Mesa apenas ronda los 50 mil.

A modo de conclusión: los otros niveles de la disputa en redes sociales

El Ejecutivo boliviano destinó la cifra de más de Bs. 8 millones entre abril de 2016 y junio de 2018 para el funcionamiento de la Dirección General de Redes Sociales [15]; sin embargo, continúa afrontando una batalla desigual en este ámbito. La joven presidenta de la Cámara de Senadores, Adriana Salvatierra (MAS), analiza que “la comunicación se disputa hoy desde otros niveles, ya no solamente la hace una persona: entraron en el juego las aplicaciones, las máquinas que disputan, desde un punto de vista corporativizado, el imaginario colectivo” [16]. Es decir, si bien Evo Morales supera en número de seguidores y en cantidad de interacciones al precandidato del FRI a partir de una millonaria inversión en publicidad en redes sociales que se ha profundizado a lo largo del último año, es preciso atender desde el inicio de esta nueva campaña electoral al comportamiento de las páginas de Facebook vinculadas a Carlos Mesa [17], que en algunos casos duplican, triplican y hasta cuadruplican la cantidad de fans de la cuenta oficial. Allí reaparecen con fuerza varios elementos de continuidad ya observados en las vísperas de la celebración del referéndum de febrero de 2016: publicaciones y comentarios de usuarios donde se busca exacerbar el odio contra el presidente y tildarlo de “corrupto”, con la finalidad de polarizar la contienda electoral, falsas acusaciones dando cuenta de un supuesto “autoritarismo de su régimen” y continuos llamados a defender el voto popular expresado en el 21F, donde “Bolivia ya dijo No”. Por último, cabe destacar que la bautizada guerra digital se juega también en WhatsApp: al interior de estas páginas opositoras (la más popular en Facebook es “No a la Reelección de Evo Morales”), se destacan posteos donde se invita a los seguidores a unirse y “trolear” grupos creados para respaldar la postulación del binomio Evo Morales–Álvaro García Linera.

Tal como sostiene Fernando Mayorga Ugarte, el predominio de una radicalización discursiva en el rechazo hacia Evo Morales tiene lugar “debido al contenido de los mensajes cuya viralización fue mayor mientras más denigrantes eran las palabras y las imágenes -sobre todo en los memes- dirigidas contra la figura presidencial” [18].

La reducción de la brecha digital, la conectividad creciente y la expansión del uso de las redes sociales en Bolivia dan cuenta del lugar determinante que ocupan las campañas digitales y la comunicación política en el plano virtual. La creación de la Dirección General de Redes Sociales por parte del oficialismo y el lanzamiento de la campaña de Mesa por medio de su canal de YouTube evidencian la importancia que los principales contendientes otorgan a esta novedosa arena de disputa política y comunicacional. La microsegmentación, los grupos anidados y las redes de mensajería instantánea aparecen como algunas de las claves que deben ser tenidas en cuenta a la hora de analizar el proceso electoral que tendrá lugar en octubre de este año.

Mientras la agenda oficialista se centra en la exposición de los logros de gestión y las metas alcanzadas durante los tres períodos de gobierno del MAS, el candidato opositor busca capitalizar el rechazo generado en los entornos virtuales hacia la figura del presidente, que tuvo su piedra fundacional en el caso Zapata y encontró sus réplicas en otros casos de corrupción. La estrategia de construcción de un enunciador basado en el desprestigio de la figura de Morales y el intento por socavar su imagen pública y su aprobación, tienen como objetivo sintetizar en la figura de Mesa la bandera del “rechazo” a la gestión de Evo y el MAS. Este hecho marca un parteaguas que tendrá su próximo capítulo en esta campaña electoral.

Notas:
*.- CELAG.org
1.- https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/la-estrategia-de-evo-morales-en-redes-sociales-articulo-735111
2.- http://www.cambio.bo/?q=node/54337
3.- https://www.urgentebo.com/noticia/carlos-mesa-apuesta-por-las-redes-sociales-y-da-inicio-la-ciberpol%C3%ADtica-en-bolivia
4.- http://hdr.undp.org/sites/default/files/bolivia_2004_sp.pdf
5.- Ortuño, Armando. El acceso y el uso de Internet en Bolivia: antiguas y nuevas desigualdades. En: Bolivia digital, 15 miradas acerca de Internet y sociedad en Bolivia / Quiroz, Eliana (coord.) © Vicepresidencia del Estado / Centro de Investigaciones Sociales © Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo La Paz, Bolivia. Diciembre, 2016. Pp. 149-186
6.- https://att.gob.bo/content/la-att-reporta-que-existen-m%C3%A1s-de-11-millones-de-l%C3%ADneas-m%C3%B3viles-registradas
7.- Ibíd.3
8.- Ibíd.3
9.- https://cecalizaya.com/redes-sociales-en-bolivia/
10.- Datos de Hootsuite 2018. Twitter dato estimado en base a datos de AGETIC, no ofrece estadísticas específicas por país.
11.- http://www.cambio.bo/?q=node/1154
12.- https://www.eldia.com.bo/index.php?cat=1&pla=3&id_articulo=196710
13.- https://www.24horas.cl/internacional/evo-morales-abre-cuenta-en-facebook-dos-dias-despues-de-anunciar-que-buscara-la-reeleccion–2622835
14.- https://www.youtube.com/watch?v=PRDdmRJReQU
15.- http://www.lostiempos.com/actualidad/pais/20180612/gobierno-gasto-bs-82-millones-direccion-rrss-2016
16.- Ibíd.23
17.- La página Carlos D. Mesa Gisbert Presidente 2020 cuenta con más de 85 mil seguidores, mientras que No a la Reelección de Evo Morales reúne más de 250 mil adeptos.
18.- https://blogs.elpais.com/contrapuntos/2016/02/bolivia-ni-polarizacion-ni-division.html

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El periodismo, la mentira y las redes sociales

Elaine Tavares*. LQS. Febrero 2019

Así que el mundo distópico un día dibujado por el gran escritor estadounidense Ray Bradbury, en su Farenheit 451, parece estar bien aquí frente a nosotros…

El mundo de las redes sociales imprimió un concepto que ha sido bastante utilizado, principalmente por los académicos, pero que también encuentra espacio entre los desubicados que gustan parecer inteligentes. Es el tal del concepto de la post-verdad. En realidad, un engaño, tanto como lo que parece significar.

La post-verdad sería el uso de informaciones, en más de una vez falsas, que buscan tocar a la persona en lo emocional o en sus creencias personales. Es decir, a partir de la recolección de los datos sobre los más de dos mil millones de personas en el mundo que usan las redes sociales, como por ejemplo el Facebook, es posible saber lo que la persona piensa, lo que le gusta, lo que odia, sus miedos y, desde ahí, enviar informaciones que sean adecuadas a sus sentimientos y sensaciones. Estos datos son mercancías a la venta y ya existen empresas especializadas en usarlas para los más variados fines. La distribución es hecha por los «bots sociales», los softwares automatizados (robots), que, haciéndose pasar por personas reales, difunden de manera viral los mensajes especialmente hechos para el cliente.

Es decir, para usar las palabras correctas, eso significa manipulación, engaño, mentira. Y ha sido así que políticos y empresas buscan consolidarse en el corazón y en la mente de las personas. Es la manera moderna de diseminar lo falso, el fraude. Esto siempre fue hecho, ya sea de boca a boca, o por medio del periódico, la radio, la televisión. La diferencia en la época actual es la magnitud de la tramoya. La cosa puede alcanzar millones de personas en pocas horas, y considerando que el sistema ha sido organizado a partir de grupos cerrados basados en la confianza, una mentira esparcida por esos robots acaba asumiendo contornos de verdad en segundos.

Muchos son los casos de acusaciones falsas de crímenes como pedofilia, secuestro, etc…. llevar al linchamiento de personas, al asesinato, al odio insano. Esto también siempre existió, pero ahora es la velocidad del proceso lo que asusta. Además, el uso de programas que reproducen la voz de la persona y hasta la imagen son cada vez más comunes. La cara de una persona puede ser plantada en un cuerpo que está violando a alguien, por ejemplo. Todo es posible. Y una calumnia tiene el poder de alcanzar a la persona en cuestión de segundos. De la misma forma esa tajada de mentiras es igualmente capaz de elegir o derribar políticos. Todo depende del poder de fuego de quien puede pagar el software (el trabajo de los robots). En el capitalismo, sabemos, las elecciones se definen por monto de dinero que el candidato tiene para hacer la campaña y no por las propuestas que presenta.

En la campaña presidencial brasileña esta táctica de usar empresas que usan el tal del «bot social» fue utilizada, lo que configuraría fraude, pero la justicia electoral no la tuvo en cuenta y las personas afectadas por la avalancha de noticias falsas comenzaron a hacer bromas de la denuncia, presentándose ellas mismas como los «robots» del candidato, creyendo piadosamente que habían sido sus publicaciones en las redes que llevaron a la victoria del presidente. Pocos son los que se perciben parte de una tela gigante que va aspirando y manipulando. Sin pensamiento crítico previo, es casi imposible creer que aquella persona que manda mensajes no es una persona, sino un sistema que, utilizando nombres de personas reales, reproduce los mensajes a velocidad sorprendente.

Así que el mundo distópico un día dibujado por el gran escritor estadounidense Ray Bradbury, en su Farenheit 451, parece estar bien aquí frente a nosotros. En ese mundo, descrito en una novela publicada en 1953, las personas vivían como dopadas por pantallas de televisión gigantes que tomaban la sala de sus casas, y de todos los lugares de la ciudad, de manera omnipresente. En esas pantallas se sucedían programas idiotas y sin sentido, que apenas narcotizaban a las gentes, haciéndolas incapaces de discernir entre lo real y lo imaginario. Mientras tanto, el gobierno manipulaba las informaciones y creaba una realidad moldeada a sus intereses.

Pues hoy existe un contingente muy grande de personas en esa situación. Narcotizadas por las visualizaciones incesantes de las redes sociales, inoculadas con la mentira sistemática, que se disemina también en los medios masivos de comunicación y en las iglesias, van desvinculándose de la realidad, asumiendo la existencia de un mundo imaginario, en el cual cualquier persona que piense diferente de la multitud, que se exprese diferente, o sueñe diferente sea considerada un virus, susceptible de ser destruida.

La cuestión que se plantea es: ¿es posible huir de eso? La respuesta es sí. No es fácil, pues la materialidad de la vida exige que la persona esté conectada todo el tiempo. Pero el camino puede ser el ejercicio sistemático del pensamiento crítico. Descartes, el filósofo francés, ya enseñaba allá en el 1600: todo es duda. Hay que preguntar. Hay que dudar. Hay que investigar si la información es correcta. Hay que chequear una y otra vez. Todos hemos caído en la trampa de la noticia falsa, la cual reproducimos a partir de nuestros círculos de confianza. Pero, nuestros círculos de confianza también mienten, entonces, no se puede vacilar.

