El libro: Inteligencia Artificial, etcétera

El libro: Inteligencia Artificial, etcétera

Por Iñaki Alrui*

“La principal plaga de la humanidad
no es la ignorancia sino el rechazo al conocimiento”.
Simone de Beauvoir

Con este título acaba de salir de imprenta un ensayo firmado por Jorge Izquierdo, compañero y parte de esta web de LoQueSomos, a quien definimos en sus publicaciones en estas páginas como “bracero de la tecnología, obrero del software y mecánico cualificado en esta Web”. Y además, un buen amigo y una buena persona. Figuraos si es buena persona que me ha permitido prologarlo, sí, a un servidor que anda más casi en los caminos analógicos que en los filos de la tecnología(s). El caso es que Inteligencia Artificial, etcétera está escrito por un profesional de la computación y la robótica con 30 añitos de experiencia, que busca arrojar un poco de luz sobre esta ola, la tercera dice Izquierdo, que es la Inteligencia Artificial.

Históricamente, la tecnología siempre ha ido muy por delante de nosotras y de nuestra capacidad de comprensión. Es sencillo tirar de la historia y ver cómo acogen las sociedades los “locos” avances que se han ido presentando, algo que nos lleva a afrontar los nuevos inventos en una contradictoria mezcla de entusiasmo y temor. Sirva como ejemplo el ludismo del siglo XIX.

Desde la presentación de la herramienta de Inteligencia Artificial (IA) generativa ChatGPT, asistimos a la incorporación masiva de la IA en nuestras vidas, o más bien a una colosal campaña de marketing que canta todas sus virtudes, todo lo que es capaz de hacer la IA, difundiendo al mismo tiempo el mensaje de que ya no tendremos nada que hacer, todo lo hará la IA por nosotros, ¡milagro! Pero ojo, que ese mensaje nos llega desde las cúpulas de las grandes empresas de tecnología para que seamos sujetos pasivos: la IA lo hará todo, podrá con todo, de tal manera que no hay debate, no hay preguntas, no hay reflexión… Si algo así lo dijera un científico, mal estaría, pero cuando lo dicen las multinacionales, debemos estar muy alerta.

Tal vez por deformación, o por formación, la primera pregunta que yo me hago es a quién pertenece esto, quien controla la herramienta y por supuesto el negocio in crescendo, y una vez planteadas las preguntas, solo hay que seguir el método. Cuando las raíces propias son anticapitalistas y disidentes, la búsqueda de respuestas pasa por plantear la necesidad imperiosa de abrir un debate sobre la IA, las mismas raíces que me llevan a no negar la tecnología, pero, por supuesto, a no dejarme esclavizar por ella… ni por nada. Mucho más, como sostiene el autor de Inteligencia Artificial, etcétera, cuando lo que está en juego es ni más ni menos que la Inteligencia. ¿No sabemos todavía a ciencia cierta lo que es la Inteligencia natural y ya han inventado una artificial?

Que hay negocio está claro, van unos breves datos: una decena de grandes compañías —entre ellas Amazon, Alphabet, Alibaba, Facebook, Netflix, Baidu— son responsables de dos de cada tres dólares que se invierten en IA, y las cinco gigantes tecnológicas (Amazon, Apple, Microsoft, Google y Facebook) tienen un promedio de 18.000 ingenieros e ingenieras trabajando para sus departamentos de IA.

La combinación de sistemas ciberfísicos, plataformas digitales y algoritmos filtrados, depurados, perfeccionados a través de la IA, tiene como propósito emular procesos propios de la inteligencia humana, pero siempre, al menos hasta hoy, después de haber sido entrenada y programada por mentes humanas. Estamos ante una gran simuladora que finge y actúa como si supiera de todo, pero en realidad no sabe de nada, que habla y no sabe lo que está diciendo. Es un mero programa y así actúa. La IA se nutre de todo lo que existe… en la Web. ¿Todo? No lo sabemos, el cómo se alimentan estos programas es una caja negra, un misterio guardado bajo llave. ¿Son los famosos algoritmos? Leyendo el libro uno comprende que un algoritmo es algo científico, matemático y que los sistemas de recomendación que nos invaden no son más que programas tendenciosos: lobos que se disfrazan de algoritmos para vendernos al mejor postor.

Insisto, y de paso resumo: la inteligencia artificial que nos han presentado es posible gracias al desarrollo de redes neuronales, que son unas perfectas imitadoras capaces de simular lo que parecen ser mentes humanas ¡pero NO! en realidad no son más que complejos programas que están preprados para calcular las respuestas más probables, con más probabilidades, a los problemas que plantean l@s usuari@s. Mientras que la diferencia de nuestro cerebro, es que puede aprender y razonar a partir de muy poca información, pero la IA requiere grandes cantidades de datos para aprender a hacer cualquier cosa, la cantidad de datos que se introduzcan en la IA harán que sea más  definida o rigurosa en sus diseños o respuestas.

Esta Inteligencia Artificial generativa no crea, sino que imita, copia, refríe. ¡Genera, genera, genera, produce! ¿Nos suena de algo? Producir, producir… En este caso producir contenidos que a su vez serán utilizados por estos programas y por las multinacionales para colocar nuevamente publicidad en ellos. El bucle infinito del capitalismo es el capitalismo digital.