La manada sigue al líder, sin pensar. El sujeto crítico se demora, observa, refleja, piensa.

Yo soy periodista y en mi formación siempre hubo un tema que era perseguido -y aún es- por todo el profesional de esa área: conseguir dar de primera mano la información. Siempre he pensado que eso es un engaño porque, en realidad, lo que importa para el público no es que una pase la información en primer lugar, de forma rápida y, a veces, irresponsable, sino que esa información sea 100% segura y repleta del contexto. Es decir, lo que siempre he enseñado es que el gran salto del buen periodista no es dar primero, sino dar mejor.

En ese mundo de mentiras, que no es el de post-verdades, sino de la vieja y manipuladora mentira, más que nunca necesitamos del periodismo de verdad. El que describe, narra, contextualiza, venga cargado de la impresión del reportero que ha visto las cosas. Es un gran desafío en el universo de las redes sociales, pero hay que perseguir esa meta. No es fácil, no es cómodo, exige esfuerzos hercúleos, pero es lo que hay que hacer. Puede tardar en surtir efecto, pero esto no puede desanimar. Hay un viejo proverbio japonés que expresa bien la necesaria paciencia que necesitamos tener en la tarea de narrar la vida real, la verdad de la inmanencia y la esencia de la apariencia. Él dice así: «despacio, lentamente, el caracol va subiendo el Monte Fuji».

Pues así es. Seguimos.

* Periodista brasileña

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Territorios y herramientas digitales para la emancipación

Alfredo Moreno*. LQS. Febrero 2018

Capturar los recorridos digitales sobre preferencias, hábitos, emociones y consumos expresados por los habitantes de los territorios digitales (Webs, Facebook, WhatsApp, Instagram, Youtube, etc.) permite conocer sus conductas y estimar sus acciones

La emancipación intelectual y la apropiación de la tecnología vuelven a convocarnos para potenciar el trabajo político territorial en defensa de la democracia y los derechos alcanzados durante el período 2004 -2015.

Las Tecnologías de Informática y Comunicaciones (TIC) aportan nuevas herramientas para las estrategias electorales. No alcanza con fiscalizar la elección. Debemos ocuparnos desde ahora en cuidar el voto.[1]

El big data es un conjunto de metodologías que brindan capacidad de procesar grandes volúmenes de datos, limpiar y estructurar estos datos para aplicar los métodos descriptivos o predictivos de la matemática aplicada o estadística, conocidos desde 1950. Lo nuevo es el gran flujo de datos que se produce en internet y la velocidad en el procesamiento de los mismos.

Capturar los recorridos digitales sobre preferencias, hábitos, emociones y consumos expresados por los habitantes de los territorios digitales (Webs, Facebook, WhatsApp, Instagram, Youtube, etc.) permite conocer sus conductas y estimar sus acciones.

Las campañas electorales estaban basadas en conceptos demográficos. Se realizaban acciones como “todas las mujeres recibían el mismo mensaje” sólo por su género o todos los jóvenes por su edad. La segmentación cambió la orientación en la campaña política.[2]

El big data amplia la visión para la producción de mensajes con contenidos claves, segmentos para audiencias más específicas con la posibilidad de incidir en segmentos de indecisos con precisión quirúrgica.

Emil Pariser, director ejecutivo de Upworthy activista político sostiene que nuestro acceso a la información está condicionado por el diseño algorítmico de las plataformas que usamos para ingresar a la web. Desde el 2009 año en que Google decidió tomarse más en serio el registro del comportamiento de sus usuarios para ofrecer resultados a medida, Internet ha virado hacia la personalización de los contenidos. Desde entonces los algoritmos no han dejado de conjeturar a los usuarios.

Constantemente se preguntan acerca los intereses de quién está detrás del Navegador para luego construir un perfil y en función de este intentar predecir qué contenidos quiere ver y cuales publicidades les conviene ofrecerle.

Entonces, el resultado de una búsqueda es producido por el algoritmo que selecciona, a través de predicciones, la información que al usuario le gustaría ver basado en información acerca de sus “huellas digitales” en base a su localización, historial de búsquedas, elementos a los que les dio “click” en el pasado, etc. Es decir, si dos personas buscan un mismo término de distintos dispositivos tendrán resultados seguramente diferentes según su historial de “gustos” y “huellas” en Internet.

Como resultado, los usuarios son alejados de la información que no coincide con sus puntos de vista, aislándolos efectivamente en burbujas ideológicas y culturales propias del usuario. Hecho conocido como filtro burbuja.

La Micropolítica estudia la lógica de los filtros burbujas que se producen en las redes sociales. Analizando las comunidades autorreferenciales, a las que les cuesta mirar lo diferente, al otro ajeno a la comunidad, convivir con los que piensan distinto; en este ciclo se vuelven más intolerantes.

Estas comunidades son el destino de nuestros mensajes, para que los contenidos pensados a tal fin logren las instancias de apertura necesarias para considerarnos semejantes.

La anticipación, la alerta temprana y la agilidad será lo más importante para ganar ventaja competitiva contra semejante aparato tecno, financiero y jurídico del gobierno de Cambiemos.

Que hacer, tantas veces preguntado

Conseguir conocimiento desde nuestros datos. Integrar redes sociales para trabajar con datos sanos y estructurados. Organizar el flujo de distribución de contenidos para que pueda ser medido el impacto.

Desde una perspectiva tecnológica las herramientas están ofrecidas. Se trata de encontrar los patrones de conducta, perfiles de participantes que nos permitan aplicar los modelos matemáticos que conforman la especialidad llamada Ciencia de Datos. Las metodologías del cuerpo matemático y sus herramientas están disponibles, solo es necesario el conocimiento, la red de activistas y la voluntad política de sostenerla.

Las capacidades profesionales para conocer el perfil del votante y el efecto de la gestión política convergen en este ejemplo:

Trabajar una minuciosa encuesta cuya muestra sea la mejor posible en relación al Municipio del conurbano o las Comunas de la CABA. La experiencia en la materia abunda.
Luego trabajar los datos de la encuesta con modelos matemáticos predictivos. Alimentando dicho proceso con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, que permite dibujar el paisaje social en estos principales conglomerados urbanos.
Cruzarlos con los resultados de las últimas elecciones y realizar un proceso de geolocalización del voto y las preferencias políticas de los votantes de cada uno de los barrios seleccionados.

Un ciclo de refinamiento sucesivo del relato anterior, conducirá a un conocimiento más certero y permitirá afinar la mira para hacer blanco.

Hechos de presencia y simultaneidad

En Moscú, en el mes de junio, durante doce días, cualquier persona puede hacerle una pregunta directa a su Presidente, Vladimir Putin. El Presidente ruso las responde todas juntas en televisión, por el Canal 1, Rusia1, Rusia24 y Rusia Today; y también en directo por las radios Mayak, Vesti FM y todas las frecuencias de Radio Rusia. En 2018 se permitió preguntar a través del teléfono, SMS y redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, VKontakte y Odnoklassniki).

Ese año, se recibieron 1,1 millones de preguntas y hasta 2 millones de comentarios, ya que se permiten comentar las respuestas del presidente en la web oficial, con lo que los comentarios no dejan de crecer durante toda la jornada. A eso hay que sumarle las interacciones y opiniones en redes sociales. Millones y millones, en definitiva.

Imaginemos que el equipo de Putin monitorea las preguntas, los comentarios, y las repercusiones en redes. Podrían lograr localizar a determinados segmentos de población que, por ejemplo, estuvieran preocupados por la salud pública, que fueran mujeres, que tuvieran de 40 a 50 años de edad, que vivieran en la zona de Kazan, y que hubieran hecho preguntas o comentarios de ese tema vía Facebook. En los meses posteriores, a estas personas se les podría hacer llegar informaciones mediante publicidad en Facebook, hablando de las nuevas políticas de Putin para el futuro de la salud pública y, en especial del nuevo hospital que se situaría en Kazan y que va a realizar mamografías gratuitas a mujeres de 40 a 50 años. Es sólo un ejemplo inventado, pero hay millones de potenciales datos que, cruzados, permiten acotar necesidades, públicos y, por tanto, mensajes.

El análisis de datos es la clave para entrar en nuestros domicilios digitales

Se trata de lograr enviar el mensaje adecuado a las personas adecuadas, entendiendo sus necesidades.

No se pierde tiempo, trabajo, ni dinero.

Impactar con el mensaje adecuado muestra que el candidato sabe del tema, que conoce las necesidades de la gente. Permite mostrarle como más atento, más cercano a los electores y futuros seguidores.

Y puede tener éxito, porque ninguna relación política es tan buena como la que se consigue cuando sabes qué le importa a tu interlocutor. La tecnología sirve para mejorar el impacto de nuestro mensaje electoral, para estar presente y que sea recordado. La segmentación electoral pretende conocer a los votantes para hacerles llegar el mensaje oportuno, aquello que les importe y que consiga movilizarlos.

Pero no basta con tener los datos. Hay que saber cómo aprovecharlos para generar el mensaje adecuado al público adecuado. Podemos analizar nuestra ciudad, por ejemplo, las esquinas donde ha habido más accidentes. Permite mostrar que nuestro candidato está más atento, más cercano a los electores.

Porque en caso de duda, buscamos datos mentales. Si estamos indecisos solemos votar a quien recordamos: un buen mensaje, a la persona, en el momento y en el tema adecuado, genera memoria en los ciudadanos.

La publicidad no lo es todo. Por mucho que logremos enviar el mensaje adecuado a la persona adecuada, jamás será lo mismo que ese mensaje sea mediante publicidad a que sea mediante un contacto directo.

Si alguien consigue persuadir al otro, es normalmente la gente que nos rodea el “on” y “offline”. Es a ellos a quien también debemos hacer llegar los mensajes, para que tengan argumentos que permitan convencer a sus propios contactos, que es probable que sean parecidos culturalmente, y estén dentro de su misma burbuja informativa.

Vivimos en un mundo conectado, en redes, y donde nos encanta que nos den la razón y que todo lo que leemos y vemos confirme nuestras opiniones, creencias y costumbres. En este sentido, el big data y la segmentación nos permiten como máximo penetrar en algunas burbujas culturales, comunidades con determinados gustos, pero no politizadas, pero jamás en las burbujas ideológicas que son contrarias a nuestro mensaje, y que nunca creerán nada de lo que les digamos, por mucho que sea un impacto directo a sus necesidades y deseos.

En resumen, desarrollar una campaña local, en que sean los vecinos los que convencen a sus vecinos, y dar herramientas para que nuestros contactos hagan campaña a sus contactos, ya que son quienes mejor entienden las necesidades de sus familiares y amigos/as y cómo hablarles personalmente. No pensemos sólo en el mensaje, pensemos también en cómo, quien lo recibe, va a compartirlo y/o contarlo a sus contactos.

Segmentar permite ahorrar tiempo, energía y dinero, pero no permite penetrar en burbujas imposibles, ni substituye la persuasión del “boca en boca” o el “boca a oreja”, personal/activista/militante, que es el que funciona, sí o sí, desde hace miles de años, en la política y en la vida.

Notas:
1.- Argentina. Elecciones 2019: Cambiemos y el fraude electoral
2.- Politizar las TICs: Argentina Campaña 2019

* Computador Científico. Delegado FOETRA ARSAT. Profesor TICs UNM

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La comunicación política entre el ágora y el Whatsapp

Adalid Contreras Baspineiro*. LQS. Enero 2018

Es de reconocimiento generalizado que la experiencia fundante de la ciberpolítica es la campaña electoral de Obama el 2008, porque acudiendo a la “política 2.0” vía internet, plantea un sistema multidiscursivo basado en las bondades de las estructuras digitales

Comunicación para el poder y la hegemonía

No hay, definitivamente, una sola manera de conceptualizar ni de operativizar la comunicación política. Su comprensión depende de la articulación que resulta entre procesos históricos, concepciones comunicacionales y propuestas políticas. Con la finalidad de ponernos de acuerdo sobre lo que vamos a hablar en este artículo, propongo entender la comunicación política como las batallas discursivas por las resignificaciones para el poder y la hegemonía. La acepción de batalla está relacionada con la noción de campo político que Bordieau emplea para entenderlo como un microcosmos o sistema de distancias entre polos relacionalmente opuestos y distintos, que se confrontan por cambiar, o conservar, las relaciones de poder que estructura cada campo. Esto supone la lucha por el poder y la hegemonía considerando ideologías, actores políticos, fuerzas sociales y medios. A su vez, la noción de las construcciones discursivas para las resignificaciones tiene que ver con las representaciones y sentidos que se le dan a las producciones discursivas, esto es, los procesos comunicacionales que se generan en -y alimentan- las luchas o prácticas sociales y políticas por el poder con un proyecto político y una ideología definidos y la hegemonía con gobernabilidad de una propuesta de sociedad.

Más operativamente, la comunicación política abarca la totalidad del proceso de comunicación (producción, intercambios, interacciones, resignificaciones) de sentidos de sociedad, cultura, política y espiritualidad. Se trata de trabajar argumentaciones discursivas (mensaje) y sus formas de enunciación (géneros, formatos, estética) en situaciones de cotidiana disputa discursiva del campo político, ya sea para fortalecer y confirmar militancias; o desenraizar y/o deslegitimar seguridades, imagen y discurso de los opuestos; o generar empatías con los indecisos.

Esta disciplina se apoya inexcusablemente en procesos de investigación cuantitativa y cualitativa múltiples (de contexto, de sujetos, de escenarios, de instituciones, de discurso, de tendencias…) y se expresa mediante rigurosos sistemas de planificación de estrategias, que deciden el sentido de los discursos y sus dispositivos para ganar la batalla por las resignificaciones en función de objetivos claramente definidos, además con la flexibilidad cotidiana de la definición de las tácticas más adecuadas, sean de ataque o defensa, diseñados en el marco de escenarios posibles.

Dicho esto, en este documento vamos a analizar someramente las principales formas de comunicación política en el mundo occidental, a saber: la retórica, la interrelación, la videopolítica, y la ciberpolítica. Estas formas, si bien tienen un surgimiento secuencial en el tiempo, no se anulan aunque a veces se nieguen, sino por el contrario se combinan en sistemas multidiscursivos cada vez más complejos. Esta clasificación tiene el sesgo de su legitimidad en la cultura occidental, por lo que queda pendiente el reconocimiento y sistematización de otras formas de comunicación política en otras civilizaciones que, si bien no están relacionados con procesos electorales, son decisivos en las batallas por la resignificación.

Sólo a modo de ejemplo mencionemos la estrategia de la maniobra propuesta por Sun Tzú, hace cinco mil años, y que sirve como fuente de inspiración y de referencia para el diseño de estrategias políticas, porque aun siendo una propuesta militar, no tiene su eje de desplazamiento en la fuerza, sino en la inteligencia mediante el cálculo, la astucia, el truco y la sorpresa con estratagemas de presión psicológica apelando a señales visuales, acústicas y gestuales que operan como factores de posicionamiento, de identidad y de poder para ganar las batallas fuera de ellas, no atacando los ejércitos sino las estrategias del enemigo.

La retórica entre el ágora y el balcón

El referente occidental fundante de la comunicación política es el ágora o plaza pública que operaba en la polis griega como el centro de las relaciones comerciales, políticas y culturales. Es el espacio de comunicación donde la retórica de los oradores se asienta en la palabra exquisitamente argumentada y semánticamente fabricada para deleitar, conmover y convencer, haciendo de la capacidad expresiva un arte. El discurso se construye cuidadosamente considerando dos momentos: el del inventio o establecimiento de los contenidos y el del dispositio o las formas de organización de esos contenidos.

El objetivo de esta forma comunicacional era (y sigue siendo) la persuasión, cuya lógica metodológica sigue una sucesión ordenada de pasos que se inician en el exordium o inicio del discurso, con el hablante convocando la atención del oyente (un chistecito, una anécdota o unos versos son buenos recursos); luego la narratio que procede con la exposición de la tesis; la argumentatio profundiza los sustentos del mensaje y la peroratio que resume lo expuesto enfatizando en los argumentos clave que se busca se fijen (posicionen) en las mentes y los corazones de los interlocutores.

Este sistema, conocido también como aristotélico, funciona estableciendo una relación centrada en el campo de la emisión, pero cuidando el enganche del discurso con las creencias, los estados de ánimo, las percepciones, los temores y las esperanzas de los oyentes, con la finalidad de generar empatías con sus almas o sus sentimientos en tránsito a sus razonamientos.

Los grandes oradores del ágora y los superdotados de la palabra de los siglos siguientes, son los representantes de este género sin duda cautivante no sólo, o no tanto, por lo que se dice, sino por los giros, entonaciones, énfasis y pausas de cómo se lo dice. Esta es la expresión de comunicación política que siglos después de la polis griega domina gran parte de nuestra era republicana. Su finalidad es convencer con grandes discursos desde el balcón, en los sindicatos, en el parlamento, en las plazas y en los recintos universitarios, donde los “pico de oro” o los spickers (hablantes, parlantes, oradores) saben cautivar con la palabra bien entonada siguiendo el hilo de un mensaje coherente, que se expone enfatizando palabras, con pausas que capturan la atención, el gesto bien estudiado, la mueca acompasante, la anécdota oportuna, la arenga convocante, la concentración delirante y la mirada contundente que se traduce en complicidades logradas con empatías que sintonizan persuasivamente los espíritus.

La palabra de los pueblos: ¡Ahora es cuando!

Con la emergencia ciudadana y el tejido de reivindicaciones sectoriales y otras estructurales que demandan como derechos con sus movimientos y luchas, la política combina las construcciones discursivas de los balcones con las demandas de las calles. Los pueblos dejan de ser sólo oyentes, y protagonizan historias organizándose, visibilizándose, ejerciendo su derecho a la palabra, desde su vida, en sus términos que no tienen la estructura de la retórica ni el carisma de las elites políticas ilustradas, sino la fuerza de la palabra postergada y de las gentes que visten overoles de trabajadores, ojotas campesinas, ponchos indígenas, melenas estudiantiles, lentes académicos y polleras anarquistas.

Las voces de protesta aparecen investidas de los rostros y palabras de quienes habitan los bordes de las historias oficiales y quieren meterse en ellas con sus pasquines, sus manifiestos y la fortaleza de sus movilizaciones y andares en las calles, en los mercados, en los cerros, en las carreteras, en los intercambios puerta a puerta, en las tertulias de café, en las vocerías, en las radios militantes. Es el tiempo comunicacional de la participación, de la concientización, de la comunicación popular y de la construcción discursiva política que combina en un orden ideológico irrenunciable de transformación la consigna, la demanda, la propuesta, el testimonio, la marcha, la dinamita o la onda y la movilización. No tiene un período fijo de aparición, convive en distintos momentos históricos con la sed ciudadana de reconocimiento, de equidad, de sociedad de derechos y de justicia.

La lógica de su construcción discursiva parte de la praxis o práctica organizada, la exposición, la interpelación y debate de los discursos que significan las reivindicaciones populares, y contemplan necesariamente mensajes de negociación y fortalecimiento organizativo, en una dialéctica en la que los pueblos le exigen a la comunicación formas de interrelación y a la política espacios de participación. Las estrategias se diseñan desde las voces de los pueblos para retumbar en un solo grito en los centros de los poderes.

Son este tipo de experiencias que le hacen afirmar a María Cristina Mata que además de considerar las dimensiones institucionales de la política (organizaciones, momentos de deliberación y decisión), hay que pensarla como esfera y práctica de la vida colectiva en la cual se diseñan y discuten los sentidos del orden social, es decir, los principios, valores y normas que regulan la vida en común y los proyectos de futuro. Así mismo, la comunicación se asume en complejos intercambios de producción de significaciones en permanente tensión y confrontación. En otros términos, no puede pensarse el quehacer de la política sin actores políticos que construyen proyectos de futuro colectivizando intereses y propuestas.

La marketización de la política. Campañas massmediáticas y videopolítica

Con el proceso de globalización la comunicación sufre un proceso de desenraizamiento paradigmático, liberalizándose en estilos que aligeran la vida. En concordancia, la política se entroniza en las superficies de los discursos, a la par de la sociedad de la imagen, entendida así no sólo por lo que se ve sino también por lo que se aparenta ser.

Es en este contexto que la comunicación política se legitima como disciplina, paradójicamente en su reduccionismo a procesos electorales y a campañas, cuando la expansión comercial incorpora en la política el marketing electoral que posiciona la imagen de los candidatos y las promesas electorales reducidas a eslóganes. De refilón, y prácticamente como excepción, como un elemento que incomoda a los estrategas y publicistas, la aplicación del marketing político, trabaja programas políticos pero no para profundizarlos en debates, sino para traducirlos en frases convocantes.

La academia se encarga de consagrar este proceso comercialista de la política en los cánones del sensacionalismo, provocando que, al ritmo de la dinámica de los medios que dependen del rating y la primicia, se trasladen a la política –y a los políticos- de las plazas y las calles a los sets de radio y televisión, donde en nombre de la sagrada popularidad, se hacen parte del show y de los reality, cantando, bailando o colocándose narices de payaso que contribuyen a banalizar la vida, la democracia y, por supuesto, también la política. Para muchos políticos, el objetivo es aparecer en los medios más que hacer política. Y el objetivo comunicacional, de este proceso conocido como de la videopolítica o de la telepolítica, es persuadir, convencer y generar complicidades para elegir telepresidentes.

Empaquetados los mensajes en spots televisivos, cuñas radiofónicas, artes de prensa, carteles y gigantografías que se organizan en campañas malconfundidas con estrategias, invaden la vida saturando mensajes que dizque se posicionan en las mentes de las poblaciones a las que, por lo general, se las cree manipulables, al más crudo estilo de las teorías hipodérmicas de la comunicación que con la ayuda del feed back venden la creencia que son ilusionistas capaces de convertir las masas en ardientes militantes.