Pero estamos en un punto en el que, más allá del control de determinados trabajos manuales gracias a la robótica, se busca plantear el reto de abarcar funciones cognitivas, y eso abre muchas preguntas. ¿Hasta dónde? ¿Cuál será el impacto que tendrán las nuevas tecnologías en las siguientes décadas? ¿A qué precio? ¿Estamos para derrochar la ingente cantidad de agua que requiere? La realidad es que con la IA se practica la simulación cognitiva, algo que hacemos los humanos en nuestra vida: aprender, asimilar reglas, saber respuestas o imitar, y eso mismo es con lo que digamos se “entrenan” a las IA. Y lo hacemos con un gasto mínimo de energía.

Tal como decía al principio sobre el recibimiento de los nuevos inventos o avances tecnológicos, la IA también nos produce la contradictoria mezcla de entusiasmo y temor. Seamos críticas y apuntemos al análisis, pues la IA, al igual que toda la revolución digital que llevamos viviendo en estas tres décadas, puede tener muchas formas. Y estamos obligadas a participar, a implicarnos. ¿Quiénes meten los datos? ¿Las respuestas? ¿Las soluciones? Sí, efectivamente: los dueños del mundo, los dueños de Amazon, Apple, Microsoft, Google, Facebook y otras hierbas. ¿Podemos dar batalla? Por supuesto, hay que darla siempre, no podemos dejar que sean únicamente ellos quienes cuenten la historia, seleccionen la literatura, den las respuestas a la economía o marquen los ritmos de producción. Tenemos una gran batalla y la activa tarea de introducir datos que confronten, respondan al capitalismo y no manipulen. Cuanto mejor sepamos cómo funcionan estos programas que nos quieren vender, mayor capacidad tendremos para incidir en ellos.

Pensemos en cómo puede ser todo dentro de cincuenta años si en este “ensueño de sistematización” que nos están vendiendo, dejamos a esos “amos del mundo” libres y a su antojo. Nos podemos encontrar con una sociedad sin raíces, sin recuerdo social y en la que hasta se han eliminado las teorías sociales y revolucionarias nacidas en el siglo XIX, por ejemplo. Si el desarrollo tecnológico lo dejamos solo en las manos de estas empresas, tengan claro que no será neutro, como no lo está siendo a día de hoy.

Por otra parte, lo que nunca se menciona del digitalismo es que es extremadamente contaminante y requiere un consumo desorbitado de energía y agua. Tiempo es ya de entender que los 20.000 millones de dispositivos conectados a Internet son responsables de emitir el 4% del total de C02 a la atmósfera… sin contar la cantidad ingente de agua que necesitan esas granjas de servidores.

Y no vale decir “esto no me interesa” o restarle valor, eso es como negar la realidad. La IA quizás no se quede con nosotros (es posible que no sea sostenible y la rechacemos como rechazamos los motores de combustión) pero el digitalismo camina a por el medio siglo de historia y este si ha venido para quedarse y crecer. No dejemos que el mundo digital sea una mala copia de la realidad social que tenemos en la nave Tierra. Abramos una guerra de datos, de información y de defensa de los códigos abiertos. ¡Código libre! Mención especial al capítulo que dedica Izquierdo a la Wikipedia y la Inteligencia Artificial. Resulta que estas Inteligencias Generativas se han nutrido de la Wiki. Esto es, debo pagar por usar un súper programa chachi-piruli que se alimenta de contenidos creados por voluntarios. Ver para creer.

Y hasta aquí, consciente de dejar más preguntas que respuestas, pero quería hablar del libro que da título a este artículo, y es que creo que, si el libro es una breve guía aclaratoria, es también un manual de reflexiones necesarias para afrontar los nuevos retos que vienen con la IA. Añadiría que recoger las explicaciones y análisis sobre la IA en un texto me gusta, pues de alguna manera nos abstrae de la inmediatez en la que nos obligamos a vivir y a responder precipitadamente. Las palabras, ya lo sabemos, se las lleva Google pero los libros (esa gran tecnología que parecemos olvidar) ponen negro sobre blanco el devenir de la historia.

Lean el libro que sobre todo aporta coherencia a estos debates, e interpreten ustedes mismos o déjense llevar y pregunten a cualquiera de los chats de IA que pululan por la red.

La “ficha”

Inteligencia Artificial etcétera. Autor: Jorge Izquierdo
EL GARAJE EDICIONES. Colección: breves, documentos sociedad
160 páginas. Formato: 12 x 16 cms. ISBN: 978-84-126213-6-5
Precio: 12 euros.

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2 thoughts on “El libro: Inteligencia Artificial, etcétera

  1. ¡Excelente Iñaki! Felicitaciones por la capacidad de análisis para tratar un tema, se ve que inteligente y originalmente tratado libro al que hacés referencia. Se podría llamar el artículo “Claves para entender el supuesto mito de la IA”. Bueníso.

  2. Interesante y sin embargo sigue siendo un principio necesario de la izquierda el que ” Ni en dioses, reyes , ni tribunos está el supremo salvador, nosotros, etc”.
    Dioses generan religiones, ritos, ocupación de tiempos en servidumbre y detraccion de tiempos a la movilización de la inteligencia para la emancipación… Y no nos sobra tiempo! Ojo pues a la IA como nueva religión!
    El ejercicio de la inteligencia crítica requiere espacios de autonomía y enfrentar los dossiers del enemigo huyendo del
    “embeleso” en el conocimiento puro (de ese embeleso estático ya supimos al conocer los techos de los seminarios antisistema en algunas universidades estadounidenses: espacios de desahogo intelectual, con escasa incidencia transformadora)…
    Ahora bien, yo soy de los que nadan – y con dificultad- en lo analógico y ni siquiera en ese mar logro mantenerme a flote, porque es un mar lleno de minas explosivas, de fakes y de control ideológico y mordaza social.

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