La lógica de su construcción discursiva, amparada en encuestas de preferencia electoral que parecen destinadas a decidir los destinos de la vida, sigue un curso lineal de sensibilización (afectar los sentimientos de la gente), persuasión (superar indecisiones o encandilar), y posicionar mensajes para convencer y sostener la decisión lograda. A pesar de la variedad de sus formas de exposición, es un sistema entrópico que no deja su carácter difusionista, vertical, manipulador que ilusoriamente se cree lograr con saturación de mensajes.

Las propias limitaciones de este sistema generaron con su estilo la predominancia efectista de la guerra sucia, relegaron el debate político, relievaron la forma por sobre el contenido, confundieron estrategia con campaña y convirtieron a los ciudadanos en clientes consumidores de los avatares de los partidos que juegan con los imaginarios y las ilusiones de la gente.

Es en este sistema que se acuñan conceptualizaciones instrumentales de la comunicación política, como ésta tomada de Wikipedia: “[…] es una disciplina de la ciencia política y de la comunicación, que se ocupa de la producción, la difusión, la diseminación y de los efectos de la información, tanto a través de los medios de comunicación masiva, cuanto de los interpersonales, en un contexto político. Esto incluye el estudio de los medios de comunicación, el análisis de los discursos de los políticos y aquellos que están tratando de influir en el proceso político; así como de las conversaciones formales e informales entre los miembros del público, entre otros aspectos”. Difusionismo total en un esquema ganado por la forma y por la instrumentalización de la comunicación reducida a medios y donde los publicistas y los creativos se autoatribuyen roles de estrategas.

La ciberpolítica. Entre la web y el whatsapp

La generalización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, con la incursión de la internet, la web y las redes sociales sacan a las poblaciones de su marasmo oyente y las ponen en la posibilidad de ser productores de mensajes, con lo que protagonizan las construcciones discursivas que ya no giran en torno a grandes proyectos y reivindicaciones, sino a demandas puntuales y pragmáticas, y a “historyboards” de narrativa cotidiana, más emocional que racional.

Tejida de interconexiones en el ciberespacio, se mueve virtualmente a la velocidad de la luz porque está constituida por las formas comunicacionales en tiempo real del internet, los repositorios de información infinita en los sitios web, y la dinámica frenéticamente incontrolable de recepción, recreación y producción de mensajes en las redes sociales arrimadas al WhatsApp. Las noticias circulan al mismo tiempo que los hechos, pero saturando con multiplicidad de notas paralelas que truenan dispersas como las granizadas, y duran lo que dura un rayo sin necesariamente iluminar el ambiente.

La política realizada en estos sistemas, o mejor dicho la ciberpolítica, tiene hasta ahora dos formas de expresión: una organizada en un centro o cerebro establecido en la web y que se asienta en el uso de computadoras con un ritual selectivo de acceso y apropiación a la exposición de un mundo infinito de datos; y otra despelotada, explosionada en la multiplicidad de centros, o el no centro del WhatsApp facilitado por los celulares cuyo acceso no radica en los cerebros sino en los pulgares.

Es de reconocimiento generalizado que la experiencia fundante de la ciberpolítica es la campaña electoral de Obama el 2008, porque acudiendo a la “política 2.0” vía internet, plantea un sistema multidiscursivo basado en las bondades de las estructuras digitales: la página web que opera como el cerebro o centro de información de los mensajes cuidadosa y rigurosamente manejados por los estrategas siguiendo un plan que considera elementos de “captología” o producción coordinada de mensajes con identidad, y la “usabilidad” que se refiere a la apropiación, reproducción y/o reconstrucción de estos mensajes.

Por lo general, las estrategias se suelen concentrar en la fase electoral o de disputa del poder, dejándose de lado el momento del ejercicio del poder o de la hegemonía

En un inconfundible sistema multimediático o multidiscursivo, los mensajes generados en el cerebro se interconectan proactivamente con la multiplicidad de usuarios mediante el uso de emails o mensajes de texto a servidores y/o celulares con soportes en Facebook, Twitter, Youtube y otros. Este sistema es conocido también como “ciberactivismo”, porque acude con frecuencia a la potencialidad que tiene de auto-convocatoria, así como de movilizaciones mediante “tuitazos” que sumados hacen multitudes. Por otra parte, el cerebro nutre de información a los medios tradicionales, con productos a veces en lenguaje de medios masivos y muchas otras con la levedad telegráfica de la internet. Es un sistema combinado además con la retórica, que en sus propios espacios consagró a Obama como a un gran orador, capaz de seguir cautivando con la fuerza de la palabra combinada con la energía del ciberespacio.

En las experiencias más recientes de ciberpolítica, el WhatsApp encamina a las redes sociales hacia tácticas de comunicación que se mueven en los límites de la anomia abusando de la libertad de expresión, y que se convierte en terreno propicio para los “fake news” o procesos de posverdad. Entre los rasgos característicos de esta forma de ciberpolítica están los factores de autoafirmación, de voluntarismo inorgánico, de desentornillamiento, de reensamblaje social y de entropía comunicacional. Es un sistema de campaña virtual sin centro que invade las vidas las 24 horas de todos los días, originándose en múltiples lugares de referencia que desde incontables escenarios invaden con noticias, fotos, avisos, memes e información de archivo, por Netflix, Snapchat o Facebook, sin la pretensión ya de buscar adhesiones militantes ni confianzas, sino para medirse en las cantidades de likes o emoticones favorables que provocan sus mensajes.

La “autoafirmación” se relaciona con la conceptualización que hace Castells de sistema de autocomunicación por la capacidad ilimitada que tiene de generar/recibir mensajes y definir receptores en burbujas o redes que habitan el ciberespacio. Son estallidos de creaciones multidiscursivas de ingenio desbordante, que reflejan una necesidad compulsiva de los cibernautas por expresar, participar y hacerse protagonistas, rubricando con identidad o anónimamente creaciones acumulativas de memes, videos, afiches, fotografías, canciones, grafitis, infografías y artículos que circulan y se reproducen a la misma o mayor velocidad que los acontecimientos, estableciendo hipervínculos interactivos, con su particular lenguaje chat o SMS (short message service) telegráfico, abreviado, irreverente, lúdico, a la vez que directo y contundente; y que transita de las promesas a las vivencias, del eslogan al testimonio y de la palabra a la imagen, con formatos en los que las historias contadas por sus protagonistas reemplazan las discusiones abstractas.

El “voluntarismo inorgánico” es el reflejo de la fábrica de reiteraciones, intoxicación y dispersión de mensajes en una vorágine inacabable de información, que además opera en una dinámica de “desentornillamiento” o desplazamiento de las redes sociales desde las tradicionales formas de comunicación hacia tácticas explosionadas de “casi interacción”, en palabras de John Thompson, porque no obedecen a los cánones de las reciprocidades interpersonales ni masivas, sino que desarrollan procesos de intercambio simbólico-digital en comunidades virtuales donde prima la demanda inmediata y la respuesta pragmática, cuestionando la existencia de las ideologías o de las izquierdas y las derechas políticas.

El “reensamblaje social”, término acuñado por Bruno Latour, expresa la capacidad de “hacer tendencia” que tienen las redes y el WhatsApp, cuando se articulan las individualidades en un funcionamiento de complementariedades comunitarias. De todas maneras, viralizar mensajes o hacer tendencia son procesos que no están exentos de un sentido de “entropía comunicacional”, o pérdida de energía y de comunicación, porque tiende a confundirse con un efecto de ilusión autocomplaciente por la que cada cibercomunario se cree “el” autor de resultados, que sin duda se explican en una multiplicidad de otros factores.

La ciberpolítica se dinamiza en cada punto donde con un click nos conectamos al mundo virtual en hipervínculos de redes que operan como factores de movilización y (auto)convocatoria. Un factor a tomar en cuenta es que los algoritmos de las redes generan burbujas cerradas en las que nos autoafirmamos sintiéndonos cómodos y seguros, pero cuando salimos y nos topamos con quienes piensan distinto, no sabemos qué hacer. Así manejado, el algoritmo genera filtros de consecuencias devastadoras para el debate y la interacción con otros, especialmente con los distintos. Se convierte en un camino a la polarización y la confrontación, cuando tiene amplísimas potencialidades tecnológicas y lúdicas para el diálogo, el debate y la construcción colectiva de discurso.

Estrategias multidiscursivas

El pantallazo que hemos mostrado de características que suponen tipologías de la comunicación política, sugiere trabajar estrategias multidiscursivas o multimediáticas, ciertamente organizadas en planes coherentemente estructurados. Esto supone, como una primera condición, combinar adecuadamente los distintos tipos de comunicación política, aplicándolos allá donde sea factible hacerlo, con el cuidado de construir discurso, en cada caso, estructurándolo en sus propios lenguajes y sentidos. Así por ejemplo, la ciberpolítica tiene un lenguaje que no es el del libro, ni el de la oratoria, tampoco el de la televisión, ni el de la calle y, más específicamente, el lenguaje del WhatsApp no es el de web por su temporalidad relámpago, su naturalidad, su derroche participativo y su calidad técnica con las fotografías o filmaciones con celular, que hacen prescindibles las grandes productoras. En la actualidad una estrategia de comunicación política se basa en las capacidades de la ciberpolítica, lo que no debe significar dejar de lado las interrelaciones en la calle, los espacios para la oratoria, así como los roles de reconocimiento social que tienen los medios masivos.

Se trata de trabajar estrategias, no planes operativos de mensajes o de medios, ni meras campañas persuasivas y de posicionamiento. Las estrategias de comunicación deben ser asumidas en el sentido riguroso que plantea Sandra Massoni, de entenderlas como dispositivos de inteligibilidad y de interpelación de la realidad en dimensiones múltiples, habida cuenta que el conocimiento es también acción y no sólo comprensión del mundo, lo que implica considerar las prácticas sociales y políticas de quienes intervienen en los procesos históricos ya sea como militantes, adherentes o simpatizantes o, en el otro polo, como los opuestos, los enemigos y en un limbo difuso y por lo general amplio, los indecisos. La estrategia define escenarios y programa de todo lo que se debe y no decir y de todo lo que se debe o no se debe hacer, señalando caminos y metas para llegar a resultados en el corto, mediano y largo plazo.

Por lo general, las estrategias se suelen concentrar en la fase electoral o de disputa del poder, dejándose de lado el momento del ejercicio del poder o de la hegemonía. Esta separación es sin duda perniciosa, puesto que son procesos concatenados y convivientes, por lo que trabajar programa electoral y programa de gobierno de manera articulada, resulta un ejercicio impostergable que contribuye a superar la improvisación a momento de definir las políticas estatales.

Para la construcción de estrategias una base fundamental es la investigación, que tiene diferentes alternativas, no sólo las encuestas tan cacareadas como factores de verdad en los procesos electorales. Son útiles, es cierto, pero deben complementarse con sondeos, con observación participante y con investigación cualitativa permanente. Las estrategias no pueden basarse en los mandatos y ocurrencias de los líderes, ni en las referencias de otros procesos por más exitosos que fueren, y ni siquiera en el olfato político que da la experiencia. Toda decisión tiene que ser sustentada en un riguroso y permanente reconocimiento de la realidad y, dentro de ella, de la praxis o los procesos políticos, que son tan dinámicos como la construcción discursiva y sus resignificaciones.

Tiene razón Jaime Durán Barba cuando afirma que, si los políticos incorporaran a su trabajo el método científico, serían menos delirantes y podrían conseguir mejores resultados, así como tendrían menos conflictos con el sentido común de los electores. Definitivamente, la investigación en comunicación política es el factor que permite desentrañar con rigor los procesos históricos, estableciendo los decursos de las coyunturas; sigue las idas y venidas de los discursos subyacentes tanto en las expresiones como en las prácticas de los sujetos que intervienen en los procesos históricos; establece las tendencias discursivas que anidan en los sentipensamientos, temores, necesidades y esperanzas de las ciudadanías; y mide con claridad las acciones y las estrategias de todos los participantes, en particular de los oponentes, recordando que la comunicación política es una batalla discursiva por las significaciones, es decir, que es cuestión de dos o más que se confrontan por el poder y la hegemonía.

Las demandas y propuestas ciudadanas deben formar parte de las agendas discursivas, partiendo también de ellas y no sólo desde las aspiraciones partidistas en la definición colectiva del orden político, social y cultural que se aspira para nuestras sociedades. No se trata de innovar formas comunicacionales sino de construirlas en pertinencia indisoluble con los proyectos políticos y las utopías de sociedad. Son ellos los que acomodan el orden innovativo o renovador de la comunicación y de la política.

Con la ciberpolítica, la comunicación política se está (re)descubriendo en los cánones de la comunicación participativa, asumida como una superación del sentido unidireccional de la información y la difusión característica de la retórica y, especialmente, del marketing electoral. Pero es necesario hacer notar que no se está inventando la participación, como lo quieren dar a entender algunos ciber-estrategas-políticos. El saber escuchar para hablar es tan antiguo como el origen de la humanidad y, de manera más sistemática, la comunicación participativa tiene sus orígenes prácticos con la radio educativa en los años cincuenta del siglo pasado, y su apropiación académica está enraizada en la iniciativa latinoamericana de los años sesentas con la comunicación educativa, la comunicación para el desarrollo y la comunicación popular, de cuyo bagaje teórico y metodológico la comunicación política se tiene que saber nutrir.

Hemos afirmado que la comunicación política es la batalla de las construcciones discursivas por las significaciones para el poder y la hegemonía, lo que supone un acto comunicacional relacional, donde las personas son sujetos históricos, no votantes; son actores políticos, no clientes; son ciudadanos, no consumidores ni clientes. Son, en definitiva, protagonistas de la historia, por eso los sentidos de la comunicación no pueden detenerse en persuadir, o posicionar, o sensibilizar, o informar, o retroalimentar, se trata de establecer mediaciones con los sentipensamientos y la capacidad ciudadana de apropiarse del discurso, procesarlo y re/construirlo desde sus prácticas sociales y políticas, a la luz de ideologías que no se agotan, aunque los agoreros del fin de la historia quisieran que no existan, sin darse cuenta que éste deseo y esta lectura de la realidad, de hecho son ya una construcción ideológica que raya en la insignificancia apolítica, cuando hacer política es, bajo cualquier circunstancia, un acto de emancipación desde una particular forma de percepción, representación y proyección del mundo.

* Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo y comunicólogo boliviano. Ha sido Secretario General de la Comunidad Andina. Agencia Latinoamericana de Información (ALAI)

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Cómo el algoritmo secuestró a la democracia

Claudio Guevara. LQS. Enero 2019

Totalitarismo 2.0 puede ser un nombre apropiado: el ciudadano depende de las redes de servicios para casi todas sus operaciones vitales, es sujeto de un espionaje cibernético permanente y crea su idea del mundo en la burbuja perceptual del sistema. El poder puede aspirar a un control total de su vida. Y -a través de la manipulación, el chantaje o el crimen contra personajes influyentes- de la entera sociedad

El conocimiento íntimo de los individuos le abre la puerta a una nueva forma de gerenciamiento político de las sociedades. Breve semblanza del Totalitarismo 2.0.

Un nuevo paradigma de conocimiento y manipulación de la sociedad emerge de la formidable concentración de datos y recursos que acumulan las redes informáticas. Las aplicaciones interactivas, plataformas de redes sociales, telefonía móvil e inteligencia artificial colectan cada día millones de datos personales y dominan cada vez más la vida de la gente. Cinco corporaciones planetarias que hunden sus raíces en el corazón del sistema financiero mundial. Lo saben todo sobre nosotros.

El conocimiento íntimo de los individuos, el control en tiempo real de sus desplazamientos y consumos, pensamientos y emociones, le abre la puerta a una nueva forma de gerenciamiento político de las sociedades. Totalitarismo 2.0 puede ser un nombre apropiado: el ciudadano depende de las redes de servicios para casi todas sus operaciones vitales, es sujeto de un espionaje cibernético permanente y crea su idea del mundo en la burbuja perceptual del sistema. El poder puede aspirar a un control total de su vida. Y -a través de la manipulación, el chantaje o el crimen contra personajes influyentes- de la entera sociedad.

Cómo Internet está matando la democracia

José María Espona en “Totalitarismo Tecnológico Versión 2.0: Por qué el avance tecnológico y la crisis financiera nos lleva inevitablemente al Totalitarismo” advierte que se está configurando una dictadura electrónica sin precedentes, un sistema controlado por una minoría capaz de manipular la mecánica de los partidos políticos, de los grandes medios de comunicación, cambiar la legislación y utilizar el propio aparato del Estado de Derecho. Espona denomina «tiranía bancaria» a este régimen disfrazado de «democracia».

Jaime Bartlett, que estudia la relación entre nuevas tecnologías y democracia, en su libro “El pueblo versus la tecnología: cómo internet está matando la democracia”, pronostica que si la política no impone su autoridad sobre el mundo digital, la tecnología destruirá la democracia y el orden social tal como los conocemos.

Por el momento, mientras se demora un marco normativo que detenga su concentración en manos privadas, la tecnología está ganando esta batalla. Sociedades enteras están siendo capturadas, teledirigidas, heterodeterminadas por una sofisticada coordinación de dispositivos. Un puñado de programadores está imponiendo una nueva forma de control social a escala planetaria.

América Latina es un territorio vulnerable. Países como Argentina, Brasil y Ecuador son laboratorios avanzados de la tendencia, donde bajo el ropaje formal de la democracia se va consolidando un nuevo modelo de gestión política: el Totalitarismo 2.0. ¿Cuáles son sus características, sus patrones más visibles?

Tendencias del Totalitarismo 2.0

El poder colonial se deslocaliza y se invisibiliza. Décadas atrás, las estrategias de dominación colonial eran manifiestas y visibles. El Imperialismo industrial, de violencia explícita, hería sentimientos nacionales y provocaba procesos de resistencia y acumulación de fuerzas populares. Ahora el Imperialismo financiero pone el énfasis en la invisibilidad y en la creación de una subordinación consentida. No se sabe a ciencia cierta dónde ni quién encarna el poder. La tecnología digital sobrepasa el modelo “democrático- nacional” y es no-geográfica y descentralizada. Las redes tecnológicas son poderes supra-nacionales sin domicilio fijo.

Describe Adolfo Moreno: “Este grupo de corporaciones domina el mundo como antes lo hicieron las potencias coloniales. Sin derramar sangre, logran capturar miles de millones de “almas”. Su poder reside en el algoritmo”. Rosa Miriam Elizalde lo llama Colonialismo 2.0.

En esta etapa, los golpes de Estado y los magnicidios son reemplazados por revoluciones de colores, golpes suaves y asesinatos encubiertos y selectivos. Las invasiones militares con ejércitos de bandera dejan su lugar a ejércitos difusos y tropas mercenarias. La proscripción de partidos y los prisioneros políticos han sido reemplazados por el lawfare, el linchamiento mediático y el aislamiento de los líderes por la propaganda. Las metrópolis imperiales vuelven a someter a las antiguas colonias emancipadas, pero ahora merced a “la voluntad de las urnas”, “el clamor de los mercados” y el deseo de los usuarios.

Una simbiosis gobierno-justicia-medios impone su propia realidad virtual. La antigua división de poderes propia del Estado de Derecho se va convirtiendo en una gestión monolítica y sin fisuras de un poder homogéneo y unificado. Las instituciones republicanas son cooptadas. Una extraordinaria coordinación de acciones e intereses mancomunados reemplaza las diferencias de criterio, las deliberaciones y los contrapesos entre los diferentes poderes. Los noticieros crean culpables para explicar el siempre creciente empeoramiento de las condiciones de vida. Mediante un retorcimiento de leyes y procedimientos, ciertos objetivos políticos son encarcelados en procesos judiciales aberrantes y exhibidos como delincuentes en las pantallas.

Se profundiza la militarización y el Estado policial. A la par que el lenguaje cotidiano de los medios glorifica la guerra y la represión, se multiplican las leyes antiterroristas y los dispositivos represivos. Una nube negra de exabruptos en boca de presidentes y ministros advierte a los ciudadanos que las garantías constitucionales y la presunción de inocencia son casi cosa del pasado. Decretos y leyes especiales van configurando un estado de excepción, donde las ejecuciones sumarias y la justicia por mano propia son aplaudidas y alentadas. La TV vocifera consignas y señala culpables y enemigos. Se multiplican los muros y se eliminan derechos. Las negociaciones interclasistas son suprimidas y reemplazadas por un fascismo contractual, donde los más fuertes imponen sus criterios sin contrapesos.

Se avanza hacia el voto electrónico. En las sociedades subalternas se tiende a encerrar dentro del espacio cibernético, pese a que cualquier tecnología electrónica que suplante al voto manual, controlable por cada partido, conlleva inseguridad, vulnerabilidad y posible distorsión de la voluntad ciudadana. Los programadores globales intentan cerrar el cerco. Con el control de los procesos electorales, la dictadura electrónica consagraría el control total del sistema político. Boaventura de Souza lo denomina Fraude 2.0.

El Totalitarismo 2.0 aplica una combinación de ciencia y tecnología, acompañada de una manipulación de las instituciones republicanas, para normalizar el pasaje hacia un régimen político de control centralizado, inadvertido por la población.

Es, como dice Boaventura, la muerte democrática de la democracia.

Referencias:
“Cinco monopolios de búsqueda y contenidos construyen el relato en el mundo”. Alfredo Moreno.
– “América: un escenario de conflicto”, Alfredo César Dachary.
“Brasil: las democracias también mueren democráticamente”. Boaventura de Souza Santos.
– “¿Puede el fascismo ser opción de poder en Venezuela?”. Julio Escalona.
“Breaking Out of the Invisible Prison”. Jhon Mac Murtry.
*.- Diario de Vallarta & Nayarit

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Politizar las TICs: Tecnoneoliberalismo y salud

Alfredo Moreno*. LQS. Diciembre 2018

“Ya hicimos un mapa del mundo. Ahora, hagamos un mapa de la salud humana”
Alphabet Inc

En el sector Salud existen numerosas fuentes de datos heterogéneas que arrojan una gran cantidad de información relacionada con los pacientes, las enfermedades y los centros sanitarios.

El mercado de la Salud esta medido por el capitalismo financiero mediante la inserción de las Tecnologías de Informática y Comunicaciones; bajo la concepción de extraer máximas ganancias mayor concentración en los servicios para capitalización de los datos como nuevo valor de la minería promueven la racionalidad del modelo emprendedor

Se pueden obtener datos sobre salud de historias clínicas electrónicas, dispositivos de telemedicina, pruebas clínicas y los dispositivos catalogados como wearables. Esto últimos, hacen referencia a un conjunto de aparatos y dispositivos electrónicos que se incorporan en alguna parte de nuestro cuerpo interactuando de forma continua con la persona, y con otros dispositivos, con la finalidad de realizar alguna función de captura de datos.

Relojes inteligentes o smartwatchs, zapatillas de deportes con GPS incorporado y pulseras que controlan nuestro estado de salud son algunos de los dispositivos TICs que se halla poco a poco más presente en los entornos de Salud. Aportan el valor agregado de registrar, almacenar y transmitir los datos epidemiológicos, los nutricionales y los genómicos, más relacionados con lo que se conoce como Real World Data (RWD) y ser un asistente para la medicina personalizada.

Analizar esa información es tarea de las plataformas de ciencia de datos para los gestores de los centros sanitarios y las políticas públicas en Salud.

La aplicación de técnicas de Big Data permite inferir una capa de inteligencia, en la que resulta de especial relevancia la aplicación de modelos predictivos que ayuden a anticiparse a las necesidades sanitarias y que ofrezcan una atención médica más oportuna en la gestión clínica para predecir cómo utilizar los recursos sanitarios de forma optimizada: frecuencia de asistencia a consultas médicas, ingresos en el hospital, etc. como el tratamiento y la atención al paciente como soporte en la función de medicina personalizada.

La analítica de datos promovida por los tecnocientistas del Sillicon Valley (SV), como Ciencia de Datos, está sostenida por la base conceptual de la matemática operativa cuyos modelos predictivos, cualitativos y cuantitativos datan de 1950-1960 cuando los Estadísticos manipulaban conjuntos discretos de datos para aplicar estos algoritmos.

¿Entonces, que es lo nuevo? presentado como Big Data; es la capacidad de inyectar grandes volúmenes de datos por todos los canales de la red Internet, la enorme capacidad de almacenamiento medida en Petabytes (unidad de almacenamiento de información equivalente a 1015 bytes = 1 000 000 000 000 000 de bytes) y la velocidad desarrollada por los microprocesadores que reducen el tiempo de espera de resultados a la inmediatez. Finalmente, la ciencia de datos realiza el tratamiento mediante la aplicación de los modelos predictivos mencionados.

Un solo objetivo: los datos personales de salud

Los GAFAM (Google/Alphabet, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) conocidos como “Los dueños de Internet” también se perfilan como los dueños del Big Data para el sector de Salud.

El modelo de negocios, como siempre, es acelerar el proceso de modernización de esta industria mediante la digitalización de sus procesos y servicios, posibilitando la aplicación de ciencia de datos orientada a mercantilizar los servicios y la gestión de la Salud. Modelo Sillicon Valey.

El análisis de los datos, cada vez más sofisticado y caudaloso, requiere de herramientas basadas en software para trabajar el Big Data de Salud.

Corporaciones como Alphabet, Microsoft o Amazon disponen de varios tableros y territorios digitales que les permiten concentrar y analizar conjuntos de datos por especialidad médica de modo de construir una cartografía digital humana.

Tanto Alphabet (Google) como Microsoft cuentan con una infraestructura de almacenamiento y una capacidad analítica global para los servicios del Big Data sanitario. Vetily es la organización de investigación de Alphabet Inc. dedicada al estudio de las ciencias de la vida. Está desarrollando investigaciones en sistemas de biología, nanotecnología e ingeniería de sistemas biomédicos, con aplicaciones potenciales para inmuno-oncología y otras áreas. Integran capacidades experimentales con la biología computacional para respaldar la generación y el análisis de datos en nuestros programas clínicos. Microsoft, por su parte, ha pretendido acercar su Surface a los profesionales de la salud.

Apple también juega en la misma dirección. Sus dispositivos cuentan con múltiples posibilidades, ya sea mediante aplicaciones o complementos, para obtener datos relevantes para el monitoreo de la salud personal. Amazon tiene un importante arsenal de herramientas de analítica de datos, su prioridad es Alexa. El asistente de inteligencia artificial para profesional y pacientes hospitales. Además, la multinacional con su plataforma de comercio y distribución comienza a operar cadenas de productos y bienes médicos.

El proyecto Baseline de la división científica de Alphabet, analizará la genética, el estilo de vida y otros factores que influyen en la salud. Con el apoyo de las universidades de Stanford y Duke trabajaran y de un conjunto de voluntarios de 10 mil personas para producir mediante ciencia de datos, un catálogo de las enfermedades con el tarifario correspondiente a los tratamientos.

La captura de datos se realiza mediante dispositivos y análisis clínicos. Los primeros, los integran el reloj pulsera que supervisa factores como el ritmo cardíaco y el nivel de actividad en forma pasiva. Un sensor que supervisa los hábitos de sueño en forma pasiva. Se suma un pequeño dispositivo central que sirve para cargar los otros dispositivos y enviar sus datos de manera confidencial a una base de datos segura y encriptada propiedad de Alphabet.

El médico del mes…

La economía de plataformas y las redes sociales son uno de los motores de los cambios de las relaciones laborales de los profesionales de la salud y las nuevas relaciones médico paciente. En línea 7 días por 24 hs. disponibles para la consulta vía chat de WhatsApp, para el diagnóstico por imagen por el mismo canal de red, plenario de la comunidad donde sus integrantes califican a profesionales y pacientes. Similar a Uber, Airbnb; las plataformas digitales del sector Salud como Top Doctors con una App para celular permite utilizar los servicios profesionales ofrecidos.

Unos de los impactos fuertes es que los consumidores/ciudadanos de la comunidad califican, al estrilo Mercado Libre, a los profesionales para el Top Doctor Awards 2018. «Sin un sistema que haga de intermediario, tanto los correos electrónicos como la mensajería se llenan de información que la gente comparte sin pudor pero que pueden ser usados por fuentes anónimas con distintos fines”. Los CEOs de estas empresas de salud están convencidos de que su plataforma sirve para «dar poder al paciente; que tenga toda la información necesaria para poder elegir al médico que mejor sepa de sus síntomas y entre en conexión con él de forma segura. Estamos viviendo la revolución digital de la medicina, el paciente 4.0 gestiona o quiere gestionar su salud de forma activa».

Doctoralia, la plataforma en Argentina con 108.000 profesionales, 11.000 centros de atención y más de 2 millones de usuario/ciudadanos en red da una muestra de un servicio tipo global en más de 19 países con una comunidad que asciende a 3,5 millones de centros médicos y profesionales y 120 millones de usuarios. La competencia de estas plataformas es quedar como única en el mercado para el sector salud; el modelo Uber o Airbnb.

EL Dr. Google atiende a más del 70 por ciento de los 30 millones ciudadanos que habitan Internet en Argentina

El mercado de la Salud esta medido por el capitalismo financiero mediante la inserción de las Tecnologías de Informática y Comunicaciones; bajo la concepción de extraer máximas ganancias mayor concentración en los servicios para capitalización de los datos como nuevo valor de la minería promueven la racionalidad del modelo emprendedor. La celeridad del desarrollo tecnológico científico estimulado por esta concepción, está reconfigurando ámbitos de práctica profesional y supuesto empoderamiento de los usuarios/ciudadanos accediendo a información de dudosa interpretación. Más temprano que tarde, deberíamos preguntarnos el rol del Estado.

En las últimas décadas, se ha visto que la salud es un área donde el capitalismo obtiene cada vez más beneficios, que hoy igualan o superan a sectores tradicionales como la energía. Puede fecharse esta nueva tendencia en el documento del Banco Mundial “Invertir en Salud” (1993), que parte de la premisa de que el máximo beneficio económico capitalista, coexistiendo con un Estado que lo regule lo menos posible, es automáticamente compatible con la máxima eficiencia sanitaria.

En Argentina, el modelo neoliberal del gobierno de Cambiemos ha creado las condiciones de colonización de los servicios en Salud en todo su contexto y territorio. El aspecto simbólico que representa la eliminación del Ministerio de Salud, así como el de Trabajo y el de Ciencia y Tecnología desnuda el valor que el gobierno actual asigna a estas áreas, reconocidas en la Constitución Nacional como Derechos Humanos. Esta medida, presentada como una política de austeridad aniquila el poder y las capacidades de decisión del órgano rector de la política sanitaria nacional y lo subordina a las recomendaciones del FMI quienes promueven el modelo GAFAM para el sector de Salud.

La elección de políticas de austeridad tiene un trasfondo profundamente ideológico. No hay ningún tipo de evidencia empírica que demuestre la efectividad de estas medidas, menos aún en función de los costos que los pueblos deben pagar durante su implementación. La idea de supremacía del mercado y de los mecanismos meritocráticos, que justifican las desigualdades, no dialogan en ninguna instancia con la de derechos humanos, democracia, solidaridad y justicia social. O sea, no hay políticas de ajuste con reales intenciones de beneficiar a las mayorías, sino una eterna promesa que nunca se cumple efectivamente. La Imposibilidad de que la salud sea un derecho, de que el Estado pueda ser el principal promotor de la salud en el país, de que los trabajadores tengan una referencia para su labor cotidiana, de que haya un actor con fuerza suficiente para imponer controles al mercado evitando la estricta mercantilización de la salud.

La mayoría de los usuarios/ciudadanos internautas estamos sujetos al poder de algoritmos como el PageRank de Google (que clasifica los resultados de nuestras búsquedas) o el EdgeRank de Facebook (que automáticamente decide en qué orden recibimos las novedades en nuestro muro de noticias), Appinions software para medir opiniones, gustos y alimentar el marketing digital, entre otros algoritmos que modulan nuestra relación con los datos y con los dispositivos digitales.

El filósofo italiano, Franco “Bifo” Berardi en su libro Fenomenología del fin, sensibilidad y mutación conectiva sostiene: “La red global de automatismos algorítmicos que ha penetrado en la esfera del capitalismo financiero es un intento por cartografiar y someter el general intellect. Puede que este intento tenga éxito, en la medida en que aquel pueda ser reducido a un sistema de funciones operativas, implicaciones lógicas e interacciones tecnológicas. Por el contrario, puede que no tenga éxito, ya que el general intellect posee un cuerpo, que es el cuerpo de incontables trabajadores cognitivos que viven bajo condiciones de precariedad salarial, competencia estresante, explotación e hiperestimulación nerviosa. Aquí reside el punto débil de la matrix, aquí se halla la única salida del proceso de dominación total del cerebro social, del neurototalitarismo que se percibe hoy en día como una fatal e inminente posibilidad”.

Los ciudadanos somos la “inteligencia colectiva”, somos el motor de producción de conocimiento y sensibilidad condiciones enajenables para poner en cuestión el modelo por ahora triunfador del tecno capitalismo; cuidar nuestra Salud es ocuparnos de no ser sometidos a la “anestesia total”.

– En agradecimiento a Mirta Zelcer licenciada en Sicología por haberme presentado a “Bifo”.

* Computador Científico. Delegado FOETRA ARSAT. Profesor TICs UNM

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Huawei: La guerra comercial 2.0

Oscar Ugarteche*. LQS. Diciembre 2018

5G ofrece funciones de administración de red, entre ellas la división de la red, que permite a los operadores móviles crear múltiples redes virtuales dentro de una sola red física

El volumen de bienes afectados por aranceles de ambos lados del océano Pacifico ha hecho que la concentración en la guerra comercial haya sido la que mandaba el sentido común: los aranceles. Como dicen en México, “apareció el peine”. El tema real de fondo es quién controla las nuevas tecnologías de la información, más allá de la fabricación de los chips. La detención de la Chief Financial Officer (CFO) de Huawei, Sabrina Meng Wanzhou, es de la profesional más importante del sector privado mundial en actividad y comparable, en importancia policial, a la detención de Strauss Kahn, Director Ejecutivo del FMI, en Nueva York hace unos años. Su ámbito de trabajo son 170 países en una corporación que tiene 180,000 empleados, con ventas totales de 75.6 mil millones de dólares y un total de activos por 64.3 mil millones de dólares al año 2018, según Huawei.

La señorita Meng es Chief Financial Officer de la empresa que fundó su padre, lo que la hace además heredera potencial de la misma y una de las mujeres más ricas del mundo. La empresa es un proveedor global de soluciones de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) que da servicio a más de un tercio de la población mundial. Lo importante es que está en comunicaciones móviles y ha entrado en el mercado de la tecnología 5G.

La tecnología 5G inalámbrica de quinta generación, es la versión más nueva de tecnología celular, diseñada para aumentar considerablemente la velocidad y la capacidad de respuesta de las redes inalámbricas, dice el portal Techtarget.1 Con 5G, los datos transmitidos a través de conexiones inalámbricas de banda ancha podrían viajar a velocidades de hasta 20 Gbps, según algunas estimaciones, superando las velocidades de la red de telefonía fija, así como ofrecer una latencia de 1 ms o menos para usos que requieren retroalimentación en tiempo real. 5G también permitirá un fuerte aumento en la cantidad de datos transmitidos a través de sistemas inalámbricos debido al mayor ancho de banda disponible y la avanzada tecnología de antena.

Esto es importante para la tecnología de las cosas. Dice el mismo portal que además de las mejoras en la velocidad, la capacidad y la latencia, 5G ofrece funciones de administración de red, entre ellas la división de la red, que permite a los operadores móviles crear múltiples redes virtuales dentro de una sola red física 5G. Esto va a servir para, por ejemplo, un auto auto-conductor que requerirá una porción de red que ofrezca conexiones extremadamente rápidas y de baja latencia para que pueda navegar en tiempo real.

Esta tecnología 5G fue lanzada por Verizon el primero de octubre del 2018 con su servicio a domicilio en Houston, Indianápolis, Los Ángeles y Sacramento, estableciendo derechos equívocos y provocando un lanzamiento dominó de otros lanzamientos de redes 5G que continuarán hasta la próxima primavera, según la revista PC Magazine2. Lo importante es que la misma revista dice que esa primera red no es en realidad el estándar móvil global real para 5G. El primero de ellos probablemente será la red de AT&T, que llegará a finales del 2018.

Cuando esto se escribió en Estados Unidos, Huawei ya había lanzado el 5G en agosto, y lo comenzó a promover en el mundo. La reacción instantánea de Estados Unidos fue que era un peligro de seguridad nacional. Si lo es por dos razones: la primera porque han perdido la carrera tecnológica. La segunda porque con la información que pasa por la red 5G se puede hacer análisis de datos de casi todo lo que pasa en la economía de un país, un poco más masivamente que los datos que maneja Facebook y con mucho más detalle del tipo de consumo y de comunicación.

Mientras AT&T tenga la red 5G mundial, EEUU tendría acceso a toda la información del mundo. Con Huawei en la delantera, ha perdido esta posibilidad. Para impedir este avance tecnológico en manos ajenas a Estados Unidos, la mejor idea ha sido comenzar a cabildear a sus socios anglosajones para que no contraten el 5G de Huawei. En Canadá, los senadores de Estados Unidos, Marco Rubio y Mark Warner, le pidieron al primer ministro canadiense en octubre pasado, que prohíba a Huawei participar en el despliegue de las redes móviles 5G de la nación, debido al peligro potencial para las redes estadounidenses, dice Reuters.3

En paralelo, en agosto del 2018, el organismo de control de defensa cibernética del Reino Unido, el Centro Nacional de Seguridad Cibernética, también advirtió que el uso de equipos y servicios de ZTE (de Huawei) podría representar un riesgo para la seguridad nacional. Esto fue transmitido a los gobiernos de Australia y Nueva Zelandia que bloquearon la compra de estos servicios a la empresa china. Actualmente, el cabildeo americano contra Huawei es con los gobiernos de Alemania, Italia y Japón.

El problema no es si se usa para espiar sino quien lo usa. En términos empresariales y tecnológicos, que Huawei haya introducido ya el 5G antes que AT&T a nivel global, significa que EEUU perdió la carrera tecnológica. A falta de aranceles como con bienes, esta guerra comercial es directa. Es sabotaje. En ese marco es que se debe de entender la detención de una de las personas más poderosas en el mundo de los negocios de China y del mundo. Huawei es el segundo fabricante de celulares del mundo, después de Samsung y antes que Apple, según Gadgets Now.4 El problema para Estados Unidos es que mientras Apple está perdiendo participación en el mercado de celulares, Huawei lo está ganando y Samsung se ha consolidado. Nokia, de Finlandia, quien introdujo los celulares, desapareció del mapa de los grandes del ramo.

Además, hacer la tecnología 5G y producir los artefactos que la usa va a confirmar el papel líder de Huawei y China en el mundo. Es contra esto que está el gobierno americano argumentando su seguridad nacional. Con 5G en manos de una empresa china, ellos podrán vender la información para espiar a los americanos y no a la inversa, como viene siendo el caso. Esta es la guerra comercial llevada un paso más adelante. Lo demás no importa.

Notas:
*.- Economista peruano, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas UNAM (México), SNI/CONACYT, Coordinador del proyecto Obela
1.- Definition5G
2.- What is 5G?
3.- US senators reportedly warn Trudeau to ban Huawei on 5G
4.- World’s 5 biggest smartphone companies

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De la euforia a la decepción: ¿regular las redes sociales?

Palmira Chavero. LQS.Noviembre 2018

El auge de las fake news que, si bien no es un fenómeno nuevo, ha aumentado su magnitud en paralelo al crecimiento de las redes sociales. En este sentido, surgen algunos interrogantes que desde la comunicación debiéramos plantearnos como ejes en torno a los cuales organizar la discusión pública

El debate sobre la regulación de las redes

Las características propias de las redes sociales (capacidad de multilateralidad, de interacción, de participación, de llegada masiva a diferentes tipos de usuarios, gratuidad e inmediatez), en combinación con la crisis de los medios de comunicación tradicionales y con algunas experiencias democratizadoras del uso de las redes, hicieron pensar durante una primera etapa que las redes sociales digitales podrían solventar las falencias de los medios e incluso solucionar algunos de los problemas de las democracias actuales. Sin embargo, después de aquella etapa de euforia, parecemos adentrarnos en la actualidad, en un contexto internacional, en una nueva fase caracterizada por el escepticismo, la decepción y unos primeros indicios de desconfianza hacia las redes sociales. En esta nueva fase, uno de los debates álgidos gira en torno a la que se presenta como solución para algunos sectores: la regulación de las redes sociales digitales. Sin embargo, este debate no deja de ser conflictivo –reproduciendo las disputas que se dieron en la esfera offline–, en particular por la cantidad de aristas que presenta.

El debate sobre la posible regulación de las redes sociales requiere plantearse, en primer lugar, de qué tipo de regulación estamos hablando. No es un paso menor, pues de ello dependerá buena parte del resto del debate. En este sentido, es importante discernir si lo que se plantea es una regulación de la propiedad de las redes (de las compañías que ofrecen el servicio), del acceso a las mismas, de los formatos posibles o si lo que se está planteando es una posible regulación de los contenidos. De todas las posibles aristas, conviene detenerse justamente en la más controversial de todas ellas, la regulación de los contenidos que circulan por las redes sociales.

La posibilidad de regular los contenidos en las redes sociales responde, en última instancia, a uno de los debates tradicionales en materia de comunicación, cual es la disputa entre el derecho a la información y el derecho a la propia imagen y a la honra. Este debate, de larga data en el campo de la comunicación mediática, cuenta asimismo con una amplia jurisprudencia. Tomando el ejemplo de Ecuador, si es que éste es el debate, una de las primeras cuestiones en torno a las que hemos de pensar es que el marco jurídico ecuatoriano ya cuenta con normativa para afrontar esta tesitura. Así, la Ley Orgánica de Comunicación (LOC) recoge el derecho a la réplica y a la rectificación; si bien es cierto que la LOC excluye el contenido emitido en formatos digitales, la existencia previa de esta figura jurídica podría facilitar su protección y garantía sin necesidad de sofisticar una regulación propia. Por otro lado, los delitos de odio están ya tipificados en el Código Orgánico Integral Penal y protegidos con normas contra la discriminación racial. Por último, es importante tener en cuenta que la propia Constitución de Ecuador ya recoge el derecho al honor, al buen nombre, a la imagen y la voz de la persona (Art. 66.18). Por tanto, el país ya cuenta con normativa con la que abordar esta disputa entre el derecho a la información y el derecho al honor. A toda esta normativa hay que añadir, además, la Ley que regula los actos de odio y discriminación en redes sociales e internet, aprobada en 2017 y que es aplicable a las empresas proveedoras de estos servicios digitales. Según lo contenido en esta norma, las empresas deben elaborar informes periódicos y contar con mecanismos para la resolución de conflictos, además de incluir infracciones y sanciones ante la posible comisión de delito por parte de estas empresas. Por tanto, en la actualidad, Ecuador cuenta ya con normativa suficiente para proteger el derecho a la imagen y a la honra y con la que enfrentar los casos en los que entren en conflicto los dos citados derechos fundamentales.

El rol de los medios de comunicación

Además de la perspectiva jurídica, es importante atender al papel que vienen desempeñando los medios de comunicación, papel que los acerca más al de actores políticos que al atribuido tradicionalmente al sector mediático. Esta conversión de los medios convencionales en actores políticos ha supuesto la primacía de los intereses políticos y económicos de los medios sobre las demandas de los propios ciudadanos –lo que se traduce en la expulsión del ciudadano de la esfera pública a través de la invisibilización de ciertos temas (algunos de ellos de alta importancia para los ciudadanos) –, contenidos sesgados o discriminatorios, predominio de la interpretación de los hechos sobre la exposición de los mismos o información presentada de manera parcializada en buena parte de los contenidos de los grandes medios convencionales. Frente a este “apagón mediático”, los ciudadanos están buscando –y encontrando– refugio en la esfera digital, en especial en las redes sociales.

Algunos de los últimos acontecimientos en Ecuador que ilustran este comportamiento son las visitas del expresidente Rafael Correa al país, la consulta popular (febrero 2018) o el secuestro y asesinato de los periodistas de El Comercio y de otros dos ciudadanos en la frontera colombo-ecuatoriana (abril 2018), acontecimientos que fueron invisibilizados y/o sesgados por parte de los medios convencionales y frente a los que el ciudadano acudió a las redes sociales digitales. La experiencia en otros países nos ha enseñado que, además, las redes sociales son una herramienta clave en momentos de convulsión social, como ilustran los casos de la “primavera árabe”, el movimiento 15M, Occupy Wall Street o Ni una menos, entre otros. En estos casos, las redes sociales se han convertido en el catalizador de un malestar social y han facilitado la conexión entre miles de personas en distintos puntos para ejercer colectivamente el derecho a la participación ciudadana y a la protesta social. Por tanto, ya sea por el peso de la coyuntura o por el comportamiento de los medios convencionales, nos encontramos con que las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información para la ciudadanía. No en vano, son la segunda fuente de información de naturaleza política para los ciudadanos ecuatorianos, según datos del Latinobarómetro.

Todo ello sugiere que, a la hora de abordar el debate sobre la posible regulación de los contenidos de las redes sociales, es imprescindible partir de una distinción previa: quién está emitiendo dichos contenidos. En función del emisor, tendremos dos posibles opciones. La primera de ellas se refiere a los contenidos en redes que sean publicados por empresas (principalmente mediáticas, pero no sólo), situación en la que estaríamos en el plano de caracterización de personas jurídicas y, por tanto, con mayores responsabilidades frente al público. En este escenario sí parece conveniente pensar en una regulación de los contenidos, en la medida en que una empresa podría estar vulnerando derechos a los ciudadanos. Esta misma lógica se podría aplicar a la responsabilidad de las empresas proveedoras de estos servicios digitales.

En la segunda opción, nos encontramos un escenario totalmente distinto. En este caso, se trataría de ciudadanos –individuales o colectivos– que acuden a las plataformas digitales para informarse y para participar activamente de esa información –haciendo uso de algunas de las características de las redes sociales y de su condición de prosumidores– ante la falta de información de los medios convencionales o bien motivados por la propia coyuntura política o social. En este caso, por tanto, estaríamos en un escenario de garantía del derecho a la libertad de expresión de la ciudadanía y, en consecuencia, no parece conveniente una regulación, por cuanto se estaría afectando a un derecho fundamental.

El fenómeno de las fake news

En este debate sobre la regulación de contenidos en las redes sociales hay aún un tercer elemento a añadir: el auge de las fake news que, si bien no es un fenómeno nuevo, ha aumentado su magnitud en paralelo al crecimiento de las redes sociales. En este sentido, surgen algunos interrogantes que desde la comunicación debiéramos plantearnos como ejes en torno a los cuales organizar la discusión pública. La primera tiene que ver con el propio concepto de verdad y realidad construida: ¿Quién es el árbitro de la verdad? Esto es, ¿quién está autorizado para regular qué es lo constituido como “verdad”? ¿Son los periodistas o los medios, por trabajar en ello, o son los ciudadanos, como principales receptores? ¿Son los jueces como encargados de aplicar la norma? Y, una vez acordado el árbitro, ¿cuáles serían los criterios para decidir si es verdad? En algunos países europeos se están llevando a cabo experiencias en las que es la propia policía quien lo determina, lo cual está generando situaciones complejas; las principales empresas proveedoras de estos servicios (Facebook, Google) están implementando pruebas pilotos de verificación para detectar informaciones falsas pero, ¿hasta qué punto estas experiencias van en el camino correcto?

El segundo interrogante tiene que ver con la propia profesionalización de los periodistas y comunicadores: ¿tiene sentido creer que la regulación de las redes sociales va a terminar con las malas prácticas periodísticas (en los planos online y offline)? ¿Está adaptado el periodista al nuevo contexto digital? En la medida en que la profesionalización siga siendo erróneamente entendida como titulación y el gremio siga estando débil, no parece que la regulación de las redes sociales pueda ser una solución a los problemas que presenta el propio sector mediático. Un último eje de interrogantes está relacionado con la voluntad política de cambiar la situación para mejorar la vida de los ciudadanos, y es que en la actualidad las redes se están mirando como una amenaza para diversos principios pero ¿existe la voluntad política y profesional de entenderlas como oportunidad?

La cantidad y magnitud de interrogantes a los que nos enfrentamos no son escasos; es por eso que urge un debate público profundo, analítico y correctamente dimensionado para evitar que desde la comunicación mediática –pero también desde la social– se cometan los mismos errores que se cometieron con los medios de comunicación tradicionales y que llevaron a pensar que las redes sociales podían ser la alternativa a las graves erosiones de la democracia contemporánea.

Palmira Chavero es profesora de FLACSO Sede Ecuador. Investigadora GIGAPP. Publicado en América Latina en Movimiento

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El Gran Spam. Relato distópico

Jorge Izquierdo*. LQS. Noviembre 2018

Con la nueva Ley de Protección de Datos, ahora también los partidos políticos podrán acosarnos en casa y en las redes sociales, porque tienen carta blanca para recopilar datos sobre nuestra ideología.
Hoy se ha votado en el Senado una Ley de Protección de Datos que limitará un poco más los derechos y libertades que un día tuvimos en internet

El Gran Spam. Relato distópico

-Buenos días. Deseo hablar con la Señora de la casa
-….soy yo ¿Quién es?

-Mi nombre es Pablo Alberto Sánchez. Llamo de la Plataforma Políticos Reunidos Geyper. En estos momentos nos encontramos haciendo un análisis de intención de voto en su barrio. Medimos la calidad del voto ciudadano y nos gustaría mandarle a su domicilio, sin compromiso alguno, nuestra papeleta para el Congreso y el Senado de las próximas elecciones.
-Pero, si no son hasta dentro de un año.

-Efectivamente Doña Emilia. Ya lo dice el refrán. A quién madruga… Verá. Hemos monitorizado su actividad en redes sociales y grupos de Whatsapp, responde Ud al perfil del votante regular del partido Ganando que es Gerundio.
– No me lo puedo creer. ¿Me están espiando?

-Oh, no, en absoluto. Sus datos son públicos. Simplemente los analizamos. ¿Es Usted consciente Doña Emilia que está votando a un partido que no se corresponde ni con sus intereses económicos ni inquietudes intelectuales?
-Un momento, un momento. Yo nunca he votado a ese partido que Ud dice

-Pues es lo que me indica el terminal. El programa analiza sus comentarios en redes sociales y …
-¿Cómo es posible? Siempre escribo de forma anónima. No entiendo. En cualquier caso no quiero publicidad.

-Los usuarios anónimos no existen Doña Emilia. Eran nuestros padres. Quiero decir, que en tiempo de nuestros padres si existían los anónimos pero ¿en el mundo digital ….? Por otra parte debo decirle que esto no es propaganda comercial. El artículo 85 bis de la Ley sobre la utilización de medios técnicos y datos personales en procesos electorales dice, y cito literalmente:
El envío de propaganda electoral por medios electrónicos o sistemas de mensajería y la contratación de propaganda electoral en redes sociales o medios equivalentes no tendrán la consideración de actividad o comunicación comercial.
-¿Y esto cuándo se aprobó? Lo que nos faltaba. No solo no dejamos de recibir publicidad y spam por todas partes para que además ahora sean también los partidos políticos los que nos bombardeen con ofertas electorales. Insisto. ¿Esto es legal?

-Completamente legal señora Emilia. Completamente. Se aprobó un poco antes de las navidades del 2018. Pero no se preocupe no tiene nada que temer, no la molestaremos mucho. Simplemente la informamos: su calidad de voto se encuentra por debajo de los estándares normales. ¿Sabe Usted que todas las encuestas nos dan por ganadores en las próximas elecciones?
-Eso lo dirá Usted. Yo no he leído eso.

-Efectivamente señora Emilia. Se deja usted engatusar por las fake news y así nunca mejorará sus índices.
-¿Qué índices?

-Los suyos, Doña Emilia. Los tengo aquí delante, en mi monitor. Se encuentra Usted por debajo del límite aconsejable. Durante los próximos días recibirá información por si desea mejorar dichos índices.
-¿Qué información? ¿No he dejado suficientemente claro que no quiero recibir nada?

-Es simplemente propaganda electoral. Está Usted en su derecho de recibirla. Y …
– ¿Mi derecho? Hay que ser hipócrita. Me informaré cuando y cómo quiera. No quiero recibir nada ¿Queda claro?

– ¿Sabe Usted que recibiendo doscientos impactos de intención de voto directo y cincuenta subliminales puede cambiar su intención de voto?
– Otra mentira más. Algo así no está demostrado, en absoluto.

– Es probable, no soy una especialista en estos temas pero las operaciones y análisis son realizados por nuestros programas de Inteligencia Artificial, yo me limito a leer lo que aparece en su perfil y todo indica que es una votante potencial del partido que perderá las próximas elecciones según nuestras encuestas
-O sea que yo que no he votado más que un par de veces en toda mi vida, por haber escrito unos comentarios en Internet que además son anónimos, soy una supuesta votante de su partido rival. Y Usted me está amenazando con recibir ¿Cuánto ha dicho? ¿doscientos impactos? hasta que no le diga que pienso votarles. ¿Es correcto?

-No exactamente, no se olvide que es el programa el que analiza sus datos. Yo me limito a informar y …
-!A la mierda! ¿Me entiende? Vayase a la mierda. Escuche y grabe atentamente lo que le voy a decir: no pensaba votar, pero solo por su llamada y por culpa de sus estúpidas amenazas que sepa Usted que pienso votar al partido que según Usted perderá las próximas elecciones. ¿Queda claro?

– Alto y claro. Señora Emilia. Le deseo que pase una buena tarde.
-Adiós!

